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Junio 08, 2012

NO ES PUNK ESA CRÍTICA - Alberto Santamaría

Originalmente en su blog

punk-rock-she.jpg 1.

Considerar que el soporte determina el proceso de escribir o de hacer crítica implica someter el ejercicio de la crítica a su total adelgazamiento (o a un nuevo y delirante formalismo). De esta forma, tomar la crítica como determinada por su soporte implica o bien que ese soporte ejerce sobre nosotros un efecto hipnótico, de abducción (tecnófila) o bien que un interés de otro tipo (mercantil, etc.) nos condiciona tanto a la hora de leer como de escribir. El ejercicio de la crítica, tal y como lo concibo, tiene por el contrario un eje más simple: la determinación de su contenido no puede venir condicionada por el soporte, sino por la apertura de significados, por la apertura de lecturas que aporta (esa crítica) sin considerar que ninguna de las posibles posiciones frente al texto o la obra de arte es LA verdadera. (Nada nuevo, por otra parte) Un símil psiquiátrico. Paul Watzlawick escribía hace ya años: “Lo verdaderamente ilusorio es suponer que hay una realidad “real” de segundo orden y que la conocen mejor las personas “normales” que los perturbados psíquicos”. He ahí la cuestión: considerar que existe una manera correcta de leer/ver una obra, excluyendo o degradando toda otra lectura, delata una apuesta cerrada del sentido crítico. Esta manera correcta de leer es la que emplea (empleaba) la crítica académica de tradición clásica. (Recuerdo ahora cómo Menéndez Pelayo tildaba de mediocres en su momento a Wordsworth y a Coleridge, y que su poesía ramplona a nadie podría interesar.) La manera de considerar la crítica consistía (¿consiste para algunos?) en un ejercicio basado en criterios morales del tipo X es bueno // X es malo. Para juzgar así se partía de un a priori: se podía saber objetivamente qué era lo que hacía a una obra buena y a otra mala. ¿Es necesario volver a esto? ¿No es una historia demasiado vieja para que retorne con nuevo rostro?

Frente a esto, José Luis Brea expresaba certeramente lo siguiente: “El objeto de la crítica no es nunca la verdad”, porque tal cosa —en el marco en el cual nos movemos— no existe. Lo que sí existe —y lo que entiendo por crítica— son producciones de lenguaje que tienden a aceptar que las obras irradian sentidos en muchos niveles. Brea, de nuevo: “Toda crítica malinterpreta —o lo que es lo mismo: dispersa el significado. Debemos pensar la crítica como dispositivo diseminador, como maquinaria de proliferación de sentido”. La crítica, por tanto, no es una máquina de producir verdad, ni es promulgadora de juicios de valor totalitarios. Dicho esto, y volviendo al principio, el problema —parece evidente— no reside en el soporte. Ya sea en papel o en la red, la crítica no pierde su potencialidad. Al contrario, la amplifica. Ahora bien, el problema reside, desde mi punto de vista, en el momento en el cual determinada crítica en Internet —la que en un momento denominé kitsch— recoge los viejos esquemas decimonónicos. Estos esquemas metodológicos son bañados con un soporte nuevo: la red (bajo la idea de que este soporte transforma por sí mismo el ejercicio crítico, el cual es tomado, paradójicamente, como desvelador justiciero), y con un lenguaje provocador (¿?). Pero sobre todo recupera la vieja idea de la verdad, la trasnochada imagen de lo bueno y lo malo, una marcada teoría-fobia, etc. Uno de esos blogs es claro al respecto: “Los criterios de este blog son sencillos: dice la verdad. Su ética es sencilla: ser modesto con los modestos y altivo con los altivos”, o el tono redentor de un “denunciar todo aquello que pueda hacer daño al libro”, que leemos en otro blog. Dicho de otro modo, el núcleo del asunto reside en el instante en el que el crítico pretende que sigamos sus ideas/creencias no por el contenido de las ideas recogidas en esa crítica sino por el modo apasionado/desasosegado/salvífico con que el crítico las defiende. Esto es: pensar que el medio y el tono condicionan y desvelan una verdad oculta de la que ellos son fieles guardianes.

2.

[Recientemente en una entrevista (que se publicará pronto) me preguntaban sobre la fractura de las jerarquías y, por tanto, de toda autoridad, que supone la red. Mi respuesta fue algo así.]
“La ruptura de jerarquías siempre es buena, y la fractura del concepto de autoridad lo mismo. Pero al instante, si lo pensamos, la siguiente cuestión es: ¿sobre qué horizonte nos situamos? Es decir, si no hay horizonte (académico, jerárquico, autoritario, etc.) sobre el cual contraponer la crítica —lo cual me parece perfecto— hay dos salidas: el mercado o el propio lenguaje. O someterse al efectismo del mercado (y su exigencia clerical de lo bueno/malo), o bien considerar que el lenguaje, el desarrollo de la teoría como herramienta, los argumentos, la posibilidades de hibridación, etc., son el camino. Mi opción es esta segunda apuesta. La primera, la opción kitsch, se basa en puro efectismo, acto conservador, conchabado consciente o inconscientemente con el mercado (que necesita este efectismo), que conserva de la vieja crítica académica una gruesa fobia a la teoría que se mezcla con un tono enrollado (supuestamente claro y directo). A su vez, aunque no lo pretendan, recogen el tono de autoridad que pretenden superar. Son el nuevo “recurso de autoridad”.
Por otra parte, no es una critica punk lo que proponen, aunque quisieran serlo, e incluso así se definan. Obvian que el punk suponía una total fe en el sinsentido de las cosas, y de ahí su carácter (auto)destructivo y nihilista. El rechazo a la existencia de una verdad es punk, la idea de que existe objetivamente una verdad a descubrir es más bien kitsch. Dicho de otro modo: los Ramones son Punk, las camisetas de los Ramones en H&M son Kitsch”.

3.

El problema en definitiva no está, creo, en el soporte, sino en el modo de enfrentarse al ejercicio de la crítica. Podemos de nuevo leer a Brea: “su trabajo [el de la crítica] es por tanto videncia, producción visionaria, pero a la contra. No se trata en él de hacer visible lo oculto, sino al contrario de mostrar las causas por las que todo marco de comprensión del mundo genera una zona de exclusión, de ceguera. El trabajo de la crítica no es visibilizar nada, sino hacernos comprender que en todo aquello que entendemos se perfila, por contraluz, todo un mundo otro que se nos escapa”.
No es un problema de democratización de la crítica sino de cómo en Internet existe una progresiva tendencia (por parte de algunos blogs) a lo conservador en el método (¡insisto en que es una cuestión de método!), cuando parecía que su destino era lo opuesto. Una mayor facilidad/accesibilidad para opinar no implica una mayor apertura de significados, no implica una irradiación mayor de sentidos. O eso parece por ahora. Repito: no es un problema del soporte, aunque de uno y otro lado, desde una y otra oposición, así les interese verlo. Internet no es el problema, todo lo contrario: puede que incluso (no lo sé) sea la oportunidad para la crítica.

Enviado el 08 de Junio. << Volver a la página principal << | delicious

Comentarios

La entrevista a la que se refiere Alberto está colgada en #Plaza Crítica: http://www.plazacritica.es/entrevistas junto a otras entrevistas a críticos culturales en torno a la función y el futuro de la crítica.


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