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Junio 22, 2012

Un detective salvaje - Jesús Andrés

Originalmente en Ceci n'est pas un cahier

enriquezabala.jpg Enrique Zabala maneja la pintura como un maestro. La domina. La conduce a su antojo. Y planifica a la perfección como mostrarla. En Nunca tan cerca, Zabala pinta los casinos de Las Vegas y el desierto que los rodea. La urbe y la naturaleza en su estado más salvaje. Esta ciudad no es más que una avenida atravesada por una docena de calles. A pesar de su estética de parque temático, no es un lugar para pasear. En una acera puedes casarte y en la acera de enfrente divorciarte, pero no es un lugar para vivir. En línea recta pronto abandonas la ciudad para entrar en el desierto con el que, siendo su opuesta, tiene coincidencias.

En la exposición vemos dos espectaculares parejas de dípticos. Los dípticos superiores son una imagen del desierto. Los inferiores lo son de los casinos. Zabala contrapone sensaciones. Un juego de complementarios que se da en varios niveles, no solamente en el pictórico. Primero enfrenta el desierto a la urbe. Después el exterior árido al interior acondicionado. La cegadora luz del sol frente a la tenue luz que alumbra las mesas de juego pero sobre todo a la luz artificial que procede de las mismas máquinas tragaperras y que ilumina y seduce a los jugadores. También contrasta la superficie pedregosa con la mullida moqueta

El artista conoce a fondo el manejo del color. En el desierto muestra tras los tibios ocres, tierras y sienas blanqueados por el sol, las sombras azuladas de las montañas. Estos tonos quebrados junto a los verdes de cactus y pitas crean una atmósfera inestable, que al lado de los tonos anaranjados y rojizos de los casinos, se transforman en un desierto frío, impredecible. El casino, con su gélido aire climatizado bañando los tonos cálidos, a su vez tiene su propio equilibrio interior con el verde del tapete de las mesas. El flujo de la mirada no tiene fin saltando de un cuadro a otro y de una sensación a otra. También el nivel de detalle varía. Incluso hay distinta factura, para acercarse a la fotografía o desmentir la semejanza con esta otra técnica. Todo ello configura un hiperrealismo en el que el parecido con el original, siendo perfecto, no es lo importante, sino que prima como se configura y que narración sostiene.

En algo se asemejan estas imágenes que son a su vez complementarias y contrapuestas, y es que ambas capturan algo que caracteriza la vida americana, la horizontalidad. La gran extensión de los Estados Unidos condiciona no solamente el modo de vivir sino también el modo de mirar. Las ciudades, dejando de lado el pico vertical del downtown con sus rascacielos, son horizontales, hechas para los coches, como los que vemos en los cuadros de Zabala. Incluso en la superficie cerrada del casino se aprecia esa querencia por los espacios amplios. El pintor refleja esa necesidad de tener grandes horizontes en el formato apaisado de los cuadros y en su forma de colocarlos uno sobre otro. El desierto con su luz cenital está colgado sobre el casino. El juego de referencias generado por Zabala es enorme, el casino colocado abajo queda como el lugar de la vida subterránea, Las Vegas es Sin City, la ciudad del pecado. Sin embargo los casinos están a pie de calle, se puede transitar de uno a otro sin necesidad de salir de ellos, son como la piel de la ciudad. Tanto en el desierto como en el casino, el pintor modula la profundidad de campo en la que pierden nitidez los objetos más lejanos y que obliga a mirar hacia delante a la vez que nos acerca, casi nos sitúa dentro de la escena.

Volviendo a la narración, Zabala magistralmente evita que sus cuadros sean un still-frame. Y tampoco son un decorado. Algo está pasando y ellos dos son los personajes protagonistas de Nunca tan cerca. El desierto está vivo y juega al póker con cartas marcadas, escalera de polvo, luz, calor, sed y soledad. El casino es una maquinaria alimentada con las fichas de los jugadores que transforma en lúdico lo que es mayoritariamente fracaso. ¿Dónde prefieres jugar? En el desierto o en el casino, tu eliges.

Enrique Zabala pertenece a los que ganan porque no juegan, poniendo a trabajar a su favor a toda la historia del arte. Utiliza todos sus trucos. Y también todos sus relatos. Cita obras de la pintura, del cine y de la literatura. Como si se tratara de una novela de Roberto Bolaño, sus cuadros esconden innumerables testimonios. Desde el manido y aquí desechable "He tratado de expresar con el rojo y el verde las terribles pasiones humanas", de Vincent van Gogh, al inmortal "¿Le gusta este jardín que es suyo? Evite que sus hijos lo destruyan", de Malcom Lowry, o al oportuno "A veces la realidad, la misma realidad pequeñita que servía de anclaje a la realidad, parecía perder los contornos", de Roberto Bolaño en 2666. Nunca tan cerca es como 2666, una novela abierta, inabarcable.

El pintor huye de lo sórdido, su visión es casi aséptica, no es perturbadora pero si desapacible: "here is a place of disaffection". Enrique Zabala es un investigador que con la pintura hurga en nuestro imaginario visual. Entre el casino y el desierto, el pintor elige el desierto, la tierra baldía de T. S. Eliot, "Aquí no hay agua sino sólo roca". Atravesar el desierto en solitario supone una cultura que poco tiene que ver con un espíritu competitivo de ganar contra otro o de ganar sin esfuerzo. Tampoco está relacionada con obtener una recompensa inmediata o en otro mundo. Tiene que ver con hacer lo correcto y hacerlo ahora sin más esperanza que poder seguir caminando en el desierto a base de pintar y pintar. Tienes que jugártelo todo pero no al azar. El casino no es la realidad, la realidad es el desierto. Enrique Zabala elige el desierto como representación del mundo.

Seguimos con Eliot para decir que el pintor en el desierto es un Dry Salvage, un salvamento en seco, y como Eliot es un maestro del constante contrapunto para lograr un dinámico equilibrio perfecto. Zabala entra en el desierto, y nosotros con él, poniendo en funcionamiento todo nuestro bagaje cultural, del Paris, Texas de Wim Wenders al inquietante David Lynch. Enrique Zabala es un detective salvaje. Un Roberto Bolaño de la pintura. Cuanto más dispuestos estemos a seguir su travesía, cuanto más nos dejemos llevar por ficciones inusitadas, las nuestras, más disfrutaremos de su fascinante pintura. Estos cuadros estarán pronto colgados en colecciones privadas y museos. Aquí tiene suerte quien no juega. Lucky man.


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Nunca tan cerca
Enrique Zabala
Galería Rosa Santos
Valencia

Enviado el 22 de Junio. << Volver a la página principal << | delicious

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