« LA VIDA DE LAS APARIENCIAS (UNA IMAGEN DEL OTRO) - Sergio Martínez Luna | >> Portada << | Arte y feminismo español en la capital leonesa - Ignacio Casado »

Septiembre 25, 2012

Bellos cadáveres de revoluciones que fracasan - Patricio Pron

Originalmente en el boomeran(g)

flowerpower.jpg Algunas de las características más notables de los mejores ensayos políticos de los últimos años son su claridad y algo que (a falta de una expresión mejor) quizás podamos llamar su "sentido común"; libros como los de Tony Judt y de Christopher Hitchens (por mencionar tan sólo a dos ensayistas notables) provocan, en ese sentido, una impresión similar: hacen pensar que es inconcebible que nadie haya dicho antes lo que ellos dicen y que es difícil criticarlos desde otra posición que no sea una ideológica, es decir, una en la que los sentimientos y las convicciones previas estén por encima de los argumentos y su consideración.

La revolución divertida, el ensayo del periodista y editor español Ramón González Férriz, provoca impresiones parecidas. No es un libro simpático, en la medida en que lo que viene a decir no goza de gran predicamento entre quienes consideran (acertadamente) que no vivimos en el mejor de los mundos posibles, pero lo dice con una claridad sorprendente y con un sentido común que hace difícil proponer argumentos contrarios que también los tengan. Según González Férriz, los movimientos sociales que intentaron cambiar "el sistema" desde la década de 1960 (hippies, yippies, soixante-huitards, setentistas, antifranquistas, ecologistas, antiglobalización, activistas en la Red, etcétera) han triunfado en el plano cultural (y por consiguiente, en buena medida, también en el político) pero no han conseguido ofrecer alternativas al capitalismo, al que se han integrado exitosamente. La paradoja, afirma el autor, es que "muchos de los hombres -y, en menor medida, de las mujeres- que participaron en es[os] movimiento[s] tuvieron unas carreras fulgurantes y una influencia como quizás ningún perdedor la había tenido jamás. Los revolucionarios que acabaron rindiéndose ante la fortaleza del capitalismo llegaron a dominarlo" (13).

González Férriz propone una explicación a esa contradicción evidente entre las aspiraciones de transformación social de las revoluciones del último medio siglo y la inserción de buena parte de sus participantes en el mismo sistema político y económico que se proponían transformar (algo particularmente notable en el ámbito empresarial y cultural español), y lo hace apelando a la naturaleza de cada uno de esos movimientos revolucionarios y a la tensión entre el hedonismo y el sacrificio personal que los caracterizaron (ejemplificados notablemente en los casos de Abbie Hoffman y Jerry Rubin). Ante el carácter irresoluble de esa tensión, y en virtud de su naturaleza de espectáculos de masas, las revoluciones de las que hablamos habrían sido revoluciones "divertidas" en las que habría primado el hedonismo, tan fácilmente comercializable por parte del sistema como la rebeldía. En palabras del autor,

"Los jóvenes de los sesenta fracasaron en su intento de acabar con el capitalismo, pero consiguieron convertirlo en un espectáculo divertido para quien pudiera pagarlo. Mataron la ortodoxia marxista [...] y dieron pie a una nueva izquierda ideológicamente confusa pero básicamente funcional que ha durado hasta hoy" (42).


De este diagnóstico se pueden extraer una conclusión y una advertencia: la primera es que la división normativa entre fuerzas políticas de derecha y de izquierda no se corresponde, al menos en el ámbito europeo, con diferencias reales y no ideológicas (en la medida en que ambas fuerzas apuestan "por el capitalismo individualista, la democracia mediática y la inventiva cultural y tecnológica", 63). La advertencia (particularmente relevante en el caso del último movimiento analizado por González Férriz, el 15-M) consiste en que, si no se trascienden las acciones (ocupaciones, acampadas, manifestaciones, etcétera) cuya espectacularidad sirve a los intereses de los medios masivos de comunicación pero no contribuye a la creación de una conciencia crítica de la ciudadanía, ninguno de los movimientos más recientes conseguirá, no digamos cambiar el sistema, sino ni tan siquiera introducir uno o dos pequeños cambios de relevancia.

Puesto que esos cambios parecen más necesarios que nunca, esta advertencia (que en La revolución divertida adquiere la forma de un notable repaso al fracaso de la mayor parte de los últimos movimientos contestatarios) no debería ser desoída. Si la "lucha contra el sistema es, en cierta medida, el sistema" (177, cursivas del autor), parece perentorio reemplazarla por pequeñas acciones carentes de épica pero mucho más efectivas si lo que pretendemos (y hablo aquí específicamente de mi generación) es dejar algo más que el bello cadáver de otra revolución sin consecuencias.

Enviado el 25 de Septiembre. << Volver a la página principal << | delicious

Publicar un comentario.

[ Netiquette: Protocolo de publicación de comentarios ]

(Si no dejó aquí ningún comentario anteriormente, quizás necesite aprobación por parte del administrador del sitio, antes de que el comentario aparezca. Hasta entonces, no se mostrará en la entrada. Gracias por su paciencia).

Copia las dos palabras de la imagen en la casilla correspondiente: