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Noviembre 25, 2012

Texto, image & songs IV/ El Estado Mental Radio – María Virginia Jaua

babel_cm.jpgAquí la imagen, si la hay, no corresponde. No puede hacerlo. Por esa razón la imagen esta vez resulta fallida – y ¿cuando no? Sin embargo, aquí se cumple la representación de lo que no hay, de lo que no puede haber, en su materialidad.

Porque esta pieza de Cildo Meireles, titulada casi demasiado obviamente “Babel” (2001), como algunos de ustedes saben se compone de una torre de aparatos de radio de diferentes épocas, encendidos y sintonizados en distintas frecuencias de manera simultánea. Ella podría formar parte de esa categoría de “arte retro”, al que aquí, se han dedicado varias y profundas reflexiones(1).

Hace años vi esta pieza y a pesar de su obviedad, o quizás por ella, me gustó. Me gustó aún más cuando descubrí que ella, en toda su imponente materialidad, se desvanecía entre el ruido visual de otras piezas más y menos potentes. Que ella también era víctima de ese desbordamiento del “querer decir” propio y ajeno. Que ese “monumento” al decir humano, quedaba relegado, y de alguna manera “silenciado” dentro de la exposición, dentro del museo, dentro de la ciudad, dentro del mundo.

Es cierto que ella, podría leerse como un registro arqueológico de la humanidad (2) en su aspiración técnica. En el ámbito tecnológico lo es: un cúmulo de artefactos obsoletos. Pero también hay allí una suerte de antropología del anhelo del decir humano. Del anhelo de ser escuchado.

Alguien apuntaba –no sin razón- que ya todo había sido dicho y en esa afirmación quedaría implícito el resultado de esa evidencia: sí todo ha sido nombrado –ya lo sabemos-, y sin embargo algo se nos sigue escapando. Algo no ha sido aún escuchado o no ha sido dicho de manera “eficaz”.

Porque si no, ¿a qué se debería ese reiterado afán de querer decir, de nombrar lo mismo una y otra vez?

Quizás, habría que sintonizar mejor. O no hacerlo, simplemente “conectar”. Gracias una vez más a la tecnología. Supongamos que todos esos aparatosos aparatos desaparecieran y quedaran las voces. Las distintas frecuencias de nuestros pensamientos, de nuestras frustraciones de nuestros anhelos.

Entonces, llegaríamos al momento que me gustaría “recrear”. Aquí una voz en off, la de Maurice Blanchot, podría decir: “Habría entonces que escoger: la palabra, la vista. La palabra es guerra, locura para la mirada.”

Ahí comenzaría la emisión de un estado mental en el que me podría reconocer. Ahí daría inicio a algo que me gustaría escuchar. O quizás decir una vez más, con mi propia voz, aunque ya hubiera sido dicho. Como si delante de mi tuviera un micrófono al que apuntar la suave corriente de aire que sale expulsada de mi boca, modulado por la forma de un lenguaje compartido. Y ese chorro de aire hecho de sonidos que solo dejo “circular”, aire que solo puedo dejar entrar y salir, como mi propio nombre, en forma de palabras, tomara posición y se manifestara, sin tener que escoger, pues la elección ya habría sido resuelta.

El nombre. Si les dijera que mi nombre es literal y metafóricamente Aire. No solo aire que sale de mi boca al pronunciarlo sino la imagen y el concepto de lo que hemos acordado llamar “aire”. Revelaría algo que ya ha sido dicho pero no suficientemente escuchado. Y precisamente ahí, en ese "acuerdo" del nombrar, es en donde reside aquello de lo que me gustaría hablar.

Quizás el objeto que nos trae aquí hoy, se nos escapa, se encuentra huido. No sabemos exactamente dónde o porqué. Sólo tenemos una certeza, la de la pregunta y la de nuestra profunda e infinita ignorancia: la de nuestro reiterado olvido. Ella, la certeza, en su no saber, es la que nos descubre ese estado mental inicial: el del nombre, el del nombrar, el de ese "acordar", recordar, también aquello que siempre olvidamos. Ese acto que al parecer siempre ha estado ligado a una existencia anterior a la imagen, a nuestra "ceguera".

Precisamente a él nos aferramos. En ese "acto performático" residimos por un momento. En la palabra, en el nombre, en el fluido musical, en la reiteración de esa efemiridad absoluta. Esa infralevedad tecnológica del aliento es nuestra casa. La casa del errante, la casa del otro, la de la comunidad de voces que desde otras geografías se reúnen allí. Sabemos que es una casa frágil, pero en ella habitan nuestras voces, en ella buscamos la de nuestros semejantes y sin embargo, por siempre “ciegos” y -desde ahora también- “sordos” escuchas.

"Que lo parezca hasta que lo sea" es su consigna, su anhelo, su plegaria.


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Aquí una pequeña muestra radiofónica, armada para la lectura de este texto con material que se emitirá en El Estado Mental Radio. Contiene: “Aleph 01” de Pablo Padilla Jargstorf + un fragmento de José Machado “Santos Señas” + la pieza de arte sonoro “Faux amis” que Dora García realizó para el homenaje a José Luis Brea que se emitirá próximante + la canción de Yoko Ono “Kiss, Kiss, Kiss” oportuna e inadvertidamente intervenida por una frase al azar de la artista mexicana Silvia Gruner.

Espero que lo disfruten, que lo disfrutéis y que se sumen a la acción radiofónica.

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(1) Véase la serie de reflexiones “Retromanías” de Miguel Ángel Hernández-Navarro publicadas aquí.

(2) Op cit. Graciela Speranza, Atlas portátil de América Latina, Anagrama, 2012.

Enviado el 25 de Noviembre. << Volver a la página principal << | delicious

Comentarios

¿Es nuestro mudo magia mundo maravilla el que evoca MVJ? palabras-música de colisiones de instante en instante podrían remplazar los tornillitos que me faltan por la mañana cuando empiezo a ajustarme.

Pierre Elie Mamou


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