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Diciembre 13, 2012

Notas sobre el BUM[1] - Iván López Munuera

VIC.vivero.jpg I. Cultivar la Gran Lechuga

Hace poco, la artista Lara Almárcegui señalaba ‘no se cultiva un huerto para generar la Gran Lechuga sino por el placer de la actividad en sí misma’[2]. Promover y hacerse cargo de un huerto es una actividad que puede desafiar las nociones de hipertrofia productiva, espectacularización y liberalismo económico implícitos en el concepto ‘Gran Lechuga’, para desplazar los debates hacia prácticas cuya finalidad sea construir y expandir los vínculos afectivos y políticos. Es decir, frente a la concepción de foto final de una ‘Gran Lechuga’, la valoración de la película que relata las trayectorias y los procesos asociativos que pueden dar lugar a los diferentes cultivos. Es curioso comprobar cómo la comprensión de la arquitectura producida en España durante los últimos quince años ha venido marcada por esa imagen de la ‘Gran Lechuga’. Un retrato auspiciado en gran medida por las informaciones que han dado de ella los medios de comunicación más generales, que cuentan con una inserción social que trasciende los debates disciplinares internos. Una imagen, en fin, que se ha canalizado principalmente a través de varias vertientes que se han tratado de conectar entre sí, dando una visión simplista de algo mucho más complejo.

Por un lado, las intervenciones arquitectónicas que han contado con elevados medios económicos y se han significado por edificios más o menos icónicos realizados por estudios que suelen responder al nombre de un solo arquitecto y centrados, sobre todo, en la realización de obras de nueva planta. Se ha escrito mucho, aunque no siempre con la suficiente profundidad, sobre el efecto Guggenheim como iniciador de esta práctica, viéndolo con asiduidad en términos maniqueos (reconfiguración geográfica, nuevo modelo productivo, formas audaces vs. dispendio económico, superficialización de la cultura). En esta línea se adscribirían proyectos como el de la Ciudad de la Cultura, en Santiago de Compostela, de Eisenman Architects; o la Ciudad de las Artes y las Ciencias, en Valencia, de Santiago Calatrava. Un fenómeno, en realidad, más global y no específico solamente de España.

A esta línea se ha intentado sumar otra serie de prácticas en verdad muy diferentes, como las realizadas por oficinas cuya base sí está en España y responden, habitualmente, al nombre de una pareja de arquitectos. En esta línea, cabe destacar que se trata de estudios pequeños que desarrollan una lenguaje personal y una noción de cooperativa frente a un diseño genérico y una estructura de grandes corporaciones, muy habitual en los años noventa y en la década anterior, al estilo de SOM.

Unas prácticas, las de estos estudios españoles, que se complementan con el reconocimiento internacional brindado por Kenneth Frampton al declarar que la ETSAM (universidad en la que impartían clases varias de las figuras vinculadas a este fenómeno) era la escuela más importante de Europa. Una afirmación basada en su valía técnica y ratificada a través de exposiciones como On-Site: New Architecture in Spain, comisariada por Terence Riley en el MoMA, en el año 2006, que recogía varios ejemplos que podían enlazarse con estos desarrollos de la disciplina.

Por otro lado, y a veces ligado con el caso anterior, se produce otro boom recogido por los medios informativos, el de la burbuja inmobiliaria, asociándolo sólo a los desastres económicos y sociales que ha acarreado y no al déficit de viviendas que había en el estado español hasta los años noventa o a las transformaciones económicas que acompañaron la entrada de España en la Unión Europea que convirtieron el modelo productivo español en un esquema turístico. Un giro basado en las reconversiones industriales por un lado y, por otro, en las inversiones derivadas de los fondos de cohesión que potenciaron una economía basada en la construcción de infraestructuras, seguida de un desarrollo edificatorio y en la implementación de la economía de servicios. Otro fenómeno importante es el del desarrollo de la democracia y el estado de las autonomías que requirió la construcción de edificios en los que se delegaba la imagen de la nueva sociedad y el requerimiento de escenarios para la vida pública que fuesen modernos y estuviesen vinculados con la tradición europea socialdemócrata. A ello se sumó una economía personal y familiar basada en la revalorización constante de las propiedades inmobiliarias, que privilegiaban la compra frente al alquiler, por ejemplo. En cualquier caso, poco o nada han tenido que ver todos estos arquitectos de los que hablaba Frampton o estuvieron en la exposición OnSite con la construcción masiva de viviendas. El resultado ha sido una mezcla reduccionista de la realidad arquitectónica que aún necesita de mayores debates e información para ser afrontada, ya que la imagen de la arquitectura producida en España se ha visto condicionada por estos datos, limitando el papel del arquitecto en los medios de comunicación generales al de un técnico con grandes ingresos y ciertas visiones formalizadas en intervenciones puntuales, que desarrolla en solitario su actividad.
Insisto, la realidad en todos estos casos es bastante más problemática, no sólo por las complejidades y diferencias que cualquiera de los ejemplos anteriores tienen y que exigen un mayor desarrollo sino, sobre todo, porque en ninguno de los dos modelos o tratamientos anteriores encaja otro boom, por diferenciarlo y hacerlo más cercano, más bien BUM: una serie de prácticas diversas que han venido sucediéndose y que han propuesto, ensayado, construido y debatido una multiplicidad de alternativas a las vías privilegiadas de trabajo citadas previamente. Casos que no son sólo ejemplos testimoniales, sino realidades interconectadas en un contexto amplio. Un conjunto de prácticas que muchas veces se ha intentado agrupar bajo el apelativo de ‘Colectivos’, pero cuya definición del término (un grupo de individuos) no se ajusta del todo a la variedad de experiencias producidas. Una palabra que, de tan utilizada, se ha banalizado y no responde a la pluralidad de un ecosistema particular, el de la arquitectura española de los últimos quince años. Porque lo que se entiende por ‘Colectivos’ suelen ser un conjunto de experiencias o modelos de asociación muy diferentes entre sí cuyo número e implicaciones trascienden una visión reducida o testimonial. No son notas al pie de página de las concepciones anteriores de la arquitectura, sino realidades que forman un entorno complejo.
En cualquier caso, este intento de capturar, delimitar y clasificar una variedad de ejercicios bajo el término ‘Colectivos’, señala que la arquitectura de las últimas décadas en España no se limita sólo a los ejemplos de la ‘Gran Lechuga’. Sería imposible o poco representativo tratar de establecer una cronología que marcara un punto de inicio en estas prácticas, pero sí es posible trazar una serie de conexiones entre ellos que marquen también sus divergencias y la pluralidad de sus estructuras.

II. Afectividades políticas, reutilización y otros síndromes estructurales

La formación de estos colectivos como organizaciones de trabajo es ya variada, aunque hay un punto común a algunos de ellos que los diferencia de otras prácticas. Como apuntan Zira02 en Madrid o describen LaCol en Barcelona, su inicio vino a través del alquiler de un estudio entre varios para poder terminar el Proyecto de Fin de Carrera (PFC) [3]. Un aspecto fomentado por sus experiencias previas compartiendo casa o estudio gracias a la red de becas Erasmus que les ha convertido en especialistas en usos compartidos. A partir de aquí, comenzaron a presentarse a concursos y especialmente a los Europan, donde con frecuencia han obtenido menciones y premios, como el segundo premio y la mención que consiguieron Zira02 en el Europan 9 de 2007. La tradicional estructura de acceso a la arquitectura, basada en terminar los estudios académicos, entrar a trabajar en un estudio durante años con el que se establece una línea de continuidad conceptual y después tratar de abrir una oficina con el nombre de uno o varios socios con empleados, se rompe. Desde que tienen la titulación de arquitectos o incluso antes (gracias a la asociación con otros) comienzan a proponer proyectos.

Un ejemplo previo de relevancia en Madrid a mediados de los años noventa fue el caso de Izaskun Chinchilla ya que su PFC marcó un posible camino, al ser visto como una situación donde era posible mantener una voz propia, formar parte del profesorado y tener un estudio sin los pasos previos antes descritos. También la Oficina de Innovación Política de Andrés Jaque que, según Mauro Gil-Fournier, del Vivero de Iniciativas Ciudadanas, propuso un modelo donde era posible correr riesgos en la comprensión de la arquitectura, así como un laboratorio que incorporaba a distintos agentes como sociólogos o politólogos. Por otro lado, la figura de Santiago Cirugeda surge también como punto de interés, al realizar proyectos sin recibir encargos previos y al empezar a usar el circuito de producciones artísticas como un contexto en el que podía desarrollar propuestas arquitectónicas. Los tres, además, han apoyado las prácticas de estos colectivos y han colaborado de manera continua con ellos [4].

Estas ideas rompen con la idea tan repetida en las historiografías de la arquitectura de genealogías directas donde el conocimiento pasa de maestros a aprendices. Esa concepción que traza casi una línea recta hasta el presente y que iría, en el caso de España, desde el GATEPAC hasta nuestros días [5]. De hecho, la reivindicación por parte de estos grupos de otras arquitecturas que se ‘salen’ de este marco resulta esencial, con ejemplos como la Ciudad Instantánea de Ibiza en 1971 o las construcciones de los Encuentros de Pamplona en 1972, ambas promovidas por José Miguel de Prada Poole; trayectorias no siempre tenidas en cuenta, como la de Ramón López de Lucio y el Club de Debates Urbanos; actividades presentes como la de Arquitectos Sin Fronteras, la experiencia de las casas okupas, las ONGs y los centros sociales autogestionados; otros colectivos fuera de España, como Stalker, Raumlabor, EXYZT o AAAA; las intervenciones de Lacaton y Vassal o las lecturas de Rem Koolhaas (más que sus proyectos arquitectónicos, o más AMO y menos OMA); otras geografías fuera del foco occidental; experiencias comunitarias como las comunidades hippies, los festivales de música, las raves o los botellones; citas “retro-reflexivas” [6] a fenómenos como la Internacional Situacionista, Archizoom, Superstudio, el metabolismo japonés, la Nueva Babilonia de Constant o Archigram (en este sentido, el blog Arqueología del Futuro de Carmelo Rodríguez, de PKMN, es revelador); pero también la reivindicación de ejemplos Pop como Oliver y Benji, la Estrella de la Muerte o Mazinger Z. Es sintomático que muchos de ellos desarrollen su actividad en lugares como Colombia, Brasil o República Dominicana (es el caso de varios componentes de Zuloark, Basurama o PezEstudio, establecidos en estos lugares), desplazando los intereses referenciales hacia otros escenarios y urgencias, en especial, el hemisferio Sur. En resumen, el pasado ya no es lo que era. Una brecha que no es generacional, sino cognitiva, pues comparten esta actitud con arquitectos de distintas franjas de edad.

Este ‘desvío’ de las referencias habituales en las historias de la arquitectura puede comprobarse en muchos de ellos. Es el caso de N’Undo, cuya formación se inicia a través de la experiencia de sus componentes en acciones de cooperación en Centroamérica, donde la necesidad prima por encima de otros discursos disciplinarios. Una actitud que, como ellos mismos definen, se basa en la no construcción, la minimización y la reutilización. Su proyecto de desmantelamiento del hotel Algarrobico en la Costa de Almería es paradigmático, al proponer un modelo sostenible ecológicamente que brinda mayores plusvalías y empleo a la zona que la puesta en marcha del hotel.

Un concepto, el de reutilización y sensibilidad medioambiental, presente en la mayoría de estas prácticas, como los valencianos Sostre, dedicados al desarrollo de formatos que favorezcan los procesos de participación social; Mazetas en Andalucía, con un enfoque ecológico sobre la gestión de los recursos; o en Extremadura áSILO, cuyos principios se basan en el enfoque de marco lógico (EML), la reducción del impacto medioambiental en la calidad del ecosistema y el reciclaje. Basurama, iniciado en 2001 precisamente en el boom de la burbuja inmobiliaria, nace en torno a esta temática como respuesta a la hiperproducción de objetos y deshechos. Se plantea en un principio como un festival dentro de la propia Escuela de Arquitectura de Madrid (con conciertos y actividades variadas) donde era posible traer basura y darle una nueva utilidad. Pronto desarrollan una actividad que les lleva a impartir conferencias y talleres en distintas instituciones y que hacen de la práctica arquitectónica un modelo diferente en el que construir de cero no es tan relevante como reutilizar y repensar lo ya existente. Lo mismo que Obsoletos, un proyecto de investigación, creación y difusión de sistemas creativos de transformación para residuos tecnológicos.

Una estructura de trabajo abierta que, como en el caso de Zuloark, permite que puedan trabajar no como empleados, sino como miembros activos de pleno derecho. Zuloark se inicia como agrupación en 2001 mientras continuaban siendo estudiantes, con una organización basada en la dedicación que cada de uno de ellos puede ofrecer a cada proyecto. Sus honorarios son repartidos a partes iguales entre los participantes, aunque se fija un 10% del total para la bolsa que les permite pagar el alquiler del estudio. La autoría, en cualquier caso, siempre es común, al firmar como Zuloark [7]. Sus bases parten del conocimiento de estructuras digitales en red, nociones de copyleft, procomún y software libre. Algo visible en proyectos en los que han participado como Campo de Cebada, donde han fomentado el uso temporal del solar del derribado polideportivo de La Latina, incluyendo el trabajo de otras agrupaciones de arquitectos como Taller de Casquería o Luzinterruptus, asociaciones vecinales o proyectos como Cine Sin Autor. Al final, los puntos cohesivos trascienden lo profesional para instalarse en lo afectivo, donde twitter y Facebook juegan un rol principal como medios comunicativos y de organización.

María Mallo, miembro de Leon11, Zoohaus y Mecedorama, apunta que lo que les une es, principalmente, una concepción parecida de la arquitectura pero, sobre todo, que se lo pasan bien haciendo cosas juntos. Esta percepción es fundamental y común a muchas de estas prácticas, porque lo que les configura como plataformas de trabajo no es tanto un plan empresarial sino reconocerse como interlocutores válidos. Es decir, una serie de afectividades políticas tal y como las define Chantal Mouffe [8], donde los valores de antagonismo en el enfrentamiento o discusión son sustituidos por una apreciación agonista, una definición del contrario no como un enemigo al que hay que inocular, más bien como un amigo cuyos intereses pueden ser diferentes pero que han de ser tenidos en cuenta e incorporados a un proyecto común.

Para ello elaboran una concepción no jerarquizada del estudio (jefes-empleados), pero no se constituyen como una red de socios (algunos integrantes pueden estar más vinculados a un proyecto, otros no, la economía se discute en cada caso), sino una estructura abierta repensada en cada situación. Encuentran algunos modelos parecidos en CC60 o Equipo Bloque, aunque en realidad estos dos ejemplos funcionan más como cooperativas. Una manera de entender el intercambio y la realización en la arquitectura que, para los que estudiaron en la ETSAM, proviene del Grupo de Exploración Proyectual, promovido por Andrés Perea. Enrique Espinosa, de PKMN, señala cómo para él resultó fundamental ver en activo a los diferentes profesores manteniendo una posición desprejuiciada frente a los proyectos y cómo discutían entre ellos con perspectivas diferentes y argumentadas. Esta situación convertía la clase en un parlamento donde era posible realizar un camino de ida y vuelta en el que la concepción de la enseñanza se ampliaba y se convertía en algo discutido.

Esto lleva a considerar la formación de los proyectos y la del propio colectivo como algo expandido. Desde el Vivero de Iniciativas Ciudadanas señalan la importancia de poder sumar a diferentes actores en cada proyecto. Es el caso de Mercado Abierto, en Antón Martín, que activa a los diferentes implicados a través de sesiones de participación e inversiones económicas mínimas, justo lo contrario de muchas de las prácticas que se han puesto en marcha sobre la rehabilitación de mercados de barrio y que se han demostrado empresas insostenibles. Una transversalidad que les lleva a trabajar de manera continua con sociólogos (el nombre de Emilio Luque, antropólogo social y profesor de ecología humana de la UNED, aparece como colaborador de muchos de ellos) o a contar en sus propias formaciones con personas de otras disciplinas (así las variadas dedicaciones e intereses de los barceloneses straddle3; MMMM con un periodista y un ingeniero naval; o Tramallol en Sevilla, que cuenta con diseñadores, programadores web, traductores, encuadernadores, modistas o escenógrafos).

III. Nuevo funcionalismo en la representación

Una manera de entender la arquitectura que también exige una manera distinta de abordar la representación. Muchas veces se ha acusado a estos arquitectos de poseer una brillantez gráfica, un exceso de diseño y de colores, de inventos y soluciones plasmados en multitud de paneles para esconder una supuesta pobreza técnica o un discurso débil, pero es precisamente lo contrario. La cuestión es que sus planteamientos, al enfocar una realidad diferente, necesitan también de maneras de representar distintas. Viene a la mente la experiencia de la Revolución Rusa de 1917 y los debates entre artistas como Laszlo Moholy-Nagy, que empiezan a ensayar diferentes enfoques del mundo en sus obras porque, como acertaban en pensar, un mundo social, económico y político nuevo necesitaba de unas formas de ver acordes y novedosas. Del mismo modo, la arquitectura de estos grupos exige también un acercamiento desconocido en la representación. Así, los modos de visualizar sus proyectos se presentan como una algarabía donde es posible identificar diferentes factores y agentes implicados. Imágenes que se basan en consideraciones pop funcionales -porque buscan otros sistemas representativos fuera de la arquitectura y porque responden a una necesidad específica- que pueden ir desde citas extremadamente insertas en la cultura arquitectónica a otras más distantes, como el graffiti. De hecho, muchas de sus actuaciones se circunscriben a la ilustración en sí como elemento generador de arquitectura. Es el caso de los murales de Boamistura, formado por arquitectos, licenciados en Bellas Artes, publicistas e ingenieros de caminos; LaMinúscula, enfocados al diseño en la creación urbana; o los vídeos de Flu-Or en Galicia. Unos métodos representativos que, como sucede con Manu-Facturas o Poliedro, después han sido una parte fundamental de sus ingresos, al subcontratar la realización de estas imágenes a otros estudios.

Unas ciertas semejanzas en las estrategias representativas compartidas por muchos de ellos. Esto es perceptible en la serie de exposiciones comisariadas por Ariadna Cantis bajo el apelativo Fresh (FreshMadrid, ReFresh, FreshForward, FreshLatino), desde el 2006 hasta hoy, en principio centradas en Madrid y después ampliadas a un ámbito iberoamericano. En ellas se dan cita no sólo agrupaciones que pueden denominarse colectivos (de Motocross a Supersudaca) sino otros agentes activos de diferentes contextos como Husos o Pedro Bandeira e incluso publicaciones como Oeste y UHF. Unas exposiciones que han tenido el valor añadido de ser las primeras en apreciar el fenómeno de los colectivos en tiempo presente. Una serie de muestras que cuentan siempre con diagramas a cargo de diferentes agentes (Manuel Alvárez-Monteserín o C+Arquitectos) para permitir visualizar los variados vínculos internos y que son, en sí mismos, proyectos ilustrativos de sus lazos de unión y sus divergencias.

IV. Conexiones

Porque entre ellos se van tejiendo una serie de conexiones densas y dilatadas, como atestigua la red de Arquitecturas Colectivas que, en palabras de Diego Peris de Todo por la Praxis, pretende configurar un mapa de asociaciones diversas con objetivos comunes. Un espacio de discusión y debate que permita realizar distintas colaboraciones. Pueden ser plataformas cuya base fundamental es un blog, tipo Paisaje Transversal, La Ciudad Viva, SinEspacio o La Nevera Compartida; los ciclos de conversaciones de Crearqció; las sesiones ‘GreenVia’ promovidas por VIC; plataformas que encuentran su origen en asociaciones universitarias para incentivar la participación de los estudiantes, como Arquitectura se Mueve en la UPV o Ergosfera en la ETSAC; los encuentros de arquitecturas colectivas de Comboi a la Fresca; agrupaciones enfocadas al fomento y la proyección de actividades orientadas a la dinamización social como Transeünts; los grupos de investigación Urban Relational Laboratory -adscrito a la Facultad de Humanidades y la Escuela de Arquitectura de la UIC- o M-Etxea -vinculado a la Escuela de Arquitectura de Donostia-; otras dedicadas a la visualización de datos relacionados con el entramado urbano, es el caso de Meipi; estudios destinados a la creación de plataformas web como Montera34; marcas que no venden nada, sino actitudes de resistencia, como Makeatuvida; o ser conceptos comunitarios donde desarrollar proyectos, así Reakt-Kolektiboa en Donostia, La Anécdota en Murcia, Zoohaus o Inteligencias Colectivas. Este último proyecto es arquetípico, al recoger muchos de los desafíos que les guían.

A finales del año 2009 y hasta hoy, la plataforma Zoohaus puso en marcha Inteligencias Colectivas. Sus objetivos, como señala Maé Durant, son generar un archivo de situaciones y respuestas arquitectónicas a urgencias específicas que no siempre son tenidas en cuenta debido a su carácter no estandarizado y su autoría compartida. Centrados en un principio en Latinoamérica, pero pronto ampliado a otras parte del globo, recogen experiencias que van desde una acera enchufable que permite cargar dispositivos móviles a regletas elaboradas con cajas de plástico reutilizadas. Un proyecto de proyectos que ha tenido incluso spin-offs como Mecedorama, una serie de mobiliario realizado con la técnica del zuncho, típica de la Guajira Colombiana.

Una actitud alejada del modelo de experiencia única y cerrada para abrirlo a un planteamiento beta donde los usuarios están al mismo nivel que los técnicos y donde cada prototipo es testeado, corregido o alterado según las necesidades específicas. Una experiencia arquitectónica basada en un modelo compartido, donde la capacidad de investigación y experimentación es amplia y la posibilidad del error está integrada. Los agentes implicados no tienen por qué reunirse de manera física, sino que las reuniones por skype entre varios países se repiten para poder generar líneas abiertas.
En este panorama, la práctica arquitectónica no es que se diluya, sino que se amplia y se redefine, dando cabida a proyectos que tienen la máxima importancia dentro de estos estudios como son los talleres, publicaciones, eventos o festivales. Sirva como ejemplo la exposición Post-It City. Ciudades Ocasionales comisariada por Martí Perán para el CCCB en 2008. Un antecedente de archivo global de casos de estudio que habilitó una línea de diálogo sobre diferentes perspectivas urbanas, así como un reconocimiento de estas prácticas.

V. Rinocerontes en mitad de la sabana

Y todo esto no ha sido algo espontáneo. Ha sido fruto de esfuerzos comunes producidos en lugares como los centros sociales, en especial los sucesivos Laboratorios, la Eskalera Karakola, el Patio Maravillas o la Tabacalera CSA en Madrid; La Nave y Can Bies en Barcelona; La Casa Invisible de Málaga; o La Fábrika en Cádiz, que han dado paso a experiencias como estonoesunsolar en Zaragoza; el festival Eme3; el solar de Antonio Grilo y la red de huertos urbanos ¡Esta es una plaza! en Madrid; o eventos como los desarrollados por Desayuno con Viandantes en Valencia. Experiencias donde es posible mantener y diseñar métodos asamblearios, establecer proyectos y protocolos de regeneración urbana, ensayar metodologías diversas en la toma de decisión o fomentar la simetría en la representación de las posiciones.

Por eso no es de extrañar que experiencias como la respuesta al desastre del Prestige, la valoración del campamento SINTEL como modelo urbano organizado, las movilizaciones del No a la Guerra, las plataformas contra los desahucios o las manifestaciones del reciente 15M a lo largo de toda la geografía española resultasen tan exitosos en su organización y contasen con muchos de estos grupos. Un replanteamiento de los contextos que podría resumirse en la anécdota que Jon Aguirre, de Paisaje Transversal, relata: si te encuentras en mitad de la sabana delante de un rinoceronte la pregunta no es ‘¿qué hago?’, ya es demasiado tarde. La pregunta es ‘¿qué he hecho para estar delante de un rinoceronte en mitad de la sabana?’. Es decir, frente a un modelo de aceptación del discurso y una consideración autoconsciente de la disciplina, un incesante cuestionamiento y un constructivismo social de la arquitectura, donde todos los agentes y factores han de ser tenidos en cuenta.

Unas experiencias que, como señala Patricia Molina (miembro del Laboratorio Urbano y del Observatorio Metropolitano), han tenido mucho de autoformación, al no haber sido aprendidas en los círculos académicos y, sin embargo, poseer un alto grado de conocimiento, como atestigua el impresionante estudio ‘Madrid, ¿la suma de todos?’ del Observatorio Metropolitano. En palabras de Molina ‘no es ¡qué bien se lo han pasado estos chicos!, sino que ha sido un trabajo continuado sobre investigación y desarrollo de la arquitectura contemporánea que después han tratado de incorporar de manera cosmética en sus proyectos otros estudios’. Aunque sí, además se lo han pasado bien, convirtiendo la arquitectura en algo muy emocionante y generando una comunidad afectiva con valores crematísticos muy reales (proyectos, construcciones, investigaciones, talleres, publicaciones, conferencias, estrategias formativas).

Insisto, no ha sido algo espontáneo, ni testimonial, ni una moda. Estas prácticas diversas han sido fruto de un esfuerzo continuado y de unos planteamientos revisados de manera permanente. Un BUM de situaciones que, lejos de ser algo anecdótico o generacional, conforman un contexto múltiple y posibilista. Uno de los puntos esenciales hoy día es que se reconozca su importancia en la arquitectura y no para eliminar las ideas ligadas a la disciplina en España como un espacio de ‘grandes lechugas’ (sus aportaciones han sido y son sumamente valiosas), sino para que, a través del reconocimiento, se valoren los diferentes procesos de cultivo y coexistencia de alternativas. Para que, en fin, se desarrollen una serie de prácticas en un ambiente equipado, dotado de garantías y no precarizado.


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1 La información contenida en este artículo ha sido elaborada a través de entrevistas y conversaciones con Basurama, Zoohaus, PKMN, Zuloark, Zira02, Leon11, Todo por la Praxis, PezEstudio, Campo de Cebada, Paisaje Transversal, Vivero de Iniciativas Ciudadanas, Taller de Casquería, N’Undo, Mecedorama, Laboratorio Urbano y Observatorio Metropolitano, así como de la consulta a páginas webs y blogs de otros muchos estudios como La Tabacalera CSA, Boamistura, Recetas Urbanas, Boamistura, Montera34, MMMM, LuzInterruptus, Equipo Bloque, CC60, Obsoletos, La Ciudad Viva, La Nevera Compartida, La Casa Invisible, Arquitecturas Colectivas, Meipi, LaCol, mazetas, Sostre, áSILO, tramallol, La Ciudad Viva, SinEspacio, La Nevera Compartida, Crearqció, Ergosfera, Comboi a la fresca, Transeünts, Urban Relational Laboratory, M-Etxea, Montera34, Makeatuvida, Reakt-KolektiboaLa Anécdota, straddle3, Laboratorios, la Eskalera Karakola, la Madeja, el Patio Maravillas, la Tabacalera CSA, La Nave, Can Bies, Traficantes de Sueños, La Casa Invisible, La Fábrika, el solar de Antonio Grilo, ¡Esta es una plaza!, estonoesunsolar, Eme3, Desayuno con viandantes entre otros muchos.
2 Entrevista a Lara Almárcegui por Bea Espejo publicada en El Cultural de El Mundo el 29-06-2012.
3 En otros casos se trataba de espacios cedidos por amigos, familiares o lugares ocupados.
4 Las colaboraciones entre los diferentes colectivos son continuas, pero también con otros estudios, realizando proyectos en común, vídeos, dibujos, talleres e investigaciones. La lista es, a su vez, definitoria, ya que se dan unos perfiles muy determinados: MI5, Acebo X Alonso, Manuel Ocaña, Amid09, S&Aa, Cloud9, Carlos Arroyo, Enrique Krahe, Ecosistema Urbano, Paula Montoya, Federico Soriano o Tuñón y Mansilla, entre otros.
5 Como aún muchos arquitectos, periodistas, críticos e incluso centros de creación contemporánea se empeñan en repetir.
6 Como señala Simon Reynolds a través de los estudios de Svetlana Boym, frente a una nostalgia restauradora o un retro-restaurador, que pretende volver a un pretendido tiempo bucólico anterior, lo retro-reflexivo o nostalgia reflexiva permite convertir las experiencias pasadas en conocimiento y tomar ciertas partes, reconociendo su importancia política y social. (REYNOLDS, Simon (2012): Retromanía. La adicción del Pop a su propio pasado. Trad. Teresa Arijón. Ed. La Caja Negra. Buenos Aires).
7 Su reconocimiento vino, además, refrendado por el nombramiento por parte de Emilio Tuñón y Luis Moreno Mansilla como codirectores de la Bienal de Arquitectura y Urbanismo de España en el año 2010.
8 MOUFFE, Chantal (1999): El retorno de lo político. Comunidad, ciudadanía, pluralismo, democracia radical. Paidós, Barcelona.

Enviado el 13 de Diciembre. << Volver a la página principal << | delicious

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