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Enero 13, 2013

Conversación con Danilo Türk* - Daniel Silvo

Malevich.jpg Daniel Silvo: En esta charla le querría preguntar si considera usted que el arte contemporáneo ha perdido el interés por el concepto de utopía.

Danilo Türk: No soy un experto para emitir un juicio sobre el tema. Sé que el arte puede ser un instrumento para la difusión de diferentes ideas. Me viene a la cabeza un pensamiento de Benedetto Croce quien consideraba que, generalmente, la producción intelectual trata de evitar el pensamiento programático y normativo. Por tanto no creo que sea legítimo esperar que el artista siga una serie de ideas programáticas, aunque ésta pudiera ser una idea provocativa como la utopía. Se trata de un pensamiento general sobre el tema. Más concretamente pienso que el gran arte tiene que ver con grandes problemas. Por tanto mi opinión en este tema sería que el arte es útil a la política y a Europa en la medida en la que es crítico. Pienso que cuando los artistas son críticos ante los fenómenos contemporáneos, están ayudando a la sociedad. Si los artistas tienen una mentalidad crítica, si toman la realidad cotidiana como algo valioso para la crítica y que necesita a su vez de la crítica, a través de las imágenes y de la expresión artística de distinto tipo, entonces van por buen camino. Utopía o no utopía sería algo que vendría después, y que para mi no es central.

D.S. Entonces, ¿podríamos decir que nosotros no es posible repetir la misma pregunta que la revolución rusa formuló a los artistas a principios del siglo XX, sobre qué pueden ellos hacer por la revolución?

D.T. No, considero que los tiempos de una programación política directa del arte han acabado ya. Pero estas cosas siempre resultan muy interesantes y diversas, a veces encuentras denominadores comunes inesperados. Pondré dos ejemplos: uno de los grandes artistas que surgieron de ese movimiento que se generaba a principios del siglo XX en Rusia fue Malevich. Malevich inspiró mucha de la producción artística más allá de Europa, y fue un símbolo de la creatividad artística de la Rusia revolucionaria, sin haber tomado parte activa en el programa de la Revolución.

Pero creo que él hizo más por transformar Europa y el mundo artístico europeo que cualquiera de aquellos que siguieron de manera estricta las propuestas ideológicas de un arte revolucionario. Entonces, cuando las cosas degeneraron en un realismo socialista, las premisas revolucionarias ya habían acabado. Por supuesto, cuando alcanzas el realismo socialista, eso significa que la revolución ya se ha disuelto. Por eso, la función programática de ese arte desaparece. Por tanto, esa es una de las paradojas: Malevich resulta ser un artista que revoluciona la expresión artística en Europa, mientras que la revolución estaba buscando una respuesta programática a la que él nunca se adhirió. Esa es una paradoja muy interesante.

Por otro lado, hay ciertas tendencias estéticas comunes en el arte de la primera mitad del siglo XX, que tienen que ver con el mundo industrial del momento. En aquella época se verán por todas partes hombres musculosos trabajando con maquinaria, expresando por medio de la cultura la energía de la producción industrial masiva. En Diego Rivera hay muchas similitudes con el realismo socialista. En el Rockefeller center en Nueva York las imágenes son las mismas. Pienso que sobre todo esto tiene que ver con la realidad industrial de la primera mitad del siglo XX. En ese sentido, ciertas expresiones artísticas tienen que ver con la naturaleza de la producción industrial del momento, más que con ningún programa concreto. Ahora, cómo son las cosas actualmente, es muy difícil de determinar. Conozco muy poco como para ser capaz de encontrar un denominador común en la situación actual. Siempre resulta más sencillo cuando se analiza con cierta perspectiva, pero no en el momento preciso en el que suceden las cosas.

A veces el arte tiene una manera irónica de presentar una imagen de la realidad. Esto es algo generalizado en la producción artística de las últimas décadas, pero no es algo absolutamente nuevo. Marcel Duchamp comenzó a trabajar en esa representación irónica del mundo. Así que a veces las cosas son nuevas, pero nunca totalmente nuevas.

Una de mis primeras conclusiones, y no quiero parecer muy complejo, es que el arte y la política se han separado bastante en las últimas décadas.

Algo que me parece interesante es que, durante la guerra de Irak (yo vivía en Nueva York en esa época), los interesados en el arte, la literatura, etc. que vivíamos en Estados Unidos, nos encontramos de pronto con una enorme oferta de historias sobre la Grecia Antigua, como La Ilíada. Incluso se hizo una película sobre La Ilíada, que es, por supuesto, el arquetipo de la guerra, la guerra primigenia. Todas las guerras posteriores fueron variaciones de la de Troya.

Lo que quiero decir es que el propósito crítico del arte puede producirse también a través de un nuevo uso de los textos clásicos, a partir de una relación entre nuestras referencias contemporáneas y las obras clásicas, como la tragedia griega, la poesía épica, la mitología y las historias antiguas.

Creo que los movimientos artísticos surgidos en Europa del Este son el resultado de una idea de cambio, de una renovación o una resurrección al mismo tiempo. Algo que nos puede ayudar a entender esto es cómo en 1968 Europa, que había vivido un largo período de paz, unos veinte años, con una prosperidad dominante, se convierte en una sociedad conformista. El conformismo fue el problema. Los jóvenes querían cambiar las cosas. La idea conformista de Europa no parecía ser un futuro promisorio, ellos querían cambiarlo, y eso fue lo que derivó en los acontecimientos de París y de Europa del Este. Esto tuvo consecuencias artísticas en toda Europa del Este. En Polonia, en Checoslovaquia, también en Belgrado, donde una importante producción cinematográfica también generó olas intelectuales que pretendían cambiar las cosas en el mundo socialista, que entonces era la parte más extensa de Europa. Así que la revuelta misma fue el resultado de las acciones juveniles en contra del conformismo de la sociedad de consumo, y eso se convirtió en un proceso al que se fueron añadiendo algunos elementos como la lucha contra las dictaduras, lo cual generó interesantes expresiones artísticas. Creo que todo aquello fue como una bola de nieve, en la forma en la que relacionó con la dictadura en España, la crítica a la guerra de Vietnam y los movimientos contra la guerra en los Estados Unidos, etc. y esto también tuvo efectos en la revolución cultural china, fue una suma de cosas. Pero el origen lo encontramos en la revuelta contra el conformismo.

D.S. Entonces, ¿vivimos en una época conformista?

D.T. Sí, yo pienso que mucho mayor que la que vivimos en los sesenta. Porque en la actualidad también las generaciones jóvenes son conformistas. En el contexto en el que se encuentran los jóvenes hoy es mucho más difícil para ellos articular una visión propia. La gente joven ahora trabaja en situaciones de precariedad, tienen empleos temporales, estudian durante más tiempo, se independizan más tarde. Es más difícil proyectar la visión de una sociedad diferente. Quizá nuestra sociedad actual es más complicada que la que existía en los sesenta, pero el caso es que la gente joven está menos dispuesta al cambio de lo que fue en el pasado.

Eso es todo lo que puedo decir…


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* Danilo Türk fue presidente de Eslovenia de 2007 a 2012. Actualmente vive en Liubliana. El texto de la conversación ha sido extraído de la pieza audiovisual del artista.

Enviado el 13 de Enero. << Volver a la página principal << | delicious

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