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Abril 28, 2013

The four seasons restaurant / el regreso del iconoclasta – María Virginia Jaua

the-four-seasons-restaurant_1.jpg En el principio no estuvo el caos, sino su reverso: un agujero negro, o mejor, la “representación” por medio del sonido de un agujero negro. Así, con esta imagen “sonora” y con la información científica con la que se da cuenta de cómo se están estudiando estos elementos del cosmos y de qué manera un científico ha logrado “interpretar” el sonido del existir de uno de estos enigmas de la negatividad, comienza el “objeto” teatral.

De esta creación de Romeo Castelucci y la Societás Rafaello Sanzio “Four seasons restaurant” -que hace una semana se presentó en el Thêatre de la Ville de París-, nacería una pregunta: ¿Entramos al mundo que se nos propone atravesando el umbral de uno de estos agujeros o salimos del mundo expulsados por su desintegración de la materia?

Esta podría ser la primera de las preguntas, pero no la única.

En ella, la de cómo se originó el ser es la pregunta que muchos científicos se hacen, algunos pocos artistas también. Digamos que si nos adhiriéramos a la unidad espacio-tiempo –una de las muchas reglas a las que está sometida el trabajo escénico- podría comenzar la obra o terminar.

Todo empieza donde todo acaba. Donde todo acabó será el lugar propicio para que comience por primera vez, cada vez, alguna vez. Quizás, una de las primeras reglas que aquí se rompe, es esa: la de la unidad espacio-temporal… o la idea de la progresión. El orden de la tragedia.

Comienza la obra: vemos un gimnasio ordenado y pulcro en el que aparecen varias actrices, diez, quizás más o quizás menos. Acto seguido, una vez más, comienza la obra: una a una las actrices proceden a cortarse las lenguas con ayuda de unas tijeras. Las cortan y las dejan caer sobre el escenario para entonces poder hablar. Para entonces convertirse en personajes, para dejar que el texto poético emerja de sus labios atravesando el agujero negro que ha dejado la ausencia en su cavidad bucal.

¿Cómo llamaríamos este acto? ¿Lingüicidio? Automutilación del "decir" en el espacio de la palabra "hablada".

Un perro entra a la escena y se come las lenguas recién cortadas. Otra de las astucias del teatro de Castelluci para “sacarnos” de la idea de la “representación”. Y decirnos con la presencia del animal: no estamos en el terreno de la “ficción”, o quizás sí. O se puede entrar y se puede salir de él como se entra y sale de un agujero, de una sala de teatro en plena representación, de una vida.

Mientras que ellas, las actrices “mudas” van a escenificar un fragmento del texto que Hölderling dedicó a la muerte de Empédocles. Ellas algunas veces lo hacen con sus propias voces: las de un actor que declama; a veces a través de sus voces pregrabadas y emitidas a través de una especie de radio: voces que también declaman pero que gracias al "registro" pertenecen ya a otro tiempo. Según el propio Castelluci lo que ahí se persigue es escenificar lo que él mismo* llama “la salida” o mejor, “la fuga” del artista. Lo que en el drama de este personaje -convertido por la pluma del poeta alemán en un artista romántico- quien consigue el grado cero del acto estético lanzándose al cráter de un volcán. No desde la desesperación suicida sino desde una conciencia de la imposibilidad del ser del arte y de su representación, que sólo podría alcanzarse en la aniquilación por medio de la integración en la naturaleza y en un ideal de absoluto.

Recordemos que Empédocles fue también un hombre de política que en su fracaso -y en el destierro al que fue condenado- encontró su salvación o su “salida estética” en la entrega a un conocimiento, a la indagación en la materia y en los elementos que componen al hombre.

Hölderling resuelve así la dialéctica hegeliana entre finito e infinito: con el salto al vacío, el suicidio del artista: “lo que para mi no es el todo, y eterno todo, es nada para mi”.

La única posibilidad del artista, también podría decirse. La que también subyace en el título de la obra: “Four seasons restaurant” inspirada en una anécdota trascendente que da cuenta de que una vez se le encargaron unos cuadros a Mark Rothko. Y él aceptó el encargo, dicen, pero al descubrir que eran para adornar el comedor del famoso restaurant neoyorkino, los destruyó. O se negó a entregarlos. O pintó a unas mujeres mutilándose las lenguas que un perro devora con igual deleite que los asiduos comensales del lugar devoraban los manjares. O nunca los pintó.

En cualquier caso, la imagen no está. Y si está es para ser destruida. La imagen misma es destrucción. La iconoclastia da la batalla, una más. El teatro se convierte en ese lugar político y poético en donde será posible el salto al centro de un volcán negro en erupción.

Pero la imagen en su autoaniquilación se hace indestructible. Lo que sucede ahí, en ese espacio “suspendido” de la representación parece que podría contener toda la historia del arte o toda la “Verdadera historia del Arte” para de pronto consumirse y explotar, simplemente desapercer bajo una lluvia de polvo y cenizas. Para ser consumida por el espectador, y desaparecer como absorbida por un agujero negro: el de nuestros propios ojos.

Y sin embargo, ahí, en ese sepulcro óptico una imagen podría volver a nacer...

* * *

"Y abiertamente consagré mi corazón a la tierra grave y doliente, y con frecuencia, en la noche sagrada, le prometí que la amaría fielmente hasta la muerte, sin temor, con su pesada carga de fatalidad, y que no despreciaría ninguno de sus enigmas. Así me ligué a ella con un lazo mortal." Hölderlin

* * *


* Imagen de la obra “Four seasons restaurant” Societás Rafaello Sanzio.

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* Dio la causalidad que ayer sábado 27 de abril estuvo Romeo Castelucci en Madrid, en el Teatro Pradillo, presentando el libro Los peregrinos de la materia, traducido y editado por Contintametienes cuya lectura recomendamos. Y pude hacerle alguna pregunta... no todas claro.

Enviado el 28 de Abril. << Volver a la página principal << | delicious

Comentarios

Grande texto, The four seasons restaurant / el regreso del iconoclasta – María Virginia Jaua.

La imagen, el signo, quema. Entre ese dolor y el alivio del agujero vivimos el arte.


Hola Fernando,

Gracias por tu mensaje!
Ya lo platicamos y lo seguiremos platicando!

Un abrazo,
mv


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