« El ritual de la serpiente* de Aby Warburg - Fabio Vélez | >> Portada << | La experiencia dramática* - Sergio Chejfec »

Mayo 17, 2013

To the wonder de Malick - Ignacio Castro Rey

To_the_Wonder.pngComo un poema visual de Borges, To the wonder es una película sobrecogedora que descansa en el silencio. Sólo la ignorancia espectacular que nos rodea puede sostener otra cosa. Para empezar, nada tiene de un subproducto de The tree of life, de una película menor y oportunista, como ha comentado más de un crítico. Al revés, su factura permite entender mejor algunos elementos del anterior trabajo de Malick.

Hay dos claves difíciles en ambas películas. Una, el andar constante, un caminar –a veces, cámara en ristre- que es metáfora de una vida que no puede tener descanso ni parada. Cuando creemos llegar a un hogar seguro –el mito estadounidense de la fortaleza familiar-, la marea de vivir nos arroja otra vez al peregrinaje, donde siempre tenemos que convivir con extraños no invitados. De ahí esa reflexión peripatética, como en los griegos. Mientras deambulan o juegan por distintos escenarios –son impresionantes, como en El árbol de la vida- las imágenes de la pobreza en la orgullosa nación de barras y estrellas- los distintos personajes recuerdan, se multiplican, tienen revelaciones, se encuentran con sus otras capas freáticas. Sería interesante ver qué le debe Malick en esta fidelidad al nomadismo a la Generación Beat y su pasión por las sendas perdidas.

Después, existe otro motivo central en esta hechura, que se repite en las dos películas. Una cierta intensidad de lo vivido, de lo visto y oído, que no puede vivir más que a ráfagas. Malick trabaja con una profundidad perceptiva y psíquica, llena de ecos y sombras, que no puede tener continuidad, pues no cabe en las leyes diáfanas de este mundo. De ahí que esta misma hondura sensitiva, una religión intuitiva que primeramente está en las sensaciones, vincule extrañamente paisajes a estancias, animales a objetos y hombres. Los cielos parecen respirar con la misma vida misteriosa que hace cercanos y lejanos a los animales. La misma intensidad en esta experiencia mística de la luz, que es anterior a las culturas y a las lenguas, posiblemente es lo que facilite que el original de Malick hable cuatro idiomas distintos para mantener la misma rapsodia.

“Esta mezcla de momentos impresionistas –recuerda Affleck-, moviéndose a través de la vida de alguien de forma no lineal, refleja, en mi mente, la forma en que uno recuerda su propia vida. Es un poco hipnótico”. Los propios actores de To the wonder parecen en trance. Al parecer, pasaron por la experiencia un poco traumática de que el director les obligase a meterse en la atmósfera de la historia, sin un guión muy fijo, que les permitía la libertad de improvisar y recrear las situaciones.

El oeste de Oklahoma, la piel de los bisontes y los caballos, los cielos inflamados, el heno amarillo. La piel curtida de los presos, los rostros consumidos de la pobre gente enferma, loca o devorada por las drogas. Toda una enorme piedad recorre lo que esta cinta toca, como una capa de agua que bañase la dulzura natural de los seres y los hiciera hermanos del hombre. El cristianismo de Malick es más sureño que norteño, más católico que protestante, de ahí esa delicadeza a la hora de acariciar las escenas, las habitaciones vacías, los muebles y los visillos. De ahí esa sabiduría, sobre todo, para sentir espiritualidad donde, estadísticamente, no hay más que cascotes, gente vulgar y desechos humanos.

Tardaremos en olvidar, por ejemplo, la forma entrecortada en que se esboza el conato de noviazgo entre Neil (Ben Affleck) y Jane (Rachel McAdams). Los rasgos sobrenaturales con que se dibuja la dulzura rubio-atormentada de Jane la convierte en un ser portentoso. Tal vez las dos, Marina (Olga Kurylenko) y Jane, aman a Neil porque él, por encima de su cobardía y sus defectos, ha sabido mantenerse como un enigma para sí mismo. Sin embargo, hay que decir que ese misterio toca en To the wonder todas las cosas, la hierba que ondula, los visillos pálidos al viento y la sonrisa inalcanzable de Jane.

También algo de lo que nunca sabremos se posa en la figura de uno de los hombres más tristes del mundo, el padre Quintana (Javier Bardem). Cargado de amor por el mundo –“Las cosas vienen al hombre, es una obligación amarlas-, cargado también de unas dudas terribles en su fe, bajo un Dios que permite que la miseria y la destrucción se abata sobre los mortales, el padre Quintana no deja de peregrinar por su parroquia. Dice de su Dios: “Estás en todas partes. ¿Por qué no te siento?”.

“Rezaré por usted, padre –le confiesa una feligresa-, ha perdido el don de la alegría”. Hasta en mitad de una boda este hombre parece afligido y ensimismado. Dios aprieta, también ahoga. Casi todo se rompe finalmente: las dos relaciones de Neil, la salud de los desgraciados, la virginidad de una tierra contaminada y enferma. Pero Malick parece querer decirnos que esa es la prueba del amor, que la felicidad sea una ráfaga, una sombra. Lejos de nuestra religión social de la seguridad, el “amor que nos ama” necesita el viento, seres humanos que buscan, grama móvil, escenarios abiertos.

Es obvio que todos estos ingredientes, dentro de la estupidez media del público progresista, condena a To the wonder a la marginalidad. El público tradicional ni se acercará a ver otro trabajo del anterior director de El árbol de la vida, con fama de incomprensible y mística. El escaso público ilustrado que se acerque suspirará de agotamiento e impaciencia, esperando que llegue el final. Nadie se atreve a irse de una película “de culto”, pero la labor policial de los críticos rematará a la salida el cerco con el que la sociedad debe defenderse de toda reflexión que amenace la hegemonía del oscurantismo informativo. Por no volver otra vez a las idioteces patrias de Carlos Boyero, veamos una muestra internacional de la bajeza (J. Morgenstern, The Wall Street Journal): “La película rompe la fe de su público pidiendo que nos ocupemos de dos personajes profundamente antipáticos recitando banalidades pseudopoéticas”.

Enviado el 17 de Mayo. << Volver a la página principal << | delicious

Comentarios

Seguro que es otra obra maestra. Malick es un incomprendido creador de poesía visual. Un saludo.


Publicar un comentario.

[ Netiquette: Protocolo de publicación de comentarios ]

(Si no dejó aquí ningún comentario anteriormente, quizás necesite aprobación por parte del administrador del sitio, antes de que el comentario aparezca. Hasta entonces, no se mostrará en la entrada. Gracias por su paciencia).

Copia las dos palabras de la imagen en la casilla correspondiente: