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Junio 08, 2013

Consideraciones sobre la obra de Lara Almarcegui en el pabellón español de la Bienal de Venecia - David García Casado

Ugo Carmeni (2).jpg Se ha criticado mucho la obra de Lara Almarcegui en el pabellón español de la Bienal de Venecia y creo que pese a tal vez certeras observaciones sobre la banal presentación en prensa que se ha hecho de la obra, en general casi todas las críticas se quedan en una primera lectura que puede hacerse de la obra, la más mediática, que nos lleva a pensar en el estallido de la burbuja inmobiliaria en España, en un país con más de tres millones de viviendas vacías.

Por la impresión que he tenido leyendo las críticas a la obra, algunas en prensa y otras sueltas en los medios sociales, se considera el trabajo de Almarcegui como una simple repetición formal de sus anteriores trabajos o un gasto desmesurado para estos momentos de crisis. El hecho de que un artista repita una fórmula no lo hace menos artista, del mismo modo que un músico que repite su repertorio no es menos interesante por ello. Respeto pero en este caso difiero de tantas voces críticas hacia la obra de la artista, porque las considero injustas y quizá también algo resentidas o si se quiere con poca voluntad objetiva y, dicho sea de paso, productiva. Y es que en cierta medida si se pudiera hablar de fallo en la obra lo sería en todo caso por su inoperatividad, por sí sola, como mecanismo de cuestionamiento, en un mundo del arte encogido, desperdigado y depotenciado. En realidad las piedras que se lanzan a la obra (valga la analogía jocosa) son piedras lanzadas al "estado" del arte contemporáneo, incapaz de construir discurso(s) y de sostener consenso, lo que parece ser el mal de nuestro tiempo.

En la trayectoria de Lara Almarcegui se puede ver una investigación sobre las formas de vida en estado puro, fuera de imposiciones formales por parte de una arquitectura que desdeña lo humano. Sus piezas también nos acercan a modos reales de organización de la economía individual –cobijo y sustento- en oposición a la global que anula y aliena las necesidades individuales y las sacrifica por una idealizada visión del progreso. Su línea de trabajo pone en evidencia a la arquitectura como una forma artística en decadencia, y si repite el planteamiento es porque sin duda no nos ha quedado aun bien claro que el “patrón piedra” ha dejado de ser el modelo. La arquitectura de autor en Occidente no es ya viable en un escenario de crisis global donde los magnates del diseño arquitectónico han sido dotados de poder y medios comparables a los que Hitler diera a Speer y que incluso éste rechazó, según él, por motivos éticos en el momento en que entendió que no se podía continuar con tal estipendio, cuando la población pasaba hambre a causa del racionamiento de la guerra. En Europa hemos vivido quizá los últimos ilustres momentos de la arquitectura con voluntad de hacer Historia. En España, La Ciudad de las Artes o el Centro Niemeyer son ejemplos de ello. Tales hitos son ya inasumibles y muy probablemente lo serán también en el futuro. Son el clímax del delirio que nos llevó a pensar que algún día serían una señal de identidad para un pueblo.

El trabajo de Lara ha tenido la claridad suficiente para hacer ver que un guijarro en nuestro zapato puede ser más real que un santuario a una identidad que no nos pertenece. Un parque de atracciones que no nos podemos permitir y que ni siquiera supone ya un tipo de atracción para nadie. Y es que en realidad es una cuestión de mantenimiento inasumible y los cambios de hábito en consecuencia que me recuerda a algunas mansiones americanas de los alegres años 20, caras de mantener e incómodas para vivir y hoy reconvertidas en decrépitas instituciones. Se trata de un cambio de paradigma dictado por una economía global encogida y con pocos visos de expandirse en algún momento futuro. Lo queramos o no vamos a tener que acostumbrarnos a una economía de escasez y tal vez desmontar todos nuestros planteamientos incluyendo qué gastos son los que verdaderamente sobran en la ecuación presupuestaria.

La obra de Almarcegui es una de las muestras más críticas menos complacientes que hemos visto en el pabellón español de la bienal, independientemente de su coste, por otra parte ridículo si lo comparamos con el de cualquier dislate arquitectónico reciente. Creo firmemente que es momento de apoyar a los que han tenido el coraje y los medios para hacer realidad un proyecto crítico, cuando han tenido presupuesto y cuando no lo han tenido, y más tratándose de algo tan oportuno y de tanta importancia como lo son los espacios construidos y los espacios usurpados, mantenidos interesadamente con fines especulativos o expropiados a quienes los verdaderamente lo necesitan. Siento que en el fondo de todo esto late inexorable el pulso entrópico sobre el que tanto investigó Smithson, acelerado por movimientos de conciencia interesados que nos acercan a una ruina física y simbólica y que, a poco que nos descuidamos, estamos ayudando a propagar.

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Imagen del Pabellón Español cortesía de Octavio Zaya.

Enviado el 08 de Junio. << Volver a la página principal << | delicious

Comentarios

A) Despejemos el coste. No seamos populistas, 300.000 € en una Bienal de Venecia es dinero con mayor efectividad por visitante que una exposición de 100.000 € en XXXXXX (póngase la ciudad que se prefiera) que solo van a visitar cuatro colegios.

B) Lara Almarcegui, a quien respeto mucho y que ha realizado una de las muy buenas individuales del año en el CA2M, tiene todo el derecho a repetirse si así lo desea. Pero otros tienen todo el derecho a esperar otra cosa.

C) No están equivocados quienes (prácticamente toda la crítica internacional) opinan que el pabellón de España es una parábola de la crisis inmobiliaria. Quienes se han equivocado y muy gravemente son artista y comisario (Octavio Zaya) al no prever esta lectura tan sensata.

D) La mayor crítica ha venido en realidad de que artista y comisario pretendan imponer en manifestaciones a los medios una lectura unívoca de su trabajo. Perdón, se ha lanzado al mundo una obra y cada cual la interpretará cómo mejor le parezca. Resulta muy cansino a estas alturas recordar que la obra se completa en el espectador/oyente.


Muy buena lectura de la obra de Lara Almárcegui, y muy apropiado apunte, al inicio del texto, de que la rueda de prensa fue muy banal. Pero más que banal, fue muy poco afortunada, al decir Lara (con respecto a la burbuja inmobiliaria) que "esas cosas pasan en todos los sitios". Mi crítica iba por ahí, no por el coste. Nobleza obliga por mi parte: también me referí (equivocadamente) que comisario y artista pudieran estar "aleccionados" por estamentos de cultura del PP para dar una imagen tan tibia como ambigua del pabellón. Mi error (sin mala intención) fue dudar de la profesionalidad de ambos. Acepté el error y me disculpé públicamente de ello y ante los afectados.


Pareciera ser que no se pudiese expresar una voz crítica sin ser sometid@s a un juicio sin defensa por parte de una especie de politburó comisarial, donde prima mas el corporativismo que la defensa del arte en si y de hacer llegar al público un concepto estético genuino antes que posturas demodé que no solo no aportan nada a un cambio político-social planetario, sino que se presentan vacías del significado artístico necesario para enriquecer a las próximas generaciones de creadores.


Amanezco en NY, y me encuentro espléndidos comentarios. Bien! En primer lugar creo que los dos apuntes son oportunos y si se quiere son la necesaria extensión crítica de una obra. Disfruto leyendo comentarios interesantes en las redes sociales, aunque veces se queden un tanto en el aire - y dicho sea de paso, eran otros los comentarios y comentaristas (más iracundos) a los que me refería en el texto. De hecho, casi suscribiría estas dos últimas notas aquí en el Salón, con algún matiz. En mi opinión es la situación inmobiliaria la que da pie a esa lectura de la obra y no la obra la que suscita la lectura sobre lo inmobiliario. No me lo pareció tampoco así cuando vi hace tiempo una de sus primeras obras de la serie. Que el aquí el “responsable” de la lectura, en cuanto a construcción de discurso en un pabellón internacional y la gestión del gasto lo sea el comisario, no se, tal vez, en todo caso sea necesario distinguir procesos, lo que es tarea de la crítica. Por otro lado creo que no deberíamos de tratar a la prensa generalista actual (monotemática hasta la saciedad) como material base para la crítica.

Gracias por vuestros comentarios, un saludo.


La montonera de piedras es, para mí, algo deprimente, feo, simple, caro para lo que es, inocuo, y, además de redundante, literal, que es lo más desagradable. Si hasta Speer (dices) rechazó gastar en arte por patriotismo, Lara, siendo mucho menos que Speer, no cede los 300.000 euros a Ada Colau?


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