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Mayo 25, 2014

La odisea del logos* - Carlos Arriola

144f8cca.jpg La refutación de Descartes se basó en el siguiente argumento: el hecho de que yo piense mi idea como clara y distinta solamente prueba que creo en ella, pero no que sea verdad. Lo que se requiere, añadió, es un principio que permita distinguir lo que es posible conocer de aquello que no lo es, es decir una doctrina de los límites del conocimiento humano. Para Vico, el hombre sólo puede conocer lo que ha fabricado. Según este principio, la naturaleza sólo es inteligible para Dios pero las matemáticas, que son producto humano, sí son comprensibles, aunque nada nos digan de algo. De ahí que la historia, que ha sido hecha por el hombre, sea algo propio del conocimiento, ya que han sido los hombres los creadores del lenguaje, de las leyes, y los gobiernos, así como los mitos y los ritos. "Aquí tenemos por primera vez una idea completamente moderna acerca de lo que constituye la materia de la ciencia histórica. Ya no existe una antítesis entre las acciones aisladas del hombre y el plan divino que les comunia unidad como acontece en la historiografía medieval." [1] Vico hizo sus propias investigaciones en temas jurídicos y lingüísticos y puso de relieve que estos trabajos "son capaces de entregar un conocimiento tan indubitable como el conocimiento que Descartes había circunscrito a los resultados de las investigaciones matemáticas y físicas." [2]

Vico elaboró también reglas metódicas: sostuvo que ciertos periodos de la historia mostraban un carácter general que informaban todos los detalles particulares; igualmente consideró que los periodos tendían a repetirse en el mismo orden, pero rechazó el movimiento cíclico para sustentar que el movimiento era en espiral, ya que la historia no se repetía; también defendió lo que después se ha calificado de historicismo: aunque un pueblo haya sido maestro de otro, como Grecia de Roma, "la nación enseñada sólo aprende las lecciones para las cuales ha sido preparada por su propio desarrollo histórico." [3]

Otras aportaciones de Vico fueron la importancia que otorgó al lenguaje y a las etimologías, ya que el conocimiento de las palabras permitía aproximarse al repertorio de las ideas; igualmente señaló que las mitologías expresaban, de manera semipoética, la estructura social del pueblo que las inventó; con respecto a las tradiciones sostuvo que "todas son verdaderas, pero ninguna significa lo que dicen", ya que son un confuso recuerdo de hechos que han sido deformados. En suma, "Vico liberó el conocimiento histórico de las 'autoridades documentales' (los historiadores antiguos) y lo convirtió en un modo de conocimiento original y autónomo capaz de alcanzar, por medio del análisis científico de los datos, verdades completamente olvidadas." [4]

[...]

Mientras Francia hacía la revolución política, Inglaterra iniciaba la revolución industrial, por lo que no es equivocado afirmar que la época moderna comenzó en el siglo XVIII. Por modernidad se entiende la racionalización de todas las actividades humanas y por modernización los caminos que cada país ha seguido para llegar a la modernidad (Alain Touraine). De ahí que la modernidad sea joven (dos siglos) y la modernización carezca de edad. A pesar de las proezas tecnológicas realizadas en las últimas décadas, desgraciadamente no puede sostenerse que ésta se haya difundido en todo el mundo y mucho menos que haya beneficiado a todos los pueblos por igual. Tampoco puede decirse que los avances en el conocimiento y en la tecnología hayan sido utilizados siempre de la mejor manera; también han servido a la parte irracional del ser humano (las redes de pedofilia en Internet), pero ello no invalida la necesidad del avance, ya que el logos trae aparejado el cambio y la innovación. Sin embargo hay que recordar la perspicacia de un Tucídides o de un Fontenelle. Para el primero mientras la naturaleza humana no cambie las cosas pasarán de la misma manera o en forma semejante. Para el segundo que conoció los avances de la ciencia a finales del siglo XVII y la primera mitad del XVIII, "El hombre sabe más que sus antepasados, pero no por ello es mejor." De ahí que los mitos no desaparezcan y que el batallar del logos sea otra más de las historias sin fin.


Notas

[1] Véase R. G. Collingwood, Idea de la historia, pp. 71 y ss., México, FCE, 1952.
[2] Idem.
[3] Ibidem, p. 77.
[4] Ibid, p. 75.

*Carlos Arriola Woog, La odisea del logos, Edición sin fines comerciales, Ciudad de México, 2013.

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[Tengo la enorme suerte de tener entre mis manos un ejemplar de este libro imposible de conseguir. En él, el autor hace un recorrido por las aventuras infinitas de la construcción del logos desde las primeras tablillas sumerias, pasando por el apogeo helénico, el imperio romano, el encuentro entre la fe de Mahoma y la cultura griega, la edad media, la civilidad de Bizancio -sin la que Occidente estaría incompleto (por más que se haya querido ocultar), pero también, por el Renacimiento hasta el siglo XVII: cuando lo más elevado del pensamiento occidental se hizo música con Bach. Hemos decidido traer un pequeño fragmento de esa aventura, cuando tantas cosas están en juego, mucho más allá de la embriaguez y decadencia de quienes apuestan todo la inmediatez eufórica de un partido de fútbol.]MVJ


Enviado el 25 de Mayo. << Volver a la página principal << | delicious

Comentarios

Estoy en Lisboa por motivos familiares. Ayer, dia de la final de la Champions League, pude comprobar que, efectivamente, la historia se repite, cada dia estamos mas cerca de los pobladores de las cavernas. Un saludo.


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