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Mayo 18, 2014

Manifiesto país* / algunas reflexiones – María Virginia Jaua

MARIA AUXILIADORA ALVAREZ PRINT.jpgHoy, dentro de unas horas, se inaugura en la Sala Mendoza de Caracas una muestra inusual, titulada Manifiesto país: el trabajo gráfico en formato cartel de 66 propuestas, reflexiones, poemas, preguntas, experiencias, recuerdos o anhelos expresados por 66 escritores venezolanos de lo que podría haber sido o mejor, de lo que podría ser la promesa de eso que alguna vez acordamos llamar “país”.

La muestra fue comisionada a la editorial Cámara Escrita y fue la fotógrafa y directora del proyecto, Lisbeth Salas quien se ha encargado de llevarla a cabo desde Barcelona, con la ayuda de un grupo de diseñadores. Cuenta con la colaboración de muchas de las voces literarias más potentes de Venezuela: Rafael Cadenas, Victoria de Stefano, Guillermo Sucre, María Auxiliadora Álvarez, Ednodio Quintero, Yolanda Pantin, José Balza, para nombrar solo a algunos.

El resultado son sesenta y seis carteles. Un cartel debe ser un grito en la pared, como solía definirlo un profesor de diseño que tuve hace mucho tiempo. Entonces esta muestra está compuesta por sesenta y seis gritos en las paredes. Pero, ¿cuántos gritos de dolor, de desesperación, de miedo y de desgarramiento se han escuchado o perdido en las noches desde que la herencia de nuestro suelo se pierde en luchas fratricidas que llegan hasta nuestros días?

Me hago esta pregunta y pienso en un texto de María Auxiliadora Álvarez, leído hace poco. Una de las poetas que participa en la muestra, alguien a quien siempre me ha gustado leer, pero mucho más escuchar: siempre tiene una reflexión honda, una voz dulce, un estar en el mundo en busca de lo que parece que se nos ha perdido y se nos escapa: la suavidad de lo que podría ser un país para ella, para mi, para el otro, una casa: la nuestra.

Venezuela, como la mayoría de ustedes sabe, desde hace ya muchos años atraviesa una realidad muy dura. Hoy absolutamente desquiciada. Hemos sido testigos desde distintos lugares geográficos, pero también y sobre todo desde distintos puntos de vista y de regímenes de creencias (o posturas políticas si prefieren) de una situación cada vez más violenta y disruptiva en el más estricto sentido y apegado del término.

Ahora mismo, las imágenes de jóvenes y de estudiantes sometidos por cuerpos de “seguridad” como la policía militar, mal llamada guardia nacional bolivariana, pero también por grupos armados imposibles de identificar en una peligrosa anarquía, circulan por las redes sociales. Imágenes terribles de personas humilladas, de sueños de juventud truncados, de futuro pisoteado y ninguneado, de voces silenciadas, de cuerpos sin vida. No podemos obviarlas: las vemos, las compartimos, nos conmueven, nos indignan, nos duelen aunque haya algunos pocos a los que dejan indiferentes. Pero ellas están ahí, hablan y cuentan una realidad que aunque no guste, nos es cada vez más más cercana.

Nos asomamos a la ventana de la realidad como al balcón y el mundo todo parece una profunda e infinita herida que nos resulta imposible curar y que ni siquiera parecemos capaces de diagnosticar. Pero la herida del mundo es nuestra herida, aunque cambie de lengua y de rostro.

Ciertamente esa realidad actual no solo nos llega fragmentada sino que puede ser confusa. Nos exige un trabajo mucho mayor y una responsabilidad. Puesto que no sólo somos conscientes de que los medios de comunicación vierten sus dosis informativas con cargas de intereses al alza, sino que las redes de distribución electrónica que se amplifican a través de internet, permiten una mayor circulación de información que a veces es dolosa y falaz, pero también muchas veces verificable, para quien quiera tomarse el trabajo y el compromiso de hacerlo.

Aunque esto sea así, tampoco vivimos tiempos en los que se pueda descalificar al otro de raíz ni es aconsajable emitir juicios apresurados y contundentes. Como fue el caso de la red de conceptualismos del sur, cuando en el mes de febrero de este año, comenzaron las protestas estudiantiles en Venezuela, que se han mantenido hasta ahora.

Pocos días después de iniciadas las protestas, esta “red” emitió un comunicado en el que entre otras cosas se afirma que en Venezuela se estaba reeditando un conato golpista por facciones reaccionarias y “fascistas”. Así como que el descontento generalizado de la población venezolana que viene sufriendo no solo desabastecimiento sino carencia de insumos básicos, inseguridad, atropello y una creciente pérdida de libertades son simplemente manipulaciones de los intereses “neoliberales” orquestados por CNN.

No sólo la perplejidad ante dicho escrito fue enorme dentro y fuera de Venezuela, sino que el silencio mantenido ante las evidencias contrarias de lo que allí se afirma (curiosamente, sin firma alguna) resultó y resulta insostenible e indefendible.

Por otra parte, han habido muchos intelectuales y escritores venezolanos que desmontan y problematizan aquellos discursos falsamente integradores y poseedores de verdades absolutas. Lamentablemente estos discursos, como el de los conceptualismos, muestran la ceguera en la que cierta izquierda europea y latinoamericana sigue inmersa, lo cual no ayuda, sino que al contrario, entorpece los intentos por salir de las terribles situaciones que se están viviendo en Latinoamérica, ya sea bajo gobiernos conservadores o de derechas liberales como de supuestas izquierdas, militares y represivas. Ambos modelos son igualmente nefastos y destructivos para nuestros países. Necesitamos crear otros modelos, porque estos ya no dan más de sí.

La realidad nos exige mucho más. Quizás como afirma Nelson Rivera: “Manifiesto país, es una exigencia. La pregunta por el vínculo de cada quien con su comunidad es una pregunta al espíritu. Y ante requerimiento –haz del país un manifiesto-, lo que aparece como respuesta es la tensión entre aliento interior y política. Entre parcela interior y esa vastedad que llamamos País.”

Quizás precisamente esta iniciativa sea una muestra más de que la “realidad” es mucho más compleja y que nos pide un trabajo que no estamos haciendo por estar demasiado ocupados o por estar demasiado “ciegos”. Quiero pensar que más allá de las descalificaciones y de la división -que algunas personas de ambos bandos quieren profunda e irreconciliable- se puedan articular espacios en donde la diferencia trabaje con la diferencia: no busque erradicarla o silenciarla sino entenderla, para trascenderla y hacer posible que haya espacios para el razonamiento, pero también para los sueños.

Porque, ¿qué otra cosa podría ser un país, más que un sueño compartido por sus habitantes?

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* Manifiesto: País
Inauguración: domingo 18 de mayo de 2014
Cierre: domingo 31 de agosto de 2014
Lugar: Sala Mendoza, Caracas


La imagen corresponde al cartel de María Auxiliadora Álvarez. Cortesía de Lisbeth Salas.

Enviado el 18 de Mayo. << Volver a la página principal << | delicious

Comentarios

Algún dia los soñadores vencerán a los hombres "de acción", canta Cohen.
Gracias!


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