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Junio 21, 2014

Ilusión de oscuridad – María Virginia Jaua

Sobre “Desvelo y trama” de Sara Ramo

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“En ningún lugar el silencio absoluto de la luz, la opacidad negra del mundo. En ningún lugar la noche pura, el universo inverso del ser. En ningún rincón la ausencia acabada de la luz, la noche absoluta, el silencio. En ningún lugar oscuridad pura". José Luis Brea


¿Dónde se crean las imágenes? ¿Ellas ya están ahí para ser vistas o son sólo una proyección de nuestra conciencia?

Esas son algunas de las preguntas que me hice después de asistir a Matadero para ver la instalación de Sara Ramo “Desvelo y trama”. A pesar de cierta torpeza en la gestión y organización dentro del espacio y de algunos detalles “mejorables” en la coordinación de la propia estancia de los visitantes dentro del recinto, la pieza me cautivó y me habría gustado quedarme en esa cámara oscura por mucho más tiempo.

Diría que casi me salí a regañadientes.

Como muchos saben en el espacio “Abierto x Obras” de Matadero no hay ventanas, no hay luz natural y casi ni hay aire. Algunos aseguran que antiguamente eran las cámaras en donde se almacenaba y se refrigeraba la carne, otros dicen que al contrario, era un horno y que por esa razón está todo ennegrecido por el humo.

Quizás no sea tan importante si en el pasado esas cámaras estaban entregadas al fuego o al hielo, ya que en última instancia ambos elementos “abrasan” y terminan por desnudar a la materia. Pero lo que sí me parece importante señalar es que quizás no haya ahora mismo en Madrid un espacio para los artistas en el que sea más interesante trabajar.

Me atrevo a hacer esta afirmación por la sencilla razón de que en esta sala el artista se ve “obligado” y constreñido a subvertir la enorme carga y la limitación que conlleva el propio espacio, y a que éste es bastante ineficaz, si se pretende utilizar simplemente como un escaparate, una galería, una vitrina de obras bien dispuestas y a la venta. Con lo cual hay un reto: algo poco común en nuestros días.

Han habido algunos artistas que han utilizado estas cámaras como dispositivo "expositivo" y no les ha ido mal; sin embargo, precisamente son aquellos cuyas intervenciones han aceptado el desafío y han “problematizado” el espacio, los que han logrado ir un poco más allá y han conseguido resultados más interesantes para los espectadores, pero también para el arte.

En esta ocasión la cámara que conforma la sala de Matadero está “trabajada” en esta instalación, como esa cámara oscura del aparato óptico, del ojo, en donde se crean las imágenes en una “casi” ausencia absoluta de la luz.

De entrada me fascinó tanto la instalación que cuando un amigo, a quien respeto y admiro, al salir de la exposición expresó exactamente lo opuesto a lo que yo había experimentado y me aseguró que para él ese trabajo no se salvaba ni por los pelos, porque ahí “no había nada que ver”, me quedé bastante sorprendida.

Traigo esta pequeña anécdota a colación no por otro motivo, que el de ilustrar que en “Desvelo y trama” de Sara Ramo se produce una “experiencia”, algo que el arte actual parece haber olvidado desde hace mucho tiempo.

No estoy tan segura de que allí "no haya nada que ver". Y si lo hubiera, incluso ese vacío, sería una experiencia digna de vivirse. En esta obra de Ramo se trata de la experiencia de la oscuridad, la experiencia de la penumbra, la experiencia de lo que casi no vemos o de lo que creemos entrever, de lo que nos inventamos que vemos, de lo que sabemos que es pura ilusión, o simplemente dudamos de su "realidad". Ahí como dice Brea, lo que "el espectador contempla entonces es la pura metáfora de su mismo observar, de su misma visión ciega, incapaz de leer otra cosa que a sí mismo en el acto de intentarlo".

También por qué no, podría tratarse de una experiencia de la infancia. Que se traduce en el andar a ciegas por la casa tratando de no tropezar con ningún mueble, cuando el niño que somos deambula a oscuras por su “casa” -lo conocido- mientras todos duermen; pero también la experiencia insomne de la vida del adulto, de sus manías, sus obsesiones y de cierto temor a la claridad: la que ella le entrega y en la que se hace visible la proximidad de la muerte, es decir: lo desconocido.

Quizás por ese motivo, la primera reacción de mi amigo fue de cierta desconfianza -o cierto “temor” y por tanto de rechazo- a verse a sí mismo no-viendo, o de inseguridad al no saber qué terreno “intelectual” estaba pisando en un momento en el que el arte, además de vivir un tiempo prestado, no se siente seguro de sí mismo si no va acompañado de una inagotable lista de soportes y mediadores: textos, citas y referencias. Tanto es así que casi podríamos decir que el movimiento artístico de nuestro tiempo podría llamarse citacionismo. Y también podríamos decir que ese citacionismo infinito y recurrente hace que cada día el arte sea algo tanto más explicado cuanto más “aburrido” (con este adjetivo hago un pequeño guiño a una de las piezas que vi en la presente edición de "Inéditos" de la Casa Encendida, pero de la que hablaré no ahora sino en otro momento).

Sin embargo, volviendo a la intervención “Desvelo y trama”, ella vale la pena sólo por el hecho de brindarnos la “fallida” o mejor dicho, la ilusión de una experiencia de la oscuridad, de nuestro no ver. No importa que hayan habido otros artistas antes de Ramo como Turrell, interesados en reproducir ese fenómeno y en formularse las preguntas que nos hicimos al principio, sino quizás lo que sobrevive ahí es que todavía haya algunos artistas que aún continúan formulándolas, buscando ese mal-estar entre las “tinieblas”.


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Sara Ramo
Desvelo y traza
Abierto x Obras
Desde el 24 de mayo
al 31 de agosto 2014

Enviado el 21 de Junio. << Volver a la página principal << | delicious

Comentarios

Preciosas palabras.
Es cierto que a veces es mejor no ver, tener los ojos cerrados, como yo los tenía, como los surrealistas. Solo me veía a mi mismo y como dice Jung, quien mira hacia dentro, termina por despertar... y vaya si lo hace...
Así vi sin ver y comprendí que lo importante no era yo, ni tan siquiera mi vida. Lo único importante son los ojos de los demás, del que solo ve, del que mira y del que observa.

Por eso el arte dice Mercury que es un tipo de magia. Una ilusión creada para ser compartida, para ser vista, pues segun Qotsa, somos como barcos que se cruzan en la noche... nuestros ojos son las velas, nuestro pensamiento, el viento.

Y solo hay una cosa en este mundo que merece ser visto, que no es sino el amor.

Un saludo.


Excelente artículo y reflexión, María.
Me apunto lo de «citacionismo», es un acierto y me lo pienso aplicar para encuadrar mi propia obra.
Saludos


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