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Septiembre 14, 2014

El lugar de la crítica - Sergio Martínez Luna

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Para Santiago Valenzuela

La pregunta por la crítica se puede reorientar a la pregunta por el lugar de la crítica. Si la crítica busca, en su puesta en práctica, emplazamiento, el problema es también el de cómo hacer, según dice Marina Garcés, que el pensamiento crítico tome cuerpo, se encarne. Si la crítica ha tenido que ver con una cuestión de aclaración de los puntos ciegos de la conciencia ideológica, hoy, en un contexto de hipervisión y obviedad administrada en el que todo está dado a ver y en el que el ver agota el todo, la pregunta es más bien dónde emplazar el pensamiento crítico como práctica material. La crítica se encuentra siempre tensionada entre esta vocación práctica y la elaboración de lo que Adorno llamaba juicios mecánicos, por los que queda endurecida la escisión entre el propio ejercicio crítico y realidad social, entre sujeto y objeto, concepto y cosa. La crítica no consiste en la enunciación experta de unos u otros juicios, sino en la puesta en cuestión de las categorías que hacen posible esos juicios y obturan la posibilidad de otros, dibujando así los perfiles de un determinado campo de conocimiento.

Recordemos aquí la protesta de Mefistófeles frente a la crítica en Doktor Faustus:

El diablo pasa por ser la encarnación de la crítica demoledora. Calumnia, amigo, una más. ¡Maldita sea! Si hay algo que odie en este mundo, algo que le sea contrario, este algo es la crítica y su acción corrosiva. Lo que él quiere y lo que él da es el triunfo SOBRE la crítica, la espléndida irreflexión.

Quizás no nos sorprendía que el crítico lo tuviera difícil para entrar en el cielo, pero que una vez repudiado por dios, el crítico se vea también despreciado por el diablo no deja de ser sorprendente. ¿No era el diablo el abogado de la negación permanente? ¿No podía, el crítico, haber visto, quizás, una vez expulsado de las alturas, una correspondencia entre su labor y la del demonio? Al parecer no: el diablo se rebela ante tal identificación, la crítica también es negada y a ese acto se liga a su vez, como contrapartida, la promesa, la gracia, el triunfo de la espléndida irreflexión. Al crítico no se lo llevan ni los demonios.

Sin embargo ¿no es a través de ese doble repudio donde la crítica encuentra su lugar? Condenación por partida doble, pero que si se acepta reconfigura en su reverso a la crítica como misión incardinada a medio camino entre el cielo y el infierno, es decir, situada aquí, en este suelo, entre nosotros, entre lo humano y sus elaboraciones. Doble negación que abre entonces una esfera tan ligera como pesado puede llegar a ser el ámbito de la irreflexión transfigurada en espléndida promesa por alguna treta del demonio. Esfera adelgazada pero compleja: se le presenta al crítico que ahora trata de habitarla como queja, anhelo, esperanza, desolación, de los que las cosas se hacen eco acaso a pesar suyo, pues ¿no era más tentadora para ellas la irreflexión que les permitiría existir en una plenitud de la que nada puede decirse, a la que nada cabría añadir? Y provocan que el crítico se vea interpelado -ya no nunca más negado-, ahora sí, a ejercer su labor, a interpretar.

Este esfuerzo interpretativo, que en principio no es otro que el de nombrar, no le corresponde en exclusiva a la crítica sino a todos nosotros, humanos, y es por ello que el ángel -pero también el demonio en su reproche- nos envidia.

Pero no basta con ubicar allí el ejercicio crítico como fundamento de la validación de los discursos, se trata también encontrar allí a la crítica como práctica moral opuesta a la acomodación en, y al acomodarse a, ese entre, que hoy es lugar y tiempo de la alianza cumplida entre tecnocracia y estetización, por la que se dicta machaconamente el agotamiento de lo real y de lo posible. Si el crítico no puede habitar más que en ese entre de las elaboraciones humanas, es para desde allí atisbar un afuera, ejercer una voluntad de desidentificación con el consenso impuesto mediante el uso inflacionario de la crisis y el miedo, que aboca a aquellas a la impotencia y al enmudecimiento. Habría en cambio que hacer de la crítica una configuración polémica del nosotros, una apertura constante de la experiencia, atenta a entender cómo en la clausura estetizada del mundo también (y sobre todo allí) se perfila en negativo la liberación de lo diferente por la que retorna lo derrotado. Quizás entonces podamos hacer del diablo de la negación nuestro aliado.

Enviado el 14 de Septiembre. << Volver a la página principal << | delicious

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