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Octubre 26, 2014

Agujas y surcos de arena - David García Casado

Place-Vendôme-detail2.jpgEs algo en lo que he pensado mucho últimamente. Tengo la sensación de que vivimos en un gran disco que rota y rota sobre un mismo surco. Una canción está sonando pero se trata del mismo acorde repitiéndose una y otra vez. “Los tiempos están cambiando”, es la estrofa que nos tiene fascinados, como si lo que viviéramos en la actualidad fuese la cosa más maravillosa, y como testigos privilegiados contemplásemos el desvelarse continuo de las posibilidades que nos depara el futuro. Esta sensación es como la de ver el trailer de una película o una obra de teatro a la que jamás podremos asistir, que tan sólo quizá dentro de algunos siglos alguien podrá ver y establecer la coherencia y el guión de una época que ahora nos parece determinada por el puro azar - amañado quizá- pero no por eso menos inesperado.

“I didn’t mean "The Times They Are a-Changin'" as a statement... It's a feeling.”

Lo decía Bob Dylan, su canción ‘The Times They Are a-Changin’ no es un statement, una declaración de intenciones, se trata de un sentimiento. Sentir que los tiempos cambian no es lo mismo que decirlo, se trata de estar no en el surco del vinilo sino en la aguja que hace sonar los tiempos. Estar en lo que se adapta a los microsaltos a las derivas a los altibajos del rotar inapelable de los acontecimientos.

Algunos consideramos que las obras de arte más interesantes no son declaraciones de intenciones sino también agujas que amplifican lo que suena y le dan así corpus, una presencia que de otra manera permanecería inadvertida, invisible para una multitud espectadora, que busca desesperadamente el sentido. Una multitud que entiende también el lenguaje como una declaración de intenciones, una proyección de deseos, una idea de futuro que ilumine el presente. La gran adicción de la modernidad.

Paul McCarthy sitúa una “aguja” sobre otro gran disco, la Place Vendôme de París. La música que produce su mera presencia resulta insoportable para muchos. Más allá de la analogía sexual de la pieza, es tal vez el formato (inflable, vulgar, temporal) el que no encaja en una fantasía de cultura como patrimonio, en esa gran película que nunca llegaremos a ver. Algo parecido al coleccionista que nunca llega a poder disfrutar de todas sus adquisiciones. Hablamos de la posesión de una apariencia de identidad y cualquier cuestionamiento de esa identidad resulta intolerable.

Sí, los surcos a veces son profundos pero jamás serán permanentes. Los senderos se borran cuando dejamos de recorrerlos y sobre las carreteras crece de nuevo la vegetación haciendo desaparecer todo trazo. Está sucediendo en Detroit donde la vegetación vuelve a crecer sobre espacios abandonados y que en otro tiempo se pensaban como ejemplos del potencial humano para construir y ser protagonistas de la historia. Y mucho antes… Hoy en día solo la topografía nos permite descubrir trazados de antiguas calzadas romanas, los surcos, las vías del despliegue de lo que fue un imperio.

Si el arte y el pensamiento han aprendido esta lección no pueden entonces contribuir a construir surco sino más bien a crear situaciones temporales de silencio, condiciones para la escucha que nos permitan sentir las vibraciones de la música de los tiempos. Al igual que en el ojo del huracán habita la calma, es también en la aguja, en los instantes de inscripción (a menudo tenues y delicados como un trazo de Cy Twombly) donde se encuentra la posibilidad del silencio y la realización del acontecimiento futuro como lo que es: una materia sensible que deja huellas temporales y sujetas a reorganización, como la arena de un jardín Zen que una vez más volvemos a peinar.

Enviado el 26 de Octubre. << Volver a la página principal << | delicious

Comentarios

Muy buena reflexion.
El verdadero arte no busca la notoriedad momentanea, no obedece a las modas...debe ser un reflejo del sentir personal, del sentir social, siempre para mejorar, para educar, para mostrarnos lo que debe ser...y lo hace desde la sencillez, desde la honradez...
Si algo bueno tienen las crisis (no solo economicas sino tambien de valores) es que nos obligan a dar lo mejor de nosotros, a abrir bien los ojos. Y el arte, por supuesto, no es ajeno.
Por eso gritamos desde nuestras entrañas: ESTAMOS HARTOS!
www.hartismo.com
...y la historia...realmente esta cambiando o solo se repite?
http://youtu.be/OC-XuITbMBw


...y quiero decir con esto que el arte no es bANAL.


La aguja continúa en el incómodo bucle del disco rayado, que no es percibido ya por nadie porque el arte, la política y la conviviencia ya no son más que diálogos de sordos.


Gracias Alejos y Angel.

Si el disco esta rayado habra que poner otro nuevo.

Un saludo


Muy interesante tu reflexión. Me parece que actualmente todo cambia demasiado deprisa, la tecnología, las tendencias... y no nos da tiempo a verlas venir; de manera que es difícil que algo nos asombre o nos conmueva, porque todo se vuelve banal y hay un exceso de estímulos y la comunicación parece haberse convertido en una serie infinita de monólogos.
Un saludo.


Gracias Andres, tienes razón, es así.

Un saludo,

David


Hola David, gracias por la reflexión, viene bien ver que otros sienten cosas parecidas. Estoy viviendo en New York y llegué hace no mucho, crees que hay algo ahora que merezca la pena como esas agujas que amplifican de las que hablas. Gracias de antemano. Saludos,
Alberto


Gracias Alberto por el comentario. Que bueno saber que estas en NY, escribeme si quieres, tienes el contacto en mi web personal. Pienso que toda la ciudad es un amplificador. Espero poder charlar contigo. Un saludo.


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