« Nuestra necesidad de consuelo es insaciable* - Stig Dagerman | >> Portada << | En “La Matria*”/ tu historia ¿es tu mejor herencia? - María Virginia Jaua »

Noviembre 16, 2014

Concha Jerez: “Interferencias en los medios” – Luis Francisco Pérez

concha-jerez.jpgLa obra de Concha Jerez es menos conocida que el nombre de su autora, dándose así la extraña paradoja (sería más correcto decir “perversa”) de no saber bien a qué nos referimos cuando se habla y escribe de un trabajo que se inició en las postrimerías de los años sesenta del siglo pasado. Desde entonces su producción artística (junto al ejercicio de la docencia, que ella considera no menos creativo) se ha podido ver, por supuesto, en infinidad de eventos y muestras, individuales y colectivas, pero esto no ha supuesto un reconocimiento (queremos decir: una visibilidad) que realmente hiciera justicia a la singularidad y personalidad de una obra que lo mejor y más apropiado que podemos expresar de ella, y en primera instancia, es que siempre se nos escapa cuando queremos, reduciéndola y en gran medida anulándola, enmarcarla en determinadas zonas estéticas, o épocas artísticas concretas, o movimientos más o menos determinantes o cercanos a su propia poética constructiva.

La de Concha Jerez es indefectiblemente una obra una comprometida, compañera de viaje de las diferentes derivas artísticas (prácticas conceptuales, diríamos, en su aceptación más generosa y menos dogmática, y aun así y todo siempre estaríamos en peligro, como suele suceder con la obra de nuestra artista, de cometer un bienintencionado resbalón) que han surgido en las últimas cuatro décadas en el panorama nacional e internacional, y es muy importante la cercanía de su obra con los artistas de Fluxus, y aún más con el grupo español ZAJ. Expresada esta afirmación nadie, por descontado, nos podría acusar de faltar la verdad, no menos cierto sería que su compromiso artístico, o su misma producción de arte, siempre ha rechazado el gregarismo estilístico propio de quienes jamás cuestionan el "santo y seña", o marca de fácil reconocimiento periodístico, que en muchas ocasiones, y de una manera tan miserable y espuria, definen movimientos, épocas y modas.

Sin duda que como dijimos antes, la obra de esta artista ha sido una valiosa y comprometida compañera de viaje, pero en absoluto una compañera dócil y conformista. De ahí, precisamente, la dificultad de situar una producción artística que cuando más creemos que la tenemos fijada y controlada siempre surge del interior de la propia obra una pregunta inesperada por molesta; o una refinada quiebra lingüística; o un “desplante” gestual imprevisto y voluntariamente no explicado o resuelto; o una regresión formalista e irónica con respecto a trabajos anteriores o contemporáneos decididamente más complejos y herméticos; o una firme y vigorosa especulación sociológica que se diría desea rechazar el facilismo interpretativo propio de los excesivamente domesticados horizontes artísticos; o una consideración extrema y sensual de esos mismos horizontes en sofisticado mutis teatral, como si ella misma fuese, inteligente artista no-creyente, la única espectadora que otea ese horizonte, a la vez cercano y lejano, pero esencial para cuestionarse, ayudando con ello a los espectadores que también deseamos contemplar ese panorama, que nada, así en el arte como en la vida, está estéticamente resuelto y explicado, y que tenemos el arte, precisamente, para que eternamente sigamos haciendo preguntas, o para que no menos infatigablemente sigamos interrogándonos sobre nuestro lugar y sentido en la aventura del vivir…

Sí, la obra de Concha Jerez, dada su riqueza participativa de mundos, interrogantes y afectos, para nada resulta fácil en cuanto a su aclaración y revelación. Digamos entonces, en ayuda de lo que hasta ahora hemos intentado exponer, que la misma es pura, compleja y desnuda música, manifestación creativa tan esencial y necesaria en la vida y obra de la artista.

He creído oportuno iniciar este texto centrado en la muestra que actualmente se exhibe de Concha Jerez en el MUSAC de León, Interferencias en los medios, y comisariada por Alicia Murría de una manera limpia y efectiva, con el primer párrafo escrito, que si bien admito que sea un poco largo en cuanto a párrafo, sí lo considero necesario (asumiendo, por descontado, las abstracciones y generalidades expuestas en el mismo), a la manera de una obertura wagneriana (pido humildemente perdón: qué más quisiera yo), en la cual, ya desde sus primeros acordes, podemos saber los diferentes leitmotivs con los que a lo largo de la ópera iremos reconociendo como los propios de personajes y acciones. Sin duda que estaba presente también una voluntad de “enmarcarla”, lo que Concha Jerez nunca permite, pero siendo consciente de la manifiesta inutilidad de esa alternativa. Vayamos entonces a Interferencias en los medios, la muestra que hasta ahora mejor ha sabido visualizar, o iluminar, la siempre cambiante esfera interpretativa tan consustancial a la obra de Concha Jerez, pues uno de los argumentos, o cualidades, que mejor definen su trabajo es una singular movilidad temporal que las propias obras incorporan en su discurrir crítico y narrativo. Voy a intentar ser un poco más entendible. Cuando me refiero a movilidad temporal estoy intentando decir que instalaciones y trabajos realizados pongamos hace veinte años, han sabido concentrar, a la manera de un extraño reloj interno, la posibilidad de que ese mismo cronómetro se actualice con la misma hora, día, mes y año, que corresponden al espectador que ve la obra en ese momento, en ese instante, y con ello la constante actualización, o puesta al día, de unos trabajos que debido precisamente a esta cualidad nada frecuente, parecen haber sido creados en el instante mismo en el que son contemplados.

Nunca la operística arquitectura del MUSAC, con sus altísimos techos de caja escénica, ha servido mejor para la interpretación, más que el puro ver, de las obras expuestas. Así sucede, y de una manera admirable, con los más de veinte trabajos expuestos, fechados entre 1974 y el año en curso, incluyendo instalaciones, piezas e intervenciones site-especific, así como acciones o trabajo performativo. Falta una parte importante de su producción artística: la realizada en colaboración con José Iges, y que tiene el sonido y la palabra como privilegiado soporte de estas obras, una música otra, pero el año próximo, por suerte, se verá en Madrid una muestra centrada en estos trabajos.

La obra de Concha Jerez es variada (y en la muestra esta cualidad se hace visible de una forma tan implacable como palmaria) por doble razón: se diversifica en ríos y meandros, surgidos de múltiples intereses artísticos y sociales, pero sobre todo intelectuales, que acaban en un delta muy productivo, y que no sería otro que la estructuración discursiva, y expositiva, de todo aquello que fue más que creado pensado. Pero ningún delta es una realidad o geografía unitaria, pues precisamente existe en tanto que desmoronamiento, o disolución terminal y grandiosa, por medio de una espectacular diversidad, y que en esta artista tiene en los instrumentos utilizados, más que objetos, la razón de su primer y mejor significado: pensamiento y gesto, palabra y discurso, sonido y silencio, acción y foto fija, inmovilismo e imagen en movimiento, cuerpo y objeto… Estas realidades binarias, rostros bifrontes u horizontes especulares, son los accidentes geográficos y de pensamiento que, unidos, crean la realidad física y virtual de ese exuberante delta que la artista crea, esencialmente, como un pensamiento en acción. O como un pensamiento que se objetualiza a sí mismo sin por ello perder su más relevante función. En esta obra todo es pensable, pero únicamente esta cualidad puede hacerse efectiva por medio de un tratamiento materialista del objeto, el que fuera, pues ello garantiza precisamente la voluntad política de una obra que si es política (y lo es mucho) lo es en virtud de la distancia misma que toma con respecto a las funciones públicas, artísticas y sociales, de “lo político”. Por eso la obra de Concha Jerez tampoco puede ser calificada de feminista, y por las mismas razones de distancia crítica que no puede ser calificada de política.

Ahora bien, ambas realidades están presentes en la obra de la artista, subsumidas pero vivas y latentes, en una realidad mayor, o super-estructura en un sentido cercano a determinada filosofía marxista, que sí las engloba y acoge en su seno: el discurso sobre el Poder, auténtico eje vertebrador de Concha Jerez desde sus inicios como artista, pero que al igual que “lo político” o el feminismo, este discurso sobre el Poder, tal como podemos comprobar en su obra, se aleja de sus naturales coordenadas para travestirse (función transformadora y esencial de todo Poder, bien lo sabemos y padecemos) en infinitas manifestaciones públicas -incluidas, por supuesto, y cómo, las propiamente “artísticas”. Concha Jerez y su obra, no se dejan engañar por esta, sin duda, muy sofisticada capacidad transformadora del Poder, y le añade a su mentira y mistificación, y para desenmascararlo, un remedio o respuesta homeopática: más estética a la falsa Estética, más poder al vil Poder, más realidad a la Realidad como placebo… Estoy convencido que en la inteligente obra de Concha Jerez, se intuye y así lo demuestra, que como bien dice Jacques Rancière, “No siempre hay política, aunque siempre hay formas de Poder”. Esta exposición en León, así al menos la he interpretado yo, lleva casi hasta el paroxismo, como una muy productiva devastación de engaños y lugares comunes, esta máxima (bella en su implacable realidad) del pensador francés, y que acaba la cita con estas no menos espectaculares frases (e envidiables por su inteligencia): “La autonomía del arte es también su heteronomía. Tal dualidad hace a dos políticas de la estética: el arte es político, en el régimen estético del arte, en tanto sus objetos pertenecen a una esfera separada, y es político en tanto no hay ninguna diferencia específica entre sus objetos y los objetos de las otras esferas”. Casi nada. Punto por punto se puede comprobar y corroborar visitando la muestra “Interferencias en los medios”, -título, en verdad, muy inspirado- y que contribuirá de una forma decisiva a que nombre y obra no estén, como hasta ahora, tan absurdamente disociados.

Enviado el 16 de Noviembre. << Volver a la página principal << | delicious

Publicar un comentario.

[ Netiquette: Protocolo de publicación de comentarios ]

(Si no dejó aquí ningún comentario anteriormente, quizás necesite aprobación por parte del administrador del sitio, antes de que el comentario aparezca. Hasta entonces, no se mostrará en la entrada. Gracias por su paciencia).

Copia las dos palabras de la imagen en la casilla correspondiente: