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Febrero 21, 2015

El falso silencio vs. el activismo “mal entendido”: Jumex y Hay Festival dos casos mexicanos - María Virginia Jaua*

Hermann-Nitsch_sK.jpg [Antes que nada ofrecemos a los lectores de nuestro "Domingo Festín Caníbal" una disculpa. Causas de fuerza mayor obligan a que este envío deba ser "adelantado" poco más de un día. Sin embargo, esperamos que esto no suponga un contratiempo o trastorno de la cotidianidad de los ritos dominicales a los que estamos acostumbrados.]

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La primera “práctica” a la que me gustaría aludir, la del falso silencio (más bien mucho “ruido” insignificante) es bastante antigua. Debemos comenzar haciendo un poco de autocrítica, pues todos quienes conformamos de una u otra forma el sistema artístico y cultural sabemos y participamos de ella por acto o por omisión. Esta consiste principalmente en acallar, simular, encubrir, ocultar, enmascarar, decir en voz baja o simplemente eludir la responsabilidad de tomar una postura cuando un acontecimiento –casi siempre– violento, injusto o injustificable se produce dentro de ese “sistema cultural”, por llamarlo de algún modo.

Esto sucede con frecuencia en México pero también en España y en otros lugares. Lo hemos visto recientemente en el caso del museo Jumex, con la repentina cancelación de la exposición del artista vienés Hermann Nitsch, que causó revuelo por muchos motivos y tuvo resonancia “internacional” por su coincidencia con la feria de arte Maco. Desde entonces han habido numerosos comentarios -a mi parecer- superfluos en las redes sociales y algunos “artículos” bastante deficientes, mal informados, cuando no directamente “malintencionados” y destructivos al respecto; sin embargo, poco o nada se ha visto de lectura responsable o de señalamiento serio y "productivo" acerca de los verdaderos “temas” y de lo que realmente es necesario discutir y atacar, no de lo accesorio o de lo banal en el que se sustenta el patético chismorreo que parece acaparar todas las atenciones.

Nadie –por lo menos hasta ahora– ha señalado uno de los principales problemas que aqueja no sólo a este nuevo espacio museístico, sino a muchas de las iniciativas "privadas" de este tipo en México. Este problema de conflicto de intereses reside en que los proyectos artísticos no siempre son comprendidos y por ende "defendidos" por los corporativos que los financian. Pero ojo, de esto tampoco se escapa lo público, porque también se han visto casos de “censura” y de silenciamiento dentro de los museos nacionales y/o universitarios y esto es casi tanto o más grave, aunque nadie o muy pocos se hayan atrevido a abordarlo. [1]

Para regresar al motivo de la cancelación de la exposición de Hermann Nitsch, en un principio ésta no se debe a la presión externa sino a un problema interno, el de la incompatibilidad entre dos visiones del mundo distintas: la construcción cultural y la construcción corporativa. Aunque hay que reconocer que quizás lo que activó y potenció este desencuentro, fue un elemento externo: el del activismo –a mi parecer– “mal entendido”, la segunda "práctica" a la que aludiré más adelante.

De ahí, de esa discrepancia interna, se podría deducir el que no se haya emitido un comunicado público por parte de la institución, explicando los motivos de la cancelación. Algo que con razón se ha reclamado desde distintos espacios y que también ha propiciado muchos malentendidos. Es esta discrepancia al interior, la que debe encontrar una solución, una vez dado el paso a convertirse en un espacio público: es decir un Museo. Pues aunque el capital que lo financie sea privado, se tiene una responsabilidad activa e ineludible dentro de un sector de la sociedad. Y este debería ser tema de un debate mucho más amplio, ya que una vez se ha decidido intervenir dentro de la comunidad artística y de la sociedad, tanto el museo público como el privado son sujetos de ser cuestionados y de ser exigidos responsable y respetuosamente -pero con contundencia- por sus actuaciones.

Cuando el proyecto de la colección Jumex se encontraba en una nave industrial a las afueras de la ciudad en Ecatepec y consistía en invitar a un curador o comisario a trabajar con la colección, a fomentar la producción artística mexicana e internacional e invitar a la gente a un evento para visitar las muestras, esto no suponía mayores riesgos ni causaba mayores tensiones, pues el ejercicio de un coleccionismo privado no reúne un cúmulo tan grande de luchas de intereses dentro y fuera de lo que ahora sí consituye una institución “codiciada” y con todo lo que ello implica, dentro del complejo escenario cultural mexicano. [2]

Porque, insisto, una vez que el proyecto de la colección da el salto para convertirse en un espacio museístico, con grandes y loables aspiraciones, no solo de seguir haciendo crecer la colección, sino de traer a México artistas y exposiciones que difícilmente llegarían por la vía del financiamiento del Estado (que nunca ha tenido una política definida y clara con respecto al llamado arte contemporáneo), además de continuar y ampliar un proyecto de apoyo a la creación y a la investigación, a la edición y todas las actividades educativas y culturales asociadas, esto ya supone un espacio “incómodo” para algunos, de “competencia” para otros y objeto de mucha "envidia" para algunos más. Aunque precisamente estos “sentimientos oscuros” sean los primeros en sumirse dentro de la primera práctica: la del “falso” silencio y de la negación y encubrimiento, por la vía de una crítica malsana o mal intencionada como resultó evidente en un texto que para sorpresa de todos, apareció publicado en Nexos. [3]

Sin embargo, ese falso silencio y esa falsa crítica, gritan otra de sus grandes “verdades”: la falta de responsabilidad y de compromiso de casi todos los actores en la construcción de una comunidad artística comprometida con ella misma y con sus “diferencias”, diversa y solidaria, así como la poca conciencia y disposición para dialogar y discutir temas tan importantes y pertinentes en nuestros días, como la censura y la responsabilidad ética dentro y fuera de las instituciones artísticas ya sean estas públicas o privadas. Diferencia cada vez más borrosa y cuestionable.

Porque para discutir, debatir, reflexionar sobre un tema tan polémico y –perdón por la insistencia, tan complejo como la construcción de la comunidad cultural, es imprescindible abordar otro tema incómodo que actualmente se ve estrechamente implicado en esta trama: lo que se podría considerar como el activismo “mal entendido”.

No sólo porque el “activimo” o el supuesto compromiso se ha intensificado y "democratizado" gracias a las posibilidades de las nuevas tecnologías, tanto que parece cobrar enormes dimensiones, cuando lo que en muchos casos ocurre es que éste no emana de alguna reflexión profunda, ni de ningún análisis y un consenso amplio como tampoco de un compromiso real, sino de algo mucho menos sólido como una simple reacción automática y automatizada que aunque en principio sea “bien intencionada” no pasa por un razonamiento y una comprensión profunda del problema y de la manera eficaz de enfrentarlo: es decir, una implicación en el desarrollo efectivo de una toma posición y de unas políticas culturales.

Por eso la petición de un grupo de defensores de los animales puesta a circular en una dudosa página en la que cualquiera puede echar a andar su activismo particular: “un millón de firmas simpatizantes porque chuchita no se corte las trenzas” reúne unas cuantas firmas en contra de una exposición de un artista que NO maltrata a los animales, sino que precisamente hace lo contrario: evidenciar y cuestionar la normalización de la violencia en la sociedad. Lo cual desemboca en que los miembros de un corporativo “se asuste” y reaccione activando el temor de perder o dañar el capital simbólico de su “inversión”. Lo cual desde “su” perspectiva sería entendible.

Esta confusión y dudosa "legitimidad" no solamente afecta e incide en un sector "empresarial", sino que se repite y repercute en otros niveles, casi simultáneamente, como ocurrió con motivo de los encuentros literarios organizados por personas implicadas y concientes como las del Hay Festival, que hasta hace unas semanas, en México, tenían como sede la ciudad de Xalapa. Cuando un grupo de escritores y artistas (la mayoría de ellos muy pensantes y gente a la que respeto) señaló y circuló en la red –con buenos motivos y con las mejores intenciones– que el estado de Veracruz es uno de los menos seguros para el ejercicio de los periodistas.

Entonces muchos intelectuales “reaccionaron” y solicitaron la salida del festival literario, al sentirse indignados por una foto en la que el gobernador del estado de Veracruz aparecía con Salman Rushdie en el marco de las actividades del festival. Y pasaron pocos días para que algunos expresaran su descontento por el “uso político del evento” y lo hicieran circular desde diversos medios [4], y ante dicha situación los organizadores del festival optaron por dar respuesta -o evadir la polémica- a dicho “activismo” y, en un tronar de dedos, decidieron llevarse a otra ciudad su evento. Una vez más se produjo una reacción sin ningún tipo de reflexión o de diálogo o de planteamiento acerca de las implicaciones de esos usos políticos y de cómo revertirlos para beneficio de esa sociedad.

Aunque la situación de vulnerabilidad de los periodistas es real ahí y en muchísimos otros lugares de la república mexicana y debe ser motivo de trabajo y de solidaridad por parte de escritores, artistas, periodistas y ciudadanos de todo el país, una vez más se falla en la mala comprension y el mal uso del activismo. Porque ¿acaso la situación de censura, persecución y violencia que sufren los periodistas y los escritores veracruzanos será menor por la ausencia del encuentro literario? ¿acaso los organizadores del Hay Festival y los impulsores de su salida dan por resuelto un problema tan grave y que afecta el ejercicio de la libre expresión cancelando y llevándose su festival, sin proponer soluciones para que en lugar de desaparecer el encuentro, el problema planteado sirva a una reflexión más amplia, brindando su apoyo a los periodistas y escritores, asegurándoles el espacio? ¿acaso la cultura y todo lo que ella implica de reflexión y de disenso no será siempre una manera más efectiva de hacer frente a la violencia y a la barbarie?

¿O será que también ellos, los empresarios del Hay Festival, temen perder su capital simbólico por un incontrolado “desliz”, hecho evidente en la foto con el gobernador y antes de iniciar un trabajo con los escritores y con los periodistas afectados, deciden el camino rápido y seguro de la huida por la vía del traslado del evento? ¿Hasta ahí llega el compromiso con la cultura? ¿Acaso la cancelación de la exposición de Nitsch sienta un buen precedente para el desarrollo del arte?

Estas preguntas que parecen obvias, desaparecen cuando se vive cada vez más sumido en el ritmo frenético del “re-accionismo” -que no vienés- del activismo por el que se quiere actuar precipitadamente a la realidad desde la pantalla del ordenador y acceder a una buena conciencia y darle una buena difusión en la internet: crear “una buena imagen en las redes sociales”. Y aquí valdría la pena esbozar que cuando los diversos agentes, provengan del mundo de la empresa o de la gestión pública, deben estar preparados y concientes de su papel y compromiso dentro del quehacer de la cultura.

En ambos casos mexicanos, tanto el del museo Jumex como el de Hay Festival estos activismos mal entendidos y mal empleados sumados a la visión "empresarial" paradójicamente están siendo la herramienta con la que la propia “inteligentzia” le está haciendo –sin querer y sin saber– el juego a la barbarie que impone la censura y sutilmente anima la autocensura. Utilizados de esta manera ellos –los activismos– no crean comunidad sino una “falsa” idea de ella: desplazando o haciendo a un lado los temas importantes a los que debemos hacer frente.

Porque resulta fácil añadir una firma o replicar y compartir cualquier cosa que nos ayude a sentir que “hemos hecho algo” cuando en realidad lo que se nos exige es dar más de nosotros y esto implica mucho más tiempo para la lectura, pausa para el análisis, trabajo de reflexión y espacios para el diálogo con el fin de poner las ideas y las propuestas al servicio de la expresión de los otros, pues la comunidad artística y cultural que está siempre en construcción lo requiere con urgencia, sabiendo que inevitablemente se corren riesgos, aún más hoy, cuando el mundo todo en su devenir hiperenlazado parece estar cayéndose a pedazos, llevándose arrastrados a los unos con los otros, unidos en una misma y mortífera red.

* Pertenece al Consejo de Críticos de Artes Visuales.

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Notas

[1] Habría que recordar la exposición de Miguel Ventura en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (Muac) que recibió enormes presiones de censura a las que las propias autoridades no supieron o no quisieron dar respuesta para defender el trabajo del artista y en donde se hicieron evidentes las grietas de la comunidad: su falta de congruencia.

[2] A esto alude someramente el artículo de Patricia Martin en “La sangre nos sigue dando miedo en lugar de rabia” quien fue curadora en Jumex durante una primera etapa. Sin embargo, aunque en su texto señala que el motivo de la cancelación es interno, no hace referencia a que las condiciones no son las mismas hoy a cuando ella colaboró, sino que han cambiado drásticamente y que el peso del corporativo dentro de las “decisiones” artísticas es mucho mayor. Ahora se trata de un Museo de una ciudad como México D.F., cuyo capital simbólico es enorme y por lo tanto es y será objeto de presiones e injerencias tanto al interior como al exterior del mismo. De ahí que la respuesta como comunidad deba ser otra, como la de encontrar y proponer caminos para que este museo sea un proyecto artístico exitoso y cumplido, es decir una posibilidad para el desarrollo de la cultura en nuestro país, un espacio de libertad para la creación, la investigación y la educación, del cual sentirnos orgullosos y no un espacio más inocuo o fracasado.

[3] Un claro ejemplo de falsa crítica es el texto titulado "La grave crisis de la Fundación Jumex Arte Contemporáneo". Resulta sorprendente que dicho texto pueda ser tomado en serio por la redacción del diario y mucho menos replicado o "compartido", no sólo por su escritura deficiente y lo falso y doloso de mucha de la información vertida además del injustificado ataque personal, sino que su autor podría ser sujeto de acciones legales por parte de la Fundación Jumex, si esta decide tomarse en serio su responsabilidad hacia las personas que han colaborado y colaboran dentro y fuera de la institución, así como cuidar y proteger la integridad moral propia y la de sus colaboradores.

[4] Aquí se puede leer la convocatoria https://www.change.org/p/repudiamos-el-uso-politico-del-hay-festival-xalapa

Enviado el 21 de Febrero. << Volver a la página principal << | delicious

Comentarios

Querida Virginia: yo pienso que la reflexión debería girar más bien en torno a la arbitrariedad del uso del poder en México, del cual la cancelación unilateral y sin explicaciones de la exposición de Nitsch es una buena muestra -otros ejemplos son más crueles-, la sumisión de la cultura a los intereses corporativos y la plena aceptación de la comunidad artística mexicana de situaciones que deberían provocar una respuesta contundente.

Creo que en Europa, incluso en la España más caciquil, un desplante de estas dimensiones frente a un artista como Nitsch es inimaginable y provocaría una reacción en el mundo del arte y en los medios que obligaría a los perpetradores de la ofensa a replantearse sus posiciones.

Lo que ha pasado con la exposición de Hermann Nitsch es un síntoma de descomposición, de la descomposición política, social y cultural que está sufriendo México. Es triste, pero sabes tan bien como yo que allí lo único que se puede escuchar es el silencio, abrumador.


Querido Tomás,

Muchas gracias por tu comentario.

Mi postura es la que expongo muy brevemente en este texto. Es un planteamiento que espero sirva para asentar dónde se debe trabajar. Todos los actores cumplen un papel del cual no siempre son plenamente "conscientes" y es ahí en donde me gustaría incidir como crítica, como productora y como lectora y ciudadana.

Hay muchas cosas tristes pasando en el mundo entero, sin embargo pienso que precisamente es necesario hacer lo contrario a lo que llamo "el falso silencio" o la mala práctica de la crítica.

Un abrazo y sigamos la discusión!

María Virginia


Me sorprende la existencia de un Consejo de Críticos de Artes Visuales, nunca había oído de el. Por quienes está formado cuales son sus objetivos? Hace tanta falta reflexión y crítica artística en este país y sobre todo apoyo a los artistas!


Lo que sea que deba leerse entre líneas, tiene signos de admiración. Es que es ese entrecomilleo incesante la metáfora que mejor ejemplifica la situación general que vive la macro esfera cultural que nos contiene.

En la complicada red que como apuntas, nos hyperenlaza, preferimos todos conservar la posición más cómoda y sin turbulencias para nuestra microesfera personal. Creo además, desde mi experiencia directa, que quien ejerce la censura antes que por ideología institucional o reflexión alguna se mueve por este mismo afán conservador de su microcomodidad.

Luego están los bienintencionados, esos estamos igual de cómodos detras del monitor.


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