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Mayo 24, 2015

¡Por fin! la hora de la comunidad – María Virginia Jaua

-Dos momentos de la primavera en México y en Madrid-
i0tak45q1955ybr1u88v.gif "…comprometer nuestro trabajo para lograr que el sentido de esas transformaciones sirva -cuando menos tentativamente- a los intereses de generación de plataformas de comunicación directa, a la construcción efectiva de nuevas formas de comunidad que, sin confundirse con la forma expropiada que ellas adoptan en lo mediático, permitan el encuentro y el diálogo libre y participativo en un dominio de lo público no neutralizado". José Luis Brea

Hace exactamente cuatro años nos encontrábamos saliendo de un largo invierno y despertando a la intensidad que significó aquella primera primavera reflexiva del 2011(1). Desde aquel mítico 1968 nos preguntamos ¿Qué pasa en primavera? Se renace a la vida del deseo, o es que la vida misma que es puro deseo se hace más intensa, más exigente. Pone por delante las más elevadas aspiraciones, de otra vida, de otro mundo, de otros pensamientos, de otro estado mental.

Esa primavera de 2011 el movimiento ciudadano de los indignados se instaló en la plaza pública para llevar a cabo un ejercicio espontáneo y necesario de reflexión acerca de las maneras en las que se organizan y se conducen las vidas en el terreno de los político y lo económico. A diferencia del que se produce hoy, aquel no estuvo conducido mi mediado por ninguna institución o ley, o por algún acontecimiento de agenda, como por ejemplo una elección, la de esta mañana, la que ahora mismo se comenzará a desarrollar.

Nadie pensó entonces que aquel gesto, para algunos intrascendente o inocuo o excesivo y radical y para otros, quizás los más inconformes con la realidad no solo necesario sino de importancia vital llegaría a ver otra primavera. Y mucho menos entonces se creyó que aquella “acampada” podría sentar las bases de una plataforma que hoy “ensaya” una manera de “asaltar” o “saltar” unas políticas gastadas y sumidas en el más profundo desprestigio, gracias a una crisis que hizo evidente ya no los errores de la deriva económica sino la ruina moral de quienes detentan el poder de dirigir y aplicar las decisiones para salir o para entrar en una economía de excesos o de recortes, pero que sobre todo se preocupan por encubrir sus malas prácticas y sus inexplicables patrimonios en una red de complicidades hipócritas.

El que ese primer gesto no se haya diluido sino que al contrario haya sido el germen para un trabajo en el que se asumen responsabilidades de algo mucho más importante, que las instituciones políticas tradicionales desdeñan: la práctica efectiva de la comunidad, es algo que realmente produce ilusión, es algo que podría, independientemente del resultado, ser algo por lo que seguir trabajando.

Aunque el resultado no sea lo más importante, por supuesto deseamos un cambio inminente, ante la evidencia de que los ciudadanos tenemos la posibilidad real de sabernos capaces de asumir el compromiso con nuestro propio estar en el mundo los unos con los otros, es decir, con la construcción de una comunidad, pero no solo eso, una comunidad digna, consciente y capaz de entregar aquello reclama.


(1) Véase Subversión más allá de la sospecha* II / El camino musical entre la indignación y la N a d a


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Por otra parte, ¿cómo dar cuenta de lo que significa vivir en permanente diáspora? No me refiero a la experiencia móvil en la que demuestra su agilidad el turista ni tampoco a los ritmos frenéticos de los desplazamientos globales del empresariado neoliberal. Sino a algo más pausado y que tiene que ver mucho más con la experiencia de vivir y amar –y por esa misma razón exigirle siempre más y ser más críticos– lugares distintos de la geografía.

A veces pienso, en medio de tanto ir y venir entre estas dos ciudades tan importantes para mi, Madrid y México, que la experiencia del desarraigo podría no significar un existir dividido y en permanente falta sino uno multiplicado. A menudo estos pensamientos soleados aparecen no solo con el despertar de la energía primaveral sino gracias a una serie de acontecimientos que de pronto descubrimos resuenan y se conectan a pesar de las distancias.

Ahora mismo México, como muchos saben, es una gran herida, más abierta y mucho más dolorosa ante el contraste con la ilusión que podríamos estar experimentando hoy en Madrid, en estos días largos y de promesa de un cambio. Sin embargo, también en lo más oscuro se aborta luz, recuerdo decir en algún texto a José Luis Brea. También allí en la más profunda oscuridad se perfila lo que la ceguera de todos los días de pronto revela. Y es por ello que un pequeño, un pequeñísimo gesto hacia la construcción de lo común también podría aportar algo a este momento de tanto desasosiego y en el que parece que la mitad de uno se derrumba.

Por ello me gustaría no solo llevar un poco de esta ilusión a quienes nos leen en México o con el corazón ahí (la ilusión de que a veces sí es posible que un sector de la sociedad asuma la responsabilidad de sí misma) sino celebrar aquí el surgimiento de una “comunidad artística” que en México ha decidido, a pesar de muchas diferencias, reunirse y discutir para juntos dar pasos y sumar fuerzas ante el atropello que se está propinando a la cultura. La incertidumbre que se está viviendo dentro de toda la comunidad que labora directa e indirectamente en el sector cultural es enorme, ya que peligran el funcionamiento de muchas instituciones adscritas al Inba pero también de muchos proyectos y la economía de muchas personas y muchas familias.

Así como este país ha sido enormemente generoso a la hora de recibir y abrir espacio a personas de muchas culturas, provenientes de guerras, de dictaduras, de persecuciones políticas, religiosas y económicas, desde aquí solicitamos en nombre de esa incipiente comunidad el apoyo para las demandas de restitución del presupuesto. Sabiendo que la construcción de lo común excede con mucho los límites y las fronteras y que ese “estar los unos con los otros” con su participación activa y su implicación también podría producirse aquí.

La carta que se enviará puede leerse más abajo y todo el que crea que el quehacer cultural no debe ser abandonado completamente por el Estado a los vaivenes y caprichos del capital privado pero tampoco a los desiertos con que amenazan las barbaries del terror, sino que la cultura es un derecho que dignifica y fortalece los lazos afectivos que unen a la comunidad y hacen posible precisamente esa generosidad para con las otras.

Todo el que quiera sumar su entusiasmo a una demanda justa y respetuosa y desee enviar su firma para apoyarlo solo tiene que escribir a esta dirección de correo:

restituciondelpresupuesto@gmail.com


Muchas gracias y buen y esperanzado domingo de festín caníbal.


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México D.F. a 19 de mayo de 2015.
Ciudadano Presidente de la República, Lic. Enrique Peña Nieto
PRESENTE

En términos del derecho de petición consagrado por el artículo 8vo de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, los abajo firmantes, profesionales y miembros de la sociedad civil nos dirigimos a usted y a los funcionarios competentes para expresar el desacuerdo de la comunidad artística con los recientes ajustes al presupuesto destinado a los programas e instituciones públicos culturales.
Somos conscientes de que estas medidas han afectado diversas áreas de la vida nacional, sin embargo la magnitud de los recortes en materia de cultura pone en riesgo las actividades sustantivas del sector y afecta directamente a la conservación, investigación y difusión del patrimonio cultural de la nación; así como a la producción y educación artísticas de México. Los despidos de personal especializado, la cancelación de exposiciones de artistas nacionales e internacionales y de proyectos educativos no sólo contribuyen a debilitar el frágil tejido social, sino que perjudican la imagen de México en el extranjero.
La cultura, como uno de los derechos humanos garantizados por el Artículo 4to de la constitución, es un factor decisivo en la búsqueda de una mejor calidad de vida y de una convivencia armónica entre los habitantes del país; un garante de la libertad y el desarrollo democráticos y una herramienta fundamental para superar la pobreza y la inseguridad.

Por todo lo antes señalado, solicitamos a las autoridades correspondientes se restituya, de manera inmediata, el presupuesto asignado al sector por el poder legislativo.

Atentamente,

Mayo 17, 2015

La poesía y la experiencia del exilio* - Mohsen Emadi

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1

Nichita Stanescu, el poeta rumano, dibujó su autorretrato a través de estas líneas: «no soy nada más / que una mancha de sangre / que habla». Antes de escribir sobre Palestina, me detengo frente a ese retrato y me pregunto: ¿de dónde proviene esta mancha de sangre? ¿A quién habla una mancha de sangre? ¿Quién puede escuchar sus palabras?

En el folklore de mi tierra la sangre tiene memoria. Siempre regresa. Incluso la sangre derramada en el desierto. Se dice: «en las tierras en las que alguien inocente ha sido asesinado, en el aniversario de la muerte, el suelo se convierte en sangre.» En los cuentos populares, un talismán mantiene presa a una hermosa joven dentro de una naranja. Un príncipe emprende un viaje en busca de un árbol custodiado por unos demonios. Finalmente, engaña a los demonios y llega hasta la naranja, que es la cárcel de la chica. La libera. Está desnuda. El príncipe encuentra algo de ropa para ella y la lleva a la casa. Una mujer, celosa de su belleza, la asesina. La sangre se derrama en el río y cada gota se convierte en una perla que flota en el agua. También cae una gota de sangre a los pies de una planta de caña. Las perlas alcanzan a un viejo y éste busca la fuente de donde ellas provienen. Las perlas le llevan al cuerpo de la chica, y entonces la caña empieza a cantar: «¡me corta! ¡Y por mi savia, únase la cabeza cortada al cuerpo!» En otra versión de la misma historia, un naranjo brota de la sangre. En estas historias, la sangre narra, pasa de una forma a otra. Rumi, comienza una de sus obras maestras con la voz de Ney, un instrumento musical hecho de cañas: «escucha el Ney cuando narra las historias, cuando llora las separaciones.» Ney, canta siempre la misma canción: la canción de la ausencia.

En otro relato, una chica, sola en medio de la opresión de los demás, cuenta sus sufrimientos a una piedra. Le dice a la piedra: «tú eres paciente, yo también. Rómpete o me rompo». La historia cuenta que si en ese momento nadie abraza a la chica por amor, la niña se hará pedazos. Pero si alguien la abraza por amor, será la piedra la que estalle y de ella brotará una gota de sangre. El sufrimiento de la piedra es el dolor de la Historia. La piedra es el testigo de todos los pasos: huellas de tormentas, guerras y masacres. Me pregunto: ¿de dónde proviene la gota de sangre en las entrañas de la piedra? El amor protege a la joven de la muerte. Pero la piedra, en su sabiduría histórica, entiende el dolor y estalla en la compasión.

Tal vez, por esa sabiduría histórica, Mahmoud Darwish, recuerda a Troya cuando habla de Palestina y dice: «En el nombre de Troya».

2

Aunque la interpretación védica de la historia es verdadera, cuando dice: «las mariposas se posan sobre el cadáver del victorioso del mismo modo que lo hacen sobre el cadáver del derrotado», siempre hay una sabiduría en la derrota que no existe en la victoria. Victoriosa es la gente con más poder; pero en ambos lados de la batalla, los derrotados, no son los líderes vivos o muertos, sino las personas comunes y desamparadas de ambos bandos.

Bajo la administración civil británica en Palestina, o «Período de mandato británico» instaurado desde 1920 hasta 1948, los judíos comenzaron a emigrar a esa tierra. Los ojos de un colonialista siempre interfieren y permanecen ciegos: ojos que miran el mundo a través de la intención, el deseo y el miedo, cortándole al mundo sus horizontes. Históricamente judíos y árabes vivieron juntos sin problemas. Ese mismo hecho, fue la puerta de los colonialistas al caos y a la tragedia. A partir de 1930 la resistencia palestina cobra forma y en 1936 inicia la rebelión árabe y continúa hasta 1948. La poesía palestina de ese período narra los días de la revolución y la esperanza con odas revolucionarias y apasionadas. La derrota sobrevino en 1948, cuando comenzó el largo exilio y se declaró el Estado de Israel. Aquí, la poesía palestina se encuentra a la luz de palabras como: derrota, amor, tierra, resistencia, exilio y ausencia. Palabras que narran la historia de la humanidad. Tal vez, esta sea la razón por la que Palestina se ha transformado en una metáfora de la historia de la humanidad. Digo metáfora de la historia de la humanidad y recuerdo la historia de Isis y Osiris. El dios de la fertilidad yace muerto, su cuerpo está desgarrado y una mujer, la diosa de la naturaleza y de la magia, viaja para reunir las partes del cuerpo y traer de vuelta a la vida al ser amado. La poesía siempre es femenina. Este antiguo mito egipcio nos sugiere que Isis es el poeta palestino. La misma historia, al igual que los poetas palestinos, ha viajado por el mundo, reformada, transmitida en varias culturas. Siempre vivió en la antigua Grecia, en el imperio romano e incluso en Inglaterra.

En los cuentos de mi pueblo, un día, un viejo llegó a la aldea. Pidió trabajo a un propietario. El propietario le ordenó trabajar en su enorme granja, esparcir las semillas y cuidar de ella hasta el fin de la cosecha. El primer día el viejo trabajó la granja, el segundo esparció semillas y el tercero recogió la cosecha. El propietario tuvo miedo de ese milagro. Mató al viejo con un hacha y enterró el cadáver y el hacha en el campo. A partir de entonces, cada noche, el propietario se despierta en medio de una pesadilla y el hacha siempre está ahí: debajo de su almohada. Puse el nombre de «la poesía» al milagro del viejo. El asesino tiene miedo de ese milagro y cada noche encuentra el hacha que la poesía devuelve debajo de su almohada. Cuando Darwish le dice al periodista israelí: «estoy buscando a los poetas de Troya, porque Troya nunca nos contó su historia». Tal vez, con una sonrisa, está pensando en Fobetor (Iquelo), el dios de las pesadillas. Con la poesía de Darwish, Fobetor entra por las ventanas a las habitaciones del victorioso. Fobetor es la raíz griega de fobia. La fobia del victorioso es el hacha que asesina a los poetas.

3

¿Qué es el exilio? Ryokan escribió: «el ladrón ha dejado la luna en mi ventana». El poeta regresa a su casa y ve que el ladrón se ha robado todo. Mira por la ventana y ve la luna. Me pregunto: ¿cómo escribiríamos el haiku mismo si el ladrón se llevó la casa? ¿Si llegamos a nuestra calle, en donde todo está en su lugar menos la casa? Tal vez, para Ryokan, la ventana del poema, no era mi ventana. Podría ser una ventana multiplicada. Quiero decir que él lo escribiría así: «el ladrón ha dejado la luna en las ventanas». Con este giro, el ladrón se podría generalizar a un ladron que roba de todas las ventanas. El exiliado toca una suerte de universalidad que los demás habitantes no pueden tocar. La experiencia del exilio, al principio, es la experiencia del desplazamiento. Desplazamiento de naves, ahogamientos cerca de las costas de Italia o de Australia. Desplazamiento no significa estar sin lugar. Cuando no puedes hablar en tu lengua materna, cuando pierdes el ritmo del ser, entras en la esfera de la intemporalidad. Los exiliados están fuera de la Geografía y de la Historia. Y desde esa distancia las ven. El lugar y el tiempo, en principio, son nostálgicos; entonces, esa nostalgia, esa experiencia de ausencia, sustituye a la experiencia del abismo. Pero la poesía siempre se levanta del abismo. Los objetos se medirán por los idiomas: ¡no tengo una palabra para ese objeto! Y entonces, la historia de los objetos será la historia del vértigo. La metáfora del judío errante, que un día fue la metáfora del desplazamiento, enfrente de las cámaras ocupa y roba una geografía. Los poderes que han utilizado esta metáfora no han sido conscientes de los peligros que éstas entrañan. Actualmente, Palestina es una metáfora personificada de todos los exiliados y los desplazamientos de la historia. Un palestino vive en el exilio, incluso en su patria. Vive la forma más primigenia del exilio.

Los marineros negros del sur de mi tierra, dicen: «cuando alguien se pierde en el mar, cuando todas las búsquedas han sido inútiles, todo el mundo debe acudir a la orilla y tocar el tambor». Tocar el tambor para los que están perdidos hasta que logren encontrar el camino a la costa. La poesía, en todas las orillas del mundo, está tocando el tambor. Tal vez allí nos encuentre nuestra costa.

4

La resistencia es creación. Es decir, recreación de la naturaleza. En el pensamiento de Aristóteles, el arte imita a la naturaleza. Pero la poesía no acepta el marco aristotélico porque la destrucción comienza cuando la naturaleza no sigue al arte. Darwish, en su poesía, habla de esta naturaleza creativa de la resistencia: «la tierra es demasiado oscura, ¿por qué tu poema es tan blanco? Porque mi corazón está lleno de treinta mares»: Pleno, preñado, proviene de treinta mares, desde el exilio. Y en otro poema dice: «cuando escribo veinte líneas sobre el amor, imagino este asedio, ¡se ha acercado veinte metros!» Una mezcla de amor y escritura, significado y acción, en la lucha contra el asedio.

En los cuentos populares de mi tierra, cuando la vida del ser humano y del pueblo están asediadas por un invierno frío, la cigüeña permanece atrapada en algún lugar de las montañas y no puede llegar a la aldea. La cigüeña es el ave de la fertilidad y es un ave migratoria. Su corazón está lleno de treinta mares. En esos cuentos, un niño debe viajar a las montañas más altas hasta encontrarla y entregarle el calor de su cuerpo para traerla de vuelta a la aldea. En esos cuentos, si los humanos no eran capaces de atravesar la profundidad del frío y no entregaban el calor de su cuerpo, es decir, la experiencia corporal del amor a la cigüeña, las heladas acababan con la tierra. Ese cuerpo humano, en todas esas historias, se refiere a la poesía. En cada resistencia el cuerpo está presente, porque la resistencia pertenece al cuerpo creativo.


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* El presente texto es un fragmento del texto introductorio al número 33 de la revista Líneas de fuga que edita la Casa Refugio Citlatépetl, dedicado a la nueva poesía palestina.

Sobre el trabajo de esta Casa puede verse el siguiente texto: "Diez años de la Casa Refugio"

Hemos querido traer de vuelta y ofrecerlo a los lectores de Salonkritik en virtud de su honda y pertinente reflexión acerca de la poesía y la dura experiencia del exilio, que vienen a sumarse a las incontables desgracias que actualmente se ciernen sobre una gran parte del mundo árabe.


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Mohsen Emadi (Irán, 1976) es poeta, traductor y cineasta. Ha publicado los libros de poesía: La flor de los renglones (Lola Editorial, 2003, España), No hablábamos de sus ojos (Ghoo Publishing, 2007, Irán), Las leyes de gravedad (Olifante, 2011, España), Visible como el aire, legible como la muerte (Olifante, 2012, España). Ha publicado traducciones de: Vladimir Holan, Nichita Stanescu, Jiri Orten, Antonio Gamoneda, Cesar Vallejo, Alejandra Pizarnik, Luis Cernuda, Jose Gorostiza, Clara Janes, Anna Swir, Milan Rufus entre otros. Es fundador y editor en jefe de Antología Persa de Poesía Mundial desde el 2007. Su poesía ha sido traducida a varios idiomas como inglés, árabe, francés y catalán. Ha proyectado sus documentales poéticos, “Querido Antonio” (sobre la poesía de Antonio Gamoneda), “Un poeta y su exilio” (sobre el exilio de Luis Cernuda en Mexico) en varios países como México, España y Portugal. Dejó Irán en 2009 y ha vivido en varios países de Europa. Actualmente reside en México D.F. donde trabaja en la elaboración de dos libros de poesía, un libro de ensayo sobre la fenomenología de la poesía y una película documental poética sobre la relación entre la infancia y la poesía.

Mayo 10, 2015

Los trabajadores del arte, entre la utopía y el archivo* - Boris GROYS

00090023.jpgDurante toda la época de la reproductibilidad técnica se habló mucho del fin de la subjetividad. Heidegger nos dijo que die Sprache spricht (la lengua habla), más que ser usada por un individuo, Marshall McLuhan nos dijo que el medio es el mensaje y luego, la deconstrucción derridiana y las máquinas de deseo deleuzianas nos enseñaron a deshacernos de las últimas ilusiones con respecto a la posibilidad de identificar y estabilizar una subjetividad. Sin embargo, ahora nuestra “alma digital” o “virtual” se volvió nuevamente rastreable y visible. Nuestra experiencia de la contemporaneidad se define no tanto por la presencia de las cosas para nosotros como espectadores como por presencia ante la mirada un espectador desconocido y oculto. Sin embargo, no conocemos a este espectador; no tenemos acceso a su imagen, si es que tiene una. En otros términos: el espectador universal oculto en Internet puede pensarse solo como sujeto de la conspiración universal. La reacción a esta conspiración universal necesariamente adopta la forma de una contra-conspiración: uno protege su alma del mal de ojo, del ojo malvado. La subjetividad contemporánea ya no puede descansar en su disolución en el flujo significante porque este flujo se volvió controlable y rastreable. Así, un nuevo sueño utópico surge, el verdadero sueño contemporáneo: el sueño de una palabra cuyo código indescifrable protegerá para siempre nuestra subjetividad. Queremos definirnos como un secreto más secreto que el secreto ontológico, el secreto que ni Dios puede descubrir. El ejemplo paradigmático de este sueño se encuentra en la práctica de WikiLeaks.

El objetivo de WikiLeaks habitualmente se piensa como la libre circulación de la información, el establecimiento de un libre acceso a los secretos del Estado. Pero, al mismo tiempo, la práctica de WikiLeaks demuestra que el acceso universal solo puede darse bajo la forma de una conspiración universal. En una entrevista, Julian Assange dice: “Entonces, si tu y yo nos ponemos de acuerdo sobre un código de encriptación particular, y es matemáticamente sólido, ni siquiera las fuerzas de cada superpotencia ejercida sobre ese código pueden romperlo. Aunque un Estado desee hacerle algo a una persona, simplemente puede no ser posible que ese Estado lo haga y, en ese sentido, las matemáticas y las personas son más fuertes que las superpotencias”. La transparencia se basa aquí en la radical falta de transparencia. La apertura universal se basa en la cerrazón más perfecta. El sujeto se hace oculto, invisible, se toma su tiempo para volverse operativo. La invisibilidad de la subjetividad contemporánea está garantizada en la medida en que su código de cifrado no pueda deshacerse, en la medida en que el sujeto permanezca en el anonimato, no identificable. Es la invisibilidad misma protegida con contraseña la que le garantiza a la subjetividad el control sobre sus operaciones y manifestaciones digitales.

Por supuesto, hablamos de Internet tal como la conocemos. Sin embargo, creo que es muy probable que el estado actual de Internet cambie radicalmente debido a las próximas guerras cibernéticas. Estas guerras cibernéticas ya se anuncian y van a destruir, o al menos a dañar seriamente Internet como medio de comunicación y como mercado dominante. El mundo contemporáneo se parece mucho al mundo del siglo XIX. Se trataba de un mundo definido por la política de apertura de mercados, el capitalismo creciente, la cultura de la fama, el retorno de la religión, el terrorismo y el contraterrorismo. La Primera Guerra Mundial destruyó este mundo e hizo imposible la política de apertura de mercados. Finalmente, los intereses geopolíticos y militares de los Estados-Nación individuales se mostraron como más potentes que sus intereses económicos. Siguió un largo período de guerras y revoluciones. Veamos lo que nos depara el futuro cercano.

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* Fragmento extraído del libro Volverse público / Las transformaciones del arte en el ágora contemporánea. Traducción Paola Cortes Rocca. Buenos Aires, Caja Negra, 2014.

Mayo 03, 2015

Crooners, máquinas de nostalgia - David García Casado

for-Women.jpgSi hay una forma de arte que esté más vinculada con la idea de nostalgia esa es la música. La melodía es una conexión sensible con el pasado, una vibración invisible que, combinada con ciertos aromas y ciertos recuerdos, puede generar una atmósfera paralela, irreal, una invocación de ciertas sensibilidades, de emociones que se albergan en la memoria sensible de nuestro cuerpo. El ritmo es la analogía perfecta del latido de nuestro corazón, que se acelera o se ralentiza en función de las emociones. Por último, la voz es una llamada de retorno, es la expresión del subconsciente, de todo aquello que quisimos decir pero no fuimos capaces de articular porque estábamos arrebatados por el instante. Poseemos esta facultad posiblemente desde la invención del micrófono y los aparatos de registro; dispositivos portátiles de las emociones, máquinas del tiempo, máquinas de nostalgia.

La película El Cantor de jazz abrió esa facultad a la imagen, la posibilidad de dar un rostro a aquel que nos hace volver atrás en el tiempo. Al Jolson cantando con la nostalgia de lo irrecuperable, de la infancia perdida, de los años que, estando entregados al instante, ajenos e indiferentes al porvenir, solo se viven a posteriori en la memoria. Esta facultad para la rememoración, para la huida de las realidades intolerables pero también para recuperar las emociones que no supimos definir -para inventarlas quizá- generó inevitablemente toda una industria que se hizo patente en la proliferación que tuvo lugar, especialmente en los años 50 y 60 de profesionales de la nostalgia: los cantantes denominados crooners, un término que surgió en los Estados Unidos para denominar a aquellos cantantes que desplegaban unos registros más íntimos, hablándole al oído de la audiencia, gracias a la posibilidad de amplificación de la, por entonces reciente, tecnología de los micrófonos.

Un crooner no es, como tradicionalmente se consideraba, un cantante profesional con excelentes aptitudes para desplegar un amplio rango vocal. El crooner no necesita tener unas excepcionales dotes de voz; basta con que sea capaz de hacer suyas las canciones, de respirarlas con estilo y dotarlas de un cuerpo y textura determinada. El secreto está en los modos de alargar las palabras, de hacerlas vibrar dulcemente y sostenerlas, para quizá terminar quebrándolas violentamente. Es un arte de seducción con un alto componente erótico que Paul Lombard (interpretado por Christopher Walken en When I live my life over again) sabe jugar y que le resulta adictivo. El propio Elvis sabía el poder que tenía su voz para provocar reacciones desatadas en la audiencia, especialmente la audiencia femenina. En realidad el poder de seducción no está en la palabra en sí, quizá tampoco en su significado, sino en el modo en que se enuncia, en el estilo de enunciación de, por ejemplo, "Love me tender" (Como Sailor le cantaba a Lula esta canción en Corazón salvaje de David Lynch).

El cantante por otro lado, no es necesariamente un escritor de canciones, de la misma manera que un compositor no necesariamente es un buen cantante. “¿Acaso se le echó en cara a Marlon Brando que no escribiera las líneas de sus diálogos?” (Dice Paul Lombard en la película), ¿por qué entonces el cantante ha de ser menos por interpretar las canciones de otro? El cantante solo ha de vivir las canciones, a su manera -my way cantaría Sinatra. Por eso tal vez también a Sinatra se le llamaría “la voz”, un apodo habitual en el show business.

“Nací así, no tuve elección, nací con el regalo de una voz de oro”, canta Leonard Cohen en The Tower of Song, la torre de la canción, esa especie de prisión que es el hall of fame, donde se reúnen las voces muertas (Nick Tosches, “Where dead voices gather”), donde la tos de Hank Williams noche tras noche resuena en los pasillos de la fama eterna. Sí, la voz del cantante es un regalo pero puede devenir también en maldición. Show must go on, dice el famoso eslogan; cuando la voz se convierte en mercancía, el intérprete se ve obligado a entregar su cuerpo y su vida entera para hacerla sonar, para que siga el show. Es la personificación del ego, retratado en el tiempo a través a las grabaciones y los álbumes editados, de las etapas de todo artista de larga carrera que en realidad son formas de adaptarse a los gustos y demandas de los tiempos. Paul Lombard pasado de moda -como propia la figura del crooner-, se refugia en los Hamptons, al Este de Nueva York, cuyo clima es tal vez la alegoría perfecta de la vida de un cantante: diez meses de frío, vegetación marchita y piscinas sucias y apenas dos meses de sol radiante, playa y romance. Tal vez toda forma de nostalgia sea la apelación a ese verano maravilloso de nuestros sueños al que queremos regresar, a través de una voz y una forma de vibrar peculiar que nos devuelve al sueño, al menos durante los tres o cuatro minutos que dura una canción.