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Noviembre 22, 2015

Hacia la pintura por la palabra (II) - David García Casado

LaVida.jpg“¿No era ello, el verbo, lo que siempre se ha pintado – lo que siempre se ha intentado pintar? ¿Qué, sino esa voz que nombra el mundo, en lo trazado por el pincel se imaginaba haber?”

José Luis Brea. Idea de claridad: la voz de la pintura. En El cristal se venga.


“Existen buenas razones para que todo lo que vemos en la naturaleza exterior sea ya en nosotros escritura, algo así como una especie de lenguaje de signos que, sin embargo, carece de lo más esencial, la pronunciación, la cual el hombre debe haberla recibido de alguna otra parte”

Franz von Baader. Citado en El origen del Trauerspiel alemán de Walter Benjamin.


Si, hay una vuelta a la pintura, pero por qué no habría de haberla. Mas allá de su condición de objeto único, favorable en el sistema del arte como elemento de especulación y símbolo de poder, la pintura per se es ejemplo emblemático de una “pulsación estilística” que puede extrapolarse, en las artes y en general, como una forma de extensión táctil hacia el mundo y la organización de sus signos. Esta pulsación estilística es el modo en que los hombres hacen uso de las artes y sus técnicas para nombrar, a su manera, lo que contemplan y lo que sienten, con la voluntad -a menudo ilusoria- de que la lectura de lo que en su tarea producen haga sonar en nosotros la “melodía” de la experiencia.

En verdad, cuando uno pasa por alto los efectos representacionales de una pintura y mira con atención la pura superficie pictórica, deja de buscar la imagen para encontrarse con procedimientos de inscripción más cercanos a la producción de trazo de la escritura. Es en realidad esta pulsación estilística de la mano -o sus formas intencionales de ocultarla- la que nos interesa como creadores en tanto en que partitura técnica, pero también en tanto como ejercicio alegórico de apelación a un cuerpo que se quiere nombrar, a un verbo, como lúcidamente detectó José Luis Brea. La imagen como totalidad o compendio de formas es indudablemente útil para un analista de los símbolos, para un historiador de las formas de representar el mundo. Pero todo estudio de la imagen es incompleto si pasa por alto la condición escritural de las imágenes, el modo particular (apelativo) con el que el pintor aplica pigmento en superficie con la voluntad de nombrar lo real. Las formas de aplicar el pigmento, de inscribir, de cortar, de borrar, de cerrar o dejar abierto el poro del lienzo, etc… constituyen la gramática de un procedimiento alegórico con el objeto de nombrar la experiencia y que solo algunos pintores -independientemente de su virtuosismo o “genética visual”- son capaces de dominar y a los que podemos llamar Maestros. Representar no es para ellos simplemente una traducción de la imagen mental en el lienzo sino una reproducción otra del lenguaje de las formas, una manera de expresar comprensión de los efectos que la realidad de las formas produce en el momento en el que “los objetos nos perciben” (Paul Klee, Diarios).

Una exposición retrospectiva de la obra del Maestro de la pintura Giorgio Morandi en David Zwirner Gallery de Nueva York (1) revela este proceso ya no de captura sino de aprendizaje y puesta en acción de la gramática de lo visual. El uso por parte de Morandi de los mismos referentes: botellas, vasijas, etc., así como el hecho de que muchas de ellas fueran simples maquetas de fabricadas como “dummies”, meros moldes sin otra función que la de servir como modelos, nos da a entender cómo la realidad en muchas ocasiones no sirve como referente, está tan contaminada por un uso práctico que impide ver la condición escritural del mundo de los artefactos. El término pictórico “naturaleza muerta” se encuentra aquí definido con precisión: una colección de objetos que han fallecido como elementos prácticos del mundo para destinarse al trabajo pictórico. Para Morandi el hecho de la repetición de los mismos objetos, en diferentes configuraciones y proximidades, denota que hay una supresión de lo simbólico, del elemento “vanitas”. Una voluntad de comprender lo real y reescribirlo en el lienzo, como la escritura de una partitura que, ejecutada – en la propia pintura, pero también en las huellas que permiten apreciar su recorrido-, se convierte en experiencia.

Esta “gramática de lo visual” se observa quizá con mayor claridad en los pliegues de las formas, en la línea rota que explica el volumen imperfecto de una vasija o una pieza de fruta, en la transición de un claroscuro... Los mejores pintores, los maestros, no son entonces quienes hacen gala del hiperrealismo y sus formas de “esconder la mano” sino quienes permiten e incluso utilizan la torpeza, el tartamudeo de nuestras formas de representar. Es ahí donde se hacen mas patentes las maneras de hacer visible o de ocultar nuestro deseo de nombrar lo real, de escribirlo alegóricamente como una llave que nos da acceso a una experiencia profunda más allá de la retina, a una experiencia de conocimiento.


(1) Giorgio Morandi. Zavid Zwirner Gallery. Nueva York. 6 de Noviembre a 19 de Diciembre del 2015.

Noviembre 15, 2015

Autorretrato del blasfemo* - Hervé Le Tellier

hqdefault-1.jpgMi oficio consiste en blasfemar desde la tierra de aquí abajo hasta lo alto de los cielos. En blasfemar lo más fuerte posible. Es un oficio de hombres libres. Primero porque cuando está en la tierra de aquí abajo, el hombre libre tiene ganas de blasfemar hacia lo alto de los cielos, y luego porque cuando hay varios hombres libres en la tierra de aquí abajo, todos quieren blasfemar hacia lo alto de los cielos más fuerte que los demás.

Un oficio humano,

Soy blasfemo.

Tuvimos a Juliano el Apóstata, tuvimos a Spinoza, tuvimos al caballero de La Barre, tuvimos a Alfred Jarry, tuvimos a Salman Rushdie, tuvimos a los caricaturistas daneses y ahora estoy yo. Este año voy a ser un excomulgado y, en la próxima reunión de la Unión Racionalista ganaré la medalla del ateísmo.

Soy el hombre más equilibrado de aquí abajo, el más tranquilo, el más escéptico, y mi trabajo consiste en generar desequilibrio.

Todos los grandes blasfemos generan desequilibrio.

Blasfemar más fuerte es antes que nada blasfemar de otra manera; con el fin de sembrar la inquietud y luego la duda. Para quitar el miedo. Blasfemar de tal forma que los demás estén convencidos de que os va a partir un rayo ahí mismo, hasta que una generación entera blasfeme como tú.

En una vida de blasfemo, no se puede inventar más que un desequilibrio genial, uno y solo uno.

Los caricaturistas daneses llegaron al circuito con su fama de "garrapateadores de Mahoma", dos temporadas después los cincuenta mejores blasfemos de la prensa satítica blasfemaban como ellos.
Ahora estoy yo.

Ser un gran blasfemo es una condición que exige una entrega absoluta y una concentración total. Maldigo cuando veo a los curas con la sotana puesta en pleno verano. Vivo con la Torá, los Evangelios y el Corán en la mochila para maldecir mejor. Guiño el ojo al bulto con burka y al lubavitch con sombrero porque sé que me ayudan a maldecir. Le doy la paliza a la beata de mi tía, que es gilipollas, porque sé que eso me ayuda maldecir.

Coged a dos hombres en igualdad de escepticismo y de incredulidad, en la misma iglesia ponedlos uno al lado del otro, y siempre soy yo el que maldice más rápido.

El "Puta Virgen" que se le escupe al scout que aguanta la estatua de María durante la misa del 15 de agosto lo hago yo mil veces por semana. El gargajo en la pila del agua bendita de la basílica el Sagrado Corazón, ese que se lanza con lengua de plomo, lo hago yo todas las noches al acostarme. Me conozco al dedillo todas las mezquitas de Barbès y, a cero por hora, veo a los muftíes postrarse al ralentí.

También me preparo para esas situaciones blandas e imprecisas que nos imponen los azares de los discursos en los entierros de los amigos. Esas ceremonias retorcidas que permiten a un John Cleese, el humorista cara de palo de Monty Python, gritar "fuck" en una iglesia baptista.

Todo cuenta en tu carrera.

Un día, el tono de tu voz se convierte en lo esencial. Es el tono de voz lo que determina el sacrilegio. Le has dado la vuelta al crucifijo, le has pintado bigotes a la Virgen con el Niño, te ha entrado la risa tonta y has perdido por dos decibelios en Notre Dame porque al acercarte al altar, bajo el crucifijo, te has preguntado si el monaguillo te escucharía decirle a Jesús en la cruz: "¿Tienes vértigo o qué, acróbata?"

Cuando duermo, trabajo, al comer piononos, trabajo. Diseño mis pullas, modelo mis chanzas. Mi racionalismo y mi materialismo son inquebrantables, tengo siempre en la mirada burlona la marca de mi absoluto desprecio.

En cuanto el monje oscurantista me provoca con su sotana color cuervo, libera toneladas de trabajo. Después queda un blasfemo en la capilla que ya no tiene ni ojos, ni cabeza, ni piernas, y que maldice para blasfemar hacia lo alto de los cielos más fuerte que los demás hombres.


Es la regla.

Y luego está ese momento que inevitablemente llega en una vida, el único momento de verdadero reposo, de reposo absoluto. El reposo del blasfemo.

Has superado con éxito el "Disculpe, padre, ¿no tendría una veintena de sotanas? Es para el Oulipo", entras en la capilla gótica con gorra y gafas de sol y, para ver mejor un trampantojo, cometes ese minúsculo error de trayectoria, ese pequeño fallo estúpido (que no es de genuflexión) que te aparta unos centímetros de la posición ideal. Y ahí llega el verdadero reposo, el reposo inmenso. Ya has metido un pie bajo la alfombra, luego enseguida has perdido el equilibrio y toda la dignidad.

Ya nada tiene importancia, ya no eres blasfemo, tus sarcasmos se relajan, tu mente crítica se libera, sabes que, me cago en Dios la puta que parió a la catedral de los cojones, vas a abrirte la cabeza.


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* Fragmento del libro que recién publica La uÑa RoTa
Es un oficio de hombres / Oulipo, Traducción Panlo M. Sánchez, Segovia, 2015.

Noviembre 08, 2015

En defensa de la escritura (y, por extensión, de Mario Bellatin) – María Virginia Jaua

10985380_10153617599724274.jpg“Mi patria es la lengua”

En principio esta frase ha sido usada por muchos escritores que se han visto desposeídos por el terror de Estado y la violencia (1), haciéndola suya, a falta de otra casa, a falta de otra “patria” o como una crítica sutil a los nacionalismos y a las lógicas aberrantes de las burocracias institucionalizadas que ahogan y oprimen a los espíritus libres.

Esas mismas lógicas aberrantes y sin rostro –que no dejan escapar nada– se apropian de ella, de la frase, para convertirla en una consigna más de las "políticas culturales”. Lo vemos cada año en las ferias de libros y en otros actos, en donde muchos de los funcionarios, que fungen como editores de grandes corporativos, las usan y las desgastan con el fin de vestir e impulsar sus negocios a ambos lados del Atlántico.

Resulta curioso que en esta compleja relación cultural que mantiene España con los países de América Latina, cuando se trata de posicionarse y hacer valer los derechos de un escritor, la patria deja de ser la lengua. La patria –entonces– es otra cosa. Ya no se sabe qué es, se ve como algo ajeno, que concierne al otro y por lo tanto, ya verá él cómo se las arregla. O para decirlo en clave decolonial: “eso es asunto de indios, de las Américas, por lo tanto, no es nuestro y no nos concierne”.

Bastante curioso, como por arte de magia desaparece esa idea que nos hermana y nos convierte en una de las comunidades ligüísticas más grandes del mundo.

No otra cosa es lo que ahora mismo sucede con, lo que llamaré aquí, el caso Mario Bellatin. Quien desde hace meses está siendo objeto y víctima, no sólo de un despojo de sus derechos de autor y, por lo tanto, de su trabajo como escritor, es decir, de su propio ser; sino que, además, se ha visto amenazado y llevado a juicio por –uno de los principales agentes de esa utópica patria del escritor- uno de los conglomerados culturales más grandes y poderosos: el grupo Planeta.

Hasta el día de ayer (6 de noviembre) en que, -una de las filiales del grupo, Tusquets México, publicó un escueto y falseado comunicado en La jornada, un diario mexicano de circulación nacional-, se había mantenido en absoluto silencio. El motivo que ahora les impulsa a salir de su “búnker” es que varios escritores en México -y en otras partes- han comenzado a movilizarse en apoyo a Mario Bellatin, tanto en las redes sociales (2) como en algunos medios (3). Y esto ya comienza a causar malestar entre los funcionarios de las “consignas” que nos hermanan, por el daño a la imagen del grupo editorial.

El caso, para quien lea estas líneas, se podría resumir de la siguiente manera: hace 20 años Mario Bellatin publicó una de las grandes obras de la literatura contemporánea Salón de Belleza. Con motivo de los 20 años de la publicación de ese libro, Tusquets decidió hacer una edición conmemorativa y de buena fe, el escritor envió un texto (en proceso) para que el “editor” diera su visto bueno y Bellatin, que es en sí mismo una máquina de escritura, reescribiera la novela. Esto supondría otro libro y por lo tanto otro contrato.

Sin embargo, aquí viene la parte turbia del asunto, el editor optó por añadir el texto sin el previo consentimiento del autor y además resolvió –de manera audaz– publicarlo, falseando todo, incluso la misma portada, en la que se anuncia los 20 años de la editorial, cuando en realidad se trata de los 20 años del libro de Bellatin.

Con bastante humor, Mario hizo mofa de ello y denunció a principios de agosto, cuando comenzaron a distribuirse los primeros ejemplares:

Lo vuelvo a señalar... este libro, cuyo verdadero título es Salón de Belleza: el Regreso -Los Muertos entierran a los Muertos- ha sido publicado de manera abusiva y contra la voluntad explícita del autor por la editorial Planeta-Tusquets. Está muy próximo el anuncio de la liberación total de sus derechos por parte del autor -pasará a ser un libro de dominio público- y se anunciará la próxima puesta en escena de semejante atropello, dirigida por el director Héctor Bourges... es uno de los pocos casos en los que las prácticas deshonestas pueden producir buenos resultados... 4

Pero la trampa estaba hecha, amparada "legalmente" por una cláusula leonina –que ningún escritor debería aceptar, y que Bellatin firmó en los años 90, antes de convertirse en uno de los escritores contemporáneos de referencia, por la que se estipula que el contrato de 15 años de duración se renueva de manera automática. Esta cláusula es absolutamente un despropósito, pero es que además, el libro publicado no es el mismo, puesto que la intención de Bellatin era hacer otro y el procedimiento del editor de no respetar su oficio, publicando un “borrador”, que el escritor había enviado para obtener el visto bueno y seguir adelante con el trabajo de escritura, deja al descubierto una mala práctica.

No sabemos si esta mala práctica del oficio editorial ha sido simplemente una metedura de pata (algo poco creíble pero no imposible) o un deliberado acto de mala fe. Lo que sí sabemos, por la acción judicial de Tusquets México contra Mario Bellatin –que ahora pretenden ocultar– y por las amenazas al escritor de no ventilar el asunto, es que esta industria cultural no quiere sentar un precedente, por el que muchos de los autores mexicanos, que han firmado esos contratos “ilegales”, reclamen sus derechos y soliciten una revisión de los mismos.

Tampoco quieren soltar los derechos de esta obra emblemática de Bellatin, ya que desde el principio el autor propuso llegar a un acuerdo, si se establecía un nuevo contrato, con unas cláusulas y unas condiciones acordes al respeto que merecen tanto su persona como su obra.

Pero quizás lo más grave de todo sea que el grupo Planeta en España, lo que supondríamos una institución cultural para la que “la patria es la lengua”, se desentienda por completo del atropello y la violencia a un autor que forma parte importante de ese anhelo que subyace en todo escritor, el de que la lengua, la materia literaria, no sea el castigo y el desprecio por la vía "legal", sino un lugar habitable, una casa, la suya.


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Notas

1 Pienso por ejemplo en Juan Gelman y en muchos otros escritores tanto de España como de América.

2 Véase la carta en apoyo a Mario Bellatin que muchos creadores, escritores e intelectuales han firmado en: https://www.facebook.com/notes/frédéric-yves-jeannet/carta-de-apoyo-a-mario-bellatin/520829438085310

3 Véase también el excelente texto que escribió y publicó el crítico Christopher Domínguez en El Universal.

4 Este testimonio publicado en fb el 7 de agosto acompaña la portada del libro desautorizado por el autor.
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