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Diciembre 19, 2004

John Cage: El concierto ‘eterno’

Reenviamos la reseña de ARNAU HORTA sobre El concierto ‘eterno’ de John Cage, publicada en LA VANGUARDIA DIGITAL

sc1322a7158182.jpgLa interpretación de ‘Organ2 / As Slow As Possible’, partitura de Cage para órgano, se inició en el año 2000 y finalizará en el 2639

Si las notas del órgano suenan indefinidamente, ¿cómo cumplir con la especificación del autor de tocar la obra “lo más lentamente posible”?
 
La obra y el pensamiento de John Cage (1912-1992) se proyectan 639 años hacia el futuro a través de su pieza para órgano Organ2 / As Slow As Possible, una obra compuesta originalmente en 1985 que, tal como se especifica en su partitura, debe interpretarse “lo más lentamente posible”. En su primera ejecución al piano, la pieza duró alrededor de diez minutos, sin embargo, determinar la duración en su versión para órgano (que Cage dedicó en 1987 al organista Gerd Zacher) supone un problema de difícil resolución. A diferencia de lo que sucede con el piano, en el que las notas se desvanecen a medida que la vibración de las cuerdas cesa, el órgano hace sonar las notas indefinidamente. Entonces, ¿cómo cumplir con la especificación de tocar “lo más lentamente posible” si el sonido de cada nota en si mismo se plantea como algo infinito? La respuesta a esa pregunta es, más allá de lo estrictamente musical, una cuestión de carácter filosófico y pone de relieve la eterna problemática del tiempo en el trabajo de John Cage.

En 1998, seis años después de la muerte del compositor, se organizó una conferencia en la que distintos musicólogos, filósofos e historiadores discutieron y propusieron distintas soluciones a la cuestión de cómo se puede interpretar la pieza realmente “lo más lentamente posible”. Las propuestas fueron diversas: ¿Debía la pieza durar todo el tiempo que el organista pudiera permanecer despierto? O más aún, ¿debía ésta durar todo el tiempo que el organista vivera?

Finalmente, se escogió la propuesta del compositor y organista sueco Hans-Ola Ericsson: la pieza debía durar el mismo tiempo que un órgano. Fue entonces cuando, obviamente, surgió la siguiente pregunta: ¿y cuánto dura un órgano?

La respuesta a esa segunda cuestión tampoco era clara así que se optó por tomar la edad del órgano considerado más antiguo como tiempo de duración para la obra de Cage. Construido en 1361 por Nikolaus Faber, el órgano Blockwerk de la iglesia de Halberstadt (Alemania) fue el primero en incorporar la escala cromática en sus teclas y se considera el primer órgano fabricado con fines exclusivamente litúrgicos. Así pues, si el órgano de Halberstadt (destruido durante la Primera Guerra Mundial) fue construido en 1361 y la pieza se inició el año 2000 (utilizando un nuevo instrumento, fabricado ex profeso), el concierto debía durar 639 años.

Arte y vida

Como si se tratara del reverso de la pieza silenciosa 4'33'' (tal vez la obra más célebre de Cage, en la que nada suena durante cuatro minutos y treinta y tres segundos), el concierto eterno de Halberstadt recupera una serie de temas fundamentales y recurrentes en la música y en las ideas del compositor. La indeterminación, la atomización de la obra, la fusión de esta con la experiencia de lo real (la inserción del arte en la vida), la descentralización de la autoría y la puesta en crisis del estatus del intérprete o sujeto ejecutante son algunas de las cuestiones típicamente cageanas que afloran en el proyecto encabezado por Hans-Ola Ericsson.

La polémica alrededor del concierto de 639 años no se hicieron esperar. Poco después de iniciarse, los foros en internet dedicados a Cage se llenaron de comentarios a favor y en contra de la resolución de Ericsson de considerar los años de antigüedad del desaparecido órgano de Halberstadt como la duración que debía tener el concierto. Se criticó especialmente lo deshumanizado de la obra ya que ningún ser humano sería capaz de escuchar la obra completa si es que esta consiguiera llegar a su fin el año 2639. Ericsson, sin embargo, ve en la duración sobrehumana del concierto aspectos positivistas y, finalmente, humanistas: “A mi entender, el hecho de que nadie en el mundo vaya a poder escuchar la obra en su totalidad es algo profundamente bello. Esta idea eurocentrista que entiende la obra de arte como algo aprehensible me parece de lo más conservadora y dictada desde una excesiva necesidad de control. Cualquier cosa podría suceder durante los próximos seiscientos años, pero el hecho de iniciar el proyecto puede entenderse como un acto positivista, un acto de esperanza. Martin Lutero dijo en una ocasión: ‘Si supiera que el mundo va a acabar mañana, hoy plantaría un manzano’”.

Enviado el 19 de Diciembre. << Volver a la página principal <<

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