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Diciembre 03, 2004

Mucha policía, poca diversión

Reenviamos la reseña de Beste Bat! (en Sala Rekalde, Bilbao) firmada por MERY CUESTA 
REENVIADO DESDE LA VANGUARDIA - CULTURA|S el 01/12/2004

Fanxinoteka.jpgJuré que escribiría algún día un artículo con este título, y la ocasión se ha cruzado por arte de magia en mi camino. La consigna, sacada de un tema emblemático del grupo Eskorbuto, además de ser lema de las fiestas de Bilbao del 83 y manifestaciones varias, rezuma el espíritu de aquello llamado Rock Radical Vasco, un movimiento cultural de no retorno, nacido al calor del punk y de una coyuntura política estigmatizada por la herida sangrante de la identidad del pueblo vasco.

La Sala Rekalde recoge el testigo de lo ocurrido en aquellos convulsos años convirtiéndose en un nutrido archivo documental para la reflexión sobre la explosión del RRV. Aprovechando esta iniciativa, algunos tenemos la oportunidad de apuntar ciertas cuestiones sobre un tema que a día de hoy sigue siendo tratado con pinzas.

El RRV vive su época de esplendor entre 1983 y 1989, coincidiendo su fin con la disolución del grupo Kortatu. Es un movimiento post Movida madrileña, aunque ésta no se tomara como punto de referencia, pues su espíritu moderno y hedonista no hubiera tenía acomodo en un contexto vasco marginal, marcado por la heroína, la crisis económica, el paro y la cárcel, que alcanzaba su cota máxima en la Margen Izquierda de Bilbao (“Nosotros nos dedicamos a la música porque en las tiendas no venden metralletas”, diría Josu de Eskorbuto, natural de Santurce). Sin embargo, la denominación RRV nace de la urgencia de críticos musicales como el periodista de Egin, Jose M. Blasco por acuñar una etiqueta (como se había hecho con la Movida) que aglutinara toda aquella escena rabiosa e hiperactiva, donde se creaba un grupo cada dos días, se tocaba en locales que eran automáticamente clausurados, y los músicos eran conducidos previsiblemente a comisaría.

La cosa empezó a gestarse a partir del año 1980 con grupos como Eskorbuto, Cicatriz o Zarama. Las referencias musicales partían del punk inglés y grupos compadres como The Jam, The Clash o Madness. Pero el pistoletazo de salida oficial del RRV fue la actuación en el 83 de Las Vulpess en TVE, que, amén de provocar aquel célebre escándalo, fue la presentación a nivel nacional de lo que se cocía en Euskadi.

Lo que ocurrió a partir de aquí, lo resume de manera lúcida Roberto Moso de Zarama, al decir que al principio para los grupos “lo político no era demasiado partidista, era mucho más vivencial; luego llegaron los que trataron de capitalizarlo y en buena medida lo consiguieron”. El RRV en su análisis es diseccionable según dos modos de militancia: la vivencial y la política, dos enfoques que marcaron el camino por el que discurrió.

El RRV como fenómeno vivencial se ejemplariza en grupos como Zarama, Eskorbuto, Hertzainak y en general la sección más punk; ellos generaban el movimiento de un modo espontáneo, como reacción a la situación social precaria. Entonces ocurrió lo inevitable, un clásico: la fagocitación de lo underground por intereses políticos o económicos. Así, la izquierda abertzale aprovechó aquella energía y conexión con el público que caracterizaba a los grupos radicales que cantaban en euskera, para activar iniciativas como Martxa eta Borroka (Marcha y Lucha), una operación que aunaba música y política mediante la organización de conciertos. Kortatu y La Polla Records fueron grupos referenciales. De esta instrumentalización del RRV son testigo los carteles de los conciertos trufados de consignas y emblemas de HB, que a día de hoy han vuelto a crear polémica por su exposición pública en un espacio cultural como la Sala Rekalde. Que sigan hiriéndose susceptibilidades con carteles de hace veinte años es un indicador de la esclerosis crónica del panorama político vasco.

En Euskadi seguimos escuchando RRV sin nostalgia en los bares, y los discos de Kortatu continúan vendiéndose. La injusta perspectiva temporal nos transmite la impresión de que el RRV fue un movimiento de apología de la violencia, intoxicado por las drogas y las consignas políticas. Pero su valor reside en su capacidad de respuesta a la insatisfacción política y la marginalidad. Iñigo Muguruza de Kortatu medita: “Lo mejor fue la cantidad de gente que participo en Gaztetxes, radios libres, grupos de música... El RRV fue la banda sonora de lo que ocurrió. Lo peor fue la cantidad de gente que quedó en el camino”.

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