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Febrero 10, 2005

Pásalo !

[ El artículo que sigue, de José Luis Brea, se publicó originalmente en EXIT-express, en respuesta a una invitación de la publicación para seleccionar el acontecimiento considerado más relevante para el mundo artístico en el año 2004 ]

Pásalo !

El tema de esta columna no es “arte y política” –si lo fuera, no dudaría en afirmar que la red de conciencia quasipolítica autogenerada mediante el envío de SMS fue sin duda el más interesante de los acontecimientos que en el 2004 demostraron las capacidades de las (micro)prácticas de producción simbólica para intervenir en el curso de las cosas.

El tema de esta columna es más bien el de “arte y legitimidad política” y viene a cuento de la reflexión -que siguió al vuelco electoral, que siguió a la cadena de los pásalo- que se viene extendiendo con el tópico de que no es de recibo que a tenor de lo que digan las urnas proceda a cambiarse a los directores de los museos.

Sorprendente. Y digo sorprendente porque a nadie se le ocurriría defender que no es menester cambiar al director de la agencia de la energía, al de trabajo, al de educación secundaria, inmigración o al de políticas fiscales. Que se defienda que no hay que cambiar a los directores de los museos –juro que algunos hubiéramos ido a votar aunque sólo fuera por eso- resulta cuando menos desconcertante. Parece presuponer que las políticas culturales y artísticas no son tales políticas, o que no cabe hacerlas de unas u otras maneras. Y eso es, bien a las claras, una trampa saducea, que acaso oculte o los intereses de quedarse de los que estaban y sus cercanos, o los de acceder con rango vitalicio de los que no estaban y ahora andan organizándose en lobbies varios, desde los que aconsejar conveniente y apolíticamente a los políticos.

Me parece a mí que no: que en esto de las culturales y artísticas existen políticas, y que acaso (leída la excelentemente perfilada que el PSOE proponía en su programa) lo que quepa es lamentar que no se lleven a cabo, y que en su lugar se reproduzcan los compadreos con el poder fáctico (que en esto de las industrias culturales es el mediático, mucho más que el del mercado) que ya vienen de lejos, sustituyendo las conveniencias de la organización de consenso y espectáculo a las auténticas políticas artísticas (que, como digo, el PSOE esbozó muy bien en el diseño, pero incumple por completo en el ejercicio).

Acaso aquí de nuevo sería necesario recordarles el “no nos falles” y el compromiso adquirido, y que toda esta política de entreguismo clientelar a los medios mandantes que vienen practicando no es, ni mucho menos, lo prometido. Otros podrán haber aprendido ya que de no escuchar el clamor colectivo solo pueden seguirse fracasos y vuelcos históricos. Aquí esa inescucha es tan patente que nada debería extrañar que cualquier día de estos volviera a circular otra cadena ciudadana, pásalo, reclamando otras políticas para el arte y lo cultural –simplemente las prometidas cuando se declaraba con tanta convicción la conciencia de lo crucial del sector de la producción simbólica e inmaterial en el tránsito a las sociedades del conocimiento. Algo para lo que muy probablemente el equipo elegido –y de eso se trata: de que la elección de los equipos responda con idoneidad a los programas declarados, a las políticas en las que se cree y por las que se pide la confianza ciudadana- no parece desde luego el más idóneo.

Enviado el 10 de Febrero. << Volver a la página principal <<

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