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Marzo 25, 2005

De puertas adentro - BEA ESPEJO

Reenviamos reseña de Bea Espejo sobre la exposición de Thorsten Goldberg en Espai13 de la Fundaión Miró, Barcelona. Originalmente publicado en el CULTURAS de la Vanguardia el 23/03/2005

Smart

Parece una historia inocente pero, de puertas adentro, tiene más de astuta y sagaz que de ingenua.De extremadamente artificiosa.Es la manía personal, aquella que, ni tan siquiera de puertas afuera podemos apartar de la mente y que define nuestras ideas, deseos e inquietudes. Esas cosas que nos hacen diferentes a lo corriente y lo común. Unas obsesiones que nos sitúan en lo subjetivo unilateral: en un espacio de permanente cambio, independiente, parcial e incompleto, en el cual nuestros pensamientos se mueven por entre la espontaneidad de lo flexible.

Decía Harald Szeemann, fallecido hace apenas unas semanas, que en arte, sólo ese lado subjetivo unilateral podría, algún día, ser objetivamente valorizado. Era ésta la base de su tesis cuando proponía, en los setenta,un Museo de las Obsesionesc omou ne spacio de ideas en continuo desarrollo y en el cual la creación, cercana a la transgresión, se alejaría de los sistemas rígidos y preestablecidos. La obsesión, lejos de ser vista entonces como ese prejuicio negativo o esa idea fija que ofusca el entendimiento, era valorada desde su lado más positivo y creativo.Desde su habilidad más singular. Cercana a esta aproximación, Montse Badia nos presenta el trabajo de Thorsten Goldberg (Alemania, 1970), la cuarta de las exposiciones del ciclo Obsesiones (cero%estándar) que comisaría en el Espai 13.

Una nueva mirada a la idea de obsesión desde la persuasión y el entusiasmo, con una instalación que, mediante unas ideas tan delirantes como personales y un universo muy peculiar, pretende generar diferentes maneras de aproximarse al mundo y proponernos así nuevas maneras de entenderlo. Un cúmulo de realidades fragmentarias fruto de una inquietud basada en el detalle extremo definen, pues, esas cosas que suelen ser diferentes en la intimidad vistas por el artista. Por ejemplo, una conversación privada mantenida en un lugar público.

Muchas de las que el artista ha escuchado en diversos espacios públicos son ahora los diálogos que mantienen los dos personajes de la historia que nos propone. Un disco de algodón (para desmaquillar) y un coche Smart reproducen estas conversaciones en una irónica y casi surrealista charla sobre experiencias, ilusiones y conflictos personales. Una especie de pasarela hecha escenario entre ese algodoncillo gigante y el pequeño auto proyecta imágenes de los lugares anónimos desde los que el artista ha recogido los diálogos.Un apunte para localizar las historias que escuchamos que, lejos de contextualizar un espacio, provoca en el espectador ingeniosos desplazamientos.

No es esta la primera vez que el artista recurre en sus vídeos e instalaciones a referentes cotidianos a partir de los cuales realiza comentarios, aparentemente irrelevantes, que resultan ser observaciones críticas de nuestro presente.La vida en las ciudades frente al campo, las relaciones interpersonales, los modos y estilos de vida, la forma de vestir como alusión a la pertenencia a una comunidad, los reality shows,el estado del bienestar o los pormenores de pertenecer a una sociedad mediatizada son algunos de los temas que estos dos personajes acaban casi debatiendo. Conversaciones que, pese a parecer simples en boca de estos singulares objetos, no dejan de ser juicios de valor en tanto que declaraciones públicas y, por lo tanto, criterios y opiniones que poco tienen de inocentes.

Es la manera que, de forma traviesa y lúdica, usa el artista para acercarse a la que parece su principal obsesión: el uso y la percepción del tiempo. Un trabajo que mantiene, de puertas afuera, ese carácter complicado, enigmático e incomprensible que define cualquier tipo de inquietud, ofuscación o manía que tan peculiares nos hacen de puertas adentro.

Enviado el 25 de Marzo. << Volver a la página principal <<

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