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Abril 09, 2005

Arte, tiempo y realidad - JUAN MARTÍN PRADA

Reseña de Juan Martín Prada sobre la exposición FAST FORWARD. Avance rápido/ Media art en la colección Goetz / en el CENTRO CULTURAL CONDE DUQUE MADRID

Originalmente aparecida en Cultura|s de la Vanguardia el 06/04/2005

Fischli

Un tiempo acelerado. Así se ha definido una y otra vez la experiencia de nuestro presente, éste en el que parece que es cada vez más difícil resistirse a la entusiasta lógica publicitaria del "no hay tiempo que perder" o escapar de los efectos de la ansiedad que aquella inevitablemente conlleva.De hecho, hace ya más de treinta años Marshall McLuhan diagnosticó que la velocidad eléctrica propia del mundo de los medios de comunicación y sus tecnologías tendía a abolir el tiempo y el espacio de la conciencia humana al eliminar cualquier demora entre el efecto de un acontecimiento y el siguiente. Ciertamente, vivimos hoy en un permanente traslapamiento perceptivo de acontecimientos, eventos y situaciones que hace difícil pensarlos, que hace imposible valorarlos.

Darnos tiempo ante las imágenes parece hoy vital. Precisamente el título de la exposición Fast forward. Avance rápido que alberga estos días el Centro Cultural Conde Duque de Madrid remite a la experiencia de los hábitos acelerados de observación y consumo de las imágenes en los medios de comunicación y del ocio, al intenso y globalizado fluir de lo visual mediático. No obstante, la mayor parte de las obras expuestas apuntan, por el contrario, a la exigencia de una acción opuesta: la reclamación de un tiempo para la experiencia reflexiva de los medios y sus imágenes.

Si bien Jean Baudrillard afirmó en su ensayo La agonía de lo real que el sujeto "conecta un aparato para desconectar" refiriéndose irónicamente a nuestra paradójica relación con las tecnologías del entretenimiento cotidiano, el despliegue de tecnología electrónica propio de las cuarenta obras que componen esta exposición invita a un tiempo especialmente activo, reflexivo y crítico.

De ahí que frente a la impuesta aceleración del ver propia del vértigo mediático se sitúen aquí los abundantes juegos acerca de la velocidad del tiempo de observación, presentes en las videoinstalaciones de David Claerbout, Sam Taylor-Wood o Luca Pancrazzi entre otros. Calma, concentración y detenimiento en estas obras que demuestran cómo la modificación en el tiempo de procesamiento de las imágenes supone no sólo una transformación cualitativa de primer orden en lo que a su experiencia se refiere, sino también el punto de arranque de todo un fértil conjunto de posibilidades creativas.

Es también inevitable comprobar cómo muchas de las obras expuestas se apropian de los procedimientos y recursos más característicos del sistema mediático para dar lugar a experiencias más sutiles y reflexivas en torno a éste. Es el caso de las formas de la repetición, tan características de la publicidad televisiva, y que aparecen tematizadas y convertidas en recurso sintáctico prioritario en muchas de las propuestas más críticas, bien mediante la insistencia en el loop, como sucede en la interminable repetición llevada a cabo por Anri Sala en su Uomoduomo (2000) o en los paralelismos y reiteraciones de situaciones sacadas de su contexto original desarrolladas por Rineke Dijkstra.

Las apropiaciones de material fílmico o televisivo como base de trabajo de nuevas creaciones son aquí también recurrentes. Es de hecho mediante la reutilización de fragmentos raptados de diversas películas como Tracey Moffatt atenta contra el mito popular del instintivo genio creativo en su conocido vídeo Artista (1999). De especial interés en relación al uso de estas estrategias es también la videoinstalación de Pierre Huyghe La elipse (1998). En ella, su autor introduce toda una nueva secuencia en la película de Wim Wenders El amigo americano (1976-77) protagonizada por el mismo actor que la película original (Bruno Ganz), pero 20 años más tarde, eliminando de esta forma la separación de los órdenes temporales propios de la ficción fílmica y de la realidad de quien la representa como actor.

Asimismo, las aproximaciones de sesgo antropológico sobre la juventud y sus prácticas predominan en las obras seleccionadas. Andrea Bowers, por ejemplo, presta atención a las formas y espacios colectivos de diversión e interacción de los adolescentes y jóvenes a través de los karaokes y videojuegos de baile. El collage fílmico de Mark Leckey va incluso más lejos, centrándose en la disolución de la individualidad o el autoolvido en el tiempo compartido de la multitud juvenil por medio del montaje de imágenes rodadas en las noches interminables de baile northen soul de los años 70 o de los ecstasy raves de los 90.

Y no será, desde luego, optimista la visión que del sujeto contemporáneo nos llevaremos de esta exposición, representado en la sutilísima pieza de Aernout Mik Intermediarios (2001) como un ser carente de capacidad de actuación, como un simple efecto de expectación, o reducido en la obra Ojo criminal (1995), de Tony Oursler, a un ojo en cuya córnea se reflejan los destellos de un aparato de televisión, a un órgano de recepción visual sin cerebro, mera pantalla de proyección de las imágenes de los medios. |

Enviado el 09 de Abril. << Volver a la página principal <<

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