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Junio 05, 2005
el «aAbanderado» Antoni Muntadas - Anna Maria Guasch
Reenviamos el análisis de la participación de Muntadas en el Pabellón español de la Bienal de Venecia. Originalmente publicado en ABCD las artes y las letras
El próximo fin de semana, la bienal de venecia abrirá de nuevo sus puertas. El pabellón español será ocupado por antoni muntadas, cuyo proyecto, que diseccionamos en estas páginas de la mano del artista, niega las esencias de esta cita internacional.
Antoni Muntadas tampoco en esta ocasión ha renunciado al work in progress en el que lleva trabajando desde 1995, su macro-proyecto On Translation (con el que participó en otra de las grandes citas internacionales en 1997, la Documenta X de Catherine David, con su Internet Project). En este caso, el «aquí y ahora» de Venecia y, más en concreto, los Giardini como territorio de observación y claro precedente de los parques temáticos con sus metas pseudoculturales han supuesto un nuevo reto en el trabajo de Muntadas basado en la especificidad del lugar y en su reflexión sobre la traducción y los procesos de interpretación y codificación derivados de ésta. En este caso, el pabellón se convertirá en un «laboratorio» desde donde interactúan los diferentes mecanismos significantes que median entre el propio pabellón (lugar-nación), los Giardini (lugar físico, paisajístico y discursivo) y la bienal (lugar-territorio).
En este complejo proceso, un papel esencial lo asumen los Giardini, metáfora de una microciudad dentro de la macrociudad de Venecia, donde los procesos de traducción operan desde el concepto de espacio como jardín napoleónico, como exposición universal y, en la actualidad, como parque temático. Los Giardini, según Muntadas, se han vuelto obsoletos y no pueden seguir funcionando como máquina interactiva dedicada a la producción y contemplación de arte tal y como habían sido concebidos desde la primera Bienal en 1895, en la que, siguiendo el modelo de las exposiciones universales, se reunían y competían entre sí los distintos países.
Ante las nuevas estructuras geo- políticas del mundo globalizado y sus llamadas a la desterritorialización, más allá de la oposición binaria entre centro y periferia, se impone un nuevo modelo de bienal, una nueva relación entre las naciones: «Mi trabajo acerca de la especificidad del actual proyecto nació -afirma Muntadas- tras una inicial reflexión sobre este lugar-contenedor que son los Giardini concebidos como contexto, como espacio, territorio y sede. Siempre he pensado que la estructura de los Giardini era obsoleta como contenedor de un falso mapa del universo que situaba a unos en el mapa del arte y dejaba a otros en el olvido».
¿Qué es una nación? Paralelamente a esta reflexión, Muntadas acomete su trabajo en torno al pabellón español a partir de otra reflexión: la del concepto de nación, o mejor, la de post-nación con el consiguiente replanteamiento de los conceptos de identidad y diferencia: «La idea del pabellón -sostiene Muntadas en una entrevista con Mark Wigley- como representación de un país está obsoleta. La estructura de los Giardini para acoger arte está superada. La idea sigue en pie porque funciona como parque temático y resulta fácil para los artistas estructurar su obra, ver, representar, identificar cosas».
De ahí su radical intervención en la fachada del pabellón, y la inclusión de una pieza-cartel de gran formato de su serie Warning (Atenzione: La percepcione richiede impegno), que sigue las consignas de la publicidad, la propaganda y, en general, la comunicación mediática. La presencia de este eslogan (con el que Muntadas lleva trabajando desde 1999) enfatiza la paradoja visual que sobrepasa el ámbito estricto del espacio expositivo para inscribirse en un espacio de referencias más amplio, en el sentido de ir más allá de la idea de nación.
Ya en el interior, Muntadas convierte el gran espacio central del pabellón en un gran hall rodeado por una secuencia de espacios con una selección de distintos proyectos On Translation (Stand By, 2005; On View, 2004; The Interview, 2002; The
Bookstore, 2001; entre otros) en una zona de transito, en un espacio híbrido y cercano a lo que Marc Augé denomina el no-lugar: un lugar que no puede definirse ni como identitario, ni como relacional, ni como histórico. Un lugar, en definitiva, antropológico.
Para ser usados. Para este «no-lugar» Muntadas ha concebido objetos, textos, imágenes y mobiliario no sólo para ser vistos por el espectador, sino para ser usados por éste. De ahí la presencia de asientos (encuentros), de un quiosco (información), de pantallas (preguntas y rumores) y de cajas de luz (stand by) en un «ambiente» que tanto recuerda a una sala de espera de un aeropuerto, a un vestíbulo de un espacio informativo, y que, al tiempo que garantizará al visitante una «zona de descanso», le ofrecerá un cúmulo de estímulos visuales y auditivos (sonido exterior) y le incitará a nuevos comportamientos «al margen» de lo expositivo. En este sentido, destacaríamos las grandes cajas de luz (stand by) de gente anónima y absorta haciendo colas en diferentes lugares y perdiendo el tiempo en situaciones de espera, reproduciendo una imagen típica y tópica (casi un ritual) del llamado turismo cultural («El protocolo supone esperar para ver algo, pero sin saber exactamente lo que hay que ver»), así como las 65 fotos de la historia de los pabellones, a modo de «mapa» de una bienal que nació con la etiqueta de lo universal y que en la actualidad está globalizada.
Muntadas insiste en denominar a este espacio «ambiente» y separarlo de las nociones de environment e instalación, entendiendo por ambiente, no las paredes del espacio de exposición, sino los espacios construidos (en este caso, por el artista, en estrecho contacto con Bartomeu Marí) a modo de «plazas», en función del comportamiento del espectador y de sus diálogos, siempre bajo el signo de la traducción con el «espacio público». Y, en todos los casos, repensando las nociones de interactividad. Y en una vía paralela a la planteada por algunos teóricos culturales en el ámbito de lo poscolonial, lo que está haciendo implícitamente Muntadas no es sólo declarar anticuado el concepto de nación como «identidad», sino pensar en una nueva etnicidad que sería transnacional y reclamaría un nuevo entendimiento de la relación entre la Historia y los agentes sociales; el campo de los afectos y el de la política; los factores a gran escala y los locales.
Como en disneYlandia. La finalidad del arte -viene a decir Muntadas- ya no consiste en mantener una hegemonía universalista, ni una geopolítica de ficción basada en una mitología según la cual la realidad de los países sólo puede experimentarse en el contexto de las guerras. En este sentido, pueden resultar muy esclarecedoras las palabras de Mark Wigley en la entrevista a Muntadas: «Cuanto más ondea una bandera, menos segura es la estabilidad de la nación a la que representa. Cuanto más se siente la excepcionalidad de un lugar, menos se necesita hacer ondear una bandera.
Cuanto mayor es el nerviosismo por la identidad perdida, más se agita la bandera e, inevitablemente, más muertes se producen en nombre de la nación. El símbolo es un sustituto del objeto perdido. Los Giardini son de los pocos lugares en los que todo es como una fantasía. Al igual que en Disneylandia, todo está en su sitio».
Y, nos podemos preguntar, ¿qué lugar ocupa la Bienal? Y Muntadas es claro: la Bienal de Venecia, tanto desde una perspectiva histórica como de presente, es la que finalmente se convierte en el verdadero «filtro» de la traducción: «La Bienal es la que transforma, interpreta y traduce los Giardini según sus necesidades».
Enviado el 05 de Junio. << Volver a la página principal <<
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