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Julio 08, 2005

¡Cómo se ríe la medusa! - MANUEL ASENSI

Reenviamos este artículo sobre Hélène Cixous, de un magnífico dossier dedicado a la escritora por el suplemento CULTURA|S de LA VANGUARDIA DIGITAL. Recomendamos el conjunto de los artículos (de ANA NUÑO, DOMÈNEC FONT y XAVIER ANTICH, además de éste de Manuel Asensi que reenviamos)

Hubo un feminismo amazónico que rechazó la teoría debido a que ésta había sido producida por los representantes de la autoridad patriarcal. No fue este el caso de feministas como Julia Kristeva, Luce Irigaray, Catherine Clément o Hélène Cixous, y no porque no estuvieran de acuerdo con el hecho de que la teoría hubiera sido el producto de un conjunto de sociedades dominadas por el patriarcado, sino porque tenían presente la lección deconstructiva de que para acabar con algo, para hacerlo estallar, darle la vuelta, es mucho más efectivo hacerlo desde su interior. ¿Cómo demonios vamos a derribar la metafísica si no tenemos otro lenguaje más que el de la metafísica? Y conste que metafísica significa, entre otras cosas, solidaridad entre el falocentrismo y el logocentrismo (de donde surge el término falogocentrismo). Y vaya por delante que no se trata de tomar posesión para interiorizar, sino para romper barreras, dice ella. Esto es algo que no conviene tomarse a chirigota pues es mucho lo que está en juego. Y, desde luego, Cixous no gasta bromas con esta cuestión. Su producción es inmensa entre poemas, ensayos, teatro y artículos, pero esta manera de presentarla, en compartimentos más o menos estancos, no le hace justicia. ¿Por qué? Porque uno de sus objetivos a lo largo de toda esa producción ha sido y sigue siendo atacar las fronteras que separan la teoría del texto creativo. Con ello no se persigue que la teoría se convierta en ficción estética, inocua y entretenida, sino inscribir en la textura verbal de la teoría y la literatura a todo el cortejo de bellas durmientes, rechazadas, monedas de cambio, engañadas, etc. Dicho simple y llanamente: a la mujer.

Claro que Cixous no cae en un error en el que se sigue cayendo una y otra vez: identificar a la mujer con una entidad fisiológica determinada. En un primer momento es necesario recuperar, rehabilitar el elemento históricamente reprimido de una oposición binaria jerárquica como hombre/mujer, y denunciar bien claro quién ocupa la posición inferior. Y por eso: soy mujer, la mujer maltratada, mujer que no escribe más que como hombre, mujer… mujer… mujer. Pero a renglón seguido, hiedra insidiosa que se cuela por el árbol fuerte, el matiz: no confundamos el hombre con lo masculino ni la mujer con lo femenino, hay hombres que dan rienda suelta a su feminidad, hay mujeres que dan rienda suelta a su masculinidad. Posiblemente se trata de términos poco afortunados, pero era lo que había en aquellos años que se sitúan entre el 68 y el 75, años durante los que Cixous aparece como figura controvertida, como académica radical en la politizada Universidad de Vincennes. Fue entonces cuando publicó algunos de sus textos que más impacto han causado: La jeunne née (1975), La Venue à l´écriture (1977), Vivre l´orange (1979)...

En cualquier caso, el objetivo de su andanada era el discurso psicoanalítico tal y como había sido teorizado por Freud, especialmente acerca del problemad e la diferencia sexual. Cixous rechaza que el sujeto femenino sólo pueda definirse negativamente como alguien obligado a una serie de desplazamientos (del clítoris a la vagina, de la atracción por el cuerpo femenino a la atracción por el cuerpo masculino, de la sexualidad activa a la sexualidad pasiva) para convertirse en un sujeto normal. ¿Así que lo único que queremos es taparnos un agujero? ¿Me estás diciendo que el clítoris es un minipene y que cuando me lo froto lo que hago es una masturbación a la masculina manera? Ja, ja, ja… ¡Cómo se ríe la medusa! La explicación lacaniana acerca de la diferente manera que tienen lo masculino y lo femenino de habitar el orden de lo simbólico le parece a Cixous más útil, por cuanto permite llegar a la conclusión de que la sexualidad femenina y la mujer son irrepresentables dentro del orden simbólico.

Dado que las mujeres están menos atrapadas por ese orden de lo simbólico, se mueven de una manera más fluida e inestable. Cuando la escritora francesa utiliza a estas alturas el término mujer o mujeres lo hace indicando con ello tanto un cuerpo real como una posición significante en el sentido lacaniano.

Esto nos permite comprender dos ideas fundamentales puestas en circulación por Cixous: su noción de bisexualidad y su concepto de escritura femenina. Bisexualidad no significa el ser de dos sexos que aspira a la totalidad, sino más bien el ser fragmentario que abriga dos sexos que no borran la diferencia entre sí, más bien la animan. Ser bisexual significa en este contexto aceptar la presencia en mí de otra sexualidad irreducible a la que se me ha otorgado sea por prácticas performativas (como quiere Butler), sea por imposición institucional (como anunciaba Beauvoir). Ser bisexual quiere decir estar hecho de puras diferencias flotando en un universo de negatividades. ¿Y qué hay de la escritura femenina? Es un concepto difícil, problemático, discutido. ¿En qué medida se puede sexualizar un lenguaje que parece repetir una y otra vez la distancia que le separa del mundo fenoménico y, por tanto, de los cuerpos? En 1975 Cixous ya partía del supuesto de que era imposible definir una práctica femenina de la escritura, que ésta no se podía teorizar, encerrar, codificar, que es mirando hacia el futuro como se podía hablar de ella. Llama la atención que cuando Cixous circunscribe el proyecto futuro de una escritura femenina se aparte de Derrida. Hay que privilegiar, nos decía, la voz, porque es sólo en la voz donde la mujer (el hombre-mujer) lanza al viento su cuerpo tembloroso, donde marca el yo-cuerpo que la historia ha ido enterrando poco a poco. Por eso, Cixous escribe en primera persona, subrayando su yo particular, su yo sexual, su cuerpo, su historia, sus lecturas, sus pasiones, sus insultos, sus vómitos. Por eso hay que romper la gramática, la retórica, las reglas y códigos, hay que perforar el discurso. Por eso hay que reivindicar la poesía frente a la prosa, a Kleist y Shakespeare contra Balzac y Dickens. Por eso, mujer, por eso, hombre.

Enviado el 08 de Julio. << Volver a la página principal <<

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