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Julio 26, 2005

El nuevo plan maestro - Miguel Cereceda

originalmente aparecido en ABC 23 julio 05.

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La propia directora estaba muy sorprendida de la polémica que se había suscitado. Durante la presentación del Pabellón español de la Bienal de Venecia, a pesar de que fue la única autoridad allí presente que no intervino públicamente, fue sin embargo la única a la que de inmediato se dirigieron todos los periodistas, para someterla a un bombardeo de preguntas. El motivo sin embargo no era para menos, pues, con la presentación del nuevo plan director del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, no sólo se le cambia de un plumazo el nombre a la institución, sino que a la vez se renuncia a su carácter de Centro de Arte Contemporáneo.

La decisión es ciertamente grave y conflictiva, y no debería sorprender en absoluto a su directora, cuando ello supone posiblemente reabrir una polémica que el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía -con ese nombre ciertamente atrabiliario- había arrastrado desde su fundación. Si en su origen se pensó en un Centro de Arte, era en primer lugar por lo pobre de las colecciones originales que conformaban el fondo de partida, pero también por poder tener en nuestro país la presencia de alguna de las grandes exposiciones internacionales de arte contemporáneo. El debate entre Museo y Centro de Arte pareció cerrarse definitivamente con la ampliación del edificio de Jean Nouvel, que otorgó finalmente a la institución esa forma bifronte que su propio nombre proclamaba. Al apostar sin embargo por la forma Museo, frente a la de Centro de Arte contemporáneo, se generan sin embargo nuevos conflictos.

En primer lugar, al proclamarse abiertamente desde el primer párrafo, como un Museo de Historia del Arte del siglo XX, el Museo adopta la decisión de instalarse deliberadamente en el siglo pasado, abandonando cualquier compromiso con la contemporaneidad.

Al proclamarse en segundo lugar como Museo, se abandona la apuesta por mantener al Reina Sofía no sólo en el circuito de las grandes exposiciones internacionales, sino también por convertirse en productor y promotor del trabajo de los artistas. En el párrafo más conflictivo de todo su polémico enunciado, el nuevo Plan Museológico del Reina, afirma lo siguiente: "El Museo ya no puede abocar la mayor parte de sus energías a la «dinamización» del mundo español del arte, ni constituyéndose como galería institucional, o galería de galerías, o, como ya hemos dicho, «meta-galería» dirigista, ni haciéndolo como «meta-museo» de arte contemporáneo, impulsando mil exposiciones itinerantes con sus fondos, ni tampoco convertirse en un centro de exposiciones ajeno a las necesidades más profundas y de larga duración del Museo mismo, o, incluso, interferente con sus verdaderos fines".

Es evidente que una afirmación semejante ha sido tomada con mucha inquietud tanto por los artistas como por los galeristas que trabajan en la promoción del arte español contemporáneo. Si el Museo ya no está para la dinamización del mundo español del arte, ¿qué va a dinamizar entonces, el arte sueco? Y si el Museo ya no quiere comportarse como una galería de galerías -que es en último término donde se presenta en su mayor parte lo más importante del arte español contemporáneo- ¿quién va a apoyar institucionalmente a nuestros artistas, las casas de cultura municipales o las fundaciones de las cajas de ahorros? ¿Por qué se entiende que un centro de exposiciones «interfiere» con la actividad de un museo y no se acepta más bien que lo enriquece, le permite experimentar, apostar por .... y promocionar internacionalmente a determinados artistas, e incluso ir ampliando tentativa mente sus colecciones?

Todo el nuevo Plan Museológico del Reina se ha construido con un discurso sibilino, que desautoriza por un lado el gran relato de la Historia del Arte del siglo XX y, por otro, se mide constantemente respecto a él. Sólo desde esta perspectiva se afirma que «la gran masa [de la colección] está constituida por obras de artistas españoles, aún así con grandes huecos y ausencias, y, en una gran cantidad, de un interés puramente local». Y en vez de aceptar que el verdadero valor de las obras de arte depende en realidad de aquel discurso mítico o de los otros relatos que en torno a ellas se pueda formular, y de aceptar por tanto que es el propio Museo el que tiene la capacidad y la posibilidad de construir este relato, se acepta ingenuamente que en la obra misma «reside la verdad» y que ésta resplandece y genera discurso por mera yuxtaposición arbitraria de las obras. Hace ya muchos años que Francesc Torres afirmó que buena parte del arte contemporáneo no sería posible sin la producción y la promoción de los Museos y de los Centros de Arte. Si con esta decisión el Reina Sofía aspira a renunciar a uno de los objetivos más importantes del pujante arte español contemporáneo, que es precisamente su promoción internacional, no sólo debemos esperar bastante más polémica, sino posiblemente también algunas dimisiones. Pues desde luego, uno no entiende cómo el Patronato ha aceptado sin discusión un plan museo lógico semejante.

Enviado el 26 de Julio. << Volver a la página principal <<

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