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Agosto 10, 2005

Carles Congost - Yo no tengo miedo - BEA ESPEJO

Reenviamos reseña de la exposición de Carles Congost "Memorias de Arkaran" en el CENTRE D´ART SANTA MÒNICA de BARCELONA. Originalmente publicada en CULTURA|S de LA VANGUARDIA

Tampoco lo tiene Lucy, la adolescente fan de Kiss en Tonight´s the night (2003), aunque a sus padres, esas escapadas nocturnas que hace con su novio, les lleve al pánico profundo. Ni lo tienen los chicos de A. M. E. R. I. C. A. (2003) que matan tranquilamente su tiempo ante una escena de inminente peligro ambiental. Ni tan siquiera el joven deportista que, de repente, siente un Mystique determinado (2003) sobre él, que amenaza quedarse en su vida "por absolutamente un tiempo largo". Pasado el susto inicial, todos ellos se enfrentan a su destino. El miedo a todo lo que desestabiliza su entorno más inmediato: al control ambiguo entre el amor y el poder de los padres de Lucy, lo siniestro de algunas situaciones sobrecargadas de intensidad o el hecho de que se acaben los goles y la novia para asumir la condición de artista y las desconfianzas que ésta le presupone en el reducido círculo del arte. Historias sencillas pero que describen muy bien el tiempo que nos toca vivir en el que, como estos personajes, todos andamos un poco así, perdidos junto a alguna calamidad personal.

Lo llama Carles Congost (Olot, Girona, 1970) la cultura del miedo:todo aquello que egoístamente es visto como una amenaza si no se entiende o si perturba cualquier estabilidad, y que lleva irremediablemente a la incomprensión y la represión. Lo vemos de trasfondo en gran parte de sus trabajos anteriores y aparece de nuevo en el último de sus proyectos presentado estos días en el Centre d´Art Santa Mònica.

Congost cambia de forma, pero no de idea. Sigue estando la misma actitud equidistante y ambigua, la habitual iconografía consumista a medias entre los géneros subculturales y los códigos artísticos o la misma contaminación popular y televisiva de siempre. Aunque es ahora, el cine fantástico, el que le sirve para retratar de nuevo visiones, versiones y desacuerdos del entorno del arte actual. En sí, esa creciente ola de realismo político-social que acapara gran parte de la producción artística y desde la que a menudo la postura es - de nuevo otro hit de Astrud- "todo nos parece una mierda menos lo nuestro". Lo dice ya, aunque camuflado en una cadena de metáforas sin fin, en el primero de los quince capítulos del vídeo El cine de museo.O lo que es lo mismo, Arkarun, un lugar de incierto futuro en el que las decisiones las toman los sabios. Al otro lado del valle su contrario: Arkaran, como el pueblo inventado en Country Girls (2000), el último trabajo que del artista se había visto en la ciudad, también de la mano de Frederic Montornés, un lugar anárquico y feliz pero donde se presagia alguna tragedia. Es la tierra que se inventó a sí misma. Una ratonera donde los aristas luchan por un espacio lejos de la cólera y viejos resentimientos.

Relato épico
Toda la historia es un típico relato épico, con su rey que se muere, su reina que desespera, su príncipe artista, su hada del norte, su bruja malvada y su maestro mediador, todo él mata de pelo como el muñeco de Érase una vez el hombre.También aquí, como en los míticos dibujos sobre la evolución humana, hay buenos y malos, oposiciones y discordias, como no, una guerra: la lucha por salvar a un pueblo que está a punto de extinguirse. Es eso lo que va a sucederle a Arkaran.

De poco le sirve esta vez al príncipe y al resto de los artistas no tener miedo al futuro. Ni su coraje ni su lealtad, ni siquiera sus afilados pinceles logran cambiar la imagen que se tiene de ellos. "Eso que todo el mundo espera", dice Catalina en Política,el sexto de los capítulos. Y al final, como siempre, ganan los que tienen poderes.

Como esa mítica canción de Astrud para Mystique, un auténtico himno generacional, "habrá cosas que no entenderé, y preguntas por responder, gente increíble que me va a enseñar cosas increíbles de enseñar". Es ésta, la canción que el artista que va a ser, como en Nightmore (2001) a riesgo de que le alcancen las llamas, para ironizar sobre el tono épico y trascendente que algunos artistas y profesionales del arte utilizan para relatar sus hazañas.

Tal cual El señor de los anillos y su lucha por la verdad única.

Enviado el 10 de Agosto. << Volver a la página principal <<

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