« jeff Wall, la luz de la fotografía - Laura Revuelta | >> Portada << | Políticas de lo incurable - José Luis Pardo »
Agosto 14, 2005
Deseo de ser piel roja - Alberto Ruiz de Samaniego
Reenviamos esta reseña a propósito de la exposición de ANN-SOFI SIDÉN "3MPH (Horse to Rocket)" presentada en el CGAC de Santiago de Compostela. Originalmente publicada en | ABCD las artes y las letras |
La historia es suficientemente conocida: el 7 de julio de 2002, la sueca Ann-Sofi Sidén salió de viaje desde ArtPace, centro dedicado al arte contemporáneo en San Antonio (Texas), en dirección al Centro Espacial de la NASA de Houston. En 25 días y a 4,8 Km. por hora, cubrió a lomos de un caballo indio un trayecto de 440 kilómetros, atravesando la América rural.
El objeto de esta peculiar deriva era, según señala una hoja informativa del CGAC, «investigar a fondo un viaje a caballo, modo de transporte obsoleto, visto desde nuestro mundo altamente sofisticado en el que se da una gran importancia a la velocidad, y llevar a cabo un peregrinaje a un centro y una institución donde el futuro de los viajes tiene el potencial de evolucionar más allá de los confines de la atmósfera terrestre. Una yuxtaposición que permite llevar a cabo un análisis sobre el tiempo y la velocidad».
Nuestro tiempo.
Pero 3MPH es otra cosa bien distinta, que no tiene que ver tanto con el paso del tiempo como con nuestro tiempo. De hecho, más allá de estas premisas un tanto grandilocuentes, cuya enfática trascendencia nos hace pensar en una delirante superposición de los proyectos suprematistas de un Malevich con la épica bufa del Quijote ante los molinos de viento, 3MPH es en verdad un fresco videográfico -en formato panorámico, además - donde afloran de una manera tremendamente natural múltiples signos, paisajes y paisanaje de la Texas de hoy. La pieza es un scan en movimiento de derecha a izquierda de cinco proyecciones interrelacionadas cuyo montaje de 35 minutos -que condensa 40 horas de grabación-, evidencia una gran cantidad de estereotipos socioculturales que cualquier espectador identifica con la América profunda: suburbios, pequeñas villas agrícolas, carreteras comarcales olvidadas, porches, mecedoras y petos tejanos, centros comerciales, negritos que corren hacia la artista... Personajes y atrezzo de una historia también muy conocida.
Pero bajo esta narración road-movie circulan muchos intereses y signos en rotación indisciplinada; algunas lecturas que la propia Sidén de forma ciertamente sibilina ha querido mostrar, y otras que escapan a su intención para pasar a definirla a ella misma, incluso a nosotros. Obviemos banalidades que de nuevo la hoja informativa sugiere, del tipo «la artista parece ridiculizar el machismo asociado con los vaqueros», o la demagógica identificación con los «invisibles indios», y destaquemos cómo toda la pieza está estructurada en torno a un dispositivo de extrañamiento continuo sustentado en la participación de elementos de oposición dialéctica muy marcada y con connotaciones bastante complejas.
Entre lo negro y lo blanco.
Por ejemplo: observador extranjero observado a su vez con curiosidad no disimulada por los nativos; tránsito indisciplinado entre campo y ciudad; entre estatismo y movimiento; entre ruina o demolición y tecnología punta; entre naturaleza y artificio; entre eslóganes de una religiosidad puritana y saludos a los astronautas; entre policías enmascarados y rostros venidos como de posar ante Walker Evans. En fin, entre el pasado sureño -como quien dice: negro, rumoroso, olvidado, cansado y perdido en un limbo faulkneriano tipo Santuario- y el futuro yankie, impoluto, blanco y petrificado en el silencio titánico de la aeronáutica. Acaso Sidén nos quiera contar otra historia, no por reciente menos conocida: la realidad asfixiada en manos de un presente inane poblado tan sólo de signos donde se mixturan confusamente todos los tiempos, vuelta tierra baldía, inmensa ciénaga o desierto, pauperizada versión de un paraíso no cumplido que se puebla únicamente de detritus, óxido y putrefacción. Tal vez Texas sea una desolada metonimia del mundo todo, y en realidad en ese territorio llano e inmenso, anónimo y vasto por donde circulan todo tipo de paradojas no haya estricta diferencia entre un paleto puritano, un motorista del infierno o un yuppie de motel de carretera, todos igualados por un idéntico extrañamiento y una impropiedad ontológica que es como el aire de nuestra época. Entre esos dos puntos, una mujer a caballo manifiesta su deseo de ser piel roja por medio de un dispositivo altamente sofisticado de grabación digital que la acompaña con toda naturalidad en su deriva. ¿Es esto extraño o en realidad ya no cabe nada de qué extrañarse?
Enviado el 14 de Agosto. << Volver a la página principal <<
Pings de TrackBack
URL del Trackback para esta entrada:
http://salonkritik.net/MT/mt-tb.cgi/103
Comentarios
Publicar un comentario
Gracias por registrarse, . Ahora puede comentar. (salir)
(Si no dejó aquí ningún comentario anteriormente, quizás necesite aprobación por parte del dueño del sitio, antes de que el comentario aparezca. Hasta entonces, no se mostrará en la entrada. Gracias por su paciencia).