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Agosto 14, 2005

jeff Wall, la luz de la fotografía - Laura Revuelta

A propósito de la exposición JEFF WALL - Fotografías (1978-2004), en Shaulager, Basilea. Originalmente publicada en | ABCD las artes y las letras |

No cabe duda de que el discurso de la fotografía es interminable, que podemos escribir sobre ella y sus asuntos una semana tras otra sin descansar: bien porque últimamente nos aburre hasta la saciedad, bien porque descubrimos nuevos discursos, nuevos planteamientos en el oscuro devenir contemporáneo. Y en este punto nos vamos a detener: entre esa oscuridad a la que le llega un foco de luz y lo contemporáneo que se localiza en zona de sombra. Pese a que habrá a quien le duelan prendas a estas alturas de la historia, proclamamos a los cuatro vientos que la pintura no ha muerto, pero que no sólo se reinventa desde sus propios pigmentos, sino que también lo hace desde las técnicas revisitadas de la fotografía -la que fuera su gran enemiga- o del vídeo -al que también se han visto como gran enemigo de ambas- o de cualquier otro de los soportes vigentes, culpable de querer matar a alguien, o no. Enunciada así toda la trama, casi parece una comedia de enredo, y de tanto repetirla, hasta da risa. Si hay que proclamar una vez más el fin de las fronteras entre disciplinas artísticas, el enriquecimiento entre unas y otras -y de unas y otras- éste es un buen momento, justo frente a las fotografías que integran la exposición de Jeff Wall en el Schaulager de Basilea.

Por supuesto, también hay que reseñar en un pequeño paréntesis que el gigantesco espacio del Schaulager, diseñado por los arquitectos suizos Herzog & De Meuron -uno de sus trabajos más inteligentes, ricos y sutiles, que parece emerger del fondo de la Tierra-, acrecienta las sensaciones. Tras la parada en esta nueva catedral del arte contemporáneo -que se permite dedicar una sala en exclusividad y de por vida a uno de los más famosos montajes de Robert Gober (Sin título, 1995-1997)- la exposición de Jeff Wall viajará a la londinense Tate Modern, otra venerada catedral de nuestro tiempo, en el otoño próximo. Suponemos que las lecturas también allí pueden resultar distintas, dado el grado de influencia que la propia arquitectura de los espacios puede ejercer sobre las obras de arte contemporáneas, o no.

El fotógrafo canadiense Jeff Wall (Vancouver, 1946) presenta en el Schaulager un compendio de su quehacer, desde el año 1978 al 2004, unas setenta piezas, casi la totalidad de su obra que asciende a ciento veinte trabajos. El mero recorrido por las catorce salas lleva a rememorar el paseo por un museo al uso, es decir, -aunque el uso esté en desuso-, por lo que serían galerías de hermosos cuadros de época... Eso sí, de nuestra época.

Cuando nada se deja al azar.
Jeff Wall no hace otra cosa que no haya hecho siglo atrás una larga corte de pintores. Hasta los copia en el teatro de sus escenificaciones fotográficas. Nada de lo que retrata en sus fotos es consecuencia del azar. Cada una de las imágenes, congeladas en un golpe de cámara, está preparada, esconde entre bambalinas una meticulosa colocación de los distintos elementos de la escena. Es la realidad, sí, porque a ella se debe de una manera u otra, aunque tamizada por un exquisito filtro estético que no resta un ápice de profundidad o de autenticidad a las secuencias. Quizá sea tal detalle el que dote de un mayor rigor pictórico a las fotos de Jeff Wall. Pero ésta no es una sensación visual, un simple punto de vista del espectador, sino que el propio Wall lo ha reconocido en distintas entrevistas: «La pintura de la vida moderna es una actitud de mirar, de reflejar y de hacer».

Una de las piezas fundamentales de esta exposición, aunque sea el punto final del recorrido, bien puede resumir el afán pictorialista y contemporizador de Jeff Wall. Lleva por título After «Invisible Man», by Ralph Ellison, the Prologue (1999-2000), y se basa en la novela, casi homónima, de Ralph Ellison, Invisible Man (1952). En esta fotografía de grandes dimensiones reproduce uno de los más barrocos escenarios que podemos recordar: aparece un hombre negro bajo un agobiante, a la vez que frágil, techo de 1.369 bombillas, rodeado de todos sus enseres. El extraño surrealismo de la escena excede cualquier lógica, y la lograda atmósfera nada tendría que envidiar a la de los maestros de la pintura de todos los tiempos. Tampoco tendríamos por qué buscar similitudes, pero si rara nos parece aún La lección de anatomía, de Rembrandt, raro nos parece también este Invisible Man, de Jeff Wall, de espaldas a nuestra realidad y envuelto en una nube de luminoso y transparente aire. Y reconozcamos que ésta ha sido una asociación fruto del libre albedrío, del más puro imaginario personal; o no, porque Wall tiene una imagen, también expuesta aquí, que se titula Adrian Walker, Artist, Drawing from a Specimen in a Laboratory in the Deparment of Anatomy at the University of British Columbia, Vancouver (1992), que es lo que es: un profesor de anatomía dibujando. La asociación de ideas siempre es libre, y las coincidencias, sospechosas.

Encerrados en una caja.
El cuadro de Rembrandt contiene unos extraños focos -faroles de luz- que lo iluminan por zonas. Pero la luz del entorno de la foto de Wall no sólo es una cuestión de percepciones -ni de bombillas, por mucho que sumen más de mil en la foto antes citada- sino que él reconstruye los ambientes y los encierra en cajas de luz (transparencias sobre cajas de luz, sería la definición más exacta y técnica), esa modalidad tan extendida hoy en la fotografía, aunque en la mayoría de los casos no dé tan buenos resultados, y apenas aporte una artificiosa espectacularidad a las piezas, algo que luego resulta de sumo beneficio para la puesta en escena del mercado del arte.

Este luminoso hallazgo, en el caso de Jeff Wall, quien a buen seguro debe haber sido uno de los pioneros en este variante fotográfica, acentúa la aproximación al pictorialismo del siglo XIX. Como claro ejemplo, podemos rescatar su imagen de 1978, que abre la primera sala de esta exposición, titulada The Destroyed Room, inspirada en la obra de Delacroix La muerte de Sardanápalo (1827). Jeff Wall reconstruye en versión actualizada el histórico escenario de muerte y destrucción que pintara el
maestro francés. Al cabo, he aquí una fabulosa metáfora del eterno retorno de la Historia, la de los acontecimientos y la del propio arte. Nada muere, todo se reinventa (otro aviso para navegantes perdidos con la brújula de los tiempos). Antes de seguir visualizando esta exposición del Schaulager, conviene recordar que Wall tampoco es un caso aislado en esta indiscutible simbiosis entre pintura y fotografía. La británica Sam Taylor-Wood, otro de nuestros venerados artistas contemporáneos, también nos sirve para reivindicar la unión de las especies, y, por obvia elegancia, no vamos a citar ninguna de sus obras para sostener la teoría.

También oriente.
A Sudden Gust of Wind (After Hokusai) es otro de los trabajos de Jeff Wall del año 1993 que remite directamente, como su propio título indica, a la serie que
realizó Katsushika Hokusai entre 1830-1833 bajo el título de Thirty-Six Views of Mt Fuji, una de las piezas del arte japonés antiguo más conocida en Occidente. En el meticuloso trabajo de Wall, casi de procedimiento oriental, utilizó más de cien fotografías para componer el montaje digital definitivo, aquel que retrata, como el más sutil de los pintores, el movimiento del aire, la espiritualidad suspendida en el vacío de las cosas triviales, como un papel. Overpass (2001) recrea una similar y transcendente cotidianeidad.

De la pintura al cine.
Finalmente, en A Ventriloquist at a Birthday Party in October 1947 asistimos a otra de las excelentes recreaciones de Wall. En este caso, la imagen fechada en 1990, compone la escena familiar de un cumpleaños en la década de los cuarenta, pero este pasado reconstruido puede parecer siniestro: los globos anclados en el techo, y, en las piernas de la madre, un perfecto modelo de una época en el que un muñeco de considerable tamaño pareciera ir a ponerse a hablar. Es una escena no sólo pictórica, sino también cinematográfica. Como señala Wall todo se resume en «una reflexión entre lo contemporáneo, la Historia del Arte moderno y la estética».

Enviado el 14 de Agosto. << Volver a la página principal <<

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