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Septiembre 09, 2005
51 Bienal Internacional de Venecia - ANNA MARIA GUASCH
Mi encuentro casi fortuito con la obra cinematográfica de Antoine Prum, Mondo Veneziano en el Pabellón de Luxemburgo que como tantos otros pabellones nacionales, dada la imposibilidad “geopolítica” que tener un lugar a en los Giardini se esparcen casi perdidos en los palacios, iglesias y edificios varios de una Venecia, como siempre, lujuriosa de luz y radiante de belleza natural (otra de las paradojas de nuestro mundo globalizado cada vez más lleno de infranqueables divisiones jerárquicas ) nos ha dado algunas de las claves de presente edición de la Bienal de Venecia.
El film en cuestión, un ejercicio de “crítica institucional” protagonizado por un “curator”, un pintor y un teórico que transcurre en una Venecia desértica en medio de un general sentimiento de descontento e insatisfacción confirma dos de las direcciones que parece seguir el arte actual : la tendencia a la “post-producción” (manipulaciones secundarias como edición , efectos y otros ) y la recuperación del protagonismo de la figura del artista por encima del hasta hace poco omnipresente curator o comisario.
Un ejemplo.
La espectacular videoinstalación de Pipilotti Rist en la iglesia barroca de San Stae en el Gran Canal “Homo sapiens sapiens” que nos invita a tendernos en colchonetas en el suelo para gozar de una bóveda videográfica convertible en un paraíso terrenal del que se excluye toda presencia masculina. Como ejemplo, la rotundidad de las propuestas de algunos pabellones nacionales como el de Austria concebido por Hans Schabus como “escultura de lugar” donde el edificio tras perder su función como tal se convierte en soporte de una gran montaña de cartón piedra, una simulación de los Alpes que separan Italia de Austria, el de Francia con el un tanto circense y efectista “Casino “ de Annete Messager (con un más que cuestionado premio del Premio del Jurado al mejor pabellón), la revelación del pabellón chino en el Arsenale, el frío pero impecable norteamericano (Ed Ruscha) , el turco ( Hussein Chalayan) o el español con el “one man show” de Antoni Muntadas en el que éste hace las veces de artista y comparte el de comisario con Bartomeu Marí.
El desplazamiento hacia una cierta “dictadura del artista” se constata básicamente en las dos exposiciones temáticas de Rosa Martínez y María de Corral y sobretodo en su carácter “experiencial” y en su declarado deseo de minimizar el discurso teórico a favor de la fuerza intrínseca de las obras que acaban imponiendo narrativas particulares, locales, identitarias a veces un tanto deslabazadas sin verse respaldadas por un discurso de pensamiento unificador desde el que poder “contextualizar” teórica, pero geográfica y geopolíticamente las distintas aportaciones individuales.
Esta “bienal de los artistas” ni mejor o peor que una bienal con más acento comisarial ( como sin duda fueron las dos ediciones de Harald Szeemann o la de Francesco Bonami para poner ejemplos cercanos) tiene su mejor exponente en la muestra La experiencia del arte de María de Corral en el Pabellón de Italia cuya principal virtud o defecto según se mire, es el carácter museal de la misma que garantiza una experiencia “específicamente” artística, una experiencia que en palabras de María de Corral “sería más similar a un centro para la experimentación que a un cúmulo de certezas”. La pintura de galería no ha muerto, está en toda su plenitud. Corral construye su particular visión de la pintura de la segunda mitad del siglo XX desde Antoni Tàpies y Francis Bacon pasando por Philip Guston, Agnes Martin, Joan Hernández Pijuan, Marlene Dumas hasta las más jóvenes generaciones con Juan Uslé y Bernard Frize en un recorrido visualmente atractivo pero declaradamente personal (María de Corral no oculta que en lugar de presentar lo que ella llama “un falso modelo de universalidad” ha decidido escoger autores que le han acompañado a lo largo de extenso itinerario artístico) y, consecuentemente, poco arriesgado o justificado (¿es el mejor espacio de una Bienal para mostrar obras de Francis Bacon o Philip Guston , nos preguntamos?). Hay pero una cierta “perversidad” en el planteamiento de Corral: así y tras confirmar el liderazgo de la pintura abstracta sobre la figurativa en su “parcours” histórico, no obstante, no duda en cerrar este ciclo pictórico con una clara apuesta de carácter figurativo. Nos referimos al alemán Matthias Weischer, joven representante de la nueva pintura europea, que sin embargo no posee la fuerza de otros artistas de su generación como Neo Rausch.
Junto a la pintura siempre “pintura de calidad” más cercana a los presupuestos de “alta modernidad” que al “remix” de mezclas, apropiaciones y simulaciones posmodernas, se sitúan otras tipologías de obras como las fotográficas de Thomas Ruff, las escultóricas de los brasileños Jorge Damasceno y Cildo Meireles que, faltas un contexto que nos ayude a captar el valor poético y simbólico de la obra, palidecen ante los torsos del alemán Thomas Schütte que resuelven la conflictiva unión entre la tradición y la academia con lo más rigurosamente contemporáneo. Escasean pero las instalaciones objetuales . Así, frente a la un tanto monolítica del polonés Miroslaw Balka destacaríamos la mucho más sugerente del argentino Jorge Macchi con su intricado “network de densidades semánticas en forma de “hendiduras” o cortes o heridas, o hachazos depende de cómo querámoslos ver en la piel de paredes, muros y suelos. Pero sin lugar a dudas, donde Maria de Corral consigue la buscada mezcla entre lo real , lo poético y lo visionario es en las recurrentes videoinstalaciones de artistas como Candice Breitz, Francesco Vezzoli, Eija Liisa Athila, Vasco Araujo, Mark Wallinger, William Doherty y William Kentridge con los que hemos podido constatar que ante el impacto visual y narrativo del video la imagen bidimensional, fija y estática pierde buena dosis de su aura de “obra única” .
De la selección de Maria de Corral , suma espacial de sucesivos “cubos blancos” nos interesan algunas elecciones especialmente felices como las obras enigmáticas e irónicas de Orozco enfriadas por el formalismo del entorno, las de William Kentridge (sin duda la “vedette” de la muestra) , la serie de esculturas de Juan Muñoz Thirteen laughing at each other, 2001 y la instalación de la artista española Maider López, y su habilidad de desplazar el objeto hacia su entorno, lo invade, lo ocupa hasta el punto de que hace el espacio la propia obra. Las presencias de Barbara Kruger, Jenny Holzer al lado de otras artistas mujeres de generación más joven , la italiana Monica Bonvicini, la cubana Tania Bruguera o la británica Tacita Dean (estas dos últimas pensamos quedarían mejor ubicadas en el Arsenale) no logran explicar este buscado núcleo feminista y actvista de la muestra de Corral, cuyo reclamo a la experiencia nos lleva irremediablemente a pensar en la subjetividad , y ya se sabe desde lo subjetivo, en cuestión de gustos no hay nada escrito.
Respecto a la exposición de Rosa Martínez en el Arsenale Siempre un poco más lejos si a primera vista podríamos pensar que los espacios del Arsenale le quedan grandes (sobretodo en función de los vacíos que genera) no obstante pronto nos damos cuenta que Rosa Martínez y su “grupo” de artistas (muy vinculados a sus diversas experiencias curatoriales, siendo la más reciente la Bienal de Moscú) han acabado “dominando” a la fiera del Arsenale e imponiendo si no un guión o un discurso argumental sí un flujo de estímulos, ideas, shocks, sorpresas, dentro de una diversidad y “localidad” muy a tono con el pensamiento abierto, disperso, plural, “correcto” y sensible a la alteralidad de todo tipo y procedencia de Rosa Martínez. Aquí nada es excesivamente político, como nada es declaradamente banal o puramente espectacular (aunque de todo ello podemos encontrar en su “remix”) pero se detectan algunas líneas directrices que bajo el ecumenismo de la otredad, diferencia y localidad en un mundo globalizado logran crear, más allá del escueto titulo del personaje de Corto Maltese que da título a la muestra, de una incierta y diáfana filosofía del arte y la realidad.
El núcleo que condensaría el carácter más programático lo constituyen las tres obras con las que se abre el recorrido por el Arsenale: la obra sonora de Santiago Sierra y sus críticas irónicas a la propia estructura interna de la Bienal (es de destacar en este sentido como Sierra ha renunciado a un espacio de mayor “visibilidad personal” a favor un activismo que sin duda en otras coyunturas hubiera sido objeto de una clara censura), las declaraciones “incendiarias” (en clave feminista y de genero) de The Guerrilla Girls que se inician con el grito de batalla “”Donde están las artistas venecianas?” y la lámpara compuesta de 14.000 tampones (La novia, 2001) de la portuguesa Joana Vasconcelos. metáfora del romanticismo idílico que por lo común envuelve a la mujer.
Y a partir de ahí, y aunque ese inicial ardor se va diluyendo descubrimos a lo largo del recorrido del Arsenale una prominente columna vertebral o eje de orden matriarcal con la pieza sonora de Louise Bourgeois (El murmullo del agua cantando, 2002) y la recuperada artista turca Semiha Berksoy (fue cantante de opera, actriz , escritura y pintora y falleció en 2004) y su figuración “ deformada y desinhibida” como principio y fin de un recorrido en el que las verdaderas protagonistas son, entre otras, la guatemalteca Regina José Galindo , la colombiana Maria Teresa Hincapié, la española Pilar Albarracín, la paquistaní Runa Islam, la italiana Bruna Expósito, la brasileña Rivane Neuenschwander , la alemana Paloma Varga Weisz y la egipcia Ghada Amer. Artistas que nos van desgranando punto por punto las problemáticas de género, algunas más cercanas a la violencia de género ( de ahí la alusión a la violación en la reconstrucción del himen en la vagina de Galindo) ,otras a ciertos estereotipos femeninos avivados por anacrónicos nacionalismos, como la “mujer española” en el caso de Pilar Albarracín y así un largísimo etcétera que incluiría todo un amplio catálogo más de experiencias femeninas que de ideas femeninas . Ya Sartre lo señalaba: “las mujeres hablan desde su experiencia y los hombres sólo de ideas para parecer inteligentes”.
Experiencias pero que se acaban decantando hacia lo abiertamente espectacular ( de ahí una de las paradojas de la muestra) de la sofisticada obra de la japonesa Mariko Mori que parece desplazar el ortodoxo discurso feminista basado en la alteralidad hacia el triunfo de lo material y lo lúdico-participativo ( todos los que tras largas las colas lograban penetrar en este capsula de acrílico aperlado en forma de glóbulo ocular eran sometidos a un encefalograma que leía los impulsos alfa, beta y gama del cerebro). Es como si Rosa Martínez hubiera querido compensar esta dosis de espectáculo unida al tamaño descomunal de la pieza que tanto nos recordaba las monumentales aceros de Richard Serra de los que Szeemann nunca podía prescindir en sus exposiciones con el resto de los discursos presentes en el Arsenale, a nuestro juicio vagos y colaterales dentro de esta muestra claramente feminista . La voluntad de la comisaria de unir razón y utopía, pasión y melancolía, esperanza o desesperación y en general de crear nuevas posibilidades de pensamiento quedaban ejemplificadas en el macromontaje del alemán John Bock , con una “performance objetual” en cuyo caos desorden , suciedad y destrucción encontramos (en una vía muy cercana a la practicada por los norteamericanos Roades y McCarthy un cuestionamiento de los sistemas autoritarios de nuestra sociedad) . Pero también la instalación arquitectónico-lumínica del cubano Carlos Garaicoa , en el marco de sus ya habituales visiones de la arquitectura utópica y sobre la melancolía de la ruina , las reflexiones sobre el museo moderno del arquitecto holandés Rem Koolhaas, los videos rozando la comedia, la ironía y el humor de los artistas rusos Blue Noses o las fantasías sexuales del australiano afincado en Londres y ya fallecido Leigh Bowery , una nueva isla de intensidades en este archipiélago de individualidades que nos propone Rosa Martínez.
Quizás de la exposición que no dudaríamos en calificar de ágil, progresivamente atractiva y sugestiva y nunca aburrida lo que cuestionaríamos es el propio título (¿en que consiste este ir más allá? ¿no resulta un tanto sobrepasado el mero recurso al personaje ficcional creado por el escritor veneciano Hugo Prat en un momento donde parece que la fe en el progreso y la creencia en el futuro han perdido toda carta de naturaleza a favor de discursos que están al margen de todo horizonte finalista y de toda finalidad monótona?. Aquí se halla no sólo la gran paradoja de Rosa Martínez sino en general de una bienal que opone la singularidad y discontinuidad y convulsión de los sucesos, frente a una cada vez más imperiosa necesidad de volver a entender el mundo como unidad y como un encadenamiento de hechos en pro de la idea de progreso y de sus metas.
Enviado el 09 de Septiembre. << Volver a la página principal <<
Comentarios
He visitado recientemente la bienal y he visto el video Mondo Veneziano mientras comía un panino de salami con pomodoro, el panino estaba bien.
Publicado por: Juan Galdeano a las Septiembre 12, 2005 11:11 AM
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