« El esplendor de la era «Aquarius» - José Manuel Costa | >> Portada << | La medida de la locura - Jaume VIDAL OLIVERAS »

Septiembre 01, 2005

(Est) ética bulímica - JOANA HURTADO MATHEU

Reenviamos reseña de la exposición "Martin Parr Photographic works 1971-2000" presentada em MAISON EUROPÉENNE DE LA PHOTOGRAPHIE, PARÍS. Originalmente publicada en Culturas de La Vanguardia

Imágenes nítidas de los detalles más absurdos, colores estridentes ayudados por un flash despiadado y todo en brillantes copias láser. Es la serie Common sense de Martin Parr, un tipo de fotografía que le ha convertido en el paradigma del kitsch, esa estética que se lo come todo para después vomitarlo en una sala de estar. Un fotógrafo que roza lo anónimo porque lo invade todo, y al mismo tiempo es una firma que hoy reconocemos a la legua.

Pero la retrospectiva que presenta la Maison Européenne de la Photographie de París nos sorprende con otro Martin Parr. El principiante curioso, el que empezó en los años setenta con un blanco y negro de rugoso pixelado, con encuadres distantes y austeros, incluso armónicos. El más amargo, el de series como The last resort,las vacaciones de la prole en un balneario que las grúas están derribando, o One day trip,que retrata la avalancha de ingleses que viajan a Francia sólo para comprar la birra más barata, agotando existencias y peleándose por ello. Una exposición que revela la gestación y evolución de un estilo hoy demasiado encasillado y, por encima de todo, un monumento a la coherencia - esa rara avis del arte contemporáneo- de un artista que a pesar de los cambios siempre ha buscado divertirse.

Maestro del documental social, Martin Parr rastrea los gestos más vulgares del animal humano para captar el instante que los caricaturice, que los haga extraordinarios. Por eso se reivindica como el mejor amigo de lo peor de lo humano, y en especial de la sociedad británica a la que pertenece, clasista y elitista, pero con mucho sentido del humor y muy poco del ridículo. El sentimiento ambiguo que Parr siente por su país queda inmortalizado en su documental Think of England,un viaje que emprende a la búsqueda de la especificidad británica y donde descubrimos que el tópico esconde algo de verdad: pubs con barrigas cerveceras, hooligans,playeros gamba, así como abuelas protagonizando concursos de pies,mermeladas y sombreros.

Una sociedad hortera
Un humor ácido y discordante, el británico, que nos hace reír a carcajada en medio del espanto. Porque la cruda realidad que destapa Parr es la del turismo de masas, la moda y el consumo triunfante que va de la fashion victim al junk food,de la cultura McDonald´s a la estética del vernissage.Bocas abiertas, hileras de dientes, restos de pintalabios y mucho ketchup. Así nos enseña lo carnívoro de una sociedad que se avalancha al pinchito como a la fama: en carne viva, pero sin tocarse. Una mirada incisiva donde los extremos se tocan, la abundancia se vuelve aburrida y el exceso mentira. Chic es igual a kitsch y viceversa; y si todo es falso nada tiene valor, tampoco el Common sense.

Esto es Made in Parr, treinta años al acecho para subrayar lo irrisorio de la decadencia humana, lo ridículo de un (in) mundo tomado demasiado en serio. Un picotear insaciable y sin reparos, en el que no podía faltar la pasión por el coleccionismo, presente desde su trabajo de final de carrera, la instalación Home sweet home.Animales de porcelana, hules floreados, sofás de poliéster y todas las variantes de recuerdos con imágenes: postales, platos de pared, ceniceros, relojes... Parr analiza aquí el uso popular de la fotografía, donde el autor no importa, como en los típicos retratos de estudio comercial o el souvenir hortera. Por eso se pone ante la cámara en Selfportraits,para que la única aura esté alrededor del retratado.

Un progreso coherente, aunque no exento de dilemas. Por estas mismas fechas, Parr, que ha pasado de la independencia al establishment,apadrinado por la agencia Magnum y la editorial Phaidon, llegando a comisariar la última edi-ción de los Rencontres Internationales d´Arles, también expone en el Bon Marché de París - un Corte Inglés en versión chic parisino- y en el Atrium de la empresa de telefonía móvil Alcatel. "Soy hipócrita", declara, pues vive de lo que denuncia, claro ejemplo de la filiación posmoderna del autor. No añade comentarios, las escenas no van más allá de lo que muestran si no fuera porque plantean preguntas desde la evidencia. La crítica a la sociedad de consumo le lleva a mostrar lo que consume a la sociedad. Y aunque con el kitsch y las risas Parr se crea lejos de la estética y la ética, está claro que nunca podrá eludir a ninguna de las dos.

Enviado el 01 de Septiembre. << Volver a la página principal <<

Comentarios

Publicar un comentario

Gracias por registrarse, . Ahora puede comentar. (salir)

(Si no dejó aquí ningún comentario anteriormente, quizás necesite aprobación por parte del dueño del sitio, antes de que el comentario aparezca. Hasta entonces, no se mostrará en la entrada. Gracias por su paciencia).


¿Recordarme?