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Septiembre 09, 2005
«INSITE´05»Desparrame en la frontera - Alberto López Cuenca
Reenviamos reseña del Festival festival Insite'05, en la frontera Mexico - EEUU. Originalmente publicado en | ABCD las artes y las letras |
En el imaginario artístico, desde Octavio Paz a Camarón de la Isla, la frontera es habitualmente entendida como metáfora de hibridación e intercambio. En su acepción geográfica y política, las fronteras son menos benévolas, tornándose ejes divisorios, de exclusión y jerarquización social. Cierto que son más porosas de lo que se cree y muchos quisieran, pero no por ello menos inflexibles. En uno de los pasos fronterizos más transitados del mundo, el de Tijuana y San Diego, con más de sesenta millones de desplazamientos legales anuales, las ciudades de uno y otro lado de la línea se requieren en una dependencia desigual, una, emitiendo seductores destellos del imaginario capitalista y, otra, acumulando las sombrías urgencias vitales de Latinoamérica. De un lado, en Tijuana, las casas se apiñan ansiosas junto a la valla metálica y el alambre de púas; del otro, las colinas cuarteadas y trenzadas de sendas sólo permiten imaginar el desierto letal y el ir y venir de la border patrol. A pesar de la contundente separación impuesta por la barda, como escribe el imprescindible Mike Davis, «la frontera es un sistema de relaciones sociales».
Pues se necesitan e ignoran. Éste es el presupuesto que mueve a los organizadores de inSite, un evento de iniciativa fundamentalmente privada, que desde su primera edición en 1992 busca desplegar prácticas artísticas en el dominio público entre Tijuana y San Diego con el fin de hacer visibles las peculiaridades de sus relaciones sociales y, a ser posible, crear ámbitos de vivencias compartidas entre dos ciudades que se necesitan a la par que se ignoran y caricaturizan. Su entrega actual, comisariada por Osvaldo Sánchez y abierta hasta noviembre, consta de cuatro ejes temáticos. Uno de ellos es «Escenarios», que presenta el Mobile_Transborder Archive, una unidad móvil diseñada para desplazarse entre instituciones, universidades y bibliotecas de San Diego y Tijuana, para conectar a investigadores, activistas y colectivos diversos a través de un archivo itinerante de libros, fotografías, películas, narraciones orales y recursos on line. Más que poner en marcha un núcleo cargado de información, se busca que éste conecte archivos y colecciones de manera que se hagan visibles y accesibles a un mayor número de personas, trayendo a la luz temas prioritarios para esta zona. Una selección de los materiales de este archivo móvil puede consultarse en la página web de inSite 2005, www.insite05.org.
Límites más virtuales.
Precisamente, dentro de esta misma sección, Mark Tribe organiza «Tijuana calling», una reunión de trabajos que abordan desde la esfera ciberespacial cuestiones propias del área fronteriza, como migraciones, flujos de capital, traducción y vigilancia. Dos ejes temáticos más lo constituyen una serie de «Conversaciones» sobre aspectos de la frontera tijuanense-sandieguina que reúne a artistas, sociólogos y colectivos como Arjun Appadurai, Ute Meta Bauer y Torolab, y la muestra Sitios distantes: crisis urbanas y síntomas domésticos en el arte contemporáneo, acogida por el San Diego Museum of Art y el Centro Cultural Tijuana, una indagación en los desfallecimientos, cuando no debacles, de los espacios urbanos y su reflejo en el arte de hoy. Sin embargo, el sello característico de inSite son las «Intervenciones» en espacios públicos. En este cuarto rubro, la directriz fundamental para que los proyectos de los artistas invitados a Tijuana-San Diego respondan a las especificidades del lugar, y no sean una trivial recontextualización de obras previas, exige que sean configurados a partir de las singularidades del tejido urbano y cultural que caracteriza a este espacio fronterizo. De modo que las más de veinte intervenciones que ahora se muestran han ido elaborándose desde 2003 mediante estancias, discusiones con los comisarios y trabajos con colectivos locales. A pesar de que la metodología es prometedora para que se geste un diálogo efectivo entre los creadores, el espacio urbano, la esfera social y cultural y los habitantes mismos, los resultados son irregularmente dispares.
Por unas zapatillas.
De un lado, destacan proyectos que operan sobre las tensiones sociales y económicas del lugar, condensándolas metafóricamente en un objeto que es insertado maliciosamente en los canales genéricos de consumo cultural y mercantil. Así, Brinco, de la argentina Judi Werthein, ha consistido en elaborar unas zapatillas de deporte especialmente diseñadas con información y aditamentos de supervivencia para quienes cruzan la frontera ilegalmente. No ha sido en Tijuana, una zona de plantas de ensamblaje de bajo costo ahora en conato de crisis por su abierta competencia con China, donde se han elaborado, sino en su contrincante asiático. Desafiando su carácter utilitario, Werthein ha creado un único par de zapatillas y las ha puesto a la venta en una zapatería de diseño de San Diego. Por su parte, el brasileño João Louro pliega y despliega capital en torno a uno de los símbolos distintivos de la vida fronteriza, el automóvil. En The Jewel/In God We Trust, Louro recupera un coche europeo de desguace y hace que lo recubran de papel de oro en un taller. El vehículo es subastado como obra artística, y el dinero, destinado a una primaria de Tijuana, donde los niños dibujarán sobre el papel moneda, que posteriormente será puesto en circulación. El desecho automovilístico pone en movimiento capital, capital cultural y capital socializado, en una transformación de ida y vuelta.
Otros trabajos apuntan de una manera más directa, menos sutil, a la esfera pública como el lugar de acción sobre las conciencias y percepciones fronterizas. La esfera pública entendida no como el espacio urbano, sino como lugar de transmisión y selección capciosa de la información y de gestación de subjetividad. No en balde, en plena obsesión estadounidense por la seguridad, alentada por el pavor mediático al terrorismo burdamente azuzado por el gobierno de Bush, la militarización de la frontera y la polarización de las opiniones de quienes se despliegan a lo largo de ella es un hecho palpable.
En este sentido, Antoni Muntadas, continuando su fértil línea de traducción contextual, presenta On Translation:Fear/Miedo, un vídeo para insertarse en retransmisiones televisas de Tijuana, San Diego, Washington D.C. y México D.F., los centros de poder y padecimiento de las intransigentes políticas fronterizas. El trabajo de Muntadas es una oportuna indagación en los entramados psicológicos y mediáticos que nutren los temores y mitificaciones de gringos y mexicanos. En esta línea está también The Good Rumor Project, de Mans Wrange/OMBUD, que, apoyándose en psicólogos, empresas de márketing y difusión, planea propagar «rumores positivos» entre sandieguinos y tijuanenses, de modo que se invierta la función habitualmente nociva del rumor. En última instancia, se trata de reconocer que es en la esfera pública intangible sobre la que debe actuarse, la de los imaginarios visuales y los prejuicios compartidos.
No todo son aciertos.
Sin embargo, no todos son aciertos. Algunos artistas demuestran que no vislumbran las dificultades de adentrarse en el espacio público, actuando con una notable falta de ambición plástica y política. Desde gestos esteticistas como Hospitalidad, de los brasileños Rosana Ricalde y Felipe Barbosa, quienes hacen tapizar con nombres de transeúntes el puente Tijuana, que une la entrada de la aduana mexicana con la zona de ocio de la ciudad, a la pobre resolución de La esquina, de Thomas Glassford y José Parral, quienes hacen un amago de parque con un sensato recurso a vegetación autóctona en Playas de Tijuana. Sin embargo, el cemento campa a sus anchas en una construcción poco imaginativa y nada propositiva, a pesar de que quedará permanentemente como una propuesta de «rescate y desarrollo de espacios comunitarios».
Aunque firmemente avalado por sus ediciones precedentes, inSite?05 acarrea dos conflictos: coquetea excesivamente con la espectacularización de los eventos, como el lanzamiento de un hombre bala sobre la línea fronteriza en Bala perdida, de Javier Téllez, que eclipsa el trabajo de meses con una comunidad de discapacitados mentales como si fuera un mero preámbulo de un acto circense; y no elude la previsible institucionalización del evento, que por inercia tiende a convertir el espacio público en corredor cultural para los connaisseurs del arte actual. En fin, que aunque necesarios, no bastan los cariños por la frontera.
Enviado el 09 de Septiembre. << Volver a la página principal <<
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