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Septiembre 24, 2005
Paso a paso - BEA ESPEJO
A propósito de 'London in six...' una imagen múltiple que se desconecta de los Young British Artists. Originalmente publicado en Culturas de LA VANGUARDIA DIGITAL
Del arte británico conocemos, así de entrada, su peculiar humor, el sentimiento ambivalente ante el drama físico y existencial de lo orgánico o corporal, la manera de teatralizar el espacio, la observación directa o ese distanciamiento siempre congelador. Así lo mostró Freeze en la todavía era Thatcher, en tres exposiciones que montaron Damien Hirst, August Fairhurst, Gary Hume o Sarah Lucas entre otros, en un almacén al este de Londres. Fue el primer paso para que Reino Unido se viera a sí mismo y por primera vez, como un centro, si no el centro mundial de la invención artística, independiente a cualquier otro lugar. A ello ayudó sin duda, una cultura en expansión en torno a ese nuevo arte, un público cada vez mayor, nacional e internacional y un coleccionista, Charles Saachi, que con sus adquisiciones hizo poner los pelos de punta a medio mundo. Era 1998, el fenómeno de los Young British Artists (YBA) y la generación Sensation, donde los que decidían no eran los comisarios sino los propios artistas, coleccionistas e incluso, marchantes y que puso en primer término el dinero, el éxito social o el ruido en los medios de comunicación. Un fenómeno que se hizo efectivo por su sencillez y su capacidad para evitar la diversidad, para así operar como un logo corporativo de un producto que combinaba juventud, identidad nacional y cultura.
Pocos años después, esa imagen de marca da ya, un pequeño giro. La elección de tres comisarios, con diferentes puntos de vista, para la selección de Reino Unido como país invitado en el ARCO del 2001, muestra otra cara de la escena artística, más abierta al intercambio y el diálogo. Y ahí estuvo su objetivo: reflejar la diversidad de los artistas y hacerlo de modo que las múltiples relaciones y redes culturales quedasen expuestas al público internacional. Se habló de la conocidísima provocación pero también, de una representación periférica del arte británico. Detrás de aquella selección estaba la convicción de una cada vez menor centralización de Londres como escenario artístico y una mayor diversidad de lugares de producción fuera de la capital, hecho sin duda, derivado del impacto de los fondos de la Lotería Nacional que por entonces Tony Blair destinó en su programa para instituciones prioritariamente regionales. Si algo quedó claro de lo que pasaba con el arte británico entonces, era que se habría un cambio hacia modas de producciones más sutiles, quizá incluso más políticas y que diversidad y pluralidad eran la clave para identificar el nuevo trabajo de sello inglés.
Hoy por hoy, la capital londinense se define exactamente a partir de esa diversidad. Como el tiempo, el paisaje puede cambiar ante uno a cada dos pasos. En la ciudad, los artistas que ya estaban siguen sus propios pasos y los que recientemente han llegado, intentan marcarlos. A ello dedica el Institute of Contemporary Art (ICA) el último de sus proyectos.
London in six easy steps es precisamente eso: la invitación a seis comisarios afincados en la ciudad para que presenten su interpretación del estado de la creación artística en la capital británica. Son seis acercamientos curatoriales, seis perspectivas de la vida cultural y seis semanas de continuados debates y charlas. En definitiva, seis exposiciones que, pese a antagónicas presentaciones, tratan en conjunto de superar los aspectos geográficos y físicos del contexto para analizar cómo ha sido el bagaje de sus artistas en las diferentes tendencias hasta el momento, y cómo despunta una generación emergente que trata de alejarse de esa instantánea y tradicional identificación con el espectáculo. El primer paso lo da una de las más jóvenes comisarias del equipo de la Tate Modern, Catherine Wood. Su Emblematic Display parte de la idea de emblema que en s. XVI distinguía a una nación o una familia. El resultado de su representación habla de relaciones entre personas y objetos a partir de escenarios ficticios de artistas como David Torpe, Daria Martín o el conocido Cerith Wyn Evans, participante de la última Documenta. Real Estate o el arte en una ciudad en constante cambio es el título que dan B + B (o Sarah Carrigton y Sophie Hope) a su campamento-base en el ICA: una propuesta que gira sobre todo entorno a actividades fuera del centro artístico a fin de confrontar la escena urbana y provocar el debate acerca de la regeneración del espacio público de la ciudad dando, por ejemplo, un simple paseo.
Tom Morton y Catherine Patha, conocidos también como TomCat, proponen a artistas como Eduardo Paolozzi, Milena Dragicevic o Steven Claydon para reflexionar sobre la manera de entender el tiempo futuro en la ciudad en Even a Stopped Clock Tells the Right Time Twice a Day. La cuarta exposición la trae un consagrado: Guy Brett, conocido crítico y comisario presenta el trabajo del otro consagrado: David Medalla, en Anyvhere in the world: David Medalla´s London. Dando el quinto paso, Gilane Tawadros, directora del Institute of International Visual Arts de Londres, muestra una de las propuestas más interesantes, The Real Me, bajo la mano de artistas como Sonia Boyce, Susan Hiller o Isaac Julien. Y cierra este ciclo la irónica visión de Gregor Muir, director de la galería Hauser + Wirth, sin duda una de las importantes en Londres, recreando The George and Dragon,un conocido pub de la ciudad, ofreciendo esa otra cara de la comunidad artística.
Ligeros, como los ritmos que exige la ciudad, estos seis pasos llevan, como poco, a un destino claro: a la imagen múltiple de una ciudad que paso a paso va desconectándose de los YBA para aceptar su condición global, donde otra generación de artistas prueban ya otras maneras de ir escalando posiciones en eso del terreno creativo.
Enviado el 24 de Septiembre. << Volver a la página principal <<
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