« "El cine es la forma de arte más completa" - ALBERTO MARTÍN | >> Portada << | Barney 'in love' - ÁNGELA MOLINA »

Septiembre 11, 2005

Retrato del artista « adolescente » - Anna Maria Guasch

Reenviamos reseña de la exposición que en el Centro Sta Monica de Barcelona reune trabajos de carles congost, silvia prada, françois curlet y cabelo. Originalmente publicada en | ABCD las artes y las letras |

congost2.jpgComo ya viene siendo habitual, cada tres meses, el Centro de Arte Santa Mónica crea un muy particular «teatro de acciones» que, aunque con puntos en común con ciertos espacios de arte contemporáneo europeos (Grenoble, Burdeos, París), cuenta con muy pocos ejemplos en nuestro país, a excepción del MUSAC leonés, con el que comparte, si no ideología, sí un «parecido ambiente de época» y un mismo deseo de conectar con la esfera de las relaciones humanas en las que el espectador, de contemplador, pasa a convertirse en vecino o interlocutor. Acercarse a Santa Mónica es como abrir las puertas a una generación de artistas y a un diccionario de teorías cuya sustentación teórica radica precisamente en la ausencia de discurso, todo muy a tono con una «política de bajo registro e intensidad». Aquí se imponen son propuestas que cabalgan entre la realidad, la ficción, la metáfora y el humor, en una versión actualizada de lo que en los sesenta y setenta fue la cultura pop y la psicodelia.

Labores de reciclaje .
El perfil de un artista «adolescente» o deliberadamente «no maduro» que congenia con las distintas manifestaciones de la cultura mediática juvenil (ya sean los manga japoneses, la MTV, el humor o las nuevas modas informáticas) y que relega los problemas estéticos a un segundo término, en favor de una inmediata satisfacción personal, se repite entre los cuatro artistas que llenan los diferentes espacios del Centro. Pero, a diferencia de una generación anterior que utilizaba los media para reivindicar la cultura popular, estos artistas no niegan la alta cultura, sino que la reciclan y la «reconsideran» para acabar integrándola en unas obras que no renuncian a las dosis de visualidad de la cultura mediática. Carles Congost parte de lo banal, lo juvenil y cotidiano de sus obras anteriores para acercarnos a una nueva producción (hecha en colaboración con el MUSAC) y que muy bien habría podido compartir cartel en los espacios de la Bienal veneciana con Francesco Vezzoli y sus fantasías cinematográficas a la manera de sueños, así como con la propuesta cinematográfica del representante del pabellón de Luxemburgo Antoine Prum. En el caso de Congost, se trata de una video-instalación a medio camino entre el cine y el documental de ficción, con tres proyecciones simultáneas y coordinadas en las que, a partir de un lenguaje entre fantástico y mitológico (completamente nuevo en la obra de Congost), articula una historia de ficción cuyos protagonistas son reyes, príncipes, hadas, brujas, monjes, guardianes, maestros y artistas, habitantes de un pueblo insatisfecho con su futuro, que funciona aquí como «sustituto» del mundo del arte contemporáneo, en el que, como en el relato de ficción, abundan los muros de cartón-piedra, las intrigas, los sabotajes y las falsas promesas. Congost es también uno de los protagonistas de este mundo de imaginación desbordante y, en clave irónica, a su vez, es el narrador que aparece bajo la máscara, no de artista «productor», sino del cineasta cercano al concepto de «post-producción» preconizado por el crítico Nicolas Bourriaud en sus reflexiones sobre las practicas artísticas contemporáneas.

Más próxima al concepto de «producción» y, casi nos atreveríamos a decir, de «artesanía» y «cocina», aparece la propuesta ?igualmente transgresora? de Silvia Prada (1969) que, en su búsqueda de «áreas deficitarias, más allá de la saturación en que nos sumerge la tecnología», recurre al dibujo «en directo» para hacer su particular mundo post-pop tanto en su acepción musical como publicitaria y de moda (de hecho, el título de la obra, All Things Pop, es un comentario sobre la manera en que en la actualidad se consumen las imágenes y conceptos que genera nuestra realidad más inmediata).

Procedente del campo de la ilustración, aquí Prada se ha lanzando a la difícil y casi ímproba tarea de dibujar con carboncillo las paredes que unen los tres pisos del Centro de Arte Santa Mónica: un total de doscientos metros cuadrados sobre los que Prada, con un concepto «multigeneracional» y «multiiconográfico» ?como ella misma afirma?, ha dibujado decenas de rostros y figuras de los ídolos mediáticos surgidos de la publicidad, la música rap y el mundo audiovisual y, junto a ellos, ha escrito un larguísimo catálogo de onomatopeyas (que nos recuerda a los aforismos y truismos de Holzer) alusivos tanto a las expresiones de sus personajes como a las posibles reacciones en el espectador. Este retorno al realismo y al oficio, que podría verse como un retorno a las tradiciones y al pasado, es, sin embargo, la mejor arma transgresora para Prada para adentrarse en el pop, un pop crítico que cuestiona tanto las estrategias de márketing como los valores efímeros que generan los mitos populares creados artificiosamente por las agresivas campañas publicitarias.

«0n line» e interactivo.
Un parecido espíritu, a caballo entre la realidad y la ficción, aunque con mayores dosis de humor, comparte el francés François Curlet (1967), que ac- tiva ideas de simultaneidad y comunicación, un tiempo on line interactivo, tal como aparece en el vídeo Witness Screen, protagonizado por Ann Lee, el mismo personaje de manga adquirido por el grupo de artistas franceses Parreno ?Pierre Huygye y Dominique González-Foerster? con el que comparte amistad, y que sirve a Curlet para dar vida a una mujer a la que pagó para vivir durante seis días en una isla desierta.
Nuevos entornos de ficción se repiten en otras obras como Coconoutour o Charlie Flag, una bandera de punto (aquí las referencias a las instalaciones de Mike Kelley son más que evidentes) que lleva estampado en zig-zag el jersey de Charlie Brown, el alter ego del artista, obras que hacen pensar en espacio-tiempos relacionales que presentan el proceso de trabajo y el valor de uso como la más clara oposición a la mercancía.

El cuarto artista presente en Santa Mónica es el brasileño Cabelo (1967), que en esta producción realizada para la ocasión (Imediações de Monte Basura) parece desmarcarse del tono general e introduce un nuevo elemento más propio de los debates sobre interculturalidad: el papel que desempeña la imaginación, con el deliberado uso de materiales perecederos, innobles, en las antípodas de la sofisticación tecnológica, todo ello en una apuesta, muy propia del diálogo global-local de vincular las producciones contemporáneas con las tradiciones locales brasileñas, aquí enraizadas en la que fue su primera gran experiencia de modernidad: la antropofagia.

Enviado el 11 de Septiembre. << Volver a la página principal <<

Comentarios

¿pero ya esta claro que la cultura
popular se esta convirtiendo/es alta
cultura , verdad?
ipod,festivales de 200 euros entrada,
pantalones de 70 euros, ordenadores de 3.000 uros...
Era más fácil cuando la cultura popular era una revista musical y un casete.

Ser joven hoy es más caro que nunca.

Publicado por: Aitor Saraiba a las Septiembre 12, 2005 11:22 AM

puedes seguir con el cassete y la revista, lo que pasa es que nos seduce el lujo. Para mí lo perfecto sería que el lujo fuera barato, entonces todos felices...;>

Publicado por: val a las Septiembre 14, 2005 11:50 AM

Publicar un comentario

Gracias por registrarse, . Ahora puede comentar. (salir)

(Si no dejó aquí ningún comentario anteriormente, quizás necesite aprobación por parte del dueño del sitio, antes de que el comentario aparezca. Hasta entonces, no se mostrará en la entrada. Gracias por su paciencia).


¿Recordarme?