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Septiembre 24, 2005

Saludando a Gillick desde el duro banco - Iván de la Torre Amerighi

Sobre la exposición de Gillick en Málaga ... Originalmente publicado en | ABCD las artes y las letras |

gillick.jpgDijo, hace ya algunos años, un entrenador de primera división que en el fútbol todo es mentira. Perdonen la inmodestia de la apropiación y la pedantería del conocimiento deportivo pero quien suscribe se ha permitido reconducir -reescribir, como apuntaría el autor que traemos a estas páginas- la apreciación hasta sus posiciones: en el arte también todo es mentira. Y cuando no lo es ?cuando no deriva hacia la insinceridad, la irrealidad o la velocidad?, tiende deliberadamente a serlo: básicamente porque todo se muestra y se vende como verdadero, lo cual crea verdaderas dificultades a la hora de escindir y diferenciar una cosa de la otra. Esta cuestión no atañe únicamente a quienes producen objetos artísticos y/o de mercado. Ni tan siquiera a quienes comercian con la mercancía. Abarca e influye sobre todos los agentes de la cultura de mercado.

Liam Gillick (Aylesbury, Reino Unido, 1964) ha hecho de su carácter polifacético un recurso para poder moverse con soltura en los intersticios libres de las rótulas que engranan los distintos géneros y campos que se unen y yuxtaponen, como en un pachtwork casero, y crear el mapa del mundo artístico. Quedando siempre en esa zona gris, en ese «entre», en el cual se siente cómodo.

Con contundencia.
Colaborador periódico en revistas y publicaciones especializadas, ha combinado esta labor crítica con su faceta creativa, ejecutando piezas contundentes -estructuras con voluntad escultórica- como sucedía con No puedo responder a esa pregunta, es una cuestión de conciencia (2003) para el Ayuntamiento de Alcobendas, o con Literally (2003) para el MoMA, interactuando sobre el espacio, la arquitectura o las instituciones circundantes, caso del Logo para el Kunstverein de Fráncfort (2000) o la instalación narrativa Motel McNamara dispuesta sobre los paramentos de la Old Debtor?s Prision de Dublín (1997), o simplemente pergeñando exposiciones individuales para galerías de medio mundo. Todo ello, además, inseparablemente acompañado por la publicación de numerosos libros -textos teóricos, pseudonovelas, ditirámbicos musicales y guiones cinematográficos- entre los que destacan Erasmus is Late (1995), Literally no Place (2002) o el reciente Underground (Fragments of Future Histories) (2004); textos que, en muchos casos, funcionan como complemento directo de sus múltiples proyectos plásticos.

En el texto que nos introduce el catálogo, Peio Aguirre nos revela algunas de las claves imprescindibles para adentrarnos en su operativo creativo. En primer lugar, cabría destacar el amor del británico por la palabra escrita y, en consecuencia, del lenguaje como consecución lógica a la que está abocada aquélla: sin esta estructuración dialéctica y socializadora ?esto lo aportamos nosotros? nada tendría sentido ni interés. La cuestión halla su reflejo -como sucede en el actual proyecto desarrollado en Málaga- en la aparente intención de confundir al espectador con historias paralelas escenificadas mediante textos yuxtapuestos e incongruentes. La coherencia la encontramos en el libre albedrío interpretativo de un público al que hace un instante creíamos ofuscado. Por otro lado, no debemos dejar de lado la conciencia crítica y social que emerge en cada proyecto del autor, lo que le lleva constantemente a interrogar e interrogarse sobre «los límites de la autonomía de la producción cultural en el interior de nuestras sociedades tardo-capitalistas».

Sin embargo, la exposición de Liam Gillick me ha dejado frío. O no. Quizá no sea ese el término adecuado: no me ha dejado indiferente, eso no. Mejor digamos que me he sentido atrapado por una extraña e indescriptible sensación desde que entré hasta que abandoné la sala. Circunstancia que comenté, horas después, con un compañero de profesión quien me confesó haber sentido lo mismo.

La ficción es realidad.
¡Qué extraño! Un crítico de arte, a la vez comisario, escritor y artista se decide a crear una instalación textual ?una verdadera escenificación ambiental? mediante líneas narrativas entresacadas de su trabajo: frases inconexas, incomprensibles, cohesionadas por una tipografía igual y homogénea. ¡Vaya, Gillick!, la ficción termina pareciéndose demasiado a una realidad que nada tiene de heroica. La acción crítica se trufa en demasiadas ocasiones de insinceridad, irrealidad o velocidad. Y encima nos permite sentarnos en unos bancos de excelente diseño, aunque sin respaldo y de duro asiento, para contemplar esta bofetada sin manos a una profesión que comparte. ¡Bravo, Gillick! Los críticos de arte -al menos algunos- saludamos, incómodos, tu osadía en la propuesta y tu verdad en la respuesta.

Enviado el 24 de Septiembre. << Volver a la página principal <<

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