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Octubre 22, 2005
En busca del hijo perdido (y triste) - ÀNGEL QUINTANA
Sobre 'Flores rotas', de Jim Jarmusch. Originalmente publicado en LA VANGUARDIA DIGITAL
Hace unos años, el filósofo Gilles Deleuze escribió que el cine moderno se caracterizaba por hacer evidente las capas del tiempo y por la imposibilidad que tenían los personajes para dar respuesta a unas situaciones que generalmente les sobrepasaban. Superado el cine moderno y anunciado el declive del cine posmoderno, parece como si esa imagentiempo diseccionada por Deleuze se hubiera instalado de nuevo en el corazón del cine contemporáneo, pero lo hubiera hecho llevando a cabo una vuelta de tuerca consistente en la superposición de un determinado pasado en el corazón del presente. El tiempo olvidado resucita y se inscribe en los trayectos de la acción ya sea como memoria o como simple advertencia hasta el punto de resquebrajar el relato y anunciar su sutura imposible. Flores rotas,el último trabajo del minimalista Jim Jarmusch, es un ejemplo clarividente de un proceso que ha empezado a afectar algunas de las películas clave del cine contemporáneo, desde Mulholland Drive de David Lynch hasta Caché de Michael Haneke.
En los títulos de crédito de Flores rotas contemplamos el recorrido que realiza un carta rosa hasta su destinatario: un técnico en ordenadores convertido en una especie de adicto catatónico a la televisión y que contempla ensimismado The private life of Don Juan de Alexander Korda. La referencia no es gratuita ya que el viejo Don Johnston (Bill Murray) fue en su juventud una especie de Don Juan, en el sentido prefigurado por lord Byron como conquistador pasivo. En ese espacio saturado por el tedio, la carta irrumpe como una invitación a la acción, como malévola tentación que incita a visitar el pasado y a descubrir sus enigmas. Para poder levantar al héroe del sofá y construir desde el presente un desplazamiento hacia ese pasado oculto, Jarmursch construyeunmacguffinmás propio de un melodrama que de un filme de Hitchcock, que gira en torno a la existencia de un hijo perdido que Don engendró diecinueve años antes con alguna de sus cinco amantes.
En algunas de las más significativas películas de los años noventa, los personajes buscaban a su padre con el deseo de encontrar un punto de referencia. En un mundo en el que sucumbieron los grandes relatos que prometían una idea de la historia como progreso y en que se agotaron las ideologías como recetas vitales, los personajes se sentían huérfanos. En la sociedad del nuevo milenio, asumido el problema de la paternidad simbólica, los seres se encuentran con la paradoja de que la deriva del presente les ha hecho olvidarse de sus descendientes. Ahora, tal como certifica Jim Jarmusch en Flores rotas,la acción determinante es la búsqueda del hijo, ya que este acto lleva a la toma de conciencia del pasado esfumado, del propio envejecimiento y de la necesidad de poder dejar alguna herencia. La carta incita a Don Johnston a la posibilidad de realizar un viaje al pasado con la certeza de que este viaje será una especie de desplazamiento espectral hacia un tiempo difuso. Con un ramo de rosas y acompañado con un CD con la música de Mulatu Astatke, Don intenta diseccionar ese pasado que ha irrumpido en su presente, quiere observar sus huellas y descubrir esa parte de su yo que se escapó, sin que tuviera la certeza de su existencia. Don busca a cinco mujeres, los cinco amores de su juventud. Ellas ya no son lo que eran. La joven rubia se ha convertido en una viuda que ha educado a una provocativa Lolita; la antigua hippy es ahora una wasp que no soporta su esterilidad; la chica romántica es una vidente que habla con los animales; la amante conflictiva vive en los márgenes de la sociedad junto a una pandilla de motorizados y la chica que Don realmente amó yace muerta en un cementerio. El rostro de estas mujeres, interpretadas por míticas actrices que mantienen la elegancia de la madurez, ha envejecido y está lleno de arrugas.
Nada es igual que antes. Incluso cuando Don hace el amor con una de ellas siente un extraño sabor agridulce ya que no reconoce ese cuerpo que deseó en un tiempo pretérito. El proceso de recuperación de ese tiempo perdido y que ha irrumpido, sin previo aviso, en el presente es llevado a cabo desde una clara operación de distanciamiento que rompe con la lógica naturalista de la representación y con la casualidad del relato. El tono de Flores rotas está marcado por la simbiosis que se establece entre el rostro impasible, casi de clown triste o de máscara keatoniana, de Bill Murray y la tendencia de Jarmusch a convertir el relato en un compendio de momentos esenciales, de gestos básicos minimales, que se alternan con los tiempos muertos y las repeticiones.
El rostro de Bill Murray adquiere una presencia extraña, sobre todo cuando es filmado en primer plano, parece que por su interior no transita ninguna emoción, pero de forma subliminal acaba destilando un sentimiento de profunda melancolía, que otorga a la película un estado de ánimo prolongado. El trabajo de Jim Jarmusch está más atento a mostrar los trayectos en avión y en coche por la geografía americana a la búsqueda de las amantes perdidas que en poder generar una lógica de la acción. Cada encuentro se basa en un leve intercambio de gestos, todos ellos básicos y representativos. Gestos que en ningún momento son concluyentes de nada y que no hacen más que certificar que el relato está abierto a muchos trayectos posibles. Flores rotas está construida en torno a la búsqueda de un enigma, pero Jim Jarmusch consigue disolver este enigma hacia muchos caminos posibles. Al final, el espectador es invitado a construir múltiples posibles hipótesis. El pasado no ha irrumpido en el presente para construir un mundo cerrado sino para estimular un circuito lleno de pistas en el que las soluciones pueden ser varias, depende del camino que tome el espectador. No obstante, sea cual sea el camino tomando, una cosa está clara: tras la comedia de la vida se esconde una infinita tristeza.
Flores rotas
Dirigida por Jim Jarmusch. Protagonizada por Bill Murray que, como Don Johnston, parte al encuentro de sus viejos amores. Con Sharon Stone, Jessica Lange, Julie Delpy, Frances Conroy y Tilda Swinton, como los amores que jalonaron la vida del protagonista
Enviado el 22 de Octubre. << Volver a la página principal <<
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