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Enero 05, 2006

Entusiasmo en el cineclub - ANDRÉS HISPANO

Originalmente en LA VANGUARDIA DIGITAL

Entusiasme-18-Ll.Bover Web
Las salas subterráneas de la Fundació Tàpies se han convertido en un viejo cineclub, mitad máquina del tiempo, mitad filmoteca doméstica. La exposición ENTUSIASME presenta allí más de sesenta películas amateur realizadas en Polonia entre las décadas de los cincuenta y los ochenta. Tres grandes pantallas, en acogedoras salas delimitadas por cortinas, y dos monitores de televisión ordenan las películas de manera que algunas forman sesiones temáticas y el resto pueden verse a la carta. ENTUSIASME es un proyecto dirigido por dos artistas, Neil Cummings y Marysia Lewandowska, que a lo largo de dos años recopilaron multitud de cortometrajes dispersos en colecciones privadas, para seleccionar después unos cuantos capaces de resumir la fuerza del cine como testimonio artístico, histórico y político. En resumen: muchas películas de aficionados en una disposición muy interesante que incluye la escenificación de un cineclub polaco de los años setenta. Naturalmente, aficionado no traduce correctamente amateur. De hecho, muchos de estos realizadores no profesionales eran perfectamente conscientes de su rol como cineastas, activistas subversivos y hasta de artistas, así a secas. El título de la exposición, Entusiastas en su primera presentación, recalca el denominador común de los autores.

El interés de las películas por separado varía, igeniosas algunas, sensuales otras, mordaces las menos. No se trata, en cualquier caso, de hallazgos que pervivan fuera del conjunto. Tampoco puede afirmarse que Polonia constituya un caso aislado, aunque sí notable, en lo que se refiere al impacto o la calidad de su cine no profesional. Y sin embargo, ENTUSIASME es con sus sesenta cortometrajes una exposición importante, capaz de reunir bajo un tema en apariencia sencillo varios de los retos a los que se enfrentan el arte y la museografía contemporánea. En primer lugar está el hecho de que sus dos comisarios presenten una aventura archivística como proyecto personal -¿obra artística?-, focalizada en el frágil mundo del celuloide. Del archivo, la arqueología mediática y nuestro instinto conservador, Cummings y Lewandowska han hecho su sujeto artístico desde hace diez años, siendo el diálogo entre obras, creadores e instituciones, el eje de un estudio que abarca desde lo social a lo etnográfico.

En segundo lugar, está el hecho de presentar material de aficionado en un centro artístico relevante, señalando el interés que la escena low suscita actualmente en la esfera high. No se trata únicamente de mostrar la fuerza crítica que puede adquirir la pantalla no profesional, sino de considerar su potencial en un mundo pilotado por expertos que nos han saturado de imágenes con sus estrategias mercantiles . Cuando el amateur incorpora su visión al mercado y, además, la ofrece en diversas fórmulas de dominio público (Copyleft, Creative Commons), está forzando una refrescante revolución, de esas, quizás, que a la larga acaban haciendo más fuerte al sistema.

ENTUSIASME no sólo ha constituído un archivo donde no lo había, sino que estudia la manera de dar acceso libre a su contenido desde internet, incorporándose a redes como www.archive.org, desde donde se consultan y bajan miles de documentos audiovisuales que, frecuentemente, son utilizados para componer nuevas obras.

Por último, la exposición es un claro ejemplo de la museificación del cine, o de cómo museos, fundaciones y centros de arte integran actualmente al cine en su guión y sus colecciones.

Existe una película que describe magníficamente el mundo de los protagonistas de ENTUSIASME. La dirigió Krzystof Kieslowski en 1979 y se titula Amator. En ella es posible percibir todo lo que una cámara de super-8 podía significar en una sociedad jerárquica, gris y burócrata. No se trataba de una guerra frontal, ni de un furibundo underground, a fin de cuentas muchas películas y cineclubs estaban vinculadas a empresas o encargos oficiales. Lo que vemos en Amator, y lo que vemos en ENTUSIASME, es la vida y la creatividad abriéndose paso sin aspavientos, de manera casi pueril, desvelando una realidad invisible a la historia y el estado (¿o era el estado quien se encargaba de hacerla invisible?).

En semejante entorno, la transgresión se produce sin dificultad, está en el humor, el sexo, el desorden y el desafecto. Las tres salas temáticas dan una clave inmediata sobre los objetivos favoritos del entusiasta: Amor, Deseo y Trabajo. Conforme el cine absorbe la atención de Filip Mosz, protagonista de Amator, su familia se desmorona y sus relaciones laborales se complican. Aprender a ver, aprender a mostrar, puede tener consecuencias nefastas sobre esa ficción que el estado presenta como realidad.

Y eso, naturalmente, no se limita a las extintas sociedades comunistas.

Enviado el 05 de Enero. << Volver a la página principal <<

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