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Enero 21, 2006

Fucking Machines: Por fin, el orgasmatrón - ITZIAR BILBAO URRUTIA

Originalmente en CULTURA | S

Ll675X
Alguien dijo que el acto sexual es una cuestión de fontanería, de encajar los tubos y émbolos adecuados. La página web Fucking Machines (www.fuckingmachines.com) lo demuestra. La simplicidad técnica de sus diseños -dildos movidos por motores de pistones que el propio Stevenson comprendería perfectamente-, reduce al hombre a unas contracciones mecánicas que cualquier manitas puede imitar con algo de imaginación y unas cuantas piezas de esas que crían polvo en el garaje. A pesar de esto -probablemente por esto precisamente-, fuckingmachines.com es un fenómeno de culto que va mucho más allá del porno: genera inspiración, copias, plagios y una obsesión por la creación de máquinas de follar a golpe de Black & Decker que es irresistible analizar.

Al comienzo, Fucking Machines era una curiosa web porno, diferente en un piélago de webs porno donde crees que ya lo has visto todo. La idea era mostrar una gachí estupenda siendo follada infatigablemente por un monstruo mecánico. Paulatinamente, esas máquinas torpemente diseñadas por los mismos creadores de la web robaron protagonismo al sexo. Todo virtuoso del bricolaje de fin de semana, pegó la nariz a la pantalla atraído por este concepto de unir porno y tecnología decimonónica. Una idea aparentemente simple abrió la puerta a un universo propio que combina dos obsesiones masculinas: el bricolaje y la performance sexual. No sorprende, pues, que fuckingmachines.com se convirtiera en página de pago, añadiera un catálogo de modelos al por menor y hala, a vender. La sociedad capitalista desea Fucking Machines para el dormitorio, salón o garaje de las afueras. Suburbia no hace ascos porque quien crea el producto, crea la demanda.

En las imágenes de la web descubrimos un obsesivo perfeccionismo: los diseños se renuevan y mejoran continuamente. Estos chicos comen, beben y sueñan con fucking machines. La idea de someter a una mujer a la tiranía de un engendro mecánico puede parecer el colmo de la humillación. Puede que incluso alguna feminista se ofenda, pero si lo piensas dos veces, y dada la aceptación de estas máquinas en webs de todas las sexualidades, ofrece una lectura siniestra para estos potenciales tiranos fálicos: la redundancia del hombre por virtud de la automatización de la labor. Toma ya. El Fucking Machine ilustra perfectamente las ideas escupidas con inimitable rabia por Valerie Solanas en el ManifiestoSCUM: redundancia del sexo masculino y la posibilidad real de la automatización de las labores en la sociedad actual. Si hubiera vivido para conocer estas máquinas, Valerine se hubiera ido a la tumba feliz, con la certeza de que, efectivamente, el hombre es una especie obsoleta como el oso panda, cuyas funciones sexuales pueden ser imitadas y hasta mejoradas (comparen la estamina de una fucking machine y la de un hombre de carne y hueso) por un artilugio de tecnología victoriana.

Hasta el eslogan que reza en la página web lo sugiere: "Doing what is humanly impossible", hacer lo que es humanamente imposible. Lo admiten hasta ellos. Las posibilidades de reflexión sobre cómo estos artilugios traducen el acto sexual son muchas.

Los diseños y propuestas en la red son tan inagotables como nuestra capacidad de inventar fantasías eróticas. Díganos su escenario sexual favorito y hay un modelo que se adapta a sus necesidades, cultura, o fantasía determinada: Hay enormes engendros de la prehistoria de la web, con carcasas gimientes hechas de vigas de madera, fresas industriales y cadenas de bicicleta; taladrosmartillo a los que podemos añadir un conveniente accesorio de silicona; en una página web británica, encontramos coquetos escabeles tapizados a juego del tresillo que esconden dos fieros falos asomando en diferentes ángulos; en una americana, un toro mecánico con una sorpresa de diez pulgadas sobre la grupa peluda. Yee-haa!. El acto sexual es una forma de representarnos. Las fucking machines,también.

Sí, pero ¿y el romanticismo? -podemos llegar a preguntarnos- ¿Cuál es el sex appeal de un cacharro ruidoso, con su limitado mete-saca, que no luce abdominales envidiables, ni susurra tiernas obscenidades, ni se derrite con ojos que rezuman lujuria? Para eso ya están los humanos. Muchas mujeres consultadas, confiesan estar atraídas por la idea de una máquina inagotable, siempre a punto, que las complace sin pedir nada a cambio. También hombres, no todos ellos gays, apuestan por la fucking machine. Una tentadora despersonalización del acto sexual - sin rituales de apareamiento, sin contratos emocionales, sin cláusulas en letra pequeña-, ha puesto en marcha la imaginación del aventurero sexual. Parece que follar con una máquina va a ser algo más y más común en el futuro.

Las fucking machines, gentrificadas y adaptadas a las preferencias de cada sexualidad, están ya a la venta no sólo en internet, sino en las sex-shops de Europa y Estados Unidos. El Orgasmatron no es comedia, es una realidad, y engancha. Hagan una búsqueda en Google para comprobarlo por ustedes mismos: fucking machines.

Enviado el 21 de Enero. << Volver a la página principal <<

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