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Enero 07, 2006

No usarás el nombre de la cultura en vano - José Manuel Costa

Originalmente en abc.es

Estamos en un momento muy peculiar. Por un lado, las grandes corporaciones monopolistas de la industria cultural han lanzado toda su influencia y sus abogados sobre unos gobiernos y unos jueces escasamente preparados con el fin de cercenar la privacidad de los individuos y la evolución de la cultura. En nombre, digámoslo, de unas formas periclitadas para la retribución de los creadores. Por otro, sabemos que están tratando de ponerle puertas al campo: en la era de la reproducibilidad digital, todo puede ser copiado y toda copia distribuida.

De forma sucinta, la situación es como sigue. Hace pocos días, la Asamblea Francesa logró hacer descarrilar in extremis un proyecto de ley sobre la Propiedad Intelectual introducido por el gobierno pero en realidad redactado por el gran conglomerado mediático Vivendi/Universal y por la SACEM, la sociedad recaudadora de derechos en Francia. Lo que el gobierno proponía era básicamente supeditarlo todo al DRM (Control de Derechos Digitales), de tal forma que todo software, toda transmisión de datos, toda emisión audiovisual de la Red e incluso las actividades de los proveedores se supeditaran a las normas impuestas unilateralmente por cuatro grandes compañías mundiales. Aunque ello supusiera criminalizar lo que antes no era no falta, aunque dejara fuera de la ley un 80% del software en uso, aunque atentara de lleno contra la intimidad de los ciudadanos y su propiedad (los CD y los DVD, que ni siquiera se podrían prestar)? Amenazando a sus clientes en suma.

La Asamblea Francesa, en un acto de lucidez, decidió enmendar el proyecto en un matiz esencial: los archivos audiovisuales pueden circular con libertad y los creadores tienen derecho a percibir una remuneración que puede concretarse en el pago de una tarifa plana. Con esta enmienda el resto de las amenazas que pesaban sobre los consumidores y sobre las comunicaciones en Internet quedaban prácticamente inutilizadas.

Terrorismo.
No obstante, la presión sigue y llega a extremos como los de Sony, que no contenta con haber introducido software espía en sus CD y DVD americanos (y que se verá ahora obligada a pagar unas cuantas decenas de millones de dólares a los afectados), tiene la osadía de instigar al gobierno de Washington para que emplee en el control del DRM la misma legislación que se utiliza para controlar el terrorismo. Por no hablar de los miles de ciudadanos norteamericanos que, abrumados por los despachos de abogados de las multinacionales, han aceptado pagar compensaciones a estas antes de llegar a un juicio en el que se presentarían en clara inferioridad de condiciones.

Desde luego, el aspecto más trascendente de esta historia es el asalto a las libertades, la intimidad y la fluidez de lo que hace ya una década comenzó a llamarse «autopista digital». Pero los efectos sobre la cultura podrían ser desastrosos.
Los efectos del intercambio gratuito de archivos (que andando el tiempo se acabará convirtiendo en un sistema de abono con una oferta sofisticada) son ya patentes. La población dispone ahora de toda la música, no solo de aquella que las grandes compañías declaran «objetivos» o se dignan mantener en catálogo. Cuando un joven escucha hoy a Radio 4 (por ejemplo) y lee que están influidos por Gang of Four, aquel grupo de los ochenta, lo que hace es descargarse sus canciones y posiblemente alguna de The Pop Group, relacionados con los Gang... Esto también vale para la música clásica, la contemporánea, el jazz? Para cualquier género en realidad. Este acceso general a la música ha generado mayor interés y discernimiento y ha conducido a una explosión de los conciertos, que es de lo que realmente viven los músicos. Y no sólo se trata de una cuestión de supervivencia, permite la confrontación directa de creadores y audiencia, sin intermediarios. Esta accesibilidad, en prácticamente todos los terrenos, constituye un avance espectacular en la difusión de la cultura.

Colaboración y plagio.
Desde el punto de vista creativo, la actual eternidad de los derechos de autor y la minuciosidad con la que se persigue cualquier infracción, no impediría, pero si ralentizaría las nuevas vías de producción cultural. Esta producción pasa hoy por el ordenador, muchas veces en colaboración mediante el envío de archivos por la Red. Dado que toda música puede ser copiada y almacenada, una técnica cotidiana actual es el sampling, el muestreo, la utilización de fragmentos de música preexistente. No se trata de una técnica tan nueva. En las composiciones de tipo clásico se le llamaba cita o variación. Hoy se protegen secuencias de notas mínimas, incluso un solo sonido. Como el volumen de música conservada y registrada es ya inimaginable, comienza a ser difícil hacer una pieza sin caer en el plagio legal. No cabe duda que hoy en día John Sturges hubiera sido denunciado por el productor de Akira Kurosawa tras haber tenido la osadía de filmar los Siete Magníficos (1960) sobre la plantilla de Los Siete Samuráis (1954).

Victorias pírricas.
Paradójicamente, todo esto no son más que molestias, piedras en el camino. Ya existen los instrumentos para navegar anónimamente por la Red (el sistema TOR), de modo que los esfuerzos por proteger un sistema caduco están destinados al fracaso y/o empujaran a grandes masas hacia la clandestinidad. Muy lamentable para las empresas ancladas en las antiguas formas de negocio, porque mientras ellas ganan victorias pírricas, comienzan a aparecer nuevas iniciativas económicas como sellos en la Red, proyectos para ofertar música y películas mediante tarifa plana, otras formas de explotación como publicidad, música ambiental, explotación de emisoras y radios en la Red?

En vez de mirar hacia el futuro, quienes hoy tratan de amordazar Internet sólo tratan de mantener un pasado donde podían imponer sus precios, sus modos de distribución y sus intereses particulares. Quizás tengan derecho a hacerlo. Pero, ¡por favor!, que no invoquen los respetables nombres de la Cultura y la Creación.

Enviado el 07 de Enero. << Volver a la página principal <<

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