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Febrero 25, 2006
El proceso va por dentro - Javier Montes
Sobre Madrid-proceso-redes. Varios artistas. Originalmente en abc.es
Casi han coincidido en Madrid dos proyectos centrados en el arte actual como proceso y work in progress, más que como creación de obra «acabada». El espacio alternativo Liquidación Total montó a principios de febrero su Exposición Falada con material de artistas muy diferentes (de Bleda y Rosa a Nacho Criado o Bárbara Fluxá) para mostrar el proceso que daba lugar a sus trabajos.
Y otros dos colectivos independientes, AVAM y RMS, presentan ahora con más medios -patrocina la Comunidad- el resultado de Madrid-Procesos-Redes, con participantes interesados por la investigación en equipo y el trabajo de campo en y sobre Madrid. Tanto o más que la exposición, en este caso conviene visitar la página web (www.madridprocesos.org) donde los artistas dan cuenta pormenorizada de sus intenciones, medios y coartadas intelectuales. Si Liquidación Total ofrecía más bien pistas del proceso personal que lleva a la obra, Procesos-Redes pone el énfasis en el proceso como obra.
Lo que «pita».
Se cita mucho en la página a las mentes pensantes más à la page sobre estos temas: de Slavoj Zizek a Michel de Certeau; de Marc Augé a Martha Rosler. Hay que reconocer que el mundillo hispanohablante ya está muy al tanto de todo lo que se lee -o, por lo menos, se cita- y se publica en el circuito internacional. A veces incluso demasiado al tanto: con demasiadas ganas de mostrar que se manejan al dedillo los códigos y términos correctos del chisporroteo intelectual más reciente, tomados con literalidad absoluta y sin proceso previo -digestivo, en este caso-. Al hablar sobre estos asuntos del proceso y la obra, quizá convenga acordarse de intelectuales menos nombrados hoy (cuando no se han transformado, directamente, en la reencarnación del hombre del saco). Las bisabuelas de las tácticas urbanas de resistencia de De Certeau eran las flâneries de Baudelaire y los paseos a cubierto por los pasajes de Walter Benjamin. Y tal vez fuesen críticos como Clement Greenberg y Harold Rosenberg quienes esbozaron primero la tensión entre resultado y proceso al hablar del Expresionismo Abstracto. Greenberg veía en los cuadros de Pollock obras acabadas, verdaderos manifiestos pictóricos. Rosenberg hablaba de ellos, en cambio, como Action Painting: pintura en la que importaba sobre todo la acción aún legible de los churretes sobre el lienzo: podía asistirse, en diferido, al proceso de formación de una obra que ?más que acabada? se mostraba abandonada o en devenir perpetuo.
Los defensores más acalorados del arte como proceso abierto abominarían de los términos usados aquí: «obra», «autor» o «arte» -y no digamos «Pollock»-. Preferirían sustituirlos por «proyecto», «investigador» o «práctica». Comisarios como Ute Meta Bauer o Mark Tribe optan incluso por llamarse a sí mismos ?entre pretenciosos y admirables? «mediadores» o «catalizadores». Bueno. Lo cierto es que el interés por el trabajo en equipo, la mediación social y la desintegración de la obra lista para el envase ofrece resultados interesantes (se habló en estas páginas de los proyectos InSite en Tijuana y San Diego, por ejemplo).
El peso del ego.
Pero pecaría de ingenuidad -¿hasta qué punto ingenua?- quien se dejase llevar por la retórica y pretendiese que de este modo el artista quedase libre de las presiones de oferta y demanda que rigen su producción. O que acabase borrando con ascetismo sublimado todas las huellas de su propia autoría (el artista nunca borra del todo las huellas de su ego: es su ego el que trabaja). Decía a la Prensa Daniel Canogar, vicepresidente de AVAM, que «el artista hoy es un investigador social, cultural y político, más que un fabricante de piezas que se venden». Y suena bien. Pero el arte-proceso no debería ser confundido con el arte-declaración-de-(buenas)-intenciones. El statement previo o posterior del artista no puede ser su única contribución, a la que se subordina el «proyecto» como simple nota al pie o excrecencia casi pudorosa. En realidad, hablar de declaración previa al resultado es un pleonasmo (si el resultado es bueno) o un fracaso. Mucho nos tememos que la noción de «obra» se resiste a ser un simple residuo de épocas pasadas: huyendo del fetichismo de la mercancía o del culto a la pieza intercambiable y clónica (sí, esa que «se vende») se puede caer en la transformación del artista en «investigador» a la violeta, empachado de consignas: en esa «envidia del etnógrafo» de la que hablaba Hal Foster, por ejemplo. O, peor aún, en el lugar viscoso del «mecenazgo ideológico» que aborrecía Benjamin. Puede que ya no proceda hablar de «obra», sino de «investigación», y que «mediador» sea mejor que «autor». Pero el trabajo con criterios personalísimos sigue siendo imprescindible.
Al visitar ahora Procesos-Redes y al leerse concienzudamente todo lo escrito, uno se acuerda a ratos de la advertencia de Benjamin. El proyecto de Fernando Sánchez-Castillo, como es habitual, es el de más ingenio, desenvoltura y poso intelectual: propone un trabajo conjunto con la asociación GEFREMA (Grupo de estudios del Frente de Madrid) que recupera la memoria histórica de los búnkers de la Guerra Civil y muestra la maqueta del armazón que protegió la Cibeles de las bombas (propone que los invidentes trabajen sobre ella; esperemos que tengan una de repuesto, porque se la veía muy frágil). Evoca los fantasmas de una época que todavía flotan invisibles sobre la ciudad, y es coherente que no se acuda a la sustancia de una «pieza que vender» (aunque luego el artista haga muy bien en vender cuantas piezas estime oportuno).
¡La cabra, la cabra!...
El vídeo de Ana Álvarez y Jorge Rodríguez es un retrato convincente y colectivo de los tipos madrileños encontrados durante la preparación de un mural en un solar de Chamberí, de pintoresquismo a veces rudimentario (gitano de la cabra incluido). Parece que los vecinos del local contiguo pusieron muchas pegas, pero todo fue para bien del proyecto. Porque se habla de inmigración, pero es otro fantasma el que retrata muy bien esta obra, el de un pilar fundamental de la identidad colectiva madrileña: la comunidad de vecinos chinchosa y puñetera.
Los del colectivo Platoniq regalan por las calles CDs tostados mediante software libre, y han diseñado un abrigo muy cuco cuyo forro sirve de top manta. Al resto de proyectos se les podría pedir algo más de ambición, más allá del degré zero de la ilustración teórica ultra-literal.
Enviado el 25 de Febrero. << Volver a la página principal <<
Comentarios
Algunas precisiones de fondo y de "forma".
Estimado Javier, Queremos agradecerte ante todo, el espacio dedicado al proyecto MADRID PROCESOS Redes en el ABC y permitirnos a través de su publicación en esta página, responder a algunas imprecisiones en las que incurres en tu texto.
La entidad promotora de la iniciativa es una asociación profesional, AVAM, Asociación de Artistas Visuales de Madrid que convocó a concurso la iniciativa MADRID PROCESOS con unas premisas muy claras de partida. RMS La Asociación ganó dicho concurso con la propuesta MADRID PROCESOS Redes, que establecía el marco conceptual sobre el que más tarde se convocó el certamen abierto a artistas para la realización de proyectos y otras actividades menos visibles pero igualmente relevantes para el proyecto.
El apoyo económico que citas, a través de un generoso convenio con la Comunidad de Madrid es digno de mención sobre todo para celebrar la implicación de las instituciones publicas regionales y municipales, aunque este no sea el caso, relativamente reciente y finalmente decidido y con visos de regularidad a los colectivos e iniciativas madrileños que no han contado con este apoyo en décadas pasadas con la estabilidad necesaria.
Es importante en este caso quién está implicado en el proceso de producción de este proyecto ya que el medio es, además en este contexto, parte del mensaje.
El objetivo fundamental del proyecto parte de la convocatoria de AVAM, que fiel a los objetivos de sus estatutos pretendía visibilizar su actividad y la de sus asociados con la producción en las mejores condiciones de hasta ocho proyectos de artistas y activar una red de recursos estables para este tipo de proyectos en la Comunidad de Madrid. La formalización del proyecto Madrid Procesos Redes, pretendía, fiel a sus objetivos, dar más importancia al proceso de producción que a la obra final, con fines didácticos claros.
Los proyectos resultantes se presentan en la exposición, para la que se ha realizado un montaje austero que pretendía evidenciar el trabajo y no la obra final, y en la página de internet en diferentes estadios de su proceso de elaboración final. Con esto queremos aclarar que nuestro planteamiento de trabajo con los artistas para la presentación del proyecto MADRID PROCESOS Redes fue alejarse de una presentación al uso, disponiendo los diferentes elementos, en algunos casos obras en la mayoría no, para evidenciar los estadios previos a la realización de la obra final. De alguna manera la presentación jugaba con la idea de que si lo que se presentaban no eran obras de arte, la presentación se basaba en no ser una exposición.
Creemos que es necesario distinguir entre esta presentación que responde a las necesidades discursivas de un proyecto concreto como es MADRID PROCESOS Redes de obras que utilizan estéticas que se acercan al proceso de trabajo, obras, con otra referencia actual, contextuales y, de nuevo con otra referencia, de obras que usan una estética relacional.
Recientemente hemos tenido la ocasión de reflexionar sobre la supuesta necesidad de legitimación de los eventos de arte contemporáneo a través de prácticas “para-artísticas”, lo que viene al hilo de otra de las confusiones que planteas en tu texto. Nuestros propósitos, apoyados por nuestra trayectoria de trabajo, se restringen a un planteamiento en los límites más estrictos del terreno del arte. Creemos firmemente que encontramos y usamos las herramientas necesarias de legitimación en nuestra propia disciplina, sin necesidad de recurrir a otras que la validen. Dicho esto hay que puntualizar dos aspectos:
En primer lugar, consideramos siempre enriquecedor cualquier disciplina de pensamiento que nos permita analizar las prácticas artísticas con mayor profundidad y complejidad por que consideramos que el arte es un lenguaje específico que forma parte y se imbrica en una cultura también específica. Como ha escrito Elena Vozmediano con mucha razón, nuestro texto era farragoso, pero eso no deslegitima la inclusión de otras voces a un discurso planteado como marco de trabajo netamente artístico. En segundo lugar, algunos de los planteamientos actuales, y no tanto, de los artistas, incluyen como herramientas de trabajo para la realización y formalización de sus propuestas los ingredientes que tú denostas. Nosotros tratamos con estos elementos en la misma medida que con cualquier tipo de producción material cuya producción haya que gestionar. Trabajamos con artistas y el arte, en una cita muy flamenca para variar, es lo que ellos designen como tal.
A partir de un artículo reciente de Hernández-Navarro en la Revista de Occidente, “El arte contemporáneo, entre la experiencia, lo antivisual y lo siniestro” (Febrero, 2006), y de tu reivindicación de unas determinadas estéticas, se podría argüir, a través de una narración materialista, de aquellos mimbres vinieron estos lodos, que el arte actual presenta hoy una reacción al ensimismamiento greenberiano y una tendencia decidida a la realidad (Certau) y a lo Real (Badieu, pero también Foster). Alejándonos de dialécticas, preferimos pensar que algunos de nuestros contemporáneos responden a la misma actitud de emergencia que todos nosotros a nuestro contexto. No es esta una reivindicación unívoca de estas manifestaciones frente a prácticas más formalistas, pero no creemos que podamos, en la buena práctica de nuestra carrera como historiadores del arte contemporáneo y en el ejercicio de la misma a través de su gestión, negar unas manifestaciones que, por otro lado no tenemos ningún empacho en abordar con la urgencia necesaria. Esta obliga a trabajar con la endeble red de apoyos de quien esté del mismo modo mirando y cuestionando este presente, con respeto pero sin temor a errar en la narración de este contexto para hacer historias, que no Historia.
En tu texto introduces, sorpresivamente, un elemento de validación que nosotros no consideramos y es el mercantil. Primero, porque tu justificación de la necesidad de materialidad de la obra es a estas alturas obsoleta y fuera de discusión, porque las obras de arte no ya de nuestra época sino de momentos pasados, han demostrado que su materialización puede tomar diversas vías y ser “reducibles” a otros lenguajes, en oposición, no podemos evitar citarlo, al planteamiento de Greenberg, que responde a otras circunstancias, otros momentos y otra ideología. En segundo lugar, porque los criterios del mercado exceden a nuestra práctica y no deben ni pueden ser un elemento de valor a la hora de plantear un discurso curatorial ni artístico.
Entendemos que los artistas deben tener una suficiencia económica, como cualquier profesional y es por ello que en nuestros proyectos se plantea, tal y como quería poner de manifiesto AVAM, la necesidad del pago de honorarios por su trabajo y unas condiciones en las que desarrollarlo holgadamente. La profesionalización con la que se plantea el trato administrativo con los artistas nos lleva también a la confusión que plantea la inclusión en tu texto de una discusión terminológica en la que no creemos haber caído pero que puede resultar oportuna. El plantear que el artista es un ego con patas deslegitima la formación teórica necesaria y la labor profesional exigible a un artista y, dando piruetas mortales de espaldas, volver a la idea decimonónica de “genialidad”, a lo mejor con la voluntad de reivindicarla para uno mismo. No creemos necesario ni hemos denominado a los artistas de otra forma que en función de su práctica y el buen ejercicio de su profesión. Sí nos resulta pertinente y a la vez enriquecedor por el elemento de reflexión que introduce en nuestra práctica, la discusión sobre la denominación del trabajo que nosotros realizamos. Creemos que es una declaración de intenciones el hecho de plantear nuestra práctica como una labor colectiva, frente a la tan celebrada denominación del comisario como artista (artista y genio ¡claro!) y sí consideramos que la nuestra es una labor de mediación.
Esperamos haber sabido aclarar algunos puntos que podían llevar a equivoco sobre las intenciones y objetivos del proyecto Madrid-Procesos-Redes y sobre la función y formalización de los proyectos.
Por cierto que el proyecto de Jorge Rodríguez Gerada y Ana Álvarez Errecalde, como se especificaba en la documentación existente en la sala y en la página de internet, se ha llevado a cabo satisfactoriamente en la calle Fuencarral, 133. Lo que se presentaba en la muestra no era la obra, sino tan sólo el documental de las gestiones infructuosas para uno de los espacios donde no se consiguió llevar a cabo el proyecto y que enriquecía la comprensión de los objetivos del mismo.
Y para no abusar de Baudelaire, una cita del también decimonónico Wilde “…¿quién, sino el verdadero crítico, lleva en sí mismo los sueños e ideas y sentimientos de miríadas de generaciones, no siéndole extraña forma alguna de pensamiento, no resultándole oscuro impulso emotivo alguno?...”
Y… eso es [casi] totototodo amigos.
RMS La Asociación
Publicado por: RMS La Asociación a las Marzo 14, 2006 10:12 AM
Queridos RMS:
Veo que no estamos de acuerdo sobre alguna cosa, y que ha habido malentendidos en otras.
No creo “denostar” a priori unos “ingredientes” o “herramientas de trabajo” artísticos; ni “reivindicar” otros per se. Sí me parece oportuno, a veces, distinguir usos más o menos eficaces de esas herramientas. Los préstamos de disciplinas como la etnología –por poner el ejemplo que más viene al caso- en ciertas obras y ciertos artistas pueden ser muy interesantes. Áridos y clónicos en otros: todo depende de la amplitud de miras, el ingenio o la articulación de ideas –¿diremos del talento? sí, lo diremos; viva el talento- del artista que echa mano de ellos. Creo que en Madrid-Procesos-Redes muchos usaban esas herramientas de forma rudimentaria y rutinaria. Ése sería el problema (no la decisión de usarlas). Unos “ingredientes”, como decís, de primera, no bastan para hacer buen caldo. Hay que tener ojo y tino y nervio para cocinarlos.
No reclamo la vuelta generalizada a “la materialidad de la obra” (no creo haberlo hecho nunca, pero menos aún en este artículo); aunque las obras muy materiales tampoco me disgustan por principio –si la materialidad es buena. La documentación del arte procesual ha demostrado, con el tiempo, poseer una recalcitrante cualidad material –y fungible, y vendible.
Tampoco suspiro por el regreso del artista-sacerdote romántico y “genial”. Simplemente, no creo factible –o deseable- la transformación completa del artista en “mediador” o “investigador”. No sé si interesa que acabe robándoles trabajo a los asistentes sociales: perderíamos buenos artistas a cambio de asistentes regularcitos.
En cuanto al desacuerdo, creo que es peligroso afirmar que “no consideráis” el elemento mercantil al trabajar con material artístico. Aún más, decís, “los criterios del mercado exceden nuestra práctica y no deben ni pueden ser un elemento de valor a la hora de plantear un discurso curatorial ni artístico”. Yo creo, muy al contrario, que las tensiones del mercado y los mecanismos de oferta y demanda están muy presentes hoy en toda producción artística –en toda producción, tout court- y que negarse a considerarlos a la hora de planear estrategias es auto-exiliarse del mundo real desde el principio. Que los artistas de MPR hayan sido subvencionados con dinero público no quiere decir que queden al margen del mercado, y sería ingenuo pensar lo contrario (entre otras cosas, es el mercado el que rige de forma más o menos directa la cuantía y la dirección de esas subvenciones).
Curiosamente, donde uno se topa con más gente proclamando la autonomía de las artes respecto al mercado es por los pasillos de Arco o Basilea o Miami. En ese sentido, la situación es demasiado compleja -y el margen de maniobra demasiado estrecho- como para hacerla aún más difícil desde el principio, planteando mal los términos.
Por lo demás, estimo vuestras propuestas –tal como está el patio, si iniciativas como RMS no existiesen habría que inventarlas- y me gusta poder confrontar puntos de vista.
Un saludo,
Javier Montes
Publicado por: Javier Montes a las Marzo 21, 2006 11:56 PM
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