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Febrero 24, 2006

PLENA MATERIA - Fabio Rodríguez de la Flor

"Aunque creo que para entender ese momento –el interés por la escultura- debo remontarme a la atávica costumbre que adquirí siendo niño de pulir nueces con la tijera de mi madre. Mi madre era modista y en secreto le cogía su tijera y me dedicaba a raspar la madera de estos ovoides hasta conseguir una superficie lisa y brillante. Después las vaciaba y las volvía a pegar frotándolas luego con aceite de oliva."

Cita tomada de "El rastro público de las palabras ausentes", Una entrevista de Javier Fuentes Feo a Fernando Sinaga.

Azogue1
Azogue

El espectador se acerca al círculo negro de Azogue como el científico que trabaja con material nuclear, a un espacio todavía más sólido pero más permeable que la mampara de cristal aislante, a un reducto por donde introducir la mirada enguantada y manipular los elementos que bullen por la energía de los contrarios [1]. Y descubre que ya no es un simple participante de la obra, sino que el proceso osmótico ha llegado a un nivel celular, y que su propio cuerpo ha comenzado a arder en el brebaje alquímico como ingrediente orgánico. La sosa cáustica que rompe el soporte ha salpicado su visión. Ahora el visitante comprende que el paseo por la exposición tiene un duro portazgo, que entender las diferentes etapas de este laboratorio alquímico conlleva Dejarse el pellejo.

Fernando Sinaga trabaja sobre ese rift donde las placas tectónicas chocan, donde la corteza terrestre emerge creando nuevo mundo. La superficie cáustica de Azogue es un retrato de ese paisaje lunar quebrado por la cordillera geológica. La base química ha ido despedazando la materia, haciendo emerger una convulsa cadena montañosa. La madera no ha soportado el calor inducido. El azogue, el mercurio, ha registrado la temperatura de la sublimación, ha medido en grados Fahrenheit el calor de la creación.

Azogue2
Azogue

Se derrumba la concepción del espacio museístico, se derroca el poder omnipresente que con “imposición de manos” dictamina que todo es obra, que todo es arte, dentro de este gran habitáculo. Penetramos en la cripta volcánica, en el lugar donde nace el símbolo magmático. No estamos frente a un gabinete de curiosidades, ni frente a un escaparate de tendencias y fluctuaciones actuales. El compromiso de la obra es una labor de toda una vida, y como tal, debemos acontecer a ella. El paseo por la instalación se convierte en un trayecto plagado de referencias, de sistemas de entendimiento. Es el viaje que proponen las secantes y confluentes líneas de la Rosa Circular. Su estructura engañosamente cartesiana [2] nos confunde en la percepción geométrica del lenguaje. Una lectura superficial de los itinerarios grabados por el sistema robotizado del control numérico sobre el cristal nos remite a la unión de los espacios de creación occidentales, aquellos que nos permiten dialogar en un mismo lenguaje [3], y que generan núcleos telúricos de entendimiento y espacios comunes de referencias. En la Rosa Circular podemos encontrar el diagrama del termitero social, de las autopistas y los caminos labrados por el trasiego del conocimiento y el nomadismo de los conceptos. Caminos recorridos por el artista a lo largo de treinta años y que se nos ofrecen como mapa topográfico, como auténtica guía de viaje. Una cartografía minimalista y esencializada, un atlas de la memoria que antecede a todas las salas que la exposición ocupa en el DA2, y que, a la manera de los planos de metro, nos ubica en nuestro desplazamiento e interactúa ayudándonos en el recorrido epistemológico. Pero al contrario que la disposición de los paralelos y los meridianos que siempre exhortan a una concepción centrífuga del espacio, las líneas de Sinaga no se fugan del recinto carcelario, vienen a confluir en él, a converger en el mismo centro del eje de coordenadas. Lo que en un principio parece ser una poética periférica, un lenguaje de contornos, ataca directamente el núcleo, golpea el epicentro sexual de la flor, dejando estelas incisivas en los pétalos poliédricos que la circundan.

Rosacircular
La Rosa Circular

La obra de Sinaga puede comprenderse como un proceso altamente creativo, pero subyacente a esta propuesta de una artisticidad en grado puro hay un complejo entramado de relaciones sinápticas. Entender plenamente la obra de Fernando significa comprender lo que es la materia.

Atendiendo a ese juego de contrarios, a los dos elementos enfrentados que caracterizan la mayor parte de sus piezas, podemos factorizar la composición de su arte casi con rigor científico. Pero la intención no es colocar arte y artista a un lado y a otro de la balanza. Lo teóricamente práctico en este caso es ver cómo en el proceso de creación interactúan las dos fuerzas simultáneamente, dejándose paso la una a la otra. Fernando Sinaga es artista porque existe la materia, y la materia que se expone debe su composición a su artista. Todo deviene materia en las manos de Sinaga. Materia no es sólo la obra, sino el espacio que inunda, materia es la luz que se proyecta, los libros que la describen, las personas que la contemplan, el tiempo en el que vive. Todo se genera a partir de un estrecho lazo entre lo interno y lo externo, y la mezcla entre ambos empieza en nuestro propio cuerpo [4].

Por lo tanto son dos coeficientes los que construyen estos espacios. Sinaga abandona su genio a las necesidades propias de la materia, y es de ella de la que mana ese albur, esa suerte, esa última condición con la que la obra se convierte en arte. Mente y cuerpo, genio y materia, se entrelazan en un mismo discurso. Andy Clark comparte esa idea de “la unión entre mente y cuerpo, esto es, la idea de una mente esencialmente corporeizada (embodied). Esta mente corpórea se encuentra además encajada o embebida (embedded) en el mundo en el que actúa. Las trayectorias representacionales, por tanto, no tienen su principio y fin dentro de la organización interna, sino que los mismos elementos del ambiente que proporcionan el andamiaje pueden verse como parte integrante de la trayectoria”[5]. Es, “...una manera de hacer y entender la escultura como un ser en sí y no tan solo como una representación de lo existente” [6]

Cada pieza se construye como parte esencial de un rito iniciático, de un discurso alquímico cuya necesidad se centra principalmente en la transformación de las dos voluntades anteriormente mencionadas. Es el diario de una metamorfosis, el sueño de Gregor Samsa antes de despertar. Acontecemos a la mezcla de materiales (Agua Amarga), a la decantación del aura artística (Corazón celado), todo dentro de un laboratorio minimalista, a través de alambiques rectilíneos y crisoles de perfección esférica. “En la obra de Sinaga hay una permanente ruptura de la repetición” [7] porque ningún experimento es igual al anterior. Es una ilusión óptica el creer que sus obras siguen patrones repetitivos. Fernando juega con nuestro “modo de ver”. Sabe que todas las imágenes matriciales que se generan al enfrentar dos espejos las tomaremos como iguales, pero las distintas instantáneas del sujeto que se aleja en el reflejo pertenecen a diferentes fases del proceso. Cambia su textura, su posición, su nitidez, su profundidad y sus contornos. Es un auténtico juego de homosofía (sabiduría de las similitudes), un poder intelectual, un trabajo quirúrgico centrado en extirpar tan solo las partículas diminutas y esenciales que producen la simetría.

Hay una continua exploración de estas alteraciones, una necesidad imperiosa de saber lo que se transforma. Es un control sistemático sobre el elemento que se estudia. La pieza de Contramundum se expone en un espacio aséptico rodeado de paredes. Sobre ellas se refleja la superficie de los objetos como si fuesen monitores de un circuito cerrado de vigilancia, de continua observación.

Contramundum
Contramundum
Contramundum2
Contramundum

Una obra destaca en esta labor de miradas: dos piezas de la serie Alma del Mundo. Las fotografías que quedan a la derecha de las células hexagonales de Wax Box parecen ser representaciones de fosfenos [8], de los entes lumínicos que quedan impresos en la memoria retiniana. No es casualidad encontrar un umbral a este conocimiento del fosfenismo. Aunque la teoría de esta experiencia visual haya derivado en derroteros demasiado “espirituales” y visionarios, los primeros experimentos del doctor Francis Leffebure [9]hablan de la materia creada por la mente, de un fenómeno extraño entre la percepción de la luz y el estímulo cerebral, de una interacción casi metafísica del hombre con su entorno.

Fernando Sinaga no pretende supeditarse al medio en el que actúa. No registra conocimientos en el interior y los exporta al exterior ni transgrede ninguna norma fenomenológica. Sus inputs y outputs se suceden en el mismo contexto, entra en un diálogo profundo con todo aquello que le rodea. Sus métodos de exploración no son aditivos sino que desintegra los grandes corpúsculos, los atomiza, los reduce y cataloga. La pieza El furor melancólico, reproduce el mecanismo de un acelerador de partículas lineal, un canal de fuerzas sumatorias que precipita las moléculas a una velocidad vertiginosa, a un crescendo de revoluciones cuyo final, al interponer un material (llamado blanco), es la desintegración de la materia en todos los componentes que la forman. Es a grandes rasgos la fórmula utilizada en los grandes aceleradores de partículas[10]: la materia se descompone para descubrir su estructura más íntima, y en esa disociación descubrimos nuevos elementos, estables o inestables, que configuran la composición del mundo. Sinaga hace que el proyectil lumínico impacte sobre el papel de Polaroid para registrar la disgregación de la materia, para someter a un estudio profundo los elementos que construyen sus obras. De nuevo es sobre la sosa cáustica, sobre el álcali, donde se imprime la memoria del proceso de creación.


Furormelancolico
El furor melancólico
Furordetalle
El furor melancólico. Detalle

Tras la catarsis de atomización viene un procedimiento de reintegración, de anastilosis en el que los elementos dispersos y desubicados se ordenan y se configuran clasificados en el espacio con el propósito de que su simple visualización remita a la totalidad de la composición inicial. Se reconstruye de nuevo el cuerpo diseccionado, las ruinas del edificio demolido crean nuevas estructuras sólidas dentro del imaginario. Percibimos los retazos de todo lo que existió, damos volumen a las sombras que restan, generamos otros cuerpos del residuo y la putrefacción. Nada en la obra de Sinaga queda inutilizado, todo es una reinversión constante, un aprovechamiento de todo lo utilizado, porque nada permanece como elemento ajeno, sino que su proyección artística termina por conceder a todo lo que le envuelve una importancia inesperada, un significado inaudito, termina por dotar a cada palabra de la frase, a cada elemento que compone su obra, a cada mecanismo, tiempo, lugar y forma, con el peso de la poética total.

Putrefactio
Putrefactio

[Texto y fotos de Fabio Rodríguez de la Flor]


NOTAS

1 En mi opinión no hay mejor comentario sobre la energía universal que desprende el juego entre contrarios, entre el negro y el blanco, entre los dos polos del imán como el que hace un escritor muy recurrente en la obra de Fernando Sinaga: Steiner, G. Campos de fuerza. Fisher y Spasski en Reykiavik, 1973. Madrid, La Fábrica.

El juego del ajedrez es también un entorno perfecto para los estudiosos de la ciencia cognitiva, cuyos desarrollos tecnológicos derivan en programas como Deep Thought (“Pensamiento Profundo”).

2. Quizá una de las estrategias más interesantes que propone Sinaga es la de alertar constantemente al espectador de no dejarse seducir por la idea cartesiana de la mente como una esfera aislada de los accidentes del cuerpo y el mundo (Descartes, R. Meditaciones metafísicas, Madrid, Alfaguara, 1997). Realiza una labor integradora de todos los elementos interconectándolos por múltiples nexos. En definitiva, tanto la Rosa Circular como Spaesamento, vienen a representar todos esos nodos, esas maneras de solapar y cruzar caminos y crear encrucijadas. La trama de esta compleja estructura eclipsa la visión de un solo vínculo pineal.

3. A propósito de los estudios de Lévi-Strauss en Mythologiques: “Lévi-Strauss concluyó su análisis afirmando que la creencia occidental en la creación individual no es más que una ilusión. Por más liberadora y estimulante que pueda resultar esta ilusión al artista activo, el individuo no puede recorrer solo el camino de la creación. Cada individuo se identifica, inevitablemente, en relación con todos los demás usuarios del lenguaje de la forma artística en cuestión.” (Gardner, H. Arte, mente y cerebro. Una aproximación cognitiva a la creatividad. Barcelona, Paidós, 2005. p. 66)

4. La realidad biológica es que existen transductores y efectores prácticamente en cada esquina del organismo, en los niveles mismos de las sinapsis neuronales o de las secreciones químicas. La consecuencia es que lo externo y lo interno se entremezclan empezando por nuestro propio cuerpo. (Dennett, D. C. Kinds of Minds, Nueva York, Basic Books, 1996, p. 74).

5. Clark, A. Estar ahí. Cerebro, cuerpo y mundo en la nueva ciencia cognitiva. Barcelona, Paidós, 1997. p. 24)

6. Sinaga, F. Consideraciones discontinuas y otras conversaciones. Salamanca, Fundación Salamanca, Ciudad de Cultura, 2006. p. 12)

7. Castro, F. Instantáneas de la ausencia en Sinaga, F. La estancia inhóspita, Valencia, IVAM, 2005.

8. Las manchas multicolores que persisten en la oscuridad durante tres minutos, tras mirar fijamente una fuente luminosa durante unos treinta segundos.

9. Leffebure, F. Fosfenismo, la clave científica de las manifestaciones. Barcelona, Fosfenismo Ediciones (Instituto Fosfenologia) , 2002.

10. El CERN (European Organization for Nuclear Research) es uno de los más conocidos. www.cern.ch

11. Lo que al final permanece vuelve a reconstruir mediante procedimientos simbólicos la imagen completa. Incluso el propio título establece “una relación compleja y abismática con la obra a la cual representa y para la cual llega a constituir una suerte de imagen mental (imago mentis) de la misma.” Rodríguez de la Flor, F. Poéticas del título en Sinaga, F. Cor Duplex. Zaragoza, Museo Pablo Serrano, 2005. p.99

Enviado el 24 de Febrero. << Volver a la página principal <<

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