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Julio 01, 2006

Andres Serrano: «es la crítica la que me exige ser provocativo» - Javier Díaz-Guardiola

Originalmente en abc.es

Piss
Le han tildado de provocador, pero él se defiende aduciendo que todo lo que retrata forma parte del día a día y que sus acciones parten de fascinaciones personales que no tienen por qué compartir los demás. Y es que tras su objetivo se han situado indigentes, miembros del Ku Kux Klan, religiosos... El Artium de Vitoria, en colaboración con PHotoEspaña y TeclaSala, organiza la primera retrospectiva de Andres Serrano (EEUU, 1950) en España, un repaso a una trayectoria trazada a base de sangre, sudor y alguna lágrima.

Esta es su primera retrospectiva española. ¿Qué conclusiones saca al ver toda su trayectoria?
El día de la inauguración conocí a una artista de Vitoria que me dijo que sentía envidia porque había capturado detalles en mis fotos que ella quisiera ver en las suyas. Cuando yo veo tantas series juntas lo único que se me ocurre es pensar lo mucho que he trabajado a lo largo de veinte años. Me alegra comprobar que las fotos de alguna manera han cambiado, aunque los temas, mis obsesiones, son los mismos. Es bueno saber que uno ha cosechado algún éxito en el extranjero. Para mí es un placer exponer en este país, porque aunque yo no lo soy, mi nombre es bien español. Mis raíces y mis rutas están indirectamente aquí. Personalmente, me siento diferente cuando hablo en español a cuando lo hago en inglés. Para mí el inglés es una lengua más intelectual, más fría. El español es un idioma más romántico, con mucho más sentimiento.

Muchas de sus series se han desarrollado en paralelo a determinados debates suscitados en la sociedad norteamericana. ¿Cómo se apropia de una temática?
Yo soy una persona sencilla y las cosas que me interesan son cuestiones básicas: la religión, el racismo, la pobreza... Nada más y nada menos. Siempre me he considerado un artista de la gente, un artista que no se centra en el arte por el arte. Para mí, la vida es muchísimo más interesante.

Sin embargo, y aunque no quiera prestarle atención, sí que recibe mucha influencia de la tradición.
Es que yo me considero un artista clásico, algo conceptual, pero un creador que tiene mucho de tradición.

También es importante preguntarle por sus modelos. Reconoce que sólo dispara cuando encuentra belleza en lo que fotografía.
La imagen que se ha utilizado para los carteles de esta exposición, perteneciente a la serie «La morgue», es una foto de una mujer con los ojos cubiertos que murió de sida. Cuando la conocí, no tenía la belleza que yo buscaba. Eso hizo que al principio me echara para atrás fotografiarla. Estuve dándole vueltas al asunto dos o tres días, tiempo en el que tampoco se me presentó la posibilidad de usar otro modelo, lo que me llevó a acercarme a ella otra vez. Entonces se me ocurrió cubrir parte del rostro con una tela y fue cuando me di cuenta de que ahí estaba su belleza. Es así de sencillo. Algo similar me ocurrió con unas siamesas que empleé para «La interpretación de los sueños». En algunas ocasiones he tenido que pensar mucho cómo encontrar la belleza, pero creo que he tenido mucha suerte y que siempre la he hallado.

¿La belleza es algo que le pide a cualquier obra de arte, no sólo a la suya?
Sí. Aunque los temas a los que me enfrente puedan resultar difíciles, como el de la muerte, mi objetivo último es hacer una foto bella. No me gusta tomar fotos que son «feas».

Pero donde usted ve belleza, otros ven perversión o morbo.
Aunque uno pueda hacer fotos que parezcan perversas o difíciles de digerir, en el fondo, la belleza, la vinculación con la tradición son algunos de sus ingredientes capitales. En eso se basa mi trabajo. Aunque éste sea fuerte, si hay belleza, el espectador lo aceptará, porque se dejará seducir. Es la tensión entre conceptos lo que hace que la obra no se quede en una fotografía meramente decorativa.

La exposición incluye el «Piss Crist» que le llevó a ser la comidilla del Senado norteamericano. Eso le dio notoriedad, pero, ¿cómo le marcó como artista?
Me costó darme cuenta de que se había montado un circo en torno a mí, y entré al trapo. Acepté la situación y traté de mantenerme distante. Me dolía que la gente fuera tan crítica con el trabajo, porque, realmente, lo único que necesitaban era tener una cara a la que odiar. No voy a negar que el escándalo me generó cosas buenas, pero tambien muchas malas, entre ellas, que mi matrimonio fracasara. Eso fue así porque la situación me hizo sentir vulnerable, inestable en todos los ámbitos. Me veía como un animal en una jaula. Necesitaba estar solo.

¿Las cosas buenas?
El suceso me granjeó enemigos, pero hizo que se creara un público en torno a mi trabajo, y, no puedo mentirte, que empezaran a llegar los coleccionistas, gente que durante años me había ignorado. Cuando estaba haciendo la serie del Ku Kux Klan o la de la morgue llegué a dudar sobre si la gente aceptaría cosas así, pero un amigo me abrió los ojos y me recordó que muchos coleccionistas no compraban muertos o racistas, sino que estaban comprando «serranos». Había llegado a un punto en el que se me había aceptado como artista.

Lo suyo con la religión ha sido siempre cuestión de amor-odio.
Aunque no soy católico ahora ?lo fui, y mucho, de niño?, sigo siendo creyente y me considero cercano a Cristo y al catolicismo. Lo que más me atrae de éste es su estética. De hecho, llevo más de diez años coleccionando objetos religiosos. Hasta muebles tengo. Por eso me dolió que, durante el escándalo, me llamaran hereje. Yo ni me siento así ni he querido nunca atacar a la religión. Al contrario: me considero un artista cristiano, muy cercano a Caravaggio o muchos otros que en su tiempo no fueron apreciados.

Ha llegado a decir que un día el tiempo le dará la razón y la Iglesia coleccionará su obra.
Algún día hasta el Vaticano me coleccionará. Yo he expuesto en iglesias. Hace dos años, lo hice en Roma. Por entonces, entrevistaron a un representante de la Iglesia que dijo que, aunque yo era transgresor, no me consideraba blasfemo. Eso me emocionó. Sé que hay muchas personas en la Iglesia a la que les gusta mi obra.

Cuando un artista se considera emparentado con la tradición, ¿dónde radica su modernidad?
En mi pensamiento, sin duda alguna. Por el mero hecho de ser producto de una sociedad moderna, mi temática y mi actitud también lo son.

¿Qué se consigue cuando se pone en un mismo plano a miembros del Ku Kux Klan e indigentes?
No es la primera vez que expongo juntas esas dos series. Me parece que es importante que se vea que el trabajo tiene las mismas raíces y que está hecho por el mismo artista. En ambos casos estamos hablando de situaciones extremas, en un caso, de racismo, y en otro, de pobreza. En ese sentido, son agentes sociales que tienen mucho en común: son outsiders, víctimas de sus circunstancias.

Le costó introducir la figura humana en su obra, pero ha terminado convirtiéndose en un retratista.
Como usted sabe, yo comencé estudiando pintura en Brooklyn. Por eso siempre me he considerado más «artista» que fotógrafo, y también por eso siempre he fluctado entre series o muy abstractas o muy realistas. Voy de uno a otro extremo, aunque es cierto que llevo muchos años centrado en el retrato. Sin embargo, mi próxima serie será abstracta. Lo realmente importante es la imagen final.

Reconoce entonces que con «América», serie con la que acaba esta muestra, se cierra un ciclo.
Desde luego. Me costó tres años acabar con ella. Cuando lo hice, alguien me preguntó que por qué no había hecho un autorretrato, a lo que yo le respondí: «Pero, ¿qué crees que es esto?». He intentado representar América como yo la conzco, seleccionando a las personas que a mí me parecían representativas, aunque personalmente yo sólo conocía a dos de ellas: la piloto Tracy Thompson y el rapero Snoop Dogg. Curiosamente, Tracy fue novia mía durante siete años, pero mientras estuvimos juntos nunca sentí la necesidad de fotografiarla.

¿Cómo supo que la serie estaba acabada?
Fue el libro de Taschen el que marcó el final de la serie, pero luego he seguido haciendo retratos para New York Times que, si tengo oportunidad de exponer junto a la serie, lo haré. Hay dos o tres personas que me hubiera gustado conseguir para el conjunto, entre ellas, Paris Hilton.

¿Es cierto que la serie no se ha mostrado en su totalidad en Estados Unidos?
El próximo mes tendré una muestra en la National Portrait Gallery de Washington con algunas de las obras de la serie, pero yo creo que «América» se merece la oportunidad de presentarse a lo grande en Estados Unidos. Y entonces será entendida. Creo el mundo del arte aún no la ha acogido en su seno del todo porque no es provocativa. Eso me ofende, porque nadie le pidió a Avedon o a Annie Leibovitz que fueran provocativos cuando hacían sus retratos. A mí me lo exigen.

¿Hay intencionalidad política en su trabajo?
Indirectamente, sí; pero yo nunca defino de esa manera mi obra, porque cuando uno llama así a una pieza la entiende casi como si de propaganda se tratara, y la gente tiende a rechazarla al sentirse dirigida. Prefiero que el trabajo quede abierto a la interpretación, aunque albergue cierta conciencia social que yo no subrayo.

En una entrevista que le ha realizado la comisaria, usted dice sentir la necesidad de escribir sus memorias. ¿Qué es lo que vamos a descubrir del Serrano escritor?
¡Ojalá pueda hacer un buen libro! Quiero que la gente se dé cuenta de que soy algo más que un artista, que he tenido una vida algo extraña aunque muy divertida. También quisiera hacer una película. Una de mis grandes influencias como artista ha sido siempre Luis Buñuel, después de Duchamp. Con todas las series fotográficas siempre me pasa igual, siempre digo «ésta es la última». Pero nunca es así. Hay fotógrafo para rato

Enviado el 01 de Julio. << Volver a la página principal <<

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