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    <updated>2008-05-09T17:51:41Z</updated>
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    <title>Olivier Debroise, fuga y silencio - María Virginia Jaua</title>
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    <published>2008-05-09T17:37:30Z</published>
    <updated>2008-05-09T17:51:41Z</updated>
    
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            <category term="| :: colaBs :: |" />
    
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        <![CDATA[<p><a href="http://salonkritik.net/06-07/oli.php" onclick="window.open('http://salonkritik.net/06-07/oli.php','popup','width=453,height=604,scrollbars=no,resizable=no,toolbar=no,directories=no,location=no,menubar=no,status=no,left=0,top=0'); return false"><img src="http://salonkritik.net/06-07/oli-thumb.jpg" width="225" height="300" align="left" border="0" hspace="10" vspace="10" alt="" /></a>Hace una semana, recorría los pasillos de una exposición en la que un grupo de artistas habían sido invitados a mostrar su trabajo a manera de “work in progres”. Aunque resultaba un tanto fallido el intento curatorial, o precisamente a causa de ello, de la visita extraje una de esas frases de las que uno se siente orgulloso menos de un minuto, la comparte con un amigo en el momento y luego pasa al olvido: “si no puedes tener un minuto de inteligencia, ten al menos un minuto de silencio”. La dije en voz alta y luego me olvidé de ella para siempre.</p>

<p>Hace dos días me enteré de la muerte de Olivier Debroise (1952-2008). Y con la noticia de su muerte, vino la frase olvidada y con ella comenzaron a llegar recuerdos, conversaciones, reflexiones, testimonios de una vida que tuvo mucho más de un minuto de inteligencia pero que también en algunos momentos supo callar.</p>]]>
        <![CDATA[<p>Olivier Debroise, muchos lo saben y no vamos a repetir su trayectoria intelectual, fue una persona clave para el mundo de las artes plásticas mexicanas de finales del siglo pasado y de este, y muchos de sus proyectos tuvieron una amplia resonancia en Latinoamérica y Estados Unidos. Tuvo la audacia de emprender tareas que todo el poder del aparato burocrático y de la institución artística no llevó a cabo. Me refiero a la revisión más reciente “La era de la discrepancia” que despertó tantas suspicacias, choque de intereses y resentimientos, pero más aún, aludo a la que concretó con Curare, luego Canaia y más tarde Teratoma y que colocó en el centro de la discusión y de la reflexión la teoría y la crítica de las artes visuales así como la práctica curatorial. Iniciativas que siguen y seguirán rindiendo frutos.</p>

<p>La muerte de Olivier Debroise, infarto fulminante, más que un deceso inesperado parece una verdadera fuga, en la que por una suerte de artificio ilusionista de pronto se esfuma frente a nuestros ojos en el momento más emocionante de su representación. De tan inesperada, su muerte hiela, perturba, molesta, duele, no sólo por los valores éticos y estéticos que demostró como ser pensante y actuante en el terreno de las artes, de las actividades creativas y de la crítica en general, sino también como amigo, como conversador, como generador siempre entusiasta de la propuesta, del debate, en fin, del enriquecimiento, de la suma más que de la resta.</p>

<p>En secreto para cada uno, a su manera, la muerte de Olivier es profundamente triste por lo que tiene de pérdida, que es mucha, doblemente triste por ser una muerte en la que se esfumaron en sólo un instante y para siempre, miles de minutos de inteligencia, que en él fueron palabras, humor, crítica, combate, celebración de la vida y de la amistad y que hoy, para nuestro pesar, ya sólo serán minutos de silencio, puro silencio.</p>

<p><br />
***</p>

<p>Para recordar a Olivier Debroise va un fragmento de “Diario de una deriva” (VI)</p>

<p>Miércoles, 6 de julio de 2005. Ciudad de México. En junio de 1997, Francis Alÿs viajó alrededor del mundo. El penúltimo día de este periplo, por fin me envió los mensajes electrónicos que escribió durante las escalas, y había estado esperando inquieto. Cuando Francis regresó a la ciudad de México, a principios de julio, yo ya no estaba aquí. Mientras él recorría la cuenca del Pacífico, inicié un diario de viaje, que aún no termina. Empezaba así: Miércoles, 18 de Junio de 1997. Ciudad de México. A los catorce años, había vivido en cuatro continentes y una media docena de países distintos. A los veintidós, tomé la decisión de no viajar más. […] ¿Por ello incité a Francis a emprender el viaje? ¿Por ello tracé en el mapa su itinerario? […]. Si quieres vivir, no puedes escribir. Una de otra. Tú escoges. Viernes, 8 de julio de 2005. El verano del 97 significó, para mí, una crisis con la manera de escribir historia y crítica del arte. Después de casi diez años de discurso poscolonial, de reflexión ante las problemáticas identitarias y la ideologización de las identidades, la compenetración del arte con la antropología y una desmaterialización de las formas, la escritura crítica parecía ahogarse en una sopa de magnetismos semánticos y el ejercicio arbitrario de la cita. Para quienes nos habíamos vuelto comisarios (curadores) sin saberlo, porque había que hacerlo en un intento de darle sentido libertario (social) a las prácticas artísticas, y sacarlas del underground (que, por supuesto, era una manera de legitimación), la aparición de nuevos agentes, promotores, galeristas y comisarios feriales, iluminados de teoría, significaban la esclerosis de la crítica, y una derrota de la imaginación. Ya se entreveían los primeros síntomas de una inscripción del arte en el sistema de la moda -temporadas mediatizadas, pasarela de talentos hasta que, sin tapujos, el arte se transmutó en papel tapiz. Había que buscar otra manera de abordar el fenómeno “arte”. Francis Alÿs, quiero afirmar, también atravesaba por una crisis similar. Los soportes habituales de su obra -la pintura, la escultura- estaban vencidos. Él mismo había cultivado esa capitulación en la serie The Liar and the Copy of the Liar (1994-1997) con la que retó la legitimidad de su propia autoría al ceder la ejecución a operarios. Tanto el encuentro con la antropología (el taller colectivo y el anonimato de la producción de formas visuales) como la descomposición del objeto (objet-trouvé, ready-made, mensaje-concepto) se estaban convirtiendo en estratagemas -nunca más en estrategias- demasiado estrictos y normativos. Ambos, quizá, sentíamos que llegaba el momento de enunciar otra “teoría”, volver a llenar el arte de ideología y tomas de partido. Tarea insostenible, desde luego, pero que pasaba por esta negación a seguir en lo mismo. Nos fuimos, cada quien por su lado, de viaje. Mientras Francis viajaba, inicié esta bitácora.</p>

<p><br />
Metodología. Tú, lector perspicaz, te darás cuenta muy pronto de las incoherencias de esta bitácora -las fechas que no coinciden, o se sobreponen unas a otras; los itinerarios que no concuerdan. En tanto género literario, la bitácora es una simulación que pretende reconstruir a posteriori el tiempo del viaje, liberado de sus contingencias. Porque el viaje ocupa todo el tiempo del viaje y no deja espacio para otras actividades. Blaise Cendrars amaba las travesías trasatlánticas: en ese “paréntesis en la vida” en que el azar de las migraciones nos sentaba en la mesa de imprevistos viajeros, Cendrars solía construir ficciones a manera de relatos de viaje que sólo eran, en realidad, digresiones para hablar de lo real. Convirtió a algunas de estas personas, capitanes hartos del mundo, aristócratas solazando un alma errática, polizontes ávidos de espacio, en personajes entrañables. En el recuerdo de mis ocho años, estos quince días de carrera náutica -Le Havre, Vigo, Lisboa, Casablanca, Dakar, Pernambuco- representan la perfecta vacación -un estado de ausencia que permite todas las aventuras, desde la exploración de los oscuros pañoles hasta las apuestas en primera clase, o suspenderse en la proa para sentirse dueño del Atlántico. Así es porque, aunque parezca presuntuoso, sé cuándo cambió la noción de viaje -o, tal vez debería decir, cuándo empezamos a cultivar la nostalgia por la noción de viaje. En marzo de 1962 cuando, para atender a la abuela vieja que había caído enferma en La Haya, mi padre viajó de Rio a París, en el vuelo inaugural del servicio sin escalas de Air France, en un Boeing 707. Guardo la foto de esta despedida en el aeropuerto Santos Dumont: hay gruesos ramos de flores en la pasarela del jet detenido en medio de la pista, con el Pão de Açúcar en el fondo, y el presidente Goulart parado en la alfombra roja. Esta vez, mi padre sólo tardó diez horas en atravesar el Atlántico Sur.</p>

<p>El Boeing 707 de 1962 recorría los nueve mil y tantos kilómetros que separan Santos Dumont de Orly en el mismo tiempo que los jets actuales; en el mismo tiempo que tardábamos en ir de Varsovia a París en un Super Constellation de Lufthansa, con inevitable escala en Berlín y desvío forzoso por el corredor aéreo. Los jets de principios del siglo veintiuno no son más veloces que los de 1962; es más, mientras más anchos y largos, vuelan más lento: el prototipo del 707 rebasaba los mil kilómetros por hora; el Airbus más reciente apenas si corre a novecientos. Los modelos actuales permiten transportar a más pasajeros en condiciones cada vez más incómodas, comprimidos, sin fumar y con riesgo de envenenamiento o contaminación microbiana. Tienen mayor radio de alcance, lo que ahorra tediosas escalas. Son desde luego más seguros -en parte, debido a los límites de velocidad- y más aburridos. Nos hemos acostumbrado, en estos cuarenta y cinco años, a desplazarnos a la cómoda altura de trece mil pies s/n/m/m a novecientos kilómetros/h, y a padecer -tal y cómo los antiguos navegantes oceánicos- la fuerza contraria de los vientos, que agrega tres horas de tedio en sentido este-oeste -e inspira emprender el itinerario de retorno a América por las antiguas vías de Marco Polo. La resistencia, como la velocidad, tiene sus límites. Aún así, cuesta trabajo despertar -malhumorado, desde luego- en la ciudad de México y acostarse -extenuado- en Nueva York o en Amsterdam -o cualquier variante que tú, lector razonable, quieras aplicar a esta geografía voluptuosa. Hemos aprendido, a pesar de nosotros, las reglas de la transportación, y las maneras de sobrellevar las horas suspendidas, los dolores de espalda, la hinchazón de los pies, y esa rara sensación que cultivan las tripulaciones aéreas de hacernos sentir como niños regañados. Esta es la antitesis de la idea de viaje, por lo menos tal y cómo nos la presentan las letras, las artes y, en contadas ocasiones, la teoría, que glosan en torno a la idea del viaje-como-experiencia-decisiva que pasa obligatoriamente por una reafirmación del individuo (de la identidad) en drástica oposición a lo que experimentan las masas desplazadas. (…)</p>

<p>originalmente en <a href="http://www.exitmedia.net/prueba/esp/articulo.php?id=150">http://www.exitmedia.net/prueba/esp/articulo.php?id=150</a></p>]]>
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    <title>&quot;Con enemigos así ...&quot; Slavoj Zizek vs Simon Critchley - José Luis Brea</title>
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    <published>2008-05-09T09:02:00Z</published>
    <updated>2008-05-09T09:22:40Z</updated>
    
    <summary><![CDATA[Acaso habr&iacute;a que empezar por decir que asistir a la confrontaci&oacute;n Critchley / Zizek fue un privilegio absoluto. Y no s&oacute;lo por el contenido mismo de lo aportado -la elaboraci&oacute;n de Critchley fue extraordinariamente afinada y precisa; Zizek, en cambio,...]]></summary>
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        <![CDATA[<p><a href="http://salonkritik.net/06-07/vattimo-critchley-zizek.php" onclick="window.open('http://salonkritik.net/06-07/vattimo-critchley-zizek.php','popup','width=570,height=478,scrollbars=no,resizable=no,toolbar=no,directories=no,location=no,menubar=no,status=no,left=0,top=0'); return false"><img src="http://salonkritik.net/06-07/vattimo-critchley-zizek-thumb.jpg" width="225" height="188" align="left" border="0" hspace="10" vspace="10" alt="" /></a>Acaso habr&iacute;a que empezar por decir que asistir a la <a href="http://sos48.com/es/voces.php" target="new">confrontaci&oacute;n Critchley / Zizek </a> fue un privilegio absoluto. Y no s&oacute;lo por el contenido mismo de lo aportado -la elaboraci&oacute;n de Critchley fue extraordinariamente afinada y precisa; Zizek, en cambio, fue m&aacute;s <em>a bulto</em>- sino tambi&eacute;n porque en el debate se pusieron en escena -casi dir&iacute;a, <em>en escenario-</em> tanto las posiciones m&aacute;s elaboradas y representativas que hoy pueden adoptarse en relaci&oacute;n al n&uacute;cleo de la cuesti&oacute;n debatida -a saber, el fundamento de la acci&oacute;n pol&iacute;tica de resistencia-, como el mejor <em>judo intelectual</em> que hemos visto jugar en p&uacute;blico en mucho tiempo.</p>
]]>
        <![CDATA[<p>Empez&oacute; Critchley con precisi&oacute;n anglosajona, exponiendo con gran refinamiento su posici&oacute;n. Parti&oacute; -c&oacute;mo no- de la reivindicaci&oacute;n de la decepci&oacute;n, del <em>desencanto</em> -en este caso, el que acarrea ver defraudada la expectativa de justicia y libertad, en el horizonte de la vida pr&aacute;ctica. Abandonando los modelos que pretenden dise&ntilde;ar ese horizonte absolutizado en uno u otro fundacionalismo, eligi&oacute; el camino de una <em>minima moralia</em>, que esta vez situ&oacute; no tanto en la ense&ntilde;anza del arte -como lugar de empat&iacute;a y sentimiento de solidaridad con el otro: es su aquilatada posici&oacute;n en el magn&iacute;fico <a href="http://salonkritik.net/06-07/2008/04/post_1.php" target="new"><em>Muy poco ... casi nada</em></a>- sino en una cierta &ldquo;teor&iacute;a del sujeto&rdquo; formulada como estructura incompleta, faltante -lo que teniendo enfrente un capit&aacute;n lacaniano ya era provocar. Apoy&aacute;ndose en Levin&aacute;s, argument&oacute; en la constancia de la <em>infinitud de la demanda</em> del yo el perfil de un elegante modelo &eacute;tico de instituci&oacute;n del sujeto como<em> &ldquo;dividuo&rdquo;, </em>como instancia dividida entre el propio demandar ilimitado y su proyecci&oacute;n en el otro, pensado &eacute;ste a su vez como procurador del mismo monto ilimitado de demanda rec&iacute;proca. Para lograr un equilibrio suficiente de ambas fuentes de demanda -o, digamos, para rebajarle la arrogancia al propio, el peso derivado de su mayor proximidad al punto de palanca- Critchley vino a recurrir, muy anglosajonamente, al <em>humor.</em> Un humor que jugar&iacute;a entonces un papel cercano al del <em>ironismo</em> en Rorty y en el que se podr&iacute;a confiar para descargar de soberbia y autoconvicci&oacute;n (de lastre: es sobre todo un humor dirigido a no tomarse a uno mismo demasiado en serio) la propias teor&iacute;as, interpretaciones y convicciones. Es a partir de ello que -y ya sobre esa arquitectura <em>dividida</em> de la instituci&oacute;n de lo subjetivo- acert&oacute; a proponernos su<em> minima moralia </em>como una &ldquo;&eacute;tica del compromiso-acuerdo&rdquo; <em>[commitment] </em>abierta al otro (y excelentemente articulada hasta aqu&iacute;, todo hay que decirlo). </p>
<p>Pretendi&oacute; a partir de ello -como no pod&iacute;a ser de otro modo, para no quedarse en los vuelos de la pura abstracci&oacute;n- derivar una <em>pol&iacute;tica</em>, y aqu&iacute; su posici&oacute;n se intern&oacute; en aguas sin duda m&aacute;s dif&iacute;ciles. Intent&oacute; de cualquier forma abrirse paso en ellas con la misma elegancia y parecido bistur&iacute; conceptual y, con &eacute;l en mano, ensay&oacute; elaborar una taxonom&iacute;a general de los posicionamientos pol&iacute;ticos posibles en nuestro mundo y nuestros d&iacute;as, distribuy&eacute;ndolos en tres grandes familias de <em>neos:</em> la de los <em>neoliberalismos</em>, la de los <em>neoleninismos,</em> y la que llam&oacute; del <em>neoanarquismo</em>. Innecesario decir que la primera -fundada en el ego&iacute;smo y la pura autoafirmaci&oacute;n del cada cual- no se correspond&iacute;a con la &eacute;tica del compromiso y la apertura al otro defendida. Tampoco la segunda, y pese a su compromiso con la revocaci&oacute;n de ese orden de los <em>neoliberalismos</em> campantes, se ajustaba al modelo: en los posicionamientos cr&iacute;ticos de los <em>neoleninismos</em> falta justamente la escucha a la &ldquo;demanda infinita&rdquo; del otro. Pecan de exceso de autoconvicci&oacute;n y fundamentalismo, y barren en su actuaci&oacute;n el margen de incertidumbre que el autohumor -y la obligaci&oacute;n a balancear el propio criterio con la aceptaci&oacute;n del del otro- introduce. </p>
<p>Por tanto, ser&iacute;a la tercera opci&oacute;n la que, bajo su punto de vista, mejor recoger&iacute;a su &ldquo;&eacute;tica del compromiso-acuerdo&rdquo; con el otro, con su apertura hacia &eacute;l, y tambi&eacute;n entonces la mejor para realizar una efectiva &ldquo;<em>pol&iacute;tica de resistencia</em>&rdquo;. Con todo, en su devenir &ldquo;neo&rdquo;, este anarquismo se habr&iacute;a dejado por el camino toda expectativa de derrumbe del aparato de estado y, por tanto, apuntar&iacute;a m&aacute;s a una &eacute;tica de la responsabilidad -de la ecolog&iacute;a, de la sostenibilidad- que a otra dirigida por el af&aacute;n emancipatorio, libertario. As&iacute; que nos encontrar&iacute;amos con una opci&oacute;n un poquito descafeinada y muchas veces agotadoramente titubeante, deseosa siempre de entender y ponerse simult&aacute;neamente en el otro lado &ndash;me atrever&iacute;a a sugerir que su atractivo y quiz&aacute;s novedad radica en definirse como una sugestiva &ldquo;<em>pol&iacute;tica de la enemistad</em>&rdquo;-, y muy poco dispuesta por tanto a legitimar nunca las armas de la violencia -salvo en aquellos en que este uso viniera a evitar la comisi&oacute;n de una violencia mayor (sigui&oacute; en la defensa de esta &ldquo;cr&iacute;tica de la violencia&rdquo; caminos bien conocidos que oscilaron entre Benjamin, Arendt y hasta Gandhi, pero lo hizo nuevamente de una manera indudablemente modulada, rigurosa y precisa). </p>
<p>Aun cuando no viniera a traer grandes promesas ni utop&iacute;as -pero s&iacute; peque&ntilde;as acciones de <em>&ldquo;intersticio&rdquo;,</em> seg&uacute;n sus palabras- ni siquiera pod&iacute;amos estar seguros de que esta opci&oacute;n fuera a triunfar. Al contrario, Critchley no dud&oacute; en reconocer que sospechaba muy improbable la verificaci&oacute;n hist&oacute;rica de esta tercera opci&oacute;n (que &eacute;l reconoc&iacute;a en las efervescencias de Seattle o los movimientos sociales, o en alg&uacute;n nuevo indigenismo latinoamericano, sin atreverse a precisar mucho m&aacute;s all&aacute; de alguna alusi&oacute;n a Morales). De cualquier forma, y pese a ello, tampoco dud&oacute; en afirmar que ella era, sin duda, no s&oacute;lo la opci&oacute;n que hac&iacute;a objeto de su elecci&oacute;n personal, sino tambi&eacute;n aquella que bajo su punto de vista ten&iacute;a la legitimidad a&ntilde;adida de articularse como una cierta &eacute;tica formal-procedimental-abstracta (del compromiso) como la expuesta, capaz entonces y por ello de avalar en el rigor filos&oacute;fico-anal&iacute;tico un programa suficientemente sustentado para una acci&oacute;n pol&iacute;tica sostenible -aunque ciertamente &eacute;sta tuviera que reconocerse como <em>&ldquo;de m&iacute;nimos&rdquo;.</em></p>
<p>Y hasta all&iacute; el bistur&iacute;. Donde Critchley hab&iacute;a ido separando con oficio de tenaz microcirujano, Zizek entr&oacute; arrasando con el <em>bulldozer </em>-de una inteligencia siempre chispeante e implacablemente desplegada. Con astucia de psicoanalizado interminable -en una de sus an&eacute;cdotas m&aacute;s divertidas reconoci&oacute; que en las sesiones nunca paraba de parlotear lo que fuera, para evitar que el analista le condujera hacia alguna cuesti&oacute;n importante- eludi&oacute; por completo exponer -o defender- su punto de vista propio, eligiendo en cambio atacar el del contrario. As&iacute; que en la pr&aacute;ctica, hubo solamente una conferencia, y un largo debate acerca de ella. Es posible que Critchley pensara en Zizek cuando habl&oacute; de <em>neoleninismo</em> -es dif&iacute;cil imaginar un autor vivo m&aacute;s identificable con esa posici&oacute;n- pero &eacute;ste no se dio como tal por muy aludido, y en vez de fundamentar en forma alguna su propia postura (a favor de la &ldquo;segunda familia&rdquo;), ejerci&oacute; de analista feroz de la de su interlocutor, adoptando para la suya la posici&oacute;n de lo que est&aacute; fuera de cuesti&oacute;n, del &ldquo;supuesto saber&rdquo;. Claro que incluso esto pudo -y supo- justificarlo. Lejos de la posici&oacute;n de &ldquo;escucha del otro&rdquo; defendida por Critchley, Zizek reivindic&oacute; la necesidad de ponerle limitaciones a ese escuchar. La &ldquo;escucha respetuosa del enemigo&rdquo; ten&iacute;a sus l&iacute;mites, y la comprensi&oacute;n excesiva paralizaba la acci&oacute;n necesaria: &eacute;l nunca hubiera tenido inter&eacute;s de <em>empatizar</em> o atender a las razones de Hitler (demagogia al canto), ni cre&iacute;a que Morales -o incluso Chavez, le reproch&oacute; a Critchley no haberse pronunciado sobre este opositor m&aacute;s efectivo al neoliberalismo imperialista- debiera seguir haci&eacute;ndolo. Al contrario, justific&oacute; Zizek, en el ejercicio de su &ldquo;antagonismo&rdquo; llegaba el momento de suspender la escucha &uacute;nicamente &uacute;til para la acci&oacute;n <em>intersticial </em>y, m&aacute;s bien, utilizar -frontalmente- la fuerza de las armas en lo que fuera necesario.</p>
<p>El marco para esa toma de posici&oacute;n ven&iacute;a provisto por el entrecruce particular que en su sistema forman el psicoan&aacute;lisis y la cr&iacute;tica de la ideolog&iacute;a. Desde &eacute;l, la escucha al argumento del otro encontraba como l&iacute;mite la <em>sospecha</em> de que su habla en realidad s&oacute;lo dec&iacute;a verdad para el escuchar abstracto de alg&uacute;n imposible Gran Otro. Lo que se dice y argumenta es siempre la construcci&oacute;n falsificatoria de una representaci&oacute;n interesada, y ello pone un l&iacute;mite consistente a la vocaci&oacute;n de atender a la &ldquo;demanda infinita&rdquo; del otro (que en realidad no se dirige <em>verdaderamente</em> al di&aacute;logo, sino a un<em> supuesto saber</em> que est&aacute; fuera de la propia escena real: en el &aacute;mbito de lo simb&oacute;lico). Apostar entonces por la escucha infinita al otro ser&iacute;a hacer concesi&oacute;n al ordenamiento bajo el que sus falsificatorias representaciones encuentran amparo y cobertura -y es eso justamente lo que, en la opini&oacute;n de Zizek se trata de romper mediante la acci&oacute;n pol&iacute;tica. La suspensi&oacute;n de la escucha infinita -y el ejercicio del no reconocimiento ilimitado del otro en la lucha de los intereses- se fundamenta entonces en la certeza de que el enemigo <em>miente</em> -y dice siempre aquello que sea preciso decir para que, a&uacute;n cambi&aacute;ndolo todo, todo siga igual. La acci&oacute;n pol&iacute;tica toma entonces fundamento -y aqu&iacute; se ve que a&uacute;n teniendo en com&uacute;n el punto de partida en el escepticismo frente a la transparencia pura del decir, ambos pensadores llegan a conclusiones totalmente opuestas cuando derivan de ella el fundamento de la acci&oacute;n pr&aacute;ctica- en la suspensi&oacute;n de la confianza en la palabra -que para Zizek es tratada en efecto fundamentalmente como <em>s&iacute;ntoma:</em> ciertamente como se&ntilde;a de la constituci&oacute;n incompleta del sujeto; pero sobre todo como falsedad, tomando en ello fundamento para darle el trato propio de la <em>ideolog&iacute;a.</em></p>
<p>La acci&oacute;n pol&iacute;tica -que ya dije al principio, fue la cuesti&oacute;n central del debate- se instituye entonces para Zizek partiendo del desenmascaramiento de lo falseatorio del discurso del otro. Y el paso al actuar se produce as&iacute en la denegaci&oacute;n del valor de verdad a su discurso y en la postulaci&oacute;n del propio en el lugar del sujeto que<em> sabe</em>, y que en ese saber &ndash;que es proporcionado por el trabajo <em>anal&iacute;tico,</em> nutrido en el cruce de materialismo hist&oacute;rico y psicoan&aacute;lisis- se legitima como sujeto de <em>acci&oacute;n. </em>Al hacerlo as&iacute;, se posiciona en el lugar del sujeto revolucionario que asume a la vez constituirse en el de la historia. Enriquecida de este modo con la densidad del an&aacute;lisis lacaniano, la teor&iacute;a de la acci&oacute;n pol&iacute;tica de Zizek se prefigura a partir de una cr&iacute;tica de la ideolog&iacute;a que justifica la <em>suspensi&oacute;n</em> de la escucha al otro en una dial&eacute;ctica de corte <em>neoleninista</em> que abandera la <em>ocupaci&oacute;n</em> del lugar -y el ejercicio supuestamente leg&iacute;timo desde &eacute;l- del<em> saber-poder. </em>&nbsp;</p>
<p>Cierto que Critchley podr&iacute;a haber optado por contraatacar las extremas debilidades de esta posici&oacute;n, pero Zizek no le dio tiempo, poniendo h&aacute;bilmente en evidencia las de la suya. Vimos as&iacute; a un extremadamente correcto Critchley matizando y matizando lo que su peculiar <em>neoanarquismo</em> representaba, y a la defensiva ante la m&aacute;s fiera acusaci&oacute;n que podr&iacute;a hac&eacute;rsele: que en realidad su formulaci&oacute;n de las posiciones de la &ldquo;tercera familia&rdquo; <em>neoanarquista </em>constitu&iacute;a el mejor amparo ideol&oacute;gico imaginable -la ret&oacute;rica encubridora m&aacute;s potente- para una pr&aacute;ctica caracter&iacute;stica en realidad de la primera familia de operadores pol&iacute;ticos, la de los <em>neoliberales.</em> Siendo cierto que esa estructura tan abstracta a favor del reconocimiento de la demanda infinita del interlocutor parece ciertamente proyectarse sobre un Gran Otro ajeno a cualquier Real, y deja entonces casi intocado el <em>mundo que hay, </em>quiz&aacute;s la mejor alternativa pr&aacute;ctica para la rigurosa posici&oacute;n &eacute;tica defendida por Critchley habr&iacute;a sido probablemente la de una socialdemocracia de nuevo cu&ntilde;o comprometida fundamentalmente con la diversidad, la responsabilidad social y la sostenibilidad. </p>
<p>Sin duda si &eacute;sa hubiera sido la apuesta su sistema se habr&iacute;a manifestado m&aacute;s trasparente -lo que realmente queda de libertario en su <em>neoanarquismo</em> es bien poquito- y menos sospechoso de expender una ret&oacute;rica vaciada. Aunque tambi&eacute;n es cierto que hubiera resultado mucho menos&nbsp; atractivo y complaciente para un auditorio que a todas luces se ve&iacute;a m&aacute;s dispuesto a dejarse encandilar con las fantasiosas ret&oacute;ricas antisistema -ya del <em>neoleninismo</em>, ya del <em>neoanarquismo</em>- que no con soluciones que parecieran, de cerca o lejos, defender las posiciones posibilistas de alguna <em>tercera v&iacute;a</em>. Y mucho m&aacute;s en un escenario como aqu&eacute;l, en que las palabras alternadas de los dos fil&oacute;sofos iban muy pronto a dejar paso a otra alternativa no menos cautivadora: entre el <em>&ldquo;I predict a riot&rdquo;</em> de los Kaiser Chiefs y el <em>&ldquo;We are the night&rdquo; </em>del los Chemical.</p>
<p>Me gustar&iacute;a en todo caso terminar esta reflexi&oacute;n-relato comentando lo que podr&iacute;a parecer una paradoja -aunque como tal, quiz&aacute;s, profundamente alumbradora. Ella se produjo alrededor de la figura del humor, que para Critchley jugaba, ya lo he dicho. un papel esencial en la fundamentaci&oacute;n de su &eacute;tica del compromiso-contrato. Puede que a algunos les resultara sorprendente ver con cu&aacute;nta fiereza Zizek carg&oacute; contra ella (defendi&oacute; que el humor formaba parte de las estrategias disciplinarias y militares de la peor estofa, lo que ilustr&oacute; con varios chistes de cuartel ciertamente aterradores). La paradoja estaba en que Critchley hizo su defensa del humor con seriedad extrema, mientras Zizek -que lo hab&iacute;a sometido a escarnio- no par&oacute; de utilizarlo en todo momento como procedimiento argumentativo principal (en todo momento sus argumentos se apoyaban en ejemplos, y la mayor&iacute;a de los que se propusieron eran en efecto chistes). Pero que Zizek oscilara en los brazos de esa curiosa paradoja no deber&iacute;a extra&ntilde;arnos. Por un lado &ndash;fuerza de argumento- necesitaba atacar el desfondamiento del auto-tomarse-en-serio que Critchley postulaba para sostener su &eacute;tica de la infinita demanda; Zizek al contrario necesitaba un sujeto que, como sujeto-supuesto-saber, pudiera tomarse a s&iacute; mismo bien en serio. En cambio &ndash;t&aacute;ctica parlamentaria-, necesitaba dinamitar el proceso de argumentaci&oacute;n rigurosa y extremadamente seria con que Critchley postulaba su minimalismo &eacute;tico, para invocar en cambio en el poder del chiste a la identificaci&oacute;n gregaria (y el propio Zizek hab&iacute;a reflexionado con lucidez sobre el poder a partir de ello &quot;militarizador&quot; que al respecto, ciertamente, posee su empleo)</p>
<p>Pero acaso lo m&aacute;s significativo -y si me permiten, escalofriante- fueron los dos chistes con que comenz&oacute; y termin&oacute; Zizek su charla. Con el que terminaba vino a prometerle a Critchley que a&uacute;n en el caso de que su propia opci&oacute;n <em>neoleninista</em> triunfara en el mundo y se viera en la circunstancia de &ldquo;escucharle o no&rdquo; en su demanda infinita, lo har&iacute;a.</p>
<p>Por supuesto, <em>ment&iacute;a</em>, y lo hab&iacute;a advertido desde el principio, con el chiste con el que, esta vez, inici&oacute; la charla. &ldquo;Ustedes conocen el dicho de que 'con amigos as&iacute; qui&eacute;n necesita enemigos'. Pues en este caso ser&iacute;a al rev&eacute;s, a saber: 'con enemigos as&iacute;, qui&eacute;n necesitar&iacute;a amigos'&rdquo;. Sin duda la frase puede llegar a ser cierta. Pero s&oacute;lo en boca de uno de los dos &ldquo;sistemas&rdquo; o voces confrontadas -y no precisamente la de quien hizo el chiste, Zizek. Que, lo explic&oacute; con extrema claridad, no cre&iacute;a desde luego en esa &ldquo;complaciente&rdquo; y tibia concepci&oacute;n de la <em>enemistad.</em></p>
<p>Lo que probablemente no le merma valor y credibilidad, en cualquier caso, a la que sin duda tiene en cambio -y a todos los que en esa imagen nos da la espalda pudimos comprobarlo- de la <em>amistad</em>. Apreci&eacute;mosle cuando menos por ello, por ella ...</p>
<p>Pens&eacute;moslo de este modo: <em>con amigos as&iacute;</em>, qui&eacute;n necesita ... <em> enemigos as&iacute; ...</em></p>

<p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>
<hr size="1" noshade>
En la foto: Gianni Vattimo, Simon Critchley, Slavoj Zizek (de frente); Mar&iacute;a Virginia Jaua, Jos&eacute; Luis Brea, Miguel A. Hern&aacute;ndez-Navarro, Wesley Phillips, Elisenda Julibert, Bernat de Deu, Jos&eacute; Mar&iacute;a Torres (de espaldas). 

<p><br />
</p>]]>
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    <title>Robert Longo. Creación de un contexto de sentido -  Elena VOZMEDIANO</title>
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    <published>2008-05-09T07:46:19Z</published>
    <updated>2008-05-09T07:55:20Z</updated>
    
    <summary>Originalmente en el cultural No creo que Robert Longo (Nueva York, 1953) haya sido nunca un gran artista. Sus aventuras artísticas y musicales de juventud, con Cindy Sherman en Buffalo y junto a Richard Prince, David Salle y otros herederos...</summary>
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        <![CDATA[<p>Originalmente en <a href="http://www.elcultural.es/HTML/20080508/ARTE/ARTE23100.asp">el cultural</a></p>

<p><img alt="robert-longo-u.jpg" src="http://salonkritik.net/06-07/robert-longo-u.jpg" width="225" height="174" align="left" hspace="10" />No creo que Robert Longo (Nueva York, 1953) haya sido nunca un gran artista. Sus aventuras artísticas y musicales de juventud, con Cindy Sherman en Buffalo y junto a Richard Prince, David Salle y otros herederos postmodernos del pop en el Nueva York de fines de los 70 y de los 80 llamaron mucho la atención. Su larga vinculación a una potente galería de la ciudad, Metro Pictures, ha favorecido el interés del coleccionismo internacional por su obra aunque haya tenido crisis creativas evidentes y cada vez sea menor la atención crítica que merece. Pero hay que reconocer que Longo ha sabido reflotar su carrera con gran inteligencia, utilizando dos armas: la primera es una iconografía atractiva, de vocación universal, que gusta lo mismo a quien prefiere las imágenes hermosas e impactantes que a quien persigue en la realidad el símbolo; la segunda es la utilización del carboncillo en grandes formatos, que produce superficies aterciopeladas de gran sensualidad y convierte cualquier motivo en algo monumental.</p>]]>
        <![CDATA[<p>Longo es un pintor –o un dibujante– que persigue la contundencia icónica. Su curriculum dice que se formó como escultor, lo cual ha tenido un eco persistente en su obra no sólo en aquellos cuadros en relieve en los que los cuerpos sobresalían de la superficie y en sus ocasionales piezas tridimensionales sino también en sus estrategias de representación bidimensional. Elige como motivo, por lo general, figuras exentas –de “bulto redondo”– con un contexto espacial muy somero o directamente privadas de él: los cuerpos retorcidos de Men in the Cities, las banderas negras, las pistolas, los superhéroes y más recientemente, en ese nuevo capítulo iconográfico “universalista”, las olas, los hongos atómicos, las rosas, los astros y las cabezas de niños. La excepción fue su serie sobre la casa de Freud (2004), basada en antiguas fotografías, que enlaza con una tenue línea argumental relacionada con lo onírico que se adivina en títulos de series como The sickness of reason o Monsters y, más evidentemente, en ésta última sobre niños dormidos. Está inspirada en un cuento del poeta decimonónico alemán Theodor Storm, El pequeño Häwelmann, que recorre el cielo nocturno, hablando con la luna y las estrellas, desde su cuna. Resulta así muy natural que en esta exposición, como ya hizo a menor escala en su galería neoyorquina (2006), intercale sus grandes dibujos de estrellas, planetas y satélites y las cabezas infantiles. Este procedimiento también lo puso en práctica en su anterior muestra en Soledad Lorenzo, cuando yuxtapuso las explosiones nucleares a las rosas. Funciona bien, y nos facilita la tarea de encontrar un fundamento cultural y alegórico a lo que podríamos haber entendido, aisladamente, como vacías reproducciones. Porque estos grandes dibujos están hechos, como es normal en su trayectoria, a partir de fotografías apropiadas. En el caso de los niños, de Internet –salvo las de sus propios hijos y alguno de amigos–; en el de los astros, de medios científicos.</p>

<p>Longo no tiene empacho en informar de que él no hace los dibujos sólo; a la manera de los viejos talleres, traza con ayuda de un proyector las líneas principales y deja que sus ayudantes hagan el trabajo, que después retoca. Estos hábitos de producción dejan en las obras un halo de frialdad, de distanciamiento, que refuerza el planteamiento previo. No creo que a la vista de estas obras se pueda seguir calificando a Longo de “neobarroco”. Hay más bien una intensificación de la vena escultórica mencionada, a través de la redondez de las formas, que recogen la luz de manera simplificada en sus superficies curvas. Por las calidades táctiles y lumínicas del carboncillo se salvan estas cabezas de la cursilería más absoluta y, de nuevo, por la inteligencia de Longo, que sabe utilizar la tradición artística en su provecho haciéndonos rememorar las cabezas cortadas del arte cristiano y del simbolismo (Odilon Redon) y que se sitúa a sí mismo en la estirpe moderna al citar, en dibujos más pequeños, a Brancusi y a Man Ray –la influencia de las máscaras africanas–, a Goya –Saturno– y a Pollock –el Number 31, una de sus composiciones más “estelares”–, construyendo un contexto de sentido para sus obras. Pero, a su pesar, también recordamos los espectáculos de Georges Méliès: las cabezas flotantes del Eclipse de sol en luna llena y la cabeza inflada de El hombre con cabeza de caucho.</p>]]>
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    <title>Una historia de once años - Junot Díaz</title>
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    <published>2008-05-08T11:48:36Z</published>
    <updated>2008-05-08T11:51:28Z</updated>
    
    <summary>Originalmente en Pie de página. A propósito de The Brief Wondrous Life of Oscar Wao, Penguin, 2007. La novela que acabo de terminar, que me llevó once años escribir y que será publicada en septiembre por Penguin Putnam y en...</summary>
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        <![CDATA[<p>Originalmente en <a href="http://www.piedepagina.com/numero12/html/junot_diaz.html">Pie de página</a>. A propósito de The Brief Wondrous Life of Oscar Wao, Penguin, 2007.</p>

<p>La novela que acabo de terminar, que me llevó once años escribir y que será publicada en septiembre por Penguin Putnam y en el 2008 por Random House Mondadori, empezó con un fracaso. No intenté escribir The Brief Wondrous Life of Oscar Wao (así se llama mi novela). Lo que yo quería escribir era Akira (el clásico de dibujos animados) del tercer mundo y durante un par de años eso fue lo que hice: tratar de escribir un libro que como un idiota me empeñaba en llamar The Secret History.</p>]]>
        <![CDATA[<p>Era una novela acerca de la destrucción de Nueva York por un psíquico terrorista y las terribles consecuencias de ese Apocalipsis. Entonces pensaba que se trataba de una idea estupenda, pero la verdad es que nunca llegué a tener la sartén por el mango... durante tres años seguidos escribí todos los días, siete horas al día, produje cientos de páginas pero ninguna era buena... Quizá todavía estaría escribiendo esa horrible novela hoy... pero ocurrió el 11/S. Recuerdo estar de pie en medio del puente George Washington mirando las columnas de humo subir desde el centro de Nueva York, era un espectáculo nunca visto y yo pensaba: nada volverá a ser igual, nada volverá a ser igual. Y nada fue igual.</p>

<p>Estados Unidos se convirtió en el monstruo que, de alguna manera, todos sabíamos que era. Bombardeó, invadió, destruyó su propia democracia, y se volvió contra su propia sangre: los inmigrantes. En lo que a mí y a mi pequeño mundo respecta: el 11/S puso punto final a mi estúpida novela. Nada de lo que había imaginado en mi futuro ficticio se aproximaba siquiera a la locura, la crueldad y la estupidez de lo que estaba sucediendo en el mundo real. La vida real me había superado. Y esto era todo. The Secret History, mi ambiciosa novela, había muerto. Todavía tengo trozos de esa novela en alguna parte en mi apartamento y es absurdo ver, cuando miramos series como Héroes en la televisión, cómo son de comunes nuestros sueños apocalípticos (en ese relato, también, un superhombre mata a Nueva York). Pero la creación de arte es algo misterioso. Quizá yo hubiera terminado The Secret History si hubiera sido más fuerte y más listo y no me hubiera cagado de miedo. Mi problema depresivo tampoco ayudaba mucho (si usted hubiera crecido en una familia como la mía también se habría deprimido).</p>

<p>Pero la salvación nos llega por diversos caminos. Cuando estaba intentando escribir The Secret History, me otorgaron una beca Guggenheim (¡gracias Simón!) y viví un año en México, d.f. tratando de escribir, tratando de mejorar mi español. Y me enamoré de la que pensé (y todavía pienso) era una de las ciudades más maravillosas del mundo. Vivía junto a mi amigo el escritor Francisco Goldman y compartimos unas aventuras maravillosas, pasamos muchas noches metiéndonos en líos en el maloso Distrito Federal. En el día escribía y escribía y odiaba cada minuto que pasaba y en las noches bailaba, bebía y era feliz. Como vivir dos vidas en una. En fin, una vez después de una noche de rumba me encontré en la casa de un amigo escuchando música y hablando mierda cuando por casualidad agarré una copia de La importancia de llamarse Ernesto y pronuncié el nombre de Oscar Wilde en dominicano y lo que salió fue Óscar Wao. Me lo repetí como diez veces mentalmente: Óscar Wao, Óscar Wao, Óscar Wao. Un chiste estúpido, pero el nombre se me quedó grabado en la mente, y en la noche cuando estaba echado en la cama pensando en la chica de la que estaba enamorado, una fresita cuya familia era de Cancún, tuve la visión de un pobre nerd negro y jodido del gueto llamado Óscar Wao, el tipo de nerd del gueto que habría sido yo si no me hubieran “descubierto” las chicas el primer año de high school. Recuerdo haber escrito la primera parte de la historia de Óscar en unas pocas semanas. Pensé que era un relato, nada más. Cuando terminé regresé a sufrir con The Secret History. Pero Óscar seguía rondando en mi cabeza. Permaneció allí casi dos años, como al lado, esperaba que me diera cuenta de que mi otra novela se había terminado y cuando estaba al borde de la desesperación, sin saber qué hacer conmigo mismo, Óscar saltó de la sombra y de repente me di cuenta de que podía escribir una novela entera acerca de un chico dominicano que no conquista a las chicas, que no puede bailar, que es el opuesto de todos los estereotipos que tenemos los dominicanos de lo que son “nuestros hombres”. Óscar no iba a ser el caribeño sexy por el que la industria del turismo vive y muere. Me di cuenta de que podía escribir acerca de este chico nerd que vive obsesionado por la historia y por las chicas, que sólo es bueno para la fantasía y para la ciencia ficción y que sin embargo (trágica, cómicamente) pertenece a una comunidad y a una cultura que propiamente no se enloquece por los nerd de color ni por sus intereses.</p>

<p>Entonces lo hice. Escribí la novela de Óscar. Me llevó siete años y muchas lágrimas pero ahora está terminada y no puedo imaginarme de dónde saqué la fuerza para superar una novela fallida y lograr terminar otra. Todavía sueño que estoy en México, d.f. y es de noche y estoy hablando de la novela y allí frente a mí en el estante está el libro de Óscar Wilde. Mi mano se estira para agarrarlo pero alguien me pregunta algo y no llego a tocarlo y nunca escribo la novela. No tienen idea lo aliviado que me siento al despertar. A veces estoy tan aliviado que las lágrimas me saltan a los ojos.</p>

<p>Entonces la lección es: atención a los libros que se encuentra, pueden salvarle la vida.<br />
</p>]]>
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    <title>Por perderle el asco a Bernhard - Juan Maya Avila</title>
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    <published>2008-05-08T11:42:33Z</published>
    <updated>2008-05-08T11:58:09Z</updated>
    
    <summary>Originalmente en Hoja por hoja. A propósito de El asco. Thomas Bernhard en San Salvador, Horacio Castellanos Moya, con Nota final de Roberto Bolaño, Barcelona, Tusquets, 2007. Novela que levantó ámpula en El Salvador por ser un crudo retrato de...</summary>
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        <![CDATA[<p><img alt="CastellanosMoya_big.jpg" src="http://salonkritik.net/06-07/CastellanosMoya_big.jpg" width="200" height="272" align="left" border="0" hspace="10" vspace="10" />Originalmente en <a href="http://www.hojaporhoja.com.mx/articulo.php?identificador=6752&numero=132">Hoja por hoja.</a> A propósito de <em>El asco. Thomas Bernhard en San Salvador</em>, Horacio Castellanos Moya, con Nota final de Roberto Bolaño, Barcelona, Tusquets, 2007.</p>

<p>Novela que levantó ámpula en El Salvador por ser un crudo retrato de esa nación centroamericana, este homenaje de Castellanos Moya a Thomas Bernhard tiene como protagonista a un personaje como los creados por el escritor austriaco. A decir del reseñista, sin embargo, estorba a la obra una excesiva admiración, que lleva al autor incluso a imitar la prosa del homenajeado.</p>

<p>Cuando Horacio Castellanos Moya publicó El asco, en 1997, recibió amenazas de muerte que lo decidieron a dejar su patria, El Salvador. Ciertamente el texto que causó el escándalo es perturbador porque raspa en los aspectos más íntimos de una nación. Pero lo que no entendieron sus amenazantes detractores fue que el autor facturó sus burlas siempre amparado por la diosa Literatura y que su afán no era el de mancillar las sagradas costumbres de un país sufriente pero en eterna promesa de restauración. <br />
</p>]]>
        <![CDATA[<p>No, ni siquiera es pensable que Castellanos Moya hubiera maquinado todo para generar especulaciones y revuelo ante la publicación de El asco. Amparado, como dije, por la diosa Li-teratura, se fabricó un disfraz a la medida, Edgardo Vega, que lo deslinda de las opiniones más cruentas —como los improperios contra Salarrué y Roque Dalton— y al mismo tiempo le deja despotricar contra la que —parafraseo al autor— algunos despistados todavía llaman nación. Un lugar que sólo por lo grotesco no provoca risa. El Salvador.</p>

<p>Pero que no se olvide. Todo es una farsa. Un carnaval que no busca sacar pústulas; sino, mediante el escarnio, provocar el movimiento, la acción de sus lectores. Quizás es que el humor llega demasiado tarde, quizás es que aún se encuentra inacabada esta obra en su estructura. El título completo de la novela incluye a Thomas Bernhard. No sólo eso. La obra de Castellanos Moya se cocina siguiendo las recetas del buen Thomas que, como bien se sabe, nunca pudo mantener la boca cerrada y ha impactado en un público consi-derable gracias a su prosa devastadora, que todo destruye, que jinetea a la palabra como ángel del Apocalipsis. Una prosa tan bien definida, tan propia, que ante cualquier intento de imitación pierde la magia. Algo similar a lo que sucede con Borges, calca y purgatorio para un buen número de cuentistas en ciernes, que se evidencian no sólo en el desarrollo de temas tópicos, sino hasta en la conjugación de los verbos. Entonces podemos hablar, sin lugar a dudas, de una cantaleta borgiana y asimismo de una cantaleta bernhardiana. Ahora bien, esta última no le hace, creo yo, ningún favor al texto, más aún, lo fuerza, le estrecha los caminos a esa prosa que desea estallar, que no puede contenerse. En cambio, en el afán por recrear una cadencia, repite, alarga, detiene lo mejor de la historia y al que pudo ser el entrañable Vega.</p>

<p>¿Para qué traer lo más obvio de Bernhard, su monolítico párrafo sin cortes, su insuperable cadencia? Eso lo intenta el apasionado lector tras el entusiasmo de agotar alguna obra del austriaco que de manera mágica lo ha incitado a escribir. Ya no era necesario en un escritor experimentado como Castellanos Moya. Si quería rendirle un homenaje a Bernhard o si su deseo era parodiar un estilo, lo pudo conseguir contundentemente con Vega, personaje verdaderamente bernhardiano en sus matices más invisibles; Vega, el justo que critica toda vulgaridad, más las de su origen; el que enaltece su espíritu en el arte y en la música de Tchaikovsky; tal es su refinamiento, tal la frialdad, que cínicamente la raíz de su perorata es el dinero, un dinero que le hace regresar a San Salvador. Y no cualquier dinero, el dinero de su madre muerta a la que no miraba hacía años. </p>

<p>Un culero al puro estilo de Bernhard, al que recuerdo ahora frente a la tumba del sobrino de Wittgenstein.<br />
Lo mejor es que en su plenitud literaria, el personaje de Vega es una parodia tan bien facturada, que al final se pudo haber independizado y dejar de ser una sombra, pues tam-bién traía consigo ese humor propio, ácido y paulatino, aunque tan paulatino que entonces peca de retardado, más en esa camisa de fuerza en que se convirtió la prosa. Vega es genial en su misantropía exagerada que lo hace odiar a los niños y a los ostiones sean salvadoreños o no; es hilarante en su gradual mariconería que lo hace chillar ante los sombrerudos rancheros que lo acompañan en el avión o frente al negroide gigantesco que le invita cervezas Pílsener en un burdel de quinta; es, en resumen, el disfraz perfecto. Y desaprovechado.</p>

<p><br />
Juan Maya Avila, narrador, actualmente es becario de la Fundación para las Letras Mexicanas</p>]]>
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    <title>Un día de locos - Óscar Alonso Molina</title>
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    <published>2008-05-06T07:58:02Z</published>
    <updated>2008-05-06T08:00:43Z</updated>
    
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    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://salonkritik.net/">
        <![CDATA[<p>Originalmente en <a href="http://www.abc.es/abcd/noticia.asp?id=9727&num=848&sec=36">abcd</a></p>

<p><img alt="helga-u.jpg" src="http://salonkritik.net/06-07/helga-u.jpg" width="225" height="155" align="left" hspace="10" />Desde aquellas famosas Shopping heads de hace diez años que la dieron a conocer (los célebres dibujos de ciudadanos deambulando por las calles, encapuchados con bolsas comerciales, ¿los recuerdan, verdad?), al Colapso cotidiano que estos días se puede visitar en la planta superior de la galería madrileña, Ester Partegàs (La Garriga, 1972) ha consolidado una de las trayectorias internacionales más coherentes de entre los miembros de su generación. Tras completar a finales de los noventa sus estudios artísticos en el extranjero, esta catalana afincada en Brooklyn desde hace tiempo ha sumado a su extenso currículo más proyectos fuera que dentro de nuestras fronteras.</p>]]>
        <![CDATA[<p></p>

<p>Aún así, Partegàs sigue considerada como punto de referencia entre nuestros jóvenes, por sus análisis sobre las formas actuales de consumo. Característicamente suya es la reflexión en torno al nuevo espacio social y físico que, en las grandes urbes, se construye en torno a ellas; así como su continuo recordatorio de que es posible ofrecer respuestas más sensibles, y valores alternativos de vida y relación con las cosas, profundizando en la conciencia ecológica y psico-social, aunque sin caer en la utopía ni la ñoñería sensiblera. Parecen razones suficientemente sólidas como para contar con ella como uno de los valores a tener en cuenta en esta promoción de artistas que en la actualidad consolidan su discurso de madurez.</p>

<p>El mundo de los objetos. Dentro de semejante marco de intereses, era lógico que el mundo de los objetos terminara convirtiéndose en uno de los grandes protagonistas de su proyecto. Las cosas que vemos, deseamos y terminando comprando, así como la manera en que nos vemos afectados por nuestra relación con los productos, marcas, diseños y objetos consumidos a diario, centra muchos de sus trabajos. Frente a las cosas se organiza, en la sociedad de consumo, un complejísimo mecanismo pulsional que lleva a poseerlas, disfrutarlas por el simple hecho de mostrarlas, usarlas y tirarlas, reciclarlas, sentirlas obsoletas...</p>

<p>Partegàs propone una cierta mirada lúcida, equidistante tanto de la inmersión completa en el mundo-pantalla warholiano, como de la retención conceptual post-duchampiana, desde la cual se aspira siempre a la presuntuosa densificación del sentido de lo real, a menudo por vía irónica. En efecto, la singular profundidad del discurso de Partegàs se encarna de manera muy personal y honesta en un repertorio formal, y de estrategias textuales, lejanamente emparentados con el pop y el conceptual, mas sin caer nunca bajo el influjo directo de uno de esos dos focos. El resultado es una cierta levedad en la seriedad o, si prefieren, un trasfondo grave, circunspecto, de lo jovial.</p>

<p>Hace mucho, en 1996, cuando ya empezaba a despuntar maneras, una vez la escuché decir: «Entiendo los objetos como pequeñas defensas cotidianas que nos recuerdan que existimos. Desde ellos me espío. Diluyen la fragilidad de la presencia, de la ausencia; difuminan el espacio de separación; mezclas yos y otros...» Sorprende comprobar retrospectivamente cómo ha consolidado en todos estos años un proyecto riguroso y plausible a partir de convicciones sólidamente asentadas en su personalidad e ideario. Así, sobre estos últimos trabajos, donde junto al disparate consumista aparecen metáforas sobre el fracaso, ella misma especifica en la nota de prensa: «No es tanto la basura, la dependencia, sino cierta imposibilidad de plenitud, de un proyecto limpio como sociedad.»</p>

<p>En paralelo a esta amplificación del cuerpo privado al social, de lo íntimo a lo político, Partegàs también se ha vuelto más ambiciosa y compleja; aunque, justo es reconocerlo, no siempre consiga llevar con dominio las riendas de tal crecimiento. Sus montajes tienden cada vez más a expandirse por la sala, ocuparla a base de obras individuales que funcionan como «nudos» donde el sentido se concentra, y que a la vez se relacionan constantemente entre sí por medio de elementos de tránsito. Su control del conjunto escenográfico no es siempre convincente -como en este caso con toda claridad-, por mucho que se comprenda la intención y el esfuerzo.</p>

<p>Melodías encadenadas. En esta ocasión, verbi gratia, el espectador disfrutará probablemente más de los acentos por separado que de la melodía total que, de hecho, aquí impone su trama sin grandes aportes a las obras concretas, hasta el punto de opacarlas innecesariamente. No obstante, la serie de collages, a base de pintura en spray y recortes de palabras impresas, aislados, enmarcados, o sus desconcertantes esculturas (con intencional acabado de cartón piedra pintado), así como todo el resto de la parafernalia teatral en que nos sumerge, nos recuerdan, sí, que a nada que lo pensemos, el día a día del ciudadano medio en nuestras ciudades sufre, aunque sólo Partegàs parezca haberse dado cuenta de ello, un colapso completo. </p>]]>
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    <title>TRAS LAS HUELLAS  DE LA POESIA QUE HABITA LA VIDA - JORGE PEÑUELA</title>
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    <published>2008-05-04T20:22:44Z</published>
    <updated>2008-05-04T20:27:44Z</updated>
    
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        <![CDATA[<p><img alt="rodin-u.jpg" src="http://salonkritik.net/06-07/rodin-u.jpg" width="225" height="171" align="left" hspace="10" />En medio del fragor de la propaganda ideológica que se  ha apoderado inexorablemente de los medios masivos de  comunicación colombianos, –de la incertidumbre y la desazón que desorienta la angustia y los movimientos de los bogotanos y las bogotanas, dos exposiciones antágonicas coinciden en nuestra capital, –aligeran la pesadez de su atmosfera, –construyen diferencia, e incluso, a su manera, muestran que aún tienen un ligero interés  por la libertad. </p>

<p>El arte se ha caracterizado a través de su breve historia por su voluntad de acontecimiento; su pensamiento es signo de que aún hay vida, de que suceden cosas en medio de  la nada a  que nos reduce la guerra y la propaganda de la que se alimenta. Cuando las sociedades se desmoronan, el artista poeta lucha, como ningun otro hombre o mujer,  por manter con vida el pensamiento artístico que aglutina e identifica a una comunidad. <br />
</p>]]>
        <![CDATA[<p>La misión del arte es anticipar los acontecimientos necesarios para recomenzar un proyecto de vida que salve al hombre de su desaparición. Artista, recuerda Michaux, es «aquel que resiste con todas sus fuerzas a la pulsión fundamental de no dejar huellas» (1).  Es obvio y hasta trivial recordarlo: el artista resiste su voluntad de guerra primigenia porque cree que lo suyo es la búsqueda de libertad que promete la creación artística, el artista poeta ilumina el acontecimiento de la libertad. </p>

<p>El Museo de Arte del Banco de la República ha traído a Bogotá una muestra amplia de lo que los teóricos e historiadores han pensado como Segundas Neovanguardias. Por otro lado, el Museo de Arte Moderno –Mambo– exhibe algunas obras de arte tradicional, de Rodin principalmente. Como siempre, la paradoja sorprende, nos abruma y desconcierta: lo moderno deviene tradicional: su destino es ser pasado. Quizá no sea una paradoja, quizá sea algo natural, disculpe usted esta obscenidad. ¿El destino del arte contemporáneo es enriquecer la tradición que fortaleció Rodin, uno de los modernos del siglo XIX, así algunos artistas contemporáneos quieran convencernos que somos seres adestinados, seres que fueron despojados de su destino?</p>

<p>¿Dónde acontece la verdad del arte? ¿En la luz que reanima el pensamiento de Rodin en el Mambo o en la penumbra que rodea a los artistas en el  sótano del Museo del Banco de la República? Como es inevitable caer en las oposiciones metafísicas tradicionales, pues, estructuran nuestro lenguaje, al menos  podemos evitar rodar por sus precipicios; las redescripciones de las escrituras artísticas procuran que la caída no sea violenta, crean una red en que su agresivo antagonismo cesa,  logran  que ambas puedan habitar y que no lesionen con sus querellas al hombre y a la mujer. </p>

<p>La verdad del arte no es una verdad positiva, particular, unidimensional, no corrobora ningún hecho; –es una verdad que surge del encuentro de signos antagónicos que propicia el artista como respuesta al  llamado de aquéllos; la verdad que esperamos no es  la que busca la ciencia en sus demostraciones triviales; una verdad no trivial es una revelación; por eso el pensamiento que surge con las construcciones artísticas reclama para sí la trama poética que ha erigido para albergar a los opuestos irreconciliables. </p>

<p>La poética del arte moderno posibilita la poesía en este acontecimiento que es el arte contemporáneo, estas dos maneras de pensar el arte son el origen mismo de la verdad del arte. Acconci es vacuo sin Rodin, y viceversa. </p>

<p>Pasado y presente son simultáneos en el arte, son hermanos de sangre. A partir de estas dos curadurías de los museos de arte,  los bogotanos y las bogotanas tenemos la oportunidad de comprender cómo la poesía sale al encuentro de la vida y la habita. </p>

<p>Las prácticas artísticas contemporáneas se justifican por su acercamiento a la poesía que ha habitado la vida. Quiere decir esto que en la vida existe pensamiento, y que no hay poesía sin pensamiento. Como Homero, la vida es ciega, requiere y se apoya en los artistas poetas. El arte no puede imitar a la vida porque quedaría ciego, el arte es algo diferente a la vida; cuando uno y otra se confunden, ambos desaparecen en el misma de la propaganda, ésta niega tanto al uno como al otro; la mercancía es el dios que venera la propaganda: la nada. Tal para cual.</p>

<p>Un pensamiento deviene poético en el momento que anticipa un acontecimiento a la vida, cuando la previene del peligro, cuando manifiesta lo que podría acontecerle a un hombre o a una mujer. En Tras los hechos encontramos algunos ejemplos. Günter Brus teme por el hombre, nos lo anticipa como un ente sin ser, sin ningún significado, reducido a tragarse sus secreciones, a ser menos que un animal. Richard Long prevé que los hombres y las mujeres del futuro, si quieren ver un árbol, tendrán que ir a un museo para observar algunos chamizos, como se observan esqueletos de dinosaurios; Will Insley anticipa las arquitecturas para la era en que el hombre y la mujer ya no serán humanos, para la era posatómica. La verdad poética, anticipatoria, un día devendrá verdad fáctica. </p>

<p>¿Qué anticipa Acconci? La anticipación se comprende de  manera diferida,  sabemos que el arte anticipa acontecimientos, pero la mayoría de veces ignoramos en qué consistirán, somos seres limitados para inteligir el futuro. Por esta razón, entre otras,  el arte  no es ciencia, y tampoco puede estar a su servicio, como creyeron José Celestino Mutis y los fundadores de la comisión coreográfica del siglo XIX, y algunos sociólogos contemporáneos.<br />
 <br />
Podemos hacer observaciones simples, por ejemplo, que las construcciones de Acconci invitan a habitarlas, que son una posibilidad real de habitar el mundo de manera diferente, que acogen al espectador porque su interés es llevar el arte a la vida. Ideas sugestivas, sin duda; no obstante, así sean plausibles, y hasta experienciables, dejan de ser relevantes cuando comprendemos la perspectiva poética del artista, su luchas por la libertad para el hombre y la mujer, su lucha por dejar huellas de libertad. </p>

<p>Es cierto, en la construcción de Acconci podemos recostarnos, sentarnos, trepar, gatear, jugar a las escondidas, besar a hurtadillas a la novia o al novio, abrazar al amigo o a la amiga o cogerle una mano, incluso creo que podríamos hasta ir de picnic, y con seguridad no seríamos molestados por los vigilantes neuróticos de los museos tradicionales, que nos exigen compulsivamente guardar nuestra distancia. Igualmente, que estas libertades –impertinencias– del espectador no las permite la exposición de Rodin; no olvidemos, sin embargo, que su trabajo ha sido fetichizado, dolarizado, reducido a mercancía obscena. También es cierto que podemos dejar al coleccionista en lo que él entiende por vida, su infierno de mercancías, y  buscar en las construcciones artísticas la anticipación, de manera que lo observado razonablemente en Acconci, no distorsione nuestro juicio sobre Rodin.<br />
 <br />
¿Qué nos anticipó Rodin? El infierno decorativo que gobierna algunas propuestas artísticas de nuestros días.  La exposición en el Mambo nos ha recordado que cuando a Rodin le encargaron un trabajo para el Museo de Artes Decorativas de Paris, construyó Las puertas del Infierno. Este es un pensamiento anticipatorio. Comprendió el artista que la época no propiciaba construir Puertas para el Paraíso, como las que realizó Lorenzo Ghiberti para el baptisterio de Florencia; al contrario,  anticipó  el infierno nuclear que devastaría para siempre la ilusión de humanidad en el hombre y la mujer del siglo XX; previó también el infierno decorativo que se cerniría y se encarnizaría en las artes de finales del mismo siglo. ¡Ay! En este infierno el artista poeta moribundo se dirige a la mercancía y al coleccionista que solicito la acompaña: mira a la primera  y le dice: «mujer he ahí a tu hijo». Se dirige luego al coleccionista: « he ahí a tu madre».  </p>

<p>Formar un juicio en las artes requiere la actualización del pensamiento moderno y la retroyección de la perspectiva contemporánea. Una y otra exposiciones contribuyen a comprender el pensamiento en el arte, y a la estructuración de nuestros juicios. No obstante, aunque las situaciones son diferentes, las dos instituciones bogotanas no previeron enriquecer sus proyectos curatoriales con actividades académicas que sacaran del olvido a los coetáneos de Rodin, como los impresionistas, o, en el caso del Museo del Banco de la República, que nos recordaran la década que dio forma al pensamiento de los artistas en Tras los hechos. </p>

<p>¿Faltaron recursos para que este conjunto de construcciones se comprendiera con mayor amplitud? ¿Faltó generosidad o imaginación?  Comprensible para el Mambo que afronta la reacción edípica de los artistas contemporáneos, –que debe lastrar el hecho de haberse convertido en una institución tradicional. (Esfera Pública ha recogido algunas de las críticas a este Museo.) Inexcusable para el Museo del Banco de la República que maneja recursos económicos considerables bajo  un régimen muy especial dentro de todas nuestras instituciones, similar al régimen perverso de algunas fundaciones: son instituciones públicas cando se trata de captar recursos del Estado: devienen privadas cuando se trata de malgastarlos, muchas veces por incompetencia del clientelismo que los administra. Idea brillante del régimen económico para hacer que ciudadanos y ciudadanas experienciemos un sentimiento de impotencia frente a estas instituciones, para neutralizar el malestar que está inmovilizando  la cultura, y el escepticismo y el socratismo que la está corroyendo. </p>

<p><br />
Notas:<br />
(1) Citado por Baudrillard Jean, En El Complot del arte, Ilusión y desilusión estéticas, Amorrortu, Buenos Aires, 2006.<br />
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    <title>¡Muera la inteligencia! - MARIANO DE SANTA ANA</title>
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    <published>2008-05-04T17:42:45Z</published>
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        <![CDATA[<p>Originalmente en <a href="http://www.elpais.com/articulo/arte/Muera/inteligencia/elpepuculbab/20080503elpbabart_6/Tes/">BABELIA</a></p>

<p><a href="http://salonkritik.net/06-07/ex_vivalamuerte.php" onclick="window.open('http://salonkritik.net/06-07/ex_vivalamuerte.php','popup','width=250,height=223,scrollbars=no,resizable=no,toolbar=no,directories=no,location=no,menubar=no,status=no,left=0,top=0'); return false"><img src="http://salonkritik.net/06-07/ex_vivalamuerte-thumb.jpg" width="225" height="200" align="left" border="0" hspace="10" vspace="10" alt="" /></a>Si el objetivo último de una exposición fuese sólo perturbar la percepción del espectador, podría decirse que ¡Viva la muerte! es un éxito porque es difícil concluir su visita con indiferencia. Pero si se conviene que además de provocar malestar en la mirada debe contribuir a desmantelar los estereotipos que la gobiernan, no puede considerarse que este proyecto, que lleva por subtítulo Arte y muerte en Latinoamérica, sea un dechado de finura. Y no lo es porque mezclar cultos sincréticos, dictaduras asesinas, guerrilleros, narcotraficantes, genocidios étnicos y festejos folclóricos varios y enunciarlo todo como tropo común a las culturas que se extienden entre México y Argentina resulta una temeridad.</p>]]>
        <![CDATA[<p>Comisariada por Gerald Matt, Thomas Miessgang y Álvaro Rodríguez Fominaya y coproducida entre el CAAM y la Kunsthalle de Viena, donde ya ha sido exhibida, la muestra reúne obras de, entre otros, José Alejandro Restrepo, Jorge Macchi, Francis Alÿs, Regina José Galindo, Ana Mendieta, Esteban Pastorino, Teresa Margolles, Vik Muniz y Gabriel Orozco, creadores, buena parte de ellos, representados con obras rotundas pero cuya vecindad chirría, como ocurre por lo demás entre esta muestra, en la que están los artistas de más entidad, y las otras que integran Cuatricromía de la muerte, un proyecto errático y pretencioso impulsado por el coordinador de Artes Visuales del Cabildo grancanario, Federico Castro Morales, que incluye también exposiciones en espacios oficiales de Cristino de Vera, Pepe Dámaso y Arne Haugen Sorensen.</p>

<p>"¿Son la muerte y sus rituales y sus técnicas de administración en México y en general en América Latina un caso global excepcional o pueden compararse fácilmente con las estructuras de comunicación discursivas y emocionales del resto del mundo?", dice en el catálogo Thomas Miessgang, quien más adelante se contesta: "Su presencia metafórica excesiva en todas las parcelas de la vida (...) lleva a despreciar la muerte individual y aceptar como exaltación natural que forma parte de la vida el número de muertos que ha provocado el narcotráfico, los innumerables golpes de Estado y el régimen de violencia terrorista". Repugna que se intente vender como pegamento curatorial semejante atrocidad que ofende a la memoria de las víctimas, máxime cuando varias de las obras expuestas, desde las denuncias del genocidio guatemalteco de Regina José Galindo y del exterminio de los indios amazónicos de Iván Edeza hasta las mofas amargas de la dictadura brasileña de Vik Muniz, impugnan tal dislate. Pero produce además estupor que palabras como éstas sean proferidas irreflexivamente por un comisario austriaco que, puesto a meterse a cartógrafo, debiera haber captado que hay más comunión luctuosa entre Esteban Pastorino y Alfred Kubin o entre Ana Mendieta y los accionistas vieneses que entre todos los artistas de la exposición, y que por encima de todo no debiera haber perdido de vista que hay más aires de familia entre los genocidios latinoamericanos y el exterminio nazi que los que supuestamente puede haber entre Pinochet y, pongamos, el Día de los Muertos mexicano, representado en esta muestra por el safari exotista de la fotógrafa Bastienne Schmidt, o el culto, mexicano también, de la Santa Muerte, "apropiado" en los chistes fáciles de Pedro Reyes.</p>

<p>Tiananmen, Sarajevo, Kigali, Kabul, Nueva York, Bagdad, Faluya, Londres, Madrid, Lhasa... Las masacres, convenientemente aliñadas por la televisión, se han convertido en alimento "informativo" habitual de todos nosotros, consumidores del mercado global de la comunicación, arrojados a la amnesia por esa Gran Forma, el Capitalismo, ante la que el arte, con su poder de simbolización, constituye una de las escasas herramientas de resistencia que nos quedan. Así, y pese a la alegre melodía que entona este "Trío Calavera" que es el equipo curatorial, lo acreditan creadores como los citados y otros magníficos también, como Jennifer Allora & Guillermo Calzadilla, que se confrontan con las técnicas de administración de la muerte, para usar la expresión de Miessgang, a través de la alegoría, esto es, sin intentar competir con el telediario.</p>

<p>Es una pena, en fin, que entre los textos de escritores célebres que se han reproducido en el catálogo se haya recogido también uno de Unamuno, cuando lo suyo, como resumen de la tesis de esta exposición, hubiera sido incluir la célebre frase que aquel militar sublevado, Millán Astray, le espetó al entonces rector de la Universidad de Salamanca, que se le encaraba por su adhesión a los carniceros fascistas del 36: "¡Muera la inteligencia! ¡Viva la muerte!". -</p>]]>
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    <title>Hisae Ikenaga, productora de ironías -  Javier HONTORIA</title>
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    <published>2008-05-02T14:24:45Z</published>
    <updated>2008-05-02T14:29:17Z</updated>
    
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        <![CDATA[<p>Originalmente en <a href="http://www.elcultural.es/HTML/20080501/ARTE/ARTE23054.asp">el cultural</a></p>

<p><img alt="mesa-dormidahisae-u.jpg" src="http://salonkritik.net/06-07/mesa-dormidahisae-u.jpg" width="225" height="169" align="left" hspace="10" />No son pocas las razones por las que Hisae Ikenaga debe ser considerada una de las artistas más interesantes de su generación. Su lenguaje parece ser la escultura, con el mobiliario como protagonista, pero ella es algo más que una escultora al uso, pues en torno a su trabajo se advierte una densa atmósfera conceptual. Nacida en Ciudad de México en 1977, propone una singular e irónica lectura de los objetos que nos rodean pero no estrictamente en términos formales sino, sobre todo, desde la perspectiva de su valor y sus usos, siempre en sintonía con el devenir colérico de la producción en masa y la preeminencia contemporánea del do-it-yourself.</p>]]>
        <![CDATA[<p>Tres piezas importantes de raíz escultórica, acompañadas de dibujos y una intervención específica, conforman esta su segunda individual en Madrid, la primera en un espacio comercial. Un banco de madera saluda al visitante al entrar en la galería. Sobre él ya se vierte una referencia a su uso y disfrute, desdoblada su propia estructura en una forma pretendidamente humana. Pero la pieza que marca el ritmo de esta muestra es A distancia nº 1, una construcción desafiante en lo formal y en lo conceptual. Alzada en un equilibrio frágil, a caballo entre el orden y la sensación –no exenta de una cierta poesía– de un desastre inminente, es una silla de Ikea que la artista transforma en obra de arte. El visitante (y, claro, el coleccionista) tiene a su disposición las instrucciones para convertir el objeto producido masivamente en hecho artístico. Así, ideas como la brecha entre el original y la copia, la autoría (desde el guiño a Sol LeWitt) o el desencuentro entre lo artesanal y la rabiosa y clónica fabricación industrial sobrevuelan el trabajo. A distancia nº1 encuentra su eco en una mesa de madera, Molde de mesa, que aún conserva la rebaba de un supuesto molde, caústica alusión a una reproductibilidad improbable.</p>

<p>En resumen, el sugerente trabajo de Ikenaga transita, desde una astuta asunción de las relaciones entre el arte y las formas del capitalismo, entre la rotundidad formal y el trato delicado pero certero del material (su “isla excavada” en la guía telefónica, premiada este año en Generación, da buena muestra de ello).</p>]]>
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    <title>La Barcelona de Francesc Ruiz -   David G. TORRES</title>
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    <published>2008-05-02T14:17:03Z</published>
    <updated>2008-05-02T14:22:53Z</updated>
    
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    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://salonkritik.net/">
        <![CDATA[<p>Originalmente en <a href="http://www.elcultural.es/HTML/20080501/ARTE/ARTE23057.asp">el cultural</a></p>

<p><img alt="unic.jpg" src="http://salonkritik.net/06-07/unic.jpg" width="210" height="290" align="left" hspace="10" />Ahora que estamos en tiempos preolímpicos y que no sabemos si Pekín será capaz de usar el marketing deportivo para lavar la cara de China y esconder bajo el felpudo de los anillos entrelazados la falta de derechos humanos, Francesc Ruiz (Barcelona, 1971) nos recuerda que Barcelona no se ha librado del lastre del 92. Los efectos de las olimpiadas de Barcelona se han descrito con un amplio repertorio de clichés positivos: que si fue un lavado de cara, que si la ciudad abrió las ventanas y se ventiló, que si de ser una ciudad fea y gris pasó a ponerse guapa (del “Barcelona posa’t maca” al “Barcelona la ciutat més maca del món”). Y negativos: las hordas de turistas que hacen de ella una ciudad escaparate, la especulación inmobiliaria camuflada bajo tristes operaciones como el Forum (¿qué pasó con la trienal? una y no más Santo Tomás) y esa pátina de diseño que lo recubre todo (primero aluminio, luego formica, ahora papeles pintados).</p>]]>
        <![CDATA[<p>Justamente, una de las propuestas que presenta ahora Francesc Ruiz bajo el título Bcn Eye Trip hace referencia a uno de los elementos usados para vender la ciudad desde las olimpiadas del 92: los colores amarillo, rojo y azul que recubren todo el grafismo institucional, que resumen el Bar/Cel/Ona, la catalanidad y el Barça en un esquema tricolor. En cuatro proyecciones desfilan todo tipo de logos institucionales que usan ese esquema de colores: desde la Caixa hasta el bicing, desde la escultura/cabeza de Lietschenstein hasta el escudo del Barça. Todo observado por el ojo-logotipo (también tricolor) del autobús turístico. Aunque en ese universo de rojo, amarillo y azul se han colado otros elementos: las banderas colombiana, ecuatoriana y rumana. Banderas que también contienen esos tres colores y que se han insertado en el paisaje barcelonés conviviendo con lo institucional.</p>

<p>Todo ello habla de una ciudad-marketing, plana, sobre-diseñada y que, de paso, oculta otras realidades que afloran y determinan el paisaje social. De esa realidad social, de las situaciones, los encuentros y sucesos que acontecen bajo la imagen de marca habla la segunda pieza que presenta Francesc Ruiz: una serie de dibujos que reproducen a vista de pájaro el plano de los diversos barrios de la ciudad. Así, por ejemplo, sobre la archiconocida retícula de Barcelona se incrustan fotos recogidas de internet con espacios de cada manzana. Y dentro de ellos se despliegan historias entrecortadas: de dos homosexuales (osos) perdidos en Nou Barris, un ejecutivo en Sant Gervasi o una chica desnuda por el Eixample.</p>

<p>Aquí Francesc Ruiz vuelve de soslayo al cómic que había caracterizado su trabajo. Aunque ya no es un elemento omnipresente en la exposición, sino que se ha abierto a nuevos formatos. Al mismo tiempo, esa visión personal de lo que sucede en una ciudad, hecha de encuentros y situaciones (la referencia al Situacionismo francés es evidente), recuerda uno de sus primeros, y más acertados y elaborados, trabajos: El Corte Inglés y el hotel Barceló Sants, un recorrido por el subsuelo de Barcelona. Y es una buena noticia, porque así ha recuperado una de las claves de su obra con renovada intensidad: la crítica a la planicie en la que se quiere convertir a una ciudad como Barcelona, sacando a la luz otros modos de vida y otras ciudades bajo esa capa “guapa” inundada de corrección tricolor.</p>]]>
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    <title>Try Again: Otra esfera de actuación - Andrés Isaac Santana</title>
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    <published>2008-05-01T20:41:23Z</published>
    <updated>2008-05-01T20:48:02Z</updated>
    
    <summary>Inscrito en una genealogía reciente de proyectos similares y cercanos por su interés en la investigación acerca de los nuevos paradigmas de comportamiento estético y sus efectos en la producción de nuevos discursos críticos, desde disciplinas y soporte aparentemente ajenos...</summary>
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        <name>salonKritik</name>
        
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    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://salonkritik.net/">
        <![CDATA[<p><img alt="isaac-u.jpg" src="http://salonkritik.net/06-07/isaac-u.jpg" width="182" height="260" align="left" hspace="10" />Inscrito en una genealogía reciente de proyectos similares y cercanos por su interés en la investigación acerca de los nuevos paradigmas de comportamiento estético y sus efectos en la producción de nuevos discursos críticos, desde disciplinas y soporte aparentemente ajenos al campo del arte, Try Again viene a ser entonces un proyecto cultural y visual en extremo complejo de cara al panorama expositivo español, y lo es por varias razones de poder que así lo validan. Por una parte se trate de una exposición que no hace sino burlar el esquema ortodoxo de la exposición al uso, al menos de ese modelo que responde con demasiada vehemencia a unos indicadores de articulación harto recurrentes y que ya manifiestan más de un signo de cansancio; mientras que, en otro sentido, se aventura en la especulación conceptual alrededor de nuevas posibilidades discursivas dentro del terreno del arte contemporáneo que, del mismo modo, amplían el paradigma circulante de este último. El claro desplazamiento del formato y de la perspectiva tradicional de la representación artística hacia un registro permanente de simulación y de ficción, es uno de los indicadores de identidad más recurrentes del discurso estético actual, sobre el que esta muestra propone una reflexión de gran envergadura.</p>]]>
        <![CDATA[<p>¿Qué es la creación contemporánea sino una zona de cruzamientos, contaminaciones, préstamos, interdisciplinariedad avasallante y espacio de simulación? Este proyecto, que incluye en su estructura narrativa multifacética los ámbitos de la performance, el cine y la música, a tenor de la influencia que la industria del videojuego ha terminado por ejercer en estos campos de producción de sentido, consigue poner en evidencia el alto rendimiento del que disfrutan los modelos de trasversalidad e interdisciplinariedad a la hora de leer e interpretar el estado de la cultura contemporánea. Ironía, parodia, simulación, subversión y lectura crítica de los enunciados culturales y políticos, son acaso herramientas referenciales o puntos de partida para la mayoría de los artistas que hoy desean producir discurso sobre el contexto en el que se desarrolla su propuesta. Tal es el caso de los incluidos en este proyecto, quienes parten de un soporte ya existente en la cultura mediática para operar sobre éste una intervención –casi quirúrgica- de desajuste y modificación de su estructura narrativa, que termina por alterar el enfoque ideológico original a favor de una estela de asociaciones y de perspectivas críticas más humanistas, inclusivas y mucho más emancipada de la dictadura de los estereotipos.</p>

<p>Estamos, sin dudas, en una era en la que se registran continuos cambios, modificaciones, influencias y vasallajes entre muchos campos y frentes del saber contemporáneo. Las nociones tradicionales de artista, obra, exposición de arte e institución arte, están siendo cada vez más interrogadas por los agentes intelectuales encargados de generar nuevas plataformas críticas que cuestionan la validez de ciertas estructuras y narrativas hegemónicas, promovidas por los centros de poder. De ahí que esta muestra, en modo alguno pensada desde fuera del campo de las artes visuales (aspecto este que la diferencia de sus homólogas), supone la puesta en escena de una estrategia de manipulación, cambio y reajuste ideológico a cargo de un grupo de artistas que buscan subvertir -con absoluta desfachatez- los discursos impuestos por el modelo dominante de la cultura del ocio.</p>

<p>Visto así, y como afirma su comisario, “esta exposición intenta reflexionar desde una perspectiva crítica, sobre la relación entre: la simulación y el espectador, la violencia y el jugador, el riesgo y el contexto artístico”. Por tanto, los conceptos de simulación, violencia y riesgo, quedan activados entonces como premisas analíticas que sustentan la operatoria ideo-estética de transformación, modificación y relectura-crítica, que hacen estos artistas de los videojuegos ya existentes en el panorama mediático y globalizado. Partiendo de la tesis de que los videojuegos, como otros soportes de la industria del ocio, resultan una poderosa herramienta de difusión ideológica, de irrevocable incidencia sobre la subjetividad colectiva, este grupo de artistas los toma como “materia prima” para generar nuevos enfoques críticos que cuestionan de un modo radical las paradojas que se suscitan en el ámbito de la realidad. De ahí que lo más destacado de esta propuesta, es el hecho mismo de la modificación y transformación del medio para su desarticulación ideológica, en virtud de otorgar otros sentidos o generar un discurso crítico de raigambre antropológica que cuestiona el proyecto político, el modelo cultural dominante y el rendimiento discursivo de los estereotipos culturales.</p>

<p>En este afán revisionista se “ponen en juego” un modelo de articulación estética que atraviesa –sin complejos de culpa- un amplio espectro de disciplinas artísticas habitualmente segregadas o tenidas como ámbitos periféricos o complementarios dentro del quehacer contemporáneo. La exposición se convierte así en un laboratorio de investigación y de transformación de los aspectos normativos de la realidad, alterándola y/o modificándola. Su disposición conceptual y su sofisticado diseño museográfico a cargo del arquitecto Fernando Muñoz (Intervento), e inspirado en la primera pieza que inaugura el recorrido, advierten del carácter multidisciplinar y lúdico de la escena contemporánea del arte. Todo hace pensar que “el juego no es un texto que se lee, sino una experiencia que se tiene”.</p>]]>
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    <title>Chema Madoz, palabras y objetos - Elena VOZMEDIANO</title>
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    <published>2008-05-01T20:34:28Z</published>
    <updated>2008-05-01T20:39:59Z</updated>
    
    <summary>Originalmente en el cultural En una amplia entrevista realizada por Alejandro Castellote hace cinco años, Chema Madoz (Madrid, 1958) confesaba que veía difícil la posibilidad de un cambio sustancial en su obra y se vaticinaba a sí mismo una evolución...</summary>
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        <![CDATA[<p>Originalmente en <a href="http://www.elcultural.es/HTML/20080501/ARTE/ARTE23053.asp">el cultural</a></p>

<p><img alt="madoz-u.jpg" src="http://salonkritik.net/06-07/madoz-u.jpg" width="225" height="178" align="left" hspace="10" />En una amplia entrevista realizada por Alejandro Castellote hace cinco años, Chema Madoz (Madrid, 1958) confesaba que veía difícil la posibilidad de un cambio sustancial en su obra y se vaticinaba a sí mismo una evolución lenta. Así ha sido. Y precisamente en la dirección que él presentía: frente a la más difundida identificación de su trabajo con la manipulación de objetos, señalaba otra faceta en la que pesaba más el “componente gráfico”, en la frontera con la literatura y la música. También destacaba su interés por una forma de paisaje reducido a sus mínimos denominadores que parece haber merecido un menor desarrollo, aunque la veamos representada en esta exposición por la fotografía de unos charcos que forman un camino ondulante y que reflejan tímidamente las copas de unos árboles.</p>]]>
        <![CDATA[<p>Claro que Madoz sigue utilizando y manipulando objetos, pero lo hace menos para crear situaciones paradójicas al alterar sus usos o para combinarlos de forma irónica que para “dibujar” con ellos. El mencionado componente gráfico de la obra del artista –que se ha ido acentuando con el tiempo– siempre existió, aunque antes atenuado por la creación de discretos efectos atmosféricos y lumínicos y por el uso de texturas materiales en las superficies de base para sus “esculturas efímeras”. El progresivo aclarado y la homogenización de los fondos, la fidelidad al blanco y negro por lo general bastante contrastado y la insistencia en el nítido delineado de los perfiles fueron acercando sus fotografías al dibujo. Tendencia que se consolida ahora en una clara asociación de grafía y objeto. En una de las imágenes presentadas, una lupa reposa sobre la página de un libro cuyo texto ha sido borrado palabra a palabra por el efecto abrasador de la luz a través de la lente. De forma reveladora, la quemadura se ha detenido en una frase que dice “A word used for an object may be another word too”. Vemos que se trata de un escrito sobre semiótica en el que se cita a Saussure y a Magritte –una referencia para Madoz– y en el que se afirma que el hecho de que objeto y palabra puedan reemplazarse uno a otro destruye la credibilidad de los signos establecidos. Esa maleabilidad o inestabilidad en los lenguajes es reflejada por Madoz en una relación ambigua entre signos y objetos. Hay en estas fotografías –en las expuestas y en las mostradas en la web de la galería– letras que son pequeñas esculturas, pero también otras modalidades de signos, otras formas de anotación o medición: notas musicales, relojes solares o grapas que marcan los milímetros de una regla. Signos que tienen una presencia física, una entidad material, a la vez que se inscriben en los sistemas abstractos con los que nos comunicamos datos sobre las dimensiones temporales y espaciales de la realidad y sobre nuestra situación respecto a ellas: horas y distancias, o ángulos. En una de las fotografías más grandes un particular arco se apoya en la pared, y su sombra dibuja un ángulo recto: unas coordenadas sobre las que las palas y el mango trazan el diagrama de no sabemos qué datos existenciales. Algunas veces ocurre además que en la imagen hay un sonido latente: la pronunciación de las palabras, de las letras, el tono musical, la lectura del reloj...</p>]]>
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    <title>Elpidio is sleeping – No, he isn´t. He is death (1)- Píter Ortega Núñez</title>
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    <published>2008-04-29T14:32:27Z</published>
    <updated>2008-04-29T14:38:05Z</updated>
    
    <summary>La obra de Duniesky Martín se erige sobre las diversas mutaciones del canon heroico que operan en el mundo contemporáneo. Su estrategia, más que potenciar, se basa en desmitificar los modelos de heroicidad asentados por la tradición cultural. Empresa irreverente,...</summary>
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        <![CDATA[<p><img alt="El-juicio-final-u.jpg" src="http://salonkritik.net/06-07/El-juicio-final-u.jpg" width="225" height="163" align="left" hspace="10" />La obra de Duniesky Martín se erige sobre las diversas mutaciones del canon heroico que operan en el mundo contemporáneo. Su estrategia, más que potenciar, se basa en desmitificar los modelos de heroicidad asentados por la tradición cultural. Empresa irreverente, si se quiere, interesada en humanizar, en despojar al ídolo de trascendentalismos. En una ocasión apunté algo que considero medular en su poética, y es que esta parece recordarnos a cada instante que “héroe puede ser también aquel que disiente, siempre y cuando logre trocar el disenso en podio” (2). </p>]]>
        <![CDATA[<p>En esta dirección, la cita, la alusión y la parodia, entre otros mecanismos de operatoria intertextual, se convierten en medios efectivos para situar en diálogo a un sinnúmero de fetiches de la cultura pop y mass-mediática de diversas latitudes del orbe (estadounidenses en su mayoría), con sus homólogos del patio –básicamente el personaje más popular de nuestros dibujos animados, símbolo de toda una historia de luchas, o bien de la propia nación cubana: Elpidio Valdés. El resultado final es una iconografía muy a tono con el sesgo multi o transcultural de los tiempos actuales, una visualidad que descree de las nociones ortodoxas de conceptos como el de patria o nación. Así, sarcasmo e hilaridad conjugados armónicamente, el coronel mambí ha renovado su Ejército Libertador, ahora integrado por Spiderman, Iron Man, Captain American, o bien ha decidido tomar un paseo con Mary Jane, al tiempo que se codea con figuras como Mickey Rourke, Quentin Tarantino, El Padrino, entre otros personajes emblemáticos de la cultura occidental. En los dibujos de Duniesky Elpidio puede estar sujeto a situaciones disímiles: puede disputar con furia el amor de María Silvia (“Los Héroes también celan”), puede colgar de un árbol como el hombre araña (“El beso mambí”), puede pagar por sus errores y caer en prisión (“Prison Break”), puede matar sin piedad, de manera irracional (“El primer impulso de un héroe”)… Y también puede morir (“CSI: El juicio final”). Este último es, sin lugar a dudas, el mejor de los dibujos realizados por el artista, toda vez que alcanza una dimensión ética y un cuestionamiento social en suma agudos. Presentar el cadáver de Valdés encima de una mesa de disecciones, bajo el examen de Grissom, equivale a aceptar que todo ideal es finito, toda lucha perecedera, toda utopía incierta. Nadie escapa al juicio final: la inmortalidad es una quimera…</p>

<p><br />
Notas:</p>

<p>(1) Palabras al catálogo de la exposición personal de Duniesky Martín Abocajarro. Casa de la cultura de Plaza, Ciudad de La Habana, abril de 2008.</p>

<p>(2) Píter Ortega. “Distopía (o El insomnio es una cosa muy persistente)”, en salonKritik, España, septiembre de 2007 (<a href="http://salonkritik.net/06-07/2007/09/distopia_o_el_insomnio_es_una.php" target="new" <br />
>http://salonkritik.net/06-07/2007/09/distopia_o_el_insomnio_es_una.php</a>)<br />
</p>]]>
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    <title>Del salón recreativo a la realidad virtual - Juan Antonio Álvarez Reyes</title>
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    <published>2008-04-28T08:12:08Z</published>
    <updated>2008-04-28T08:14:08Z</updated>
    
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    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://salonkritik.net/">
        <![CDATA[<p>Originalmente en <a href="http://www.abc.es/abcd/noticia.asp?id=9670&num=847&sec=36">abcd</a></p>

<p><img alt="casaencendida-u.jpg" src="http://salonkritik.net/06-07/casaencendida-u.jpg" width="225" height="179" align="left" hspace="10" />Fue en los años 60, como casi todo lo que afecta directamente al arte y la sociedad del presente, cuando surgieron los primeros videojuegos. Hay, eso sí, una prehistoria, pero en esa década es cuando se consolida un medio que no ha dejado de crecer hasta convertirse en la primera industria cultural del presente en cuanto a volumen de negocio, engullendo a sectores tan potentes hasta no hace mucho como la música o el cine. Silenciosamente, pero con unos tantos por ciento envidiables de crecimiento, ha ido tomando posiciones sin necesidad de grandes campañas de publicidad y sin que los medios de comunicación les hayan hecho demasiado caso. Por supuesto, también han ocupado ese primer puesto sin el apoyo decidido de la «alta cultura». En los últimos años, sin embargo, con el cambio de milenio, ha habido una atención especial hacia ellos. Si primero se los vio como alienantes y violentos (una imagen que perdura como estereotipo), recientemente esta industria cultural se ha dado cuenta de que dirigirse únicamente a jóvenes era algo que les limitaba, y se ha ido abriendo a otros segmentos de población, por ejemplo, mediante los denominados de entrenamiento mental.</p>]]>
        <![CDATA[<p>Más allá de Pokémon. Gust de Meyer y Steven Malliet han intentado escribir sintéticamente la Historia de los videojuegos, algo que también hizo mucho más extensamente Steven L. Kent (con su subtitulado libro De Pong a Pokémon y más allá). Los primeros afirman que «la innovación tecnológica ha sido siempre la fuerza que ha impulsado el avance de los videojuegos». Curiosamente, esta fuerza motriz, la innovación, fue también la que durante siglos impulsó las hoy ya artes tradicionales o, más recientemente, otras artes ya integradas como la fotografía o el cine. No tener en cuenta la tecnología, su desarrollo, sería como ponerse una venda en los ojos; del mismo modo que sólo fijarse en ella, como fenómeno explicativo universal, conllevaría un gran reduccionismo, puesto que está atravesada por las construcciones ideológicas de sus respectivos presentes.</p>

<p>Retos para ya mismo. Pero, ¿cuál es el reto de futuro para los videojuegos? Para muchos -como para Meyer y Malliet- sería la introducción de la realidad virtual, una vieja teoría que podría ser retomada (como otras ideas desarrolladas por la ciencia ficción). La realidad virtual es algo ensayado por los videojuegos tradicionales al introducir el punto de vista en primera persona, al convertir al jugador y su mirada en protagonista, al propiciar -aunque sea de manera aún bastante insatisfactoria- una identificación clara entre ambos. Sin embargo, para lograr una inmersión casi total del jugador en el juego, sería necesario conseguir un avance significativo en el campo de la realidad virtual, ya que con ella dejaría «de estar constreñido a una pantalla y participaría con varios sentidos a la vez». Esta es una cuestión de cierta importancia, puesto que con los videojuegos el espectador tradicional (con un papel pasivo-receptivo) ha pasado a convertirse en jugador (con un rol completamente activo). Además, se ha producido un desplazamiento similar hacia cómo se experimenta el cine en una sala o en una instalación (ésta última favorece la inmersión y cierta participación). También los artistas que se han adentrado en este campo suelen abandonar las consolas y se decantan por presentaciones instalativas que buscan una mayor presencia envolvente que podría ser entendida como tendencia hacia la realidad virtual y a convertir al espectador en jugador, y a este segundo, en actor.</p>

<p>Doble camino. Hasta el momento, la presencia monográfica de los videojuegos en los museos ha tomado dos caminos -siendo posible una tercera vía que participa en diversos grados de ambos-. Uno sería el de la introducción de algunos videojuegos ya históricos en el discurso museológico. Ha habido, de hecho, exposiciones monográficas dedicadas a la historia de los videojuegos comerciales. Pensemos, por ejemplo, en Game On (Barbican Gallery, Londres, 2002) o, más recientemente, World of Games: Reloaded (ZKM, Karlsruhe, 2004) como parte de su colección permanente. El segundo camino es el recorrido por lo que podría denominarse como videogame art, que simplificadamente se definiría como «el arte producido con» o «influido por» los videojuegos. Aquí deberían citarse algunas exposiciones como, por ejemplo, Next Level: Art, Games &amp; Reality (Stedelijk Museum, Ámsterdam, 2006), en la que participó un artista fundamental como Brody Condon, que junto a otros, como JODI, Anne-Marie Schleiner o Cory Arcangel, constituyen algunos de los artistas principales de esta forma de hacer arte, que ha sido definida por Alexander Galloway como mods artísticas o contrajuego. Es decir, modificaciones de videojuegos comerciales realizadas por artistas, que cambian parte o todo su diseño visual, las reglas del juego o bien el comportamiento de los personajes.</p>

<p>La tercera vía. La tercera vía, ensayada, por ejemplo, en Gameworld -la primera de las exposiciones que LABoral Centro de Arte, de Gijón, dedicó al tema en 2007-, consiste en una combinación de los dos caminos citados anteriormente. Es decir, intercala videojuegos comerciales que han hecho historia, junto a otros modificados por artistas, lo cual nos introduciría en un terreno resbaladizo lleno de preguntas: ¿Son los videojuegos arte? Y, de serlo, ¿todos los videojuegos serían trabajos artísticos? Y, de no serlo, ¿qué es lo que haría que un videojuego sea arte y otro no? Como ha ocurrido con la fotografía y el cine, establecer fronteras estrictas es algo que, con el paso del tiempo, de poco sirve, puesto que si algo caracteriza el arte contemporáneo es su inagotable capacidad de absorción. </p>]]>
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    <title>El «fontanero» Villel</title>
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    <published>2008-04-25T17:43:50Z</published>
    <updated>2008-04-25T17:45:46Z</updated>
    
    <summary>Originalmente en e-norte «Doy por terminadas las labores de fontanería». Superados los cien días desde la llegada de Manuel Borja-Villel a al Museo Reina Sofía, su director da por sentadas la bases de su un futuro inmediato que llegará «marcado...</summary>
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    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://salonkritik.net/">
        <![CDATA[<p>Originalmente en <a href="http://www.noviembre.org/e-norte/html/index.php?name=News&file=article&sid=3241">e-norte</a></p>

<p>«Doy por terminadas las labores de fontanería». Superados los cien días desde la llegada de Manuel Borja-Villel a al Museo Reina Sofía, su director da por sentadas la bases de su un futuro inmediato que llegará «marcado por la transparencia». El «fontanero» Villel ha ajustado todas las válvulas y ha saneado las cañerías de la institución que heredó de Ana Martínez de Aguilar y a la que llegó en diciembre pasado como ganador de un concurso internacional diseñado a la medida de su perfil. Con siete nombramientos en un renovado organigrama, un plan museístico cerrado y un programa de exposiciones heredado en parte de su antecesora y ajustado por él, Borja-Villel mira al futuro confiado.</p>

<p>«Espero que en dos años el museo funcione como a mi me gustaría», vaticina.</p>]]>
        <![CDATA[<p>Habrá cambios sustanciales en la ordenación de la colección permanente -entre ellos la sala que acoge el 'Guernica' de Picasso- , habrá también obras de adecuación que permitirán ganar 4.500 metros cuadrados de exposición y habilitar nuevos accesos, nuevos departamentos, rediseño de espacios técnicos y de oficinas y una nueva filosofía de gestión. «Existe el proyecto de convertir al museo en una Agencia Estatal. No podemos permitir que la gestión de este museo sea más pesada y lenta que la del Prado» apuntó su máximo responsable.</p>

<p>Con estas reordenación de coordenadas conceptuales y espaciales sobre el tapete, Borja-Villel espera «que el museo alcance su velocidad de crucero en 2010». Se hará todo «sin cerrar el museo y con cargo a presupuestos» precisó, contabilizando una partida extraordinaria de ocho millones de euros anuales a lo largo del próximo cuatrienio. El presupuesto del 'Reina' para 2008 se aproxima a los 60 millones de euros</p>

<p>Borja-Villel adelantó tres de los siete nombramientos que ha cerrado o cerrará en breve. Se incorpora como subdirectora artística Lynne Cooke, prestigiosa historiadora que se responsabilizará de Conservación, Investigación y Difusión.</p>

<p>Conservadora y comisaria de enorme prestigio, llevaba casi dos décadas al frente la Dia Art Foundation de Nueva York. Cuenta con un apabullante currículo, ha estado al frente de bienales como las de Venecia y Sydney, y «ha rebajado notablemente el sueldo que percibía en Nueva York para aceptar este puesto» destacó Borja-Villel.</p>

<p>Berta Sureda, historiadora del arte y 'alma' hasta ahora del muy vital Centro de Cultura Conteporània de Barcelona, se incorpora al 'Reina' como nueva responsable del área de Actividades Públicas.</p>

<p>Es un departamento de nueva creación del que dependerán la Biblioteca, el Centro de Documentación, Programas Culturales y Comunicación.</p>

<p>Villel ha nombrado además como jefe de su gabinete al mallorquín Nicola Whalfarth y a Jesús Carrillo como responsable de los programas educativos. Con anterioridad se había hecho cargo de la gerencia Gemma Sendra, que ya fuera la mano derecha de Borja Villel en el Macba.</p>

<p>Dinamismo</p>

<p>Borja-Villel va a reordenar la colección permanente «con un criterio dinámico». Una reordenación que «se revisará» cada dos o tres años y a distintos ritmos, «rápido para los artistas más contemporáneos, medio para los creadores de los años sesenta y setena y más lento para la vanguardias históricas».</p>

<p>Y entre las vanguardias históricas destaca Pablo Ruiz Picasso y su emblema, el Guenica, que seguirá en la tercera planta pero que verá rediseñado su espacio y su entorno. Quiere Borja-Villel recuperar en parte la frontalidad del cuadro -«es un mural», recordó- y para ello se alterará la circulación de los visitantes par evitar el actual y «equivocado» acercamiento lateral.</p>

<p>En torno al cuadro mayor de Picasso se dará carta de naturaleza a contemporáneos del genio malagueño como Josep Renau, Julio González y Luis Buñuel. Se reconstruirá el pabellón de la República para la Expo Internacional de París de 1937 que fue el embrión del lienzo, y se recuperará la fuente que para esa pabellón diseñara Alexander Calder.</p>

<p>La adaptación de este espacio se hará en sólo tres días una vez que se clausure, el próximo cinco de mayo, la actual muestra sobre Picasso. Borja-Villel insistió en que esta intervención es «de contenidos», aunque no descarta, a medio plazo, estudiar nuevos emplazamientos para el Guernica. «Todavía no me atrevo a tocarlo» ironizó.</p>

<p>Serra en la planta cero</p>

<p>La totalidad de la liberada planta baja se incorporará a la superficie expositiva del museo, que ganará un total de 4.500 metros cuadrados. En una de las recuperadas alas de esta planta se instalará la réplica de la escultura de Richard Serra 'Equal Parallel/Guernica-Bengasi', 'regalo' del escultor estadounidense y clon de la pieza original de 38 toneladas que a día de hoy sigue «desaparecida».</p>

<p>En esta planta y en coordinación con los trabajos del eje Prado-Recoletos, se renovarán los accesos tanto de la Plaza de Sánchez Bustillo como de la ampliación de Jean Nouvel. Se abrirá un tercer acceso en la Glorieta de Carlos V, frente por frente de la estación de Atocha. Se liberan también los almacenes del centenario edificio de Sabatini y todo los fondos se trasladan al ala Nouvel.</p>

<p>En cuanto a las exposiciones, recordó el director del Reina que heredó una programación cerrada hasta 2009 en el que el ha introducido algunas cuñas, muestras dedicadas a Nancy Spero, Zoe Leonard y Deimantas Narkevicius. «2009 será de un año de transición, con la inclusión de las muestras de Julio González o Juan Muñoz, y en 2010 tendremos ya una nueva programación completa en la que primarán unas exposiciones de tesis que considero fundamentales».</p>

<p>Borja-Villel destacó además el notable aumento considerable del número de muestras que pasarán de las 19 programadas para este año a las 28 en el 2009.</p>

<p>Anticipó que trabaja también en un nueva tabla de horarios que amplíe las horas de acceso para atender el creciente número de visitantes y nuevas formulaciones para las entradas. El volumen de visitas se ha incrementado un 30% en lo que va de año.</p>

<p>Se renovará la web, que se quiere convertir en un museo virtual pleno, y la biblioteca, de la que se quiere hacer «la ineludible referencia del arte del siglo XX para España e Iberoamérica».</p>]]>
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