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    <title>| :: salonKritik :: |</title>
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    <updated>2012-05-15T11:28:07Z</updated>
    <subtitle>arte | cultura | crítica</subtitle>
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    <title>Ortotopías, heterocronías - Fernando Broncano</title>
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    <published>2012-05-15T10:31:04Z</published>
    <updated>2012-05-15T11:28:07Z</updated>
    
    <summary>Originalmente en el Laberinto de la identidad No es sencillo pensar alguna aportación reflexiva sobre el 15M (y movimientos afines en el contexto internacional). No lo es por la compleja mezcla de lo nuevo y lo tradicional que presenta. Es...</summary>
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        <name>mariaVirginia Jaua</name>
        
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    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://salonkritik.net/">
        <![CDATA[<p>Originalmente en el<a href="http://laberintodelaidentidad.blogspot.com.es/"> Laberinto de la identidad</a></p>

<p><a href="http://salonkritik.net/10-11/3197.jpg"><img alt="3197.jpg" src="http://salonkritik.net/10-11/3197-thumb.jpg" width="380" height="345" /></a> No es sencillo pensar alguna aportación reflexiva sobre el 15M (y movimientos afines en el contexto internacional). No lo es por la compleja mezcla de lo nuevo y lo tradicional que presenta. Es fácil referirse a la tradición autogestionaria, asamblearia, autónoma, de la que el movimiento es heredero y con la que mantiene ciertos lazos de pensamiento y organización. Pero hay nuevos elementos que están aún por pensar y sobre todo por asimilar y convertirlos en experiencia y aprendizaje. El carácter reticular, la existencia en el doble espacio de la asamblea y de la red digital, la integración de nuevos sujetos históricos, el carácter ciudadano, el pacifismo, el radicalismo democrático, el deseo de repensar la vida entera en el espacio político, el trabajo voluntario y la ayuda mutua, la defensa de los sistemas y políticas de bienes públicos, la intervención estética sobre el paisaje urbano, la madurez pasmosa en la toma de la palabra, la indiferencia a los medios de prensa (que, por lo mismo, hace que los medios de prensa se vuelvan adictos voyeurs de lo que no entienden), la reivindicación de las políticas de amistad, la composición intergeneracional (diría mejor bi-generacional: hay una generación casi ausente), su capacidad de mutación y adaptación (derivada de su forma rizómica),..., en fin. Características que nos llevan a pensar en movimientos telúricos que crean derivas en la trama de la cultura que exigirán tiempo para ser percibidas. Iré aprendiendo del movimiento y trataré de interpretar algunos rasgos, es decir, de expresar lo que ocurre en mis propias palabras que, por abstractas, quizá no aporten demasiado. Ensayemos nuevos términos que tal vez podrían ayudarnos a este repensar:</p>]]>
        <![CDATA[<p><br />
La modernidad y sus grandes narrativas tuvieron una expresión esencialmente espacial. La tensión básica sobre la que se fueron construyendo estas narrativas es la tensión entre las utopías y las heterotopías. Las utopías hicieron su trabajo por medio de la negación de lo existente: creando imágenes en negativo de las formaciones sociales en las que surgieron. Incluso las distopías son formas de utopías que tratan de re-presentar lo existente por la vía negativa. De las utopías surgieron las formas direccionales de la historia: el progreso y sus derivados (el catastrofismo, la posmodernidad y sus fracturas de los relatos). En el otro lado, las heterotopías fueron los lugares de resistencia donde se fueron creando formas de vida expulsadas del espacio común ortotópico. Sectas, sociedades secretas, lugares del margen, modos de vida enmascarada,... Las heterotopías fueron fuerzas invisibles que transformaron la historia desde su invisibilidad (o a causa de ella) y dieron lugar a muchas de las formas alternativas de modernidad que se han separado de la historia oficial.</p>

<p>No diría que en el 15M y afines no continúen estas tensiones porque, pese a todo, existe aún en la modernidad inacabable. Pero sospecho que entre sus novedades porta algunas que se separan de las categorías metafísicas espaciales con las que ha sido pensado lo político: la clase, la esfera pública, el ágora, la separación de poderes, lo público y lo privado, etc. Me refiero a las categorías temporales y a la gestión que el movimiento hace de la tensión entre presencia y ausencia. En la modernidad la tensión esencial de los tiempos se resolvía en la dicotomía evolución/revolución, es decir entre tiempos largos donde actúan fuerzas débiles que en su persistencia transforman lo real, y tiempos cortos donde coalescen fuerzas poderosas que cambian las estructuras de lo social. Los grandes movimientos políticos (siempre movimientos de masa y poder) continuamente se unieron y separaron a causa de esta dicotomía: revolucionarios frente a reformistas, revolución en la revolución, revolución local o global, etc. Caben todas las combinaciones para recontar la historia de las disidencias. Sin embargo los nuevos movimientos se crean en espacios heterogéneos: no existen en los territorios-nación ni en ninguno de sus derivados, si acaso en lo fractal de los espacios urbanos pero en tanto que conformados con los tiempos de la comunicación a distancia y en un juego de sincronías que dificultan las analogías espaciales. Lo novedoso de las nuevas formas de acción y transformación son los juegos de suspensión de los tiempos: el momento de la asamblea, el momento de la ocupación, la atención al mensaje, la convocatoria como acto de constitución, la desvinculación del capitalismo de la atención (a la TV, a los medios, al consumo). Creo que lo realmente creativo del 15M es su existencia como heterocronía, como desligación del tiempo ordenado por la economía del valor de cambio. El propio hecho de la mezcla de la reflexión y el tiempo de la vida hacen del movimiento un complejo de nueva factura metafísica. La intersección del arte, de lo cotidiano (movimiento contra el desalojo), de la permanencia y la manifestación: todo apunta a una transformación de los tiempos. Todos son signos de un deseo de transformar que huye de la categorización en cualquiera de los polos de evolución/revolución. De todas estas características no me parece la menor el deseo de lo actual, el no dejar para el futuro la presencia de lo nuevo, la necesidad de hacer posible el deseo en el tiempo de la vida, renunciar a la vieja distinción teológica entre cronos y kairós en la que han vivido los movimientos sociales, hacer presente lo ausente. </p>]]>
    </content>
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    <title>YA NO HAY FUTURO</title>
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    <published>2012-05-14T22:56:09Z</published>
    <updated>2012-05-14T23:41:07Z</updated>
    
    <summary>Originalmente en Comité Invisible Jaltenco Se ha dicho que el arte “ya no es lo que era antes,” que su inevitable inserción en la industria de la cultura causó una mutación creando un campo nuevo de producción industrializada de lo...</summary>
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        <name>mariaVirginia Jaua</name>
        
    </author>
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    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://salonkritik.net/">
        <![CDATA[<p>Originalmente en <a href="http://comiteinvisiblejaltenco.blogspot.com.es/">Comité Invisible Jaltenco</a></p>

<p><a href="http://salonkritik.net/10-11/blog_images_12766.jpg"><img alt="blog_images_12766.jpg" src="http://salonkritik.net/10-11/blog_images_12766-thumb.jpg" width="380" height="285" /></a> Se ha dicho que el arte “ya no es lo que era antes,” que su inevitable inserción en la industria de la cultura causó una mutación creando un campo nuevo de producción industrializada de lo creativo. Se dice también, que el hecho de que el arte se haya fusionado con la realidad habiendo logrado su meta vanguardista, lo hizo indistinto a otras áreas de producción. Por estas razones, las producciones estéticas necesitan auto-preservarse proclamando su singularidad una y otra vez. Dentro de este panorama, no son ni la situación socio-económica, ni la ideología ni los artistas quienes determinan la organización productiva ni el paradigma operativo en la producción sensible. Lo que determina al campo de operación del arte son las relaciones entre las esferas de producción, circulación y consumo. Es decir, lo que le da forma al modo de producción del arte son redes de producción y comunidades de consumidores que giran alrededor del discurso modernista de la singularidad del arte y de la potencial identificación de los patronos y consumidores con la producción estética.</p>

<p>Siguiendo a David Harvey, se puede afirmar que aunque se logre hacer creer que los artefactos y eventos culturales existen en un plano más alto de la humanidad en general, no se puede negar que la cultura se ha convertido en una mercancía como zapatos o medicinas. Además de la producción y consumo industrial de la cultura, se encuentra la extracción de “renta de monopolio” de la producción cultural. La categoría de la economía política conocida como la “renta del monopolio” deriva de los vínculos que existen entre globalización capitalista, desarrollos locales y evolución de significados culturales y valores estéticos. De ahí tenemos por ejemplo, el caso de la ciudad de Oaxaca sujeta a la “responsabilidad social” y filantropía del empresario Alfredo Harp Helú, quien ha adoptado la ciudad para obrar múltiples “inversiones culturales” en educación, museos, en el equipo de béisbol, etc. Para el empresario, el arte, modos de vida y béisbol son inextricables:</p>

<blockquote>Mi vida se centra en jugar temporadas filantrópicas; procuro llenar de hits los partidos, correr las bases con la máxima rapidez y anotar muchas carreras para promover una vida más digna entre las personas.[1]</blockquote>
]]>
        <![CDATA[<p>Las inversiones culturales consisten en propiciar la creatividad al subsidiar a las artes fomentando talentos para resaltar los aspectos singulares de un bien, una propiedad o un lugar para crear capital de rentas. En los discursos neoliberales de “crecimiento sostenido,” la cultura juega un papel crucial en el desarrollo urbano, poniendo al centro el excepcionalismo cultural (que va de la mano con la identidad nacional). Mientras que las “inversiones culturales” pueden propiciar apoyo comunitario, fomentan la exclusión social, ya que sólo algunos lugares se beneficiarán de las “inversiones culturales.” Las inversiones culturales crean un campo variado de información en el que actores negocian, filtran, producen conocimiento de un amplio entorno, costumbres y hábitos; el problema es que el conocimiento además de que se privatiza, puede ser codificado y normalizado, transformado en mercancía, y sometido al modelo de la moda (algo predomina en el mercado en un momento dado). La siguiente cita que encontramos en uno de los muros de la fundación Harp Helú en Oaxaca (plasmada sobre la imagen de una ciudad), resume la ideología corporativa-creativa a la que muchas ciudades están sujetas hoy en día:</p>

<blockquote>La forma principal de la ciudad es la de convertir al poder en forma, la energía en cultura, material muerta en símbolos vivos de arte, y la reproducción biológica en creatividad social.

<p>Lewis Mumford</blockquote></p>

<p>De acuerdo con Harvey, la renta de capital puede extraerse a partir de la monopolización privada o el ejercicio del control exclusivo e algún bien, recurso, mercancía o lugar con cualidades especiales. Los consumidores pagan derecho por acceder a un bien que no es material, sino el servicio o experiencia que se producen a través de su uso. Los aspectos “únicos” de la ciudad de Oaxaca, por ejemplo, forman la base de su precio de monopolio y siguiendo a Harvey, esto nos lleva a la lógica pura de la mercantilización, la cual, paradójicamente elimina poco a poco los aspectos singulares de un lugar, ciudad o bien. El actual interés en la innovación cultural y por resucitar tradiciones locales, está ligado al deseo de extraer y apropiar las rentas de monopolio. Definitivamente, la “emprendeduría cultural” está ligada a la globalización neoliberal, que busca privatizar para explotar lo único, lo auténtico y lo singular. El caso de Oaxaca es más claro, y sin embargo se observa la tendencia general de la elite corporativa de México de hacer inversiones culturales, por ejemplo, los patronos del MUAC, PAC, la Fundación Jumex, Carlos Slim, etc. Estas inversiones en cultura pueden considerarse ser cálculos de economía política e intentos por reunir rentas de monopolio. En el caso del arte contemporáneo, por ejemplo, al instrumentalizar narrativas históricas, interpretaciones y significados de memoria colectiva en sintonía con la producción de arte contemporáneo global, aumenta, el “índice creativo de crecimiento” de la Ciudad de México, la cual se consolida como centro sofisticado de producción de arte contemporáneo. Esta consolidación incide directamente en el mercado del arte, de bienes raíces y en otras áreas locales de extracción de plusvalía.</p>

<p>Si antes la <em>inteligentsia</em> corría peligro de ser seducida (y lo era) por los políticos, hoy en día lo es por el capital financiero y corporativo que es mas insidioso al invertir su surplus en el sector creativo proclamando “libertad de expresión” y “nivel cero de ideología.” Y sin embargo, ¿qué artista que se respetara y consciente de las causas y repercusiones de la actual crisis financiera, osaría recibir un premio subsidiado por Merryl Lynch? Además, la legitimidad que gana el arte contemporáneo en sus manifestaciones, más que un campo de experimentación, crítico del presente y alternativo a lo hegemónico, se asemeja a una reunión de los G20: los eventos culturales a nivel global fortalecen las redes de trabajo pre-existentes, dictaminan tendencias, establecen los discursos en boga, legitiman su mercado y diseminan ceguera. En complicidad con el neoliberalismo, su supuesta activación de escenas y comunidades más allá de los dispositivos institucionales existentes, hacen pensar más en sesiones de <em>coaching </em>corporativo que en ejercicios de radicalidad iluminada.</p>

<p>El discurso del que se ha apropiado el SITAC este año es la idea de que el arte puede visualizar al futuro y a su propio futuro. De acuerdo con Bifo, el siglo XX fue el siglo que confió en el futuro, en las ideas de progreso, desarrollo y mejora. Esta concepción del futuro era indisociable de la vanguardia, un movimiento dedicado a revolucionar la sociedad y a la comunicación y a las relaciones entre ambas. Partiendo de la idea modernista que el arte “presagia, anticipa y ensaya posibilidades” y que el artista es un “agente del futuro,” la premisa del SITAC propone un revisionismo modernista afin a nuestros tiempos, depurado de vanguardia y de utopía. Como lo dijo el director creativo del evento:</p>

<p>El arte contemporáneo tiene la responsabilidad de sentar las bases de lo que está por venir. En general, el arte es visionario y siempre ha hecho proyecciones, de ahí que los artistas sean “embajadores del futuro.”</p>

<p>Como toda máquina de la industria de la cultura, el SITAC relucirá como contenedor de discursos reciclados, incapacitado para plantearse lo que realmente está en jaque hoy en día. La disolución del arte en la vida se manifiesta en su forma rococó en el momento en que su director, Suddhabrata Sengupta, considera al programa del simposio como “obra de arte en sí.” Del 9 al 11 de febrero, veremos a los burócratas de la cultura de siempre encumbrados por un repertorio de artistas y académicos superestrellas internacionales. Considerando que estos gurús “poseen” a la cultura como se posee una mercancía, durante el simposio se le dará valor de uso a la cultura, y se relacionarán unos con otros como valores de intercambio. Al codearse en eventos VIP, inauguraciones, comidas, etc., los participantes fortalecerán sus redes de contacto y seguramente se les abrirán puertas para ser invitados a más eventos, bienales, exposiciones. La apropiación de la cultura como mercancía no es más que pura ideología neoliberal, y en este tipo de eventos, el beneficio de los participantes implica defraudar al público.</p>

<p>Para nosotros definitivamente la pregunta crucial que hay que hacernos en estos momentos no es, ¿cuál es el futuro del arte? sino, ¿cuál es el presente del arte corporativizado, del arte como instrumento de especulación, que alguien visualizó como la deplorable instancia en la que subjetividad más íntima ha sido tatuada con un signo de dólar? Y ¿qué hay del hecho que los ingenieros culturales emprendedores, sean trabajadores post-fordistas ejemplares que comparten condiciones de trabajo – la precariedad – con inmigrantes, obreros, trabajadores del sector de servicios, trabajo afectivo, y sin embargo, que hemos sido incapaces de encontrar un lugar en común para luchar por la explotación y des-subjetivización neoliberal? Además, ¿cuál es la dimensión social de la privatización del “general intellect”? ¿Y el futuro inmediato de México dependiente de Estados Unidos para alimentarse y sin maíz?</p>

<p>La industria del arte no se plantea estas preguntas porque el trabajo inmaterial y creativo han sido puesto al servicio del monopolio de las rentas y porque los trabajadores del campo cultural forman parte de la burguesía asalariada. Junto con administradores, políticos, académicos, doctores, abogados, etc. los ingenieros culturales ganan un sueldo surplus. Por eso, la clase creativa es incapaz de verse a sí misma como agente histórico, se rehúsa a visualizar su lugar dentro de las actuales relaciones de producción y de poder, ya que su salario surplus garantiza su docilidad y complicidad con el sistema.</p>

<p>Ante la actual situación de incertidumbre (económica, social, ecológica) traída por el neoliberalismo, reciclar la idea moderna del futuro tiene una cualidad apaciguante: si lo concebimos cíclicamente, sabremos que la historia se repite eternamente, que la ciencia conoce las leyes de la evolución humana y que el futuro puede ser transformado por la voluntad humana y por las decisiones racionales que puedan tomar los políticos, a partir de predicciones hechas por los científicos. Siguiendo a Bifo, la percepción de que las cosas progresan en el tiempo es un prejuicio, y nos da la falsa impresión de que podemos hacer algo para regresar a la historia pasada de la civilización, y que el movimiento cíclico tiene un fin o una finalidad. Además, la idea de que el futuro será mejor que el presente no es una idea natural, sino el efecto imaginario de la peculiaridad de la producción del modelo burgués que plantea al futuro como uno de mejora y progreso. La idea de progreso, sin embargo, fue sustituida en los últimos 30 años por la idea de crecimiento sostenido, lo cual significa la expansión constante del capital, de la propiedad, de las mercancías.</p>

<p>De acuerdo con Bifo, en 1977 los punks se percataron de que el futuro se había terminado porque la idea del crecimiento sostenido nos estaba llevando a la destrucción y a la guerra, a la total explotación de la vida y de la tierra en nombre de un futuro ‘mejor.’ Este era además, un futuro sin sociedad, ya que para los neoliberales sólo hay mercado, capitalismo, economía, riqueza y acumulación. Treinta años después, el futuro es precario no sólo en términos de la des-regulación del mercado del trabajo y de la fragmentación post-fordista del trabajo, sino también a partir de la disolución de la comunidad. El futuro es aterrador desde el punto de vista del calentamiento global, hambruna, especulación con los alimentos, ubicuidad de alimentos transgénicos, guerra y economía ilegal. Ello ha tenido como consecuencia que en las últimas tres décadas, la imaginación utópica haya sido sustituida por la imaginación distópica. La actual incapacidad de imaginar al futuro de la producción sensible, tiene que ver con la sobre-saturación de información de nuestro cerebro cognitivo y con la caída del mito del futuro que nos trajo la modernidad, ya que todos vivimos con el sentimiento de un presente en caos.</p>

<p>Según Paul Virilio, la temporalidad en la que vivimos es la de un presente acelerado en el que hemos internalizado cognitivamente la velocidad maquínica. Esta hiper-aceleración hace que el tiempo de vida se le robe a la muerte y así se haga indistinto al tiempo de trabajo: “La velocidad es el tiempo ahorrado en el más absoluto sentido de la palabra, ya que se convierte en tiempo humano al arrancárselo directamente a la muerte.” Vivimos constantemente con la sensación de que se nos acaba el tiempo para consumir y producir más y más signos. Vivimos en una temporalidad opera bajo la lógica de la inflación; si la inflación hace que necesitemos más dinero para comprar menos cosas, hoy en día necesitamos más y más tiempo para vivir con menos calidad de vida y para comprar menos y menos significado. La hiper-aceleración es una herramienta clave del capitalismo financiero y del ciber-espacio, y esta fijación en la aceleración ha estructurado al mundo de manera tal que sólo puede funcionar en estado constante de crisis. Bifo llama a la aceleración de la info-esfera “Semiocapitalismo,” un ambiente saturado de signos en el que producimos, recibimos y consumimos más y más signos. En este ambiente, el consumir más signos crea más estimulación y produce un efecto de de-significación del mundo: mientras más información, menos significado.</p>

<p>El dominio del tiempo en la percepción y la aceleración del ritmo psíquico y cognitivo causó que el futuro se colapsara, que se convirtiera en un espacio desconocido que definitivamente no será ni luminoso ni significa progreso. Mientras que podríamos trascender con vitalismo al “No future” punk, habría que tener también cuidado de salir de la vanidad de auto-preservación y del eterno presente en los que vive el arte contemporáneo – no por nada dos obras que se consideran maestras son <em>The Clock </em>de Christian Marclay (2010) y<em> 24 Hour Psycho</em> de Douglas Gordon (1996).</p>

<p>La tarea política no implicaría ahuyentar vanamente el sentimiento apocalíptico del presente (que es muy real) con la idea de un futuro posible, ni de la historia cíclica ni ignorando el sentimiento pesimista, irónico y cínico encapsulado en el lema punk “No futuro.” No confundamos la percepción del futuro con el concepto del futuro y con la producción del futuro; hay que desenredar estas nociones de futuro de las trampas de la inversión financiera, de la economía política, de la producción inmaterial y de la captura corporativa de “lugares en común” para generar plusvalía. Creemos que, si nos damos a la tarea de encontrar maneras de resensibilizar al atrofiado y sobre-saturado cerebro social, y de resensualizar al cuerpo social, otro mundo es posible.</p>

<p>Referencias</p>

<p>Franco Berardi (Bifo), “Time Acceleration and Violence” e-flux (diciembre 2010), disponible en red: www.e-flux.com/journal/time-acceleration-and-violence/.<br />
___________________, <em>After the Future</em> (Oakland: AK Press, 2011)</p>

<p>David Harvey, “The Art of Rent: Globalization, Monopoly and the Commodification of Culture,” Generation Online (Noviembre 2009), disponible en red: http://geographie.ens.fr/IMG/file/proprietes_resistance/Harvey%20art%20of%20rent.pdf.</p>

<p>Frederic Jameson, “Cultura y capital financiero,” <em>El Giro cultural</em> (Buenos Aires: Cultura Libre, 1999)<br />
__________________, “The Politics of Utopia,” <em>New Left Review</em> no. 25 (enero-febrero 2004)<br />
    Journal La Décroissance http://www.ladecroissance.net/.</p>

<p>Mauricio Lazzarato, “General Intellect” (2002) disponible en red: http://libcom.org/library/general-intellect-common-sense.</p>

<p>Dora Luz Haw, nota sobre el SITAC, <em>Reforma</em>, 8 de febrero de 2012.</p>

<p>Paul Virilio, “Speed and Information: Cyberspace Alarm!” (1995) disponible en red: http://fields.eca.ac.uk/deaua/wp-content/uploads/2008/10/virilio.pdf.</p>

<p>Slavoj Zizek, “the Revolt of the Salaried Bourgeoisie,” London review of books, 26 de enero 2012, disponible en red: http://www.lrb.co.uk/v34/n02/slavoj-zizek/the-revolt-of-the-salaried-bourgeoisie.</p>

<p>----------</p>

<p>[1] Alfredo Harp Helú citado en un texto de pared en la entrada de la Fundación Harp Helú en la ciudad de Oaxaca, México.</p>]]>
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    <title>Comme le rêve, le dessin ! / La situación de las artes - Francisco Jarauta</title>
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    <published>2012-05-13T00:22:20Z</published>
    <updated>2012-05-13T07:29:30Z</updated>
    
    <summary>[El presente texto es un fragmento de una versión más extensa que fue presentada en el marco de las conferencias y debates sobre el estado del arte durante la última Bienal de la Habana. Quizás por ello encontrarán que el incio del texto es directo: in media res. Sin embargo, creemos que los lectores son agentes &quot;activos&quot; y saben desde dónde se les está &quot;hablando&quot;. Agradecemos al autor su generosidad por compartir sus reflexiones con los lectores de este Salonkritik y de los habituales Domingos de Festín Caníbal. MVJ]

 [...] A nadie escapa que nuestro mundo actual poco tiene que ver con el imaginado por los teóricos de los años &apos;60. Los mapas que pudieron servir en aquel momento para representar el orden del mundo han resultado hoy definitivamente obsoletos. Todo ha cambiado, desde la estructura del sistema financiero y económico del mundo, al orden geopolítico, a las condiciones de desequilibro recientes en un sistema global profundamente asimétrico entre la complejidad creciente del planeta y las insuficiencias de las instituciones internacionales encargadas de garantizar una governance adecuada del mismo. Y no menos importante son los grandes cambios que se han dado en el campo de la cada vez más fuerte industria cultural que, apoyada ahora en los nuevos desarrollos tecnológicos, ha invadido con la alianza de mercados y comunicación todas las esferas de la vida privada. Todo esto acompañado de cambios antropológicos que han derivado hacia nuevos sistemas de valores. Los años &apos;80 fueron el momento en el que una estetización progresiva de la cultura motivó la pérdida de aquella carga utópica que alimentó las ideas de las décadas anteriores y su capacidad crítica. Un fuerte y generalizado individualismo ocupó los espacios simbólicos favoreciendo un receso de las ideas críticas. Se trataba de un giro importante en el proceso de transformación de la cultura moderna que por cierto se vio acompañado de un crecimiento de la institución del arte. El circuito de museos, galerías, crítica y mercado... eran cómplices de una historia que había convertido el arte en un componente más del sistema de intercambio simbólico que caracterizaba a las sociedades postindustriales en su momento de máxima expansión. Jean Baudrillard analizaba la retroescena de este intercambio que volvía a hacer evidente el &quot;tout devient marchandise&quot; baudeleriano. Aquella pérdida de horizonte fue reivindicada desde discursos como el de Walter Benjamin inspiradores de reflexiones que como las de October y otras plataformas de pensamiento analizaban las implicaciones del &quot;impulso alegórico&quot; que dominaba los comportamientos del arte de los finales de los &apos;80, tal como escribía Craig Owens.</summary>
    <author>
        <name>mariaVirginia Jaua</name>
        
    </author>
            <category term="columna_salonK" />
    
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        <![CDATA[<p>[El presente texto es un fragmento de una versión más extensa que fue presentada en el marco de las conferencias y debates sobre el estado del arte durante la última Bienal de la Habana. Quizás por ello encontrarán que el incio del texto es directo: in media res. Sin embargo, creemos que los lectores son agentes "activos" y saben desde dónde se les está "hablando". Agradecemos al autor su generosidad por compartir sus reflexiones con los lectores de este Salonkritik y de los habituales Domingos de Festín Caníbal. MVJ] </p>

<p><a href="http://salonkritik.net/10-11/paisaje-marino-nublado-1969.jpg"><img alt="paisaje-marino-nublado-1969.jpg" src="http://salonkritik.net/10-11/paisaje-marino-nublado-1969-thumb.jpg" width="380" height="376" /></a> [...] A nadie escapa que nuestro mundo actual poco tiene que ver con el imaginado por los teóricos de los años '60. Los mapas que pudieron servir en aquel momento para representar el orden del mundo han resultado hoy definitivamente obsoletos. Todo ha cambiado, desde la estructura del sistema financiero y económico del mundo, al orden geopolítico, a las condiciones de desequilibro recientes en un sistema global profundamente asimétrico entre la complejidad creciente del planeta y las insuficiencias de las instituciones internacionales encargadas de garantizar una <em>governance</em> adecuada del mismo. Y no menos importante son los grandes cambios que se han dado en el campo de la cada vez más fuerte industria cultural que, apoyada ahora en los nuevos desarrollos tecnológicos, ha invadido con la alianza de mercados y comunicación todas las esferas de la vida privada. Todo esto acompañado de cambios antropológicos que han derivado hacia nuevos sistemas de valores. Los años '80 fueron el momento en el que una estetización progresiva de la cultura motivó la pérdida de aquella carga utópica que alimentó las ideas de las décadas anteriores y su capacidad crítica. Un fuerte y generalizado individualismo ocupó los espacios simbólicos favoreciendo un receso de las ideas críticas. Se trataba de un giro importante en el proceso de transformación de la cultura moderna que por cierto se vio acompañado de un crecimiento de la institución del arte. El circuito de museos, galerías, crítica y mercado... eran cómplices de una historia que había convertido el arte en un componente más del sistema de intercambio simbólico que caracterizaba a las sociedades postindustriales en su momento de máxima expansión. Jean Baudrillard analizaba la retroescena de este intercambio que volvía a hacer evidente el "tout devient marchandise" baudeleriano. Aquella pérdida de horizonte fue reivindicada desde discursos como el de Walter Benjamin inspiradores de reflexiones que como las de <em>October</em> y otras plataformas de pensamiento analizaban las implicaciones del "impulso alegórico" que dominaba los comportamientos del arte de los finales de los '80, tal como escribía Craig Owens.</p>]]>
        <![CDATA[<p>Se ha hablado de un giro ético de la cultura a finales de los '90. Acontecimientos como la caída del Muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989, la disolución de la Unión Soviética, el final de la Guerra fría generó aquellas ilusiones que llevaron a pensar en "el final de la historia". Todo había concluido y había llegado el momento de celebrar un final de viaje coronado por el triunfo del Capitalismo liberal, como forma y método de organización del mundo. A este fácil e ingenuo optimismo no le secundó el sistema del arte, prefirió situarse al margen y decidir aquellas estrategias que le permitieran hacer suyos los grandes problemas del mundo entendidos en su dimensión más cosmopolita. Desde entonces se puede decir que es difícil intentar construir la agenda de estos problemas sin hacer referencia al trabajo del arte. En él se han ido registrando de una y otra forma todas aquellas situaciones que desde la emergencia constituían la voz de los nuevos conflictos. Bastaría recordar algunas citas de aquellos años. Pienso en la Bienal del Whitney de 1993, en <em>Rites of passage</em> de 1995 o la Biennale de Venezia de 1996 que volvía a plantear desde presupuestos problemáticos la frontera entre <em>Identità e Alterità</em> que ya desde antes constituía uno de los argumentos estratégicos del mundo del arte.</p>

<p>Todos ellos son momentos en los que se representa ese giro ético que el arte ha hecho suya su relación con la cultura y el mundo en el que se inscribe. Igualmente el giro afectará a la orientación de las formas de la crítica, forzada ahora a abandonar el espacio neutral de los análisis formalistas, derivados de una tradición lingüística que negó los contextos, para inscribirse en una perspectiva en la que la complejidad de los hechos culturales volvía a dominar la lectura e interpretación de la obra de arte. Esta ya no volverá a pensarse autónomamente, sino como un hecho cultural, inscrito en el sistema de relaciones que atraviesa toda cultura. Un debate que adquirirá particular relevancia en los últimos años y que incide igualmente en las ideas y estrategias que deben regir y orientar las instituciones del arte.</p>

<p>En este sentido es bien curioso observar cómo el problema de la identidad se ha convertido en una de las cuestiones centrales del debate contemporáneo. Las diferentes tradiciones críticas que más eficazmente han colaborado a definir el problema, han hecho posible un tipo de análisis que abarca tanto su perspectiva histórica como sus implicaciones críticas. Para unas y otras resulta claro que las supuestas identidades culturales nunca son algo que venga dado, sino que se construyen colectivamente a partir de la experiencia, la memoria, la tradición, así como de una amplia variedad de prácticas culturales, sociales y políticas. Este proceso debe ser pensado históricamente, es decir, a partir del sistema de relaciones que han definido los diferentes mundos culturales, a veces desinteresados por mostrar la lógica de sus propias identidades e imaginarios. Obviamente estos procesos no son autónomos. Por el contrario, operan dentro de un dinámico sistema de interdependencias, cuya lógica no es ajena a las relaciones de dominación que han regido entre las diferentes culturas. Foucault y E.W. Said, pero también Gayatri Spivak, Rey Chow o Homi Bhabha, entre otros, han mostrado el comportamiento de los mundos simbólicos en conflicto. Para estos análisis es necesario que afirmemos nuestras densas particularidades, nuestras diferencias, tanto las vividas como las imaginadas. La plural y siempre importante reflexión de la perspectiva postcolonial - tal como ha sido desarrollada por comparativistas y teóricos de la cultura - ha abierto nuevas direcciones de interpretación a cuya luz las relaciones de interdependencia son estructuralmente fundamentales a la hora de definir los diferentes universos culturales, que anteriormente eran considerados autónomos. Desde este punto de vista, toda cultura debe ser entendida como la producción incompleta de significado y valor, a menudo constituida por exigencias y prácticas complementarias. La cultura se extiende así para crear una textualidad simbólica que, como anota Homi K. Bhabha en <em>Nation and Narration</em>, todo orden simbólico postula.</p>

<p>Si el problema de la identidad ha ocupado un lugar central en las preocupaciones del arte a lo largo de las últimas décadas ha sido por ser una de las matrices más complejas a la hora de abordar en un contexto globalizado la especificidad de las culturas particulares y sus estrategias de afirmación o resistencia. En las ciencias sociales puede observarse un esfuerzo generoso por situar de nuevo los problemas y establecer una lógica de los procesos que dan cuenta de las diferentes modalidades identitarias. Por otra parte, a los procesos de mundialización que conllevan formas de progresiva homologación cultural caben dos respuestas: una, la de la resistencia que conduce a defender la especificidad de cada cultura frente al proceso de las mundializaciones pautadas; o, la de adoptar un mestizaje abierto que posibilite formas híbridas de identidades provisorias expuestas a nomadismos coyunturales. Una y otra se han dado en el panorama contemporáneo y el arte ha sabido interpretar unas y otras.</p>

<p>Si antes podíamos afirmar que resultaría difícil establecer la agenda de los problemas del mundo contemporáneo sin acudir al trabajo del arte como intérprete de los mismos, igualmente se puede decir que el arte ha sabido configurar un horizonte multicultural en el que las fronteras se reinterpretan y modulan de acuerdo a la nueva complejidad. Y es justamente el arte con sus lenguajes e intervenciones el que ayuda a construir una mirada abierta hacia una época profundamente multicultural. Y si se habla hoy de una cultura de la post-identidad - <em>Cultures In-between</em>, dirá Bhabha - es para indicar los procesos de desplazamiento que descentran y permeabilizan los referentes tanto simbólicos como imaginarios de las culturas contemporáneas.</p>

<p>Todas estas ideas son la base de un posible punto de partida para repensar el proyecto y las formas del arte. Uno y otro se asoman hoy a la emergencia de un nuevo <em>cuerpo social</em>, que irrumpe en las sociedades contemporáneas arrastrando consigo todos los problemas antropológicos y políticos del reconocimiento. Es una situación nueva, de creciente complejidad que se nos presenta con la exigencia de un debate abierto que ayude a plantear las nuevas geografías de lo social. Toca al arte y a la cultura del proyecto trazar la cartografía de ese nuevo mundo, es decir, construir los mapas y conceptos que permiten pensar las sociedades contemporáneas en su complejidad global. Esto implica una decisión sobre los tipos de estrategia a seguir en los procesos de intervención. Se trata de trazar proyectos de acuerdo a micropolíticas que permitan individuar e intervenir en lugares y situaciones concretas, un barrio, una escuela, un hospital..., marcadas por su especificidad y en los que la dimensión social resulta fundamental. Es ahí donde el trabajo del arte construye nuevas dimensiones, interpreta lo social y hace posible una dimensión utópica que pasa a ser el horizonte ético de toda experiencia humana.</p>

<p>Lo importante es construir una nueva forma de pensar, acorde con las condiciones de la nueva complejidad. Hoy, por ejemplo, la ecología nos obliga a pensar la ciencia y la política al mismo tiempo. Es la debilidad de ciertos discursos sobre la sostenibilidad que terminan siendo un inútil pliego de buenas intenciones. Si nos situamos en esa perspectiva, todo lo que tiene que ver con la cultura del proyecto debe ser repensado. John Berger lo recordaba recientemente. La primera tarea de cualquier cultura es proponer una comprensión del tiempo, de las relaciones del pasado con el futuro, entendidas en su tensión, en la dirección en la que convergen contradicciones y esperanzas, sueños y proyectos. <em>Comme le rêve, le dessin ! </em>Sí, como el sueño, el proyecto, en esa extraña relación en la que se encuentran las ideas y los hechos, la tensión de un afuera que la historia transforma y el lugar de un pensamiento que imagina y construye la casa, la polis.<br />
</p>]]>
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    <title>Rompiendo límites - Mariano Dorr</title>
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    <published>2012-05-10T09:30:55Z</published>
    <updated>2012-05-11T08:58:44Z</updated>
    
    <summary>Originalmente en :: radar libros :: Aquí tenemos una significativa selección de artículos del profesor Christoph Menke, cuyo denominador común es el campo de la estética. Otro rasgo presente en cada uno de los trabajos es el marcado academicismo en...</summary>
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        <![CDATA[<p>Originalmente en <a href="http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/libros/10-4662-2012-05-10.html">:: radar libros ::</a></p>

<p><a href="http://salonkritik.net/10-11/there_isnt_time.jpg"><img alt="there_isnt_time.jpg" src="http://salonkritik.net/10-11/there_isnt_time-thumb.jpg" width="300" height="381" /></a> Aquí tenemos una significativa selección de artículos del profesor Christoph Menke, cuyo denominador común es el campo de la estética. Otro rasgo presente en cada uno de los trabajos es el marcado academicismo en el tratamiento de los problemas abordados: el uso de términos técnicos, el orden en la exposición teórica y la minuciosa lectura crítica de bibliografía especializada deja bien en claro que estamos ante un exponente del pensamiento académico. Autor de varios libros y numerosos artículos, Menke fue profesor de Filosofía en la New School for Social Research de Nueva York, y en la Universidad de Postdam; actualmente es profesor de Filosofía Práctica en Francfort. Pero no es un compendio de discusiones bizantinas. Tanto las temáticas como el modo de leer a los autores revisitados en los trece artículos ponen el acento en la intensidad de la experiencia estética. Baumgarten, Kant, Hegel, Heidegger, Herder, Nietzsche, Schlegel, son algunos de los nombres que se repiten en diferentes investigaciones. Pero si el título del libro señala desde dónde se lee (y se construye) el corpus de la estética, son Adorno y Derrida los que, según Menke, darían lugar a una estética de la negatividad.</p>

<p>En la introducción, Gustavo Leyva, de la Universidad Autónoma Metropolitana de México, señala que el primer artículo, “Perfiles de una estética de la negatividad”, posee un carácter programático para el libro en su conjunto. En las vanguardias estéticas –explica Menke– se presentan, por un lado, la idea de una autonomía del arte, y por otro lado, una pretensión de soberanía que empuja al arte a la permanente subversión o transgresión de sus propias reglas. La propuesta de Menke consiste en explicitar un enlace entre autonomía y soberanía del arte. Es aquí donde el autor encuentra la coincidencia entre los trabajos de Adorno y Derrida: “Ambos buscaron extender la noción de negatividad del arte –aunque se hayan referido a ella sólo implícitamente– a experiencias, discursos y prácticas no-estéticos, tratando así de imprimir a la experiencia estética, un potencial subversivo”, explica Leyva.</p>]]>
        <![CDATA[<p>Tanto Adorno como Derrida “siguen el programa de reproducir en el medio de la teoría la operación negativa enseñada por el arte (las vanguardias) y su experiencia”, señala Menke. Y arriesga: “La dialéctica negativa y la deconstrucción son los proyectos de una crítica de la razón que se alimenta de la pretensión de soberanía”. Otros conceptos desarrollados y retomados en diferentes artículos son el de “subjetividad estética” y el de “reflexividad en lo estético”. El autor lleva a cabo una genealogía de la subjetividad estética mostrando que el agente de la experiencia estética no puede pensarse sin más bajo las categorías modernas de “sujeto”. Esto implica plantear una subjetividad siempre atravesada y desbordada por sus propias fuerzas, incapaz de dominarse a sí misma y a su objeto (estético, en este caso).</p>

<p>La experiencia de la obra de arte no consiste en una reflexión sobre lo estético (es decir, separadamente, desde afuera) sino en lo estético, donde el despliegue de fuerzas propio de esa subjetividad resulta inescindible de la obra misma. Como escribe Menke: “Al mismo tiempo esto es lo que constituye el placer de lo estético: es el placer de la experimentación, del desenvolvimiento y del aumento de la energía de tales actividades y procesos. La reflexión estética y el placer estético se explican mutuamente”.</p>

<p>En este ejercicio de la reflexión, Menke no duda sin embargo en la necesidad de conservar la noción misma de subjetividad, evitando así el gesto posmoderno. Estética y negatividad no es un libro complaciente con el lector; podría pensarse que leer la deriva teórica de Christoph Menke requiere de esas mismas fuerzas en actividad que imposibles de controlar, hacen posible algo así como una experiencia estética reflexionante.</p>

<p><br />
Christoph Menke, <em>Estética y negatividad</em>. FCE<br />
</p>]]>
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    <title>De la crítica en Internet - Ignacio Echevarría</title>
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    <published>2012-05-08T11:55:01Z</published>
    <updated>2012-05-08T11:09:45Z</updated>
    
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    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://salonkritik.net/">
        <![CDATA[<p>Originalmente en el <a href="http://www.elcultural.es/version_papel/OPINION/30975/De_la_critica_en_Internet">El cultural</a></p>

<p><a href="http://salonkritik.net/10-11/boringart.jpg"><img alt="boringart.jpg" src="http://salonkritik.net/10-11/boringart-thumb.jpg" width="380" height="207" /></a> Hace ya dos meses que Alberto Santamaría, responsable de una interesante bitácora dedicada principalmente a la crítica literaria, colgó un post provocativamente titulado “La crítica kitsch (el retorno de la crítica conservadora)”. El post ha rodado lo suyo por la Red, y ha dado pie a toda suerte de pronunciamientos, empezando por los que se vuelcan en el foro correspondiente, que conviene consultar para constatar, de nuevo, cómo los debates en los foros se resuelven las más veces en un gurigay en el que no hay modo de sacar nada en claro. Como era de temer, el mismo Santamaría, en su bravo intento de replicar a los comentaristas, termina exhausto, cual toro capeado por una cuadrilla, y la sensación última es la del pataleo impotente de quien, habiéndose expuesto imprudentemente a sus terribles fauces, está a punto de ser engullido por el cocodrilo de la estupidez.</p>

<p>Lo que Santamaría sostiene en su post es que “Internet ha desarrollado, en el marco de la literatura y de las artes, un modelo de crítica kitsch”, entendiendo por tal aquella cuyos recursos se supeditan al exclusivo afán de impactar, de causar efecto, sin particular vigilancia de los contenidos. “Los modos de esta crítica kitsch -escribe Santamaría- se basan en la idea de que a través de un &#145;decir directo', sin concesiones al lenguaje teórico, se &#145;reseñan' novedades asentando su lectura sobre un criterio de verdad (no argumental) que hace del cinismo su forma. Esta visión degradada de la práctica crítica se opone vigorosamente a la idea misma de análisis crítico, ya que no es más que una declaración de presencia que sólo denota la ambición de ser reseñado”.</p>]]>
        <![CDATA[<p>Remite Santamaría, a modo de ejemplo, a dos blogs relativamente sonados: lectormaleherido y medicinadetongoy. Y añade: “A través de su intento de cuestionar a la crítica académica (ese extraño fantasma al cual es tan fácil atacar y que nadie sabe muy bien definir) desde las posibilidades de Internet se ha creado un nuevo alejandrinismo cool, más peligroso y conservador incluso que buena parte de la crítica académica (a la que supuestamente cuestiona). Ahora bien, este conservadurismo se disfraza con una retórica cool (cínica y prepotente) que alienta, supuestamente, una nueva forma de acercamiento a la obra (y al lector). Situémoslo históricamente, apuntando el mencionado sentido conservador de esta critica kitsch”.</p>

<p>Como se ve, Santamaría no teme meterse en camisa de once varas. El lector interesado en averiguar por dónde saca la cabeza hará bien en acudir directamente a su post. Por mi parte, la lectura del mismo ha removido algunas ideas relativas al tema de la crítica en Internet que me vienen importunando desde tiempo atrás, si bien de forma todavía demasiado confusa y balbuciente como para siquiera aspirar a esbozarlas. Me conformo de momento con traer, al hilo de las agudas consideraciones de Santamaría, una cuestión sobre la que me interrogan a menudo: ¿se perfila Internet como la plataforma adecuada para instaurar un nuevo modelo de crítica libre, lo suficientemente penetrante, representativa e influyente como para relevar, más temprano que tarde, a la cada vez más menoscabada e inocua crítica que se hace en la prensa? Me refiero a la prensa escrita, naturalmente, ella misma, a su vez, cada vez más menoscabada.</p>

<p>Observador distraído pero suspicaz de tendencias como la que tan severamente registra Santamaría en su post, durante mucho tiempo he solido mostrarme escéptico respecto a los alcances de la crítica que se practica en la Red y sobre las expectativas de que consiga articularse funcionalmente, constituirse -como en su momento la crítica ejercida en los medios aún hegemónicos- en una instancia suficientemente representativa, orientadora y, por así decirlo, sancionadora de cuanto se juzga susceptible de quedar integrado en el sistema de la literatura.</p>

<p>Ahora bien, entiendo que el actual modelo crítico, surgido al amparo del periodismo convencional, posiblemente quede desplazado, antes que suplantado, por otro constituido desde bases radicalmente distintas, desarrollado conforme a la estructura reticular de Internet, que es de naturaleza por completo alternativa a la estructura piramidal o, si se prefiere, radial de la crítica fundada en el principio de autoridad.</p>

<p>El modelo de crítica que Santamaría califica de kitsch es, como él mismo sugiere, subsidiario de la crítica académica y convencional, un fenómeno que estimo natural, inevitable y episódico en el proceso que terminará abocándonos a un modelo de crítica que todavía está por contrastarse, si bien cabe detectar ya, entre tanto alboroto de patio de colegio, algunos indicios de cuáles serán sus características. Trataremos de señalarlos.</p>]]>
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    <title>Castillos en el aire: la interiorización de la crítica institucional* - María Virginia Jaua</title>
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    <published>2012-05-05T23:51:25Z</published>
    <updated>2012-05-06T01:13:14Z</updated>
    
    <summary> Cuando a principios de los años setenta Hans Haacke realizó las piezas Shapolsky et al. Manhattan Real State Holdings, a Real-Time Social System, as of May 1, 1971 (Shapolsky et al. Sociedades inmobiliarias de Manhattan, un sistema social de tiempo real, a 1 de mayo de 1971), en la que denunciaba el sistema de depauperación planificada de los barrios promovido y auspiciado por la especulación inmobiliaria o Gallery-Goers’ residence profile una pieza en la que mostraba a través del lugar de habitación el perfil de los asiduos a las galerías de arte, fueron muy pocos los que entonces alcanzaban a ver la relación entre el arte y el desarrollo del capitalismo tardío que marcaría estos últimos cuarenta años, y muchos menos los que imaginaban que pudiera darse una relación entre la economía del arte y la burbuja inmobiliaria que ha explotado en esta última década.

Quizás acertaríamos si dijéramos que el artista nacido en 1936 en Colonia y que vive y trabaja en los Estados Unidos ha sido en todo ello visionario. Aunque en los inicios de su carrera Haacke realizó piezas dentro de la corriente del Land Art -algunas de las cuales se pueden ver en la exposición antológica Castillos en el aire que le dedica el Museo Reina Sofía como Grass Grows (1967- 1969) o Monument to Beach Pollution (1970)- desde muy temprano adoptó como trinchera expresiva una de las derivas del arte conceptual: la crítica institucional.</summary>
    <author>
        <name>mariaVirginia Jaua</name>
        
    </author>
            <category term="columna_salonK" />
    
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://salonkritik.net/">
        <![CDATA[<p><a href="http://salonkritik.net/10-11/resizer.jpg"><img alt="resizer.jpg" src="http://salonkritik.net/10-11/resizer-thumb.jpg" width="380" height="265" /></a> Cuando a principios de los años setenta Hans Haacke realizó las piezas <em>Shapolsky et al. Manhattan Real State Holdings, a Real-Time Social System, as of May 1, 1971</em> (Shapolsky et al. Sociedades inmobiliarias de Manhattan, un sistema social de tiempo real, a 1 de mayo de 1971), en la que denunciaba el sistema de depauperación planificada de los barrios promovido y auspiciado por la especulación inmobiliaria o <em>Gallery-Goers’ residence profile</em> una pieza en la que mostraba a través del lugar de habitación el perfil de los asiduos a las galerías de arte, fueron muy pocos los que entonces alcanzaban a ver la relación entre el arte y el desarrollo del capitalismo tardío que marcaría estos últimos cuarenta años, y muchos menos los que imaginaban que pudiera darse una relación entre la economía del arte y la burbuja inmobiliaria que ha explotado en esta última década.</p>

<p>Quizás acertaríamos si dijéramos que el artista nacido en 1936 en Colonia y que vive y trabaja en los Estados Unidos ha sido en todo ello visionario. Aunque en los inicios de su carrera Haacke realizó piezas dentro de la corriente del Land Art -algunas de las cuales se pueden ver en la exposición antológica Castillos en el aire que le dedica el Museo Reina Sofía como <em>Grass Grows</em> (1967- 1969) o <em>Monument to Beach Pollution</em> (1970)- desde muy temprano adoptó como trinchera expresiva una de las derivas del arte conceptual: la crítica institucional.</p>]]>
        <![CDATA[<p>El término “crítica institucional” indica una conexión directa entre un método y un objeto: el método sería la crítica mientras que el objeto, la institución artística: el museo, la galería, la colección y todas las relaciones e interrelaciones con el mundo económico, político, con el cuarto poder, en el que también se podría incluir a la publicidad.</p>

<p>De ahí surgirán piezas que dieron a aconocer dentro del ámbito cultural información de carácter público que incomodó a los implicados y que llegó incluso a suscitar acciones de censura. Tal fue el caso de la ya citada “Propiedades inmobiliarias…” que ocasionó la cancelación de la exposición del artista en el Guggenheim no sólo por revelar la concentración de la propiedad en muy pocas manos sino por poner al descubierto algunas relaciones de intereses de los consejeros del museo, por lo que su director argumentó que las obras “violaban la suprema neutralidad de la obra de arte”, por lo que “no merecían la protección de una institución”.</p>

<p>Hubo censura a pesar de que el simple registro de esta red de poder en Manhattan no se sumaba ninguna acusación, sino que confrontaba dos modelos de espacios sociales, el de las viviendas de las clases más modestas de la ciudad y el de esa sí falsa neutralidad de las instituciones artísticas, que a pesar de su discurso "artístico" vivían -y siguen viviendo- de espaldas a la realidad social del ciudadano mientras preconizan las propiedades libertarias y sanadoras del arte. </p>

<p>Entre las numerosas piezas que abordan desde todo un complejo sistema de relaciones e intereses económicos enmascarados por los agentes culturales se encuentran: <em>On Social Grease</em> (1975) una serie de planchas en las que se recogen frases bastante cínicas de empresarios y “mecenas” sobre los beneficios que supone invertir en arte; <em>News</em> (1969-2012) una instalación en la que se reciben e imprimen cables noticiosos que van acumulándose en una interminable e ilegible hoja de papel; <em>Art & Argent a tous les étages</em> (1986) una apropiación del <em>ready made</em> duchampiano en la que se evidencia el poder y la violencia del mercado sobre el arte; <em>Thank you, Paine Webber</em> (1979) una crítica a la ideología neo liberal promovida por la publicidad corporativa de esa empresa financiera y la evidencia de que Donald Marron elegido presidente del patronato del MoMa finalmente consiguiera que ese museo le dedicara una magna exposición a la colección que él mismo había adquirido para el emporio suizo; <em>The Invisble Hand of the Market</em> (2009) una pieza humorística de la célebre frase de Adam Smith, entre otras.</p>

<p>La pregunta aquí es ¿qué sucede cuando es la institución quien comisiona al artista una obra de esta naturaleza?, sería la primera pregunta que nos haríamos a la hora de abordar la pieza <em>Castles in the sky </em>(2012) que el Museo Reina Sofía le encargó a Haacke como eje central de la exposición</p>

<p>La pregunta no tiene desperdicio teniendo en cuenta una trayectoria artística impecable y coherente que siempre se ha distinguido por hacer evidentes los mecanismos por medio de los cuales las instituciones se han ido apropiando del valor simbólico de las obras para legitimarse, lo cual tiene el efecto de neutralizar el poder subversivo del arte y a su vez contribuir a crear lo que se ha dado en llamar la burbuja cultural.</p>

<p>Antes que nada nos abocaremos a describir la pieza. “Castillos en el aire” es una instalación que consta de tres partes. La primera la conforman un vídeo que abarca todo el muro de la sala y en el que se recorre al paso de un viandante las calles casi fantasmales de una zona al sur de Madrid conocida como el ensanche de Vallecas. En la pared de enfrente hay una instalación en forma de tendedero del que “cuelgan” con ganchos de ropa una serie de fotos documentales de dicho desarrollo urbanístico. Esta primera sala culmina con un plano en el que se detalla la repartición de los terrenos y los desarrollos, qué porcentaje pertenece a inmobiliarias privadas, qué otro está bajo la responsabilidad de la Comunidad de Madrid, cuál es el porcentaje de obra terminada, sin acabar y sin comenzar, así como el grado de ocupación y de abandono de todo el conjunto residencial.</p>

<p>Lo primero que queda al descubierto es la mala gestión urbanística, tanto a nivel privado como público. Todo ahí parece haber sido edificado con prisa, sin atender a la demanda o a las necesidades ciudadanas y en un contexto económico real. Las imágenes hablan por sí mismas, el registro fotográfico muestra las incoherencias de la planeación y el fracaso de una política inmobiliaria basada en la ganancia inmediata. Todo allí parece una ruina anticipada como si las construcciones aún ni siquiera ocupadas hubieran agotado de antemano su vida útil y estuvieran listas para la demolición.</p>

<p>Pero el hallazgo de Haacke no se detiene ahí, sino que por alguna razón que desconocemos un buen número de las calles de ese fraccionamiento llevan nombres de movimientos artísticos. ¿Una incoherencia más del desarrollo urbanístico o una de esas simples casualidades del mundo moderno para que ambas burbujas -la inmobiliaria y la artística- coincidan de manera natural y feliz en la expresión de una mala gestión y puedan ponerse al servicio de la crítica institucional en la obra?</p>

<p>En realidad la pregunta no es retórica, aunque el hecho en sí sea risible y al artista no se le escape el cariz humorístico, porque la siguiente sala la dedica a “ilustrar” con ejemplos quizás una clase de historia del arte para esos funcionarios creativos (o promotores inmobiliarios) que bautizaron las vías de la urbanización. Así, la “Calle del arte abstracto” la acompaña un Jo Baer; a la del “Arte figurativo” un autorretrato de Antonio López Torres; la calle “Eduardo Chillida” la escultura <em>Topos I</em>; la del “Art pop”, <em>Knives</em> de Andy Warhol; la del “Arte hiperrealista” un Richard Estes; por supuesto, la del “Conceptual” <em>One three chairs</em> de Kosuth; la del “Arte minimal” un Donald Judd; la de “La escuela de Vallecas” un curioso paisaje de volcanes de Benjamin Palencia y la del “Arte expresionista” un Max Pechstein: Somer in Niddden. </p>

<p>Sin duda, en su conjunto la pieza es contudente y la trayectoria del artista respetable por lo que la exposición tiene su valor, pero eso no es suficiente para salvarla de la trampa en la que se encuentran casi todos los discursos artísticos de la “resistencia”, ya que la crítica interiorizada, cooptada en esta ocasión por el museo se desvirtúa y se depotencia, volviéndose un método crítico obsoleto y domesticado: otro castillo desvanecido en el aire institucional. </p>

<p style="text-align:center">* * *</p>

<p>Del 14 de febrero al 23 de julio de 2012 en el <a href="http://www.museoreinasofia.es/index.html">Museo Reina Sofía</a>.</p>

<p><br />
*Una versión de este texto fue publicada en el número de mayo de <a href="http://www.letraslibres.com/">Letras Libres</a>.</p>]]>
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    <title>Hacia un nuevo paradigma estético - Christoph Brunner / Roberto Nigro / Gerald Raunig</title>
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    <published>2012-05-04T09:12:54Z</published>
    <updated>2012-05-04T09:59:24Z</updated>
    
    <summary>Originalmente en la revista Radar del Musac Los trabajos de Felix Guattari y Michel Foucault sobre la producción de subjetividad investigan las relaciones transversales de los cuerpos sociales, políticos y ecológicos en su constitución biopolítica. Ambos autores, especialmente en sus...</summary>
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        <name>mariaVirginia Jaua</name>
        
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    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://salonkritik.net/">
        <![CDATA[<p>Originalmente en la revista <a href="http://radarmagazine.org/hacia-un-nuevo-paradigma-estetico/">Radar</a> del <a href="http://www.musac.es/">Musac</a></p>

<p><a href="http://salonkritik.net/10-11/6113-arte2.jpg"><img alt="6113-arte2.jpg" src="http://salonkritik.net/10-11/6113-arte2-thumb.jpg" width="380" height="213" /></a> Los trabajos de Felix Guattari y Michel Foucault sobre la producción de subjetividad investigan las relaciones transversales de los cuerpos sociales, políticos y ecológicos en su constitución biopolítica. Ambos autores, especialmente en sus trabajos más tardíos de la década de los ochenta, escriben en oposición a la contrareacción conservadora que ha acabado rigiendo la institucionalización de las formas de la clausura y de la imposición de formas legitimadas y empobrecidas de subjetividad.[1] Para ellos, la producción de subjetividad se convierte en un territorio existencial por derecho propio en el cual las transformaciones sociales, éticas y estéticas deben ser negociadas. El sujeto –o, más bien, una subjetividad procesual– se convierte en el punto de partida a partir del que pueden ser desarrolladas narrativas novedosas y más transversales del socius. Estos procesos dependen de prácticas de autogobierno, formas de práctica del yo y modos de constitución del sujeto, temas recurrentes de los últimos escritos de Foucault acerca del cuidado de sí y de las reflexiones de Guattari sobre un “nuevo paradigma estético”.</p>

<p>Un modo de subjetivización no crea sujetos <em>ex nihilo</em>, los crea transformando las identidades definidas en el orden natural y social en instancias dentro de una experiencia de disputa. Cualquier subjetivización implica una <em>desidentificación</em>, un desplazamiento desde un lugar naturalizado. Las tecnologías del yo o el cuidado de sí son prácticas que han de ser determinadas desde su propia vocación política. La subjetivización política es una capacidad para producir escenas políticas, líneas de lucha, nuevos modos de existencia. Ella redefine el campo de la experiencia y reordena la organización de una comunidad. La subjetivización política ha de ser aquí interpretada como una experiencia política real o un proceso de experimentación; una experiencia como movimiento que descoloca al sujeto respecto de sí mismo y de su condición específica, una experiencia que, actuando sobre el sujeto, cambia su ontología. Sin embargo, este mismo primer movimiento de desubjetivización alcanza su consistencia real solo por medio de un segundo movimiento que, casi simultáneamente, viene a sobredeterminarlo. Es lo que podemos definir, recurriendo a Lacan, como un movimiento de <em>alteración</em> de la subjetividad, consistente en un juego infinito entre el yo y un (imaginario) límite que nunca deja de desplazarse.</p>]]>
        <![CDATA[<p>En sus consideraciones acerca de la subjetivización, Guattari y Foucault prestan atención al campo diagramático de las relaciones de poder entendidas como agentes de sujeción y captura, y también a los aspectos productivos de los deseos y las fuerzas como propiedades de autoafirmación de la producción creativa. Guattari en particular enfatiza la transversalidad según la cual tienen lugar los procesos de subjetivización. Sus reflexiones en <em>Las tres ecologías</em> están basadas en la suposición de que las transformaciones de lo social, así como las prácticas de producción de subjetividad que activan nuevos potenciales a partir de relaciones de poder antes endurecidas, necesitan atravesar ecologías sociales, mentales y ambientales (Guattari 2008, 29). Para Guattari, la ecología no ha de ser entendida como un sistema clausurado sino más bien como un catalizador para el cambio, un complejo proceso abierto que es invocado por diferentes modelos de existencia (materiales, sociales y mentales). El conjunto de los tres planos ecológicos gana una nueva relevancia a la luz de las actuales transformaciones sociales y políticas en el contexto de las revoluciones árabes y europeas, el constante crecimiento de la producción maquínica de deseo en los medios de masas y los desastres medioambientales contemporáneos.</p>

<p>A través de estos registros ecológicos, Guattari desarrolla los pasos concretos que han de darse para dirigirse hacia una resingularización de la subjetividad y su estatus rela-cional como parte de las tres ecologías: “Lo importante aquí no es solo la confronta-ción con un nuevo material expresivo, sino la constitución de complejos de subjetivación: múltiples intercambios entre individuo-grupo-máquina. Estos complejos ofrecen realmente a la gente diversas posibilidades de recomponer su corporeidad existencial, salir de sus respectivos impasses y, en cierto modo, resingularizarse a sí mismos. Los injertos de transferencia operan en este sentido, no yendo desde dimensiones ya dadas de subjetividad cristalizada hacia complejos estructurales, sino desde una creación que por sí misma indica una clase de paradigma estético” (Guattari 1995, 7).</p>

<p>Para Foucault y Guattari, la preocupación estética y su relación con la existencia no tiene nada que ver con la estetización de la vida desde una perspectiva humana ni, menos aun, con la estetización de la política, un proyecto ya criticado con vehemencia por Walter Benjamin en los años treinta. El objetivo de Guattari es atrapar la subjeti-vidad en la dimensión de su creatividad procesual, en vez de objetivarla, reificarla o cientificarla (1995, 13). Guattari y Foucault usan la estética como un modo de apuntar al potencial creativo de expresión y enunciación que ha sido silenciado por la fuerza dominante de los signos y los significantes. Con el fin de facilitar el desplazamiento de las tres ecologías a través de la producción de subjetividad, Guattari elabora un tri-ple desarrollo de los paradigmas estéticos. Las dos fases primarias (que operan todavía como parte de las transformaciones actuales) son 1) Los territorios colectivos de un paradigma protoestético donde la creatividad no está aún institucionalizada sino extendida a través de prácticas de enunciación como los rituales (1995, 101-102); y 2) una modulación de la subjetividad, separada de la emergencia de valores y sobrecodi-ficada por los significantes capitalistas (1995, 104-105). Mientras el paradigma proto-estético fundamenta un período pre-histórico, la segunda fase se refiere a la estructura capitalista. En el tercer movimiento, que no se ha cumplido todavía, podríamos estar asistiendo al surgimiento de un paradigma estético de inmanencia procesual: “Es un impulso hacia esta raíz ontológica de la creatividad lo que es característico del nuevo paradigma procesual. Este implica la composición de ensamblajes que actualizan la componibilidad de dos infinitos, el activo y el pasivo” (1995, 116). Guattari subraya explícitamente el persistente impacto de los paradigmas más tempranos. El paradigma estético procesual se recentra en la producción de subjetividad como una estética de la existencia. De una manera transversal (relacionando dimensiones tanto concretas como abstractas), la producción de subjetividad apunta primero y sobre todo a “reinventar las prácticas sociales” (Guattari 1996, 119). La reconstrucción de la práctica social va de la mano con la crítica de Guattari a la crisis ecológica que “puede ser caracterizada en referencia a una crisis más general de lo social, lo político y lo existencial” (1996, 119).</p>

<p>Desde este punto de vista, el paradigma estético resuena de forma muy clara en los deseos y demandas del activismo del siglo XXI. Con el fin de desarrollar tal activismo como parte del nuevo paradigma estético, se debe investigar el estatus ecológico y la formación de nuevas subjetividades como parte de una estética de la existencia. Para Guattari, la producción de subjetividad como motor del florecimiento de dicho paradigma estético ha de incluir el papel activo de los incorpóreos “Universos de Valor” (1995, 99), en la misma medida en que incluye la función de las enunciaciones colec-tivas, así como objetos y cosas que son funciones pragmáticas de la existencia (1996, 177). En lugar de fundar su paradigma estético sobre una clara separación entre objetos y sujetos o entre lo concreto y lo trascendente, Guattari pliega las fuerzas materiales e inmateriales una sobre otra, dejando a cada una de ellas un cierto margen de autonomía y, al mismo tiempo, siempre entrelazadas relacionalmente con otras fuerzas.</p>

<p>El paradigma estético se encuentra así entretejido con paradigmas éticos y científicos. “El nuevo paradigma estético tiene implicaciones ético-políticas porque hablar de creación es hablar de responsabilidad de la instancia creativa respecto de la cosa creada, inflexión de estado de cosas, bifurcación más allá de los esquemas preestablecidos, puesta en consideración, también aquí, del destino de la alteridad en sus modalidades extremas. Pero esta elección ética ya no emana desde una enunciación trascendente, un código de ley o un dios único y todopoderoso” (1995, 107). La génesis de una enunciación es coemergente con la invención o la creación procesual, en incluso en los discursos científicos surgen formas individuales y colectivas de subjetivación maquínica. [2]</p>

<p>Lo que Guattari identifica como “caosmosis” define, al mismo tiempo, una práctica y una herramienta de análisis. Se trata de un activismo inmanente de relevancia ético-estética que toma en consideración y conforma el juego de las tres ecologías. <em>Caosmosis</em> “es una fuerza que articula la potencialidad creativa con la raíz de la finitud sensible –antes de que sea aplicada a las obras, los conceptos filosóficos, las funciones científicas y los objetos mentales y sociales” (1995, 112).</p>

<p>La relación entre la estética y la existencia en Foucault y Guattari no está ni exclusivamente ligada al arte ni implica al arte como práctica institucionalizada. Al contrario, la estética misma conforma un modelo de existencia que hace patente las relaciones trasversales entre los sujetos y los objetos y entre las fuerzas corpóreas e incorpóreas que, en conjunto, configuran lo real. No obstante, el arte puede funcionar como una útil puerta de entrada para investigar la estética de la existencia, según el impacto ético-estético que tiene sobre la forma en que lo “real” es constituido (Deleuze y Guattari 1986, 3). Por decirlo con cierta prudencia, hay una posibilidad de que el arte nos pueda capacitar para sobrepasar antagonismos como los que enfrentan a la oralidad y a la escritura. Guattari pone en primer plano el arte de la performance y la poesía concreta: “[…] este arte no implica tanto retornar a una oralidad originaria como penetrar en senderos maquínicos desterritorializados y maquinaciones capaces de potenciar subjetividades mutantes” (1995, 90). Desde aquí es posible componer y acrecentar un nuevo mundo, en el cual nuevas formas y modalidades de ser pueden florecer a través de las producciones de subjetividad: la reconstrucción de códigos y estructuras, una inmersión caosmótica en las materialidades de la sensación, un descentramiento estético de perspectivas.</p>

<p>De acuerdo con Guattari y Foucault, se debe considerar la constelación transversal y maquínica en la que toda existencia está engarzada. En este sentido, las máquinas estéticas son de la mayor importancia, ya que socavan la estetización general de la vida diaria, al generar bloques de sensaciones, perceptos y afectos mutantes y heterogéneos. La función de las artes es una de “ruptura con las formas y significaciones que rigen trivialmente en el campo social” (1995, 130-131). En una sociedad donde se multiplica la circulación de imágenes y las producciones estéticas de afectos y percep-tos, nos hace especial falta una renovada expertización en el campo estético. Lo importante es no consignar estos modos de producción creativa dentro de un dominio autónomo del arte, sino más bien considerarlos en su potencial de transformación, ruptura y reinvención de afectos y perceptos banales. En un ensayo contemporáneo a Caosmosis, Deleuze comenta de un modo similar: “Crear ha sido siempre algo diferente a comunicar. La clave puede ser crear vacuolas de no comunicación, interruptores para escapar al control” (Deleuze 1995, 175). Para Guattari, en el mismo sentido, la cognición estética y artística separa segmentos de lo real y los desterritorializa para convertirlos en enunciadores parciales. Los efectos de estos aspectos lingüísticos cuasi-animísticos de la obra de arte son tanto la remodelación de la relación entre el artis-ta y el consumidor como la (in-)formación de la vida cotidiana (véase Guattari 1995, 131). La estética como una ética, de acuerdo con el carácter transversal de las tres ecologías y el paradigma estético, se relaciona siempre con modos de vida y existencia.</p>

<p>A través de su noción de “estética de la existencia” Foucault entiende la “bios como obra bella” (Foucault 2011, 162). En sus últimos años, Foucault investigó la cuestión de una estética de la existencia en los textos clásicos sobre la parresía. De acuerdo con Foucault, los artistas, especialmente en el transcurso del siglo XIX, han ido adaptado las formas de vida parresiática de los Cínicos. Como primer principio, la vida artística gana su relevancia en el siglo XIX a través de la vida del artista en cuanto condición que posibilita la emergencia de la obra de arte, e incluso a través de la vida del artista como obra de arte que da relevancia a la existencia artística de esa época: “El arte es capaz de dar una forma a la existencia que rompe con cualquier otra forma, esa forma es la de vida verdadera” (Foucault 2011, 187).</p>

<p>El segundo principio descansa para Foucault en la capacidad del arte para “el desnudamiento, la exposición, el despojamiento, la excavación y la violenta reducción de la existencia a sus principios básicos” (2011, 188). Para Foucault, figuras como las de Baudelaire, Flaubert y Manet asumen la tarea de constituir al “arte como el lugar de la irrupción de lo que está por debajo, de lo que en una cultura no tiene derecho o, al menos, no tiene posibilidad de expresión” (ibid.).</p>

<p>Las relaciones entre las prácticas artísticas o, más bien, estéticas y la existencia son parte necesaria del modo en que Foucault y Guattari adoptan el paradigma estético como paradigma de desregulación. A ambos pensadores les preocupa la existencia como un modo de posibilitar un nuevo gusto de y por la vida, de crear una nueva ter-sura entre sexos, generaciones y grupos étnicos –así como la composición de ecologías virtuales para las “formaciones originales de la subjetividad” (Guattari 1995, 91). En referencia a la invención de nuevas formas de vida y existencia, Guattari escribe en Caosmosis: “Uno crea nuevas modalidades de subjetividad de la misma manera en que un artista crea nuevas formas desde su paleta” (1995, 7). En consecuencia, como anota Deleuze, “constituir modos de existencia o estilos de vida […] no es solo una cuestión estética, es lo que Foucault llama ética, en oposición a la moral” (Deleuze 1995, 98-100). En el solapamiento de la ética y de la estética, los modos de existen-cia se mueven por rigurosos criterios de inmanencia: “Foucault hace alusión incluso a los criterios estéticos, que son entendidos como criterios para la vida y reemplazan a cada ocasión las llamadas a un juicio trascendental por una evaluación inmanente” (Deleuze 1991, 163).</p>

<p>La última consideración de Foucault consiste en la arriesgada práctica cínica de la parresía como conformadora de vida. Foucault sustenta la creación de campos relacionales entre singularidades sobre el énfasis en el retiro individual de la sociedad. Para nosotros la cuestión es entonces: ¿Qué sucede cuando estas prácticas ético-estéticas definen no solo un proyecto político sino una revolución molecular en los términos de una remodelación de los modos de vida y existencia? Tal revolución mo-lecular fundamenta una estética de la existencia y/o se empareja con un proyecto político entendido como “el constantemente renovado trabajo de dar forma a la vida” (Foucault 2011, 162), o de informar a una colectividad viva. La existencia como bios o como forma de vida, en tanto atraviesa todos los registros de las tres ecologías, define para nosotros un dominio mayor para la investigación futura, extendiendo y reconsiderando los perfiles propositivos ofrecidos por Foucault y Guattari. En particular, es la relación transversal entre modos de existencia lo que nos interesa. Para Foucault, el giro hacia una estética de la existencia como preocupación ética define un nuevo terreno ubicado entre los procesos estéticos generales de formación y una metafísica del alma (Ibid.).</p>

<p>Una estética de la existencia siempre produce y deja rastros de un modo de ser. Ser, entonces, no está completamente ligado a un mundo específico abierto al encuentro con lo humano. Al contrario, como indica Guattari: “Ser es en primer lugar auto-consistencia, autoafirmación, existencia para sí misma que despliega unas relaciones particulares de alteridad. El para-sí-mismo y para-los-otros dejan de ser el privilegio de la humanidad, cristalizan en todos los lugares donde los interfaces maquínicos engendran disparidad y, a la inversa, son fundados por ellos” (1995, 109).</p>

<p>En esta productividad maquínica, la existencia es un proceso y la estética se vuelve una práctica ética implicada en el total de la mundanidad de la existencia. La producción de subjetividad no es así ni un asunto exclusivamente humano ni algo que se pueda separar enteramente de la sociedad. Tomar en cuenta una estética de la existencia posibilita una investigación de las prácticas de la atención y de la inserción en el corazón de una subjetividad que está siempre con el mundo y la existencia en vez de estar en el mundo. Reconsiderar las prácticas sociales sobre la base de la existencia requiere una ética y una estética que son siempre subjetivo-objetivas, a través de las fronteras de las ecologías mentales, sociales y ambientales.</p>

<p></p>

<p>[1] Un ejemplo impresionante de la aproximación crítica de Guattari a los desarrollos del conservadurismo a principio de los años ochenta se encuentra en su agudo libro <em>Les annés d'hiver</em> 1980- 1985.</p>

<p>2 En su último trabajo en común <em>¿Qué es la filosofía?</em>, Deleuze y Guattari exponen la relación entre ciencia, arte y filosofía como diferentes modos que implican procesos de creación y creatividad (Deleuze/Guattari 1994). Trad. Castellano: ¿Qué es la filosofía? (Anagrama: Barcelona, 1993)</p>

<p>------------<br />
Referencias</p>

<p>Deleuze, Gilles, “What is a dispositif?,” in Michel Foucault, <em>Michel Foucault Philosopher </em>(New York: Routledge, 1991), 159-166. Trad. Castellano: ¿Qué es un dispositivo?¿, en <em>Michel Foucault, filósofo</em> (Gedisa: Barcelona, 1989)</p>

<p>——, <em>Negotiations</em> (New York: Columbia University Press, 1995). Trad. Castellano: Conversaciones (Pre-textos: Valencia, 1995)</p>

<p>——, <em>Two Regimes of Madness</em> (Los Angeles, CA: Semiotext(e), 2006). Trad. Castellano: Dos regímenes de locos ( Pre-textos: Valencia, 2008)</p>

<p>Deleuze, Gilles and Félix Guattari, <em>Kafka: Toward a Minor Literature </em>(Minneapolis: University of Minnesota Press, 1986). Trad. Castellano: <em>Kafka. Por una literatura menor</em> ( Era Ed.: México, 1999)</p>

<p>Guattari, Félix, <em>Chaosmosis: An Ethico-Aesthetic Paradigm</em> (Bloomington/Indianapolis: Indiana University Press, 1995). Trad. Castellano: Caosmosis (Manantial: Buenos Aires, 1996)</p>

<p>——, <em>The Guattari Reader</em> (Oxford: Blackwell Publishers, 1996).</p>

<p>——, <em>The Three Ecologies</em> (New York/London: Continuum, 2008). Trad. Castellano: Las tres ecologías (Pre-textos: Valencia, 1996)</p>

<p>Foucault, Michel, “On the Genealogy of Ethics: An Overview of Work in Progress,” in Paul Rabinow (ed.), <em>Essential Works of Foucault 1954-1984: Ethics.</em> Vol. One (New York: Penguin Books, 2000), p. 253-280.</p>

<p>——, <em>The Courage of the Truth</em> (New York: Palgrave Macmillian, 2011). Trad. Castellano: El coraje de la verdad. El go-bierno de sí y de los otros II. ( FCE: Buenos Aires, 2010).</p>

<p>Lazzarato, Maurizio, <em>Expérimentations politiques</em> (Paris: Éditions Amsterdam, 2009)</p>]]>
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    <title>Tres noticias sobre Facebook - Patricio Pron</title>
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    <published>2012-05-02T22:19:43Z</published>
    <updated>2012-05-02T22:31:43Z</updated>
    
    <summary> 1 Nadie parece poder soslayar el enorme éxito de la mencionada red social y el que parece ser un impacto notable en la cultura de nuestro tiempo; ni siquiera aquellos que no tenemos perfil en ella y ningún interés...</summary>
    <author>
        <name>mariaVirginia Jaua</name>
        
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            <category term="colaboradores" />
    
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        <![CDATA[<p><a href="http://salonkritik.net/10-11/Fcbk-.jpg"><img alt="Fcbk-.jpg" src="http://salonkritik.net/10-11/Fcbk--thumb.jpg" width="380" height="255" /></a> 1<br />
 <br />
Nadie parece poder soslayar el enorme éxito de la mencionada red social y el que parece ser un impacto notable en la cultura de nuestro tiempo; ni siquiera aquellos que no tenemos perfil en ella y ningún interés particular en lo que circula allí. A pesar de ello, los cruces entre la literatura y Facebook se han multiplicado en los últimos tiempos, ya sea por razones comerciales o por convicción. El más reciente de ellos lo protagoniza la prestigiosa editorial alemana Suhrkamp, que ha iniciado en marzo de 2012 una iniciativa consistente en colgar diariamente durante un mes tres cartas escritas por Hermann Hesse (1877-1962) a las que los usuarios de la red social deben responder: las mejores respuestas aparecerán con las cartas originales en un volumen llamado (predeciblemente) <a href="https://www.facebook.com/hesse.antwortet">Hermann Hesse antwortet... auf Facebook</a> [Hermann Hesse responde... en Facebook]. Según la editorial, el Premio Nobel alemán.<br />
 <br />
<blockquote>"recibió a lo largo de su vida miles de cartas de lectores que, tras haber leído alguno de sus libros, habían desarrollado hacia él una confianza tan grande que le pedían consejos para sus problemas existenciales. A menudo eran personas jóvenes a las que la adaptación a lo establecido y las expectativas de padres y educadores les resultaban imposibles. Pero también conflictos generacionales, problemas vinculados con la pubertad y de pareja, dudas religiosas, preguntas relacionadas con la elección de un trabajo y con la actuación bajo las órdenes de otro fueron tema habitual de estas cartas. A pesar de que uno puede encontrar todos estos temas en los libros de Hesse, presentados de forma impersonal, éste nunca huyó del esfuerzo de tomar posición frente a estos casos individuales y concretos y responder uno a uno muchos de estos correos".</blockquote></p>]]>
        <![CDATA[<p>Al parecer, la lectura de los libros de Hesse no parecía suficiente a sus contemporáneos; gracias a la editorial Suhrkamp, a sus lectores posteriores ésta les resultará innecesaria, ya que bastará visitar regularmente el perfil del autor para conocer sus opiniones.</p>

<p>2<br />
 <br />
Claro que también parece innecesaria la propuesta de Deutsche Post, la compañía alemana de correos, que en un anuncio publicado en varios medios de ese país en diciembre de 2011, anunciaba un producto novedoso: un libro destinado a "eternizar" tu perfil de Facebook. El proceso de adquisición del libro es sencillo: tras otorgar tu consentimiento, un programa informático obtiene acceso a los datos de Facebook del interesado, quien tan sólo tiene que indicar el período de actividad que debe reflejar el libro y echarle una mirada antes de que el libro sea impreso por la compañía y enviado a su casa; el costo del servicio es de 19 euros más gastos de envío en el caso de que se trate de un libro físico y de 3,90 en el de un libro virtual, en formato pdf. Es sabido que el lenguaje publicitario requiere cierta capacidad de persuasión y, por supuesto, tiene, al menos, que provocar la impresión de que sus creadores están convencidos de lo que dicen, por absurdo que esto sea. En ese sentido, el texto con el que Deutsche Post promociona su iniciativa es perfecto:<br />
 <br />
"Digital goes analog: el libro individual resulta atractivo a cualquier usuario de una red social, no <blockquote>importa dónde viva. 'De regreso a las raíces' es el eslogan cuando de lo que se trata es de enlentecer estos tiempos efímeros perpetuando los recuerdos offline. Antes de que los highlights de tu cuenta de Facebook desaparezcan alguna vez en el nirvana, ¡haz un libro con ellos!"</blockquote><br />
 <br />
La compañía promete que el usuario obtendrá de esa forma "información fascinante", por ejemplo: "con cuáles amigos has interactuado más, cuál de tus posteos fue el más interesante y qué fotos tuyas fueron las más comentadas". ¿Quién decía innecesario? A la vista de algunas publicaciones recientes de sellos grandes y pequeños en España, no parece que este vaya a ser el peor libro que leeremos en 2012.</p>

<p>3<br />
 <br />
Aunque quizás sí. O no. De todas formas, lo que muy seguramente no leeremos en 2012 será cualquiera de esos libros en ciernes cuyos autores comienzan la escritura de su novela creándole un perfil en Facebook. Aunque singular, el fenómeno no es nuevo y tiene una tradición ya incipiente en la mayor parte de las lenguas literarias. A menudo, transcurre de la siguiente forma: alguien anuncia en su muro que comienza la escritura de su novela "El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia" (título completamente ficticio y usado aquí a modo de ejemplo) y recibe veinte pulgares de "I like" provenientes de sus amigos y un par de comentarios de ánimo. Al siguiente día, anuncia que ha escrito cuatro páginas y recibe treinta pulgares y un comentario. Más tarde, da cuenta de la escritura de tres páginas más y los pulgares son veinticuatro y no hay comentarios. A la semana, sin embargo, el número de pulgares aprobatorios ha descendido y el autor ha convertido el perfil de su novela en una entidad subsidiaria de su perfil personal; en él, cuelga vídeos musicales que supuestamente le sirven de "inspiración" o comenta noticias de otros amigos (muchos de los cuales, también tienen perfil de novela en camino). Un mes después, el perfil de Facebook de la futura novela "El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia" languidece con posteos del tipo de "Hoy hubiese escrito, pero juega el Ponferradina, así que nada" o "Amigos, esta semana no ha habido mucho movimiento por aquí, pero a la próxima seguro que me pongo". Los posteos ya no son comentados y a menudo sólo son ratificados por un pulgar solitario.<br />
 <br />
No hace falta decir que la novela cuyo perfil languidece en la red social nunca es escrita, y así, los lectores nos perdemos la que parecía otra obra prometedora o decepcionante, atractiva, sugerente o transformadora. Claro que esto no es culpa de los autores y no dice nada de su talento, que puede ser enorme o más bien escaso: simplemente es el resultado de una visión (errónea, pienso) de la literatura de acuerdo a la cual las obras singulares (es decir, los libros) no funcionan tanto como la finalidad última de la actividad literaria sino como meros artefactos para concitar sobre la figura de su autor la atención pública que parece ser el bien más preciado en nuestra época, ya sea en las redes sociales o fuera de ellas. La creación de perfiles públicos de objetos que no existen como las novelas por escribir tiene precisamente la función de atraer la atención pública sobre el autor sin que éste tenga que tomarse la molestia de escribir un libro, lo que (en general) es dificultoso y toma tiempo y esfuerzo, de allí que, tras haberla concitado, su finalidad se agote en sí misma y ya no haga falta escribir las novelas que le sirven de excusa. La desaparición de la literatura y de la cultura letrada tal como las conocíamos es tanto causa como consecuencia de este y otros fenómenos similares.</p>]]>
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    <title>LA LLEGADA DE LOS BÁRBAROS - Armando Montesinos</title>
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    <published>2012-05-01T09:35:29Z</published>
    <updated>2012-05-01T09:49:59Z</updated>
    
    <summary> 1. Hace pocos meses, Manuel Cruz señalaba (“Un minuto antes de que lleguen los bárbaros”, El País, 25 septiembre 2011), la necesidad de que la comunidad universitaria, que a menudo confunde la imprescindible autocrítica sobre el funcionamiento de la...</summary>
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    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://salonkritik.net/">
        <![CDATA[<p><a href="http://salonkritik.net/10-11/4jcs_pqns.jpg"><img alt="4jcs_pqns.jpg" src="http://salonkritik.net/10-11/4jcs_pqns-thumb.jpg" width="380" height="339" /></a> 1.</p>

<p>Hace pocos meses, Manuel Cruz señalaba (“Un minuto antes de que lleguen los bárbaros”, <em>El País</em>, 25 septiembre 2011), la necesidad de que la comunidad universitaria, que a menudo confunde la imprescindible autocrítica sobre el funcionamiento de la institución con el tradicional “no dejar títere con cabeza” -resultado último de algo tan patrio como deslizarse de la crítica al desprecio-, encontrara “las formas de hacerle saber a nuestros conciudadanos, no ya solo de qué voluntariosa pasta está hecha toda esa gente empeñada en trabajar en y por el saber, sino, sobre todo, que no hay futuro que no pase por el cuidado y la transmisión de la herencia cultural recibida”, y alertaba del peligro que se cernía, en forma de “los nuevos bárbaros (cuyas avanzadillas ya están entre nosotros)“, sobre esta herencia y sobre la institución que la sustenta: </p>

<blockquote>”Son muchos los que, desde muy diversos lugares, se afanan -a veces con notable ahínco- en su liquidación. Al igual que no son pocos, ni poco poderosos, los que parecen estar dispuestos a rematar la faena, tijera presupuestaria en mano.  Frente a ellos, a los que no disponen de más arma que su palabra y su entusiasmo por lo que hacen acaso a estas alturas ya sólo se les pueda dar este modestísimo consejo: no se lo pongamos demasiado fácil. (…)  Porque resultaría un sarcasmo insoportable que, con nuestra ligereza a la hora de referirnos a ella, pudiéramos estar regalándole el argumento que necesitaban para poder consumar su barbarie”.</blockquote>

<p>Los bárbaros ya han llegado. Como los sacerdotes mayas o los emperadores y  emperatrices chinos y chinas (discusión ésta sobre los géneros que ha hecho visible el interés de los españoles por la filología, una de esas carreras universitarias al parecer a punto de ser consideradas inservibles), han consultado el calendario de los rituales estacionales de pan y circo y han aprovechado, con alevosía, el momento álgido del espectáculo balompédico, y el consiguiente turbión emocional del enfrentamiento cainita entre sus máximos rivales, para publicar, mediante decreto ley en el Boletín Oficial del Estado, (21 abril 2012), su doctrina (llamarlo política económica sería espejismo) sobre educación y sanidad.  Como profesional de la primera, me centraré en ella, aunque lo referente a sanidad me pone, con perdón, enfermo.</p>]]>
        <![CDATA[<p>2. </p>

<p>Los ciudadanos, unos ya acostumbrados al “¡que viene el lobo!” (¿o era el dóberman?), otros conocedores del poema de Kavafis, amedrentados los más por la sorda  amenaza a su futuro, están paralizados. Y digo sorda, que no muda, pues las medidas de los bárbaros atruenan con la violencia que imputan, impertérritos, incluso a la pacífica resistencia pasiva, venga Gandhi y lo vea. El riesgo de la censura y represión de cualquier modo de producción de gestos puramente simbólicos de resistencia empieza a ser alarmante. Para muestra, el tratamiento dado a quienes han hecho visible el deseo y la necesidad de <em>echar el freno</em> a la situación, sean los “terribles saboteadores” del metro de Madrid (un preciso gesto de pacífica protesta, sin ningún riesgo para nadie, como demuestra que su visibilidad –su recepción- solo pudo producirse a posteriori, cuando apareció su dibujo tras unirse todos los puntos, y que sin su difusión mediática sólo habría sido una situación cotidiana de breve retraso para los viajeros afectados) o los “peligrosos estudiantes” menores de edad de Valencia (cualquier adulto, especialmente los entrenados en labores de orden público, debería poder distinguir entre la intensidad inofensiva de hormonas agitadas y la violencia odiosa de la kale borroka o de los futboleros ultra). </p>

<p>Pero, ¿cómo no estar paralizados? Cuando se recibe una doble información contradictoria, la parálisis del pensamiento y de la acción está asegurada. Se nos dice continuamente que nuestros jóvenes son los mejores preparados de nuestra historia, y al tiempo se nos machaca con la idea de que el sistema educativo no funciona. Parecería que los ciudadanos del estado español se han educado, de los fascículos de los años 60 al Internet del siglo XXI, de manera autodidacta. ¿Dónde y cómo, y con quién, se han formado, entonces, esas generaciones sobradamente preparadas, sino en la Universidad, con fondos públicos, y con su valioso profesorado?</p>

<p>El problema es la Universidad, nos dicen. Hablan de nepotismo y endogamia, y lo hacen, desde la <em>nomenklatura</em> de los partidos políticos con disciplina de voto, quienes se arrogan la potestad de subirse el sueldo que les paga la ciudadanía sin preguntarla, quienes saltan de la gestión de lo público a la empresa privada del ramo, y viceversa, otorgándose privilegios y concediéndose indultos. Y también quienes, desde la propia institución, suspiran por devolver la Universidad a las manos de una casta superior, e imponen a sus propios compañeros condiciones laborales precarias, exigencias que ellos no tuvieron que cumplir y baremos que ellos no habrían podido superar. Los mandarines, ya se sabe, prefieren castigar a estimular con el ejemplo.</p>

<p>La Universidad, insisten, ha de acercarse a la sociedad -como si no fuera parte fundamental de ella- y preparar a los estudiantes para satisfacer la demanda del mercado laboral. Nada dicen, en cambio, del empobrecedor carácter de dicha demanda, de un mundo empresarial obcecado en el negocio fácil y la especulación, pero incapaz no sólo de acercarse con curiosidad al gran laboratorio multidisciplinar que es la Universidad, sino de generar iniciativas de negocio –es decir, inversión- a partir de la preparación y el conocimiento, enormemente diversos, que aquella produce. Han desligado la palabra “cultura”, en toda la enorme riqueza de su significado, de la idea misma de Universidad, y prefieren usar “excelencia”- posiblemente porque la palabra todavía reverbera con los ecos de la autoridad de <em>“su excelencia”</em>- y “rentabilidad”, término que sabemos rige los intereses de la empresa privada, del mismo modo que “bien común” rige los criterios de la gestión pública.</p>

<p>El problema no está en los claustros académicos, pese a los fallos implícitos a todo sistema, especialmente si funciona con recursos escasos, que los propios profesionales trabajan para corregir desde una gestión democrática, sino en aquellos, en muchos casos, sus propios egresados, que olvidan, por dinero o poder –caras de la misma moneda, que quieren única- la alta función del universitario: acuñar <em>la moneda del pensamiento</em>, en cualquiera de sus dos caras: técnico o humanista, en la investigación o en el aula. El problema, no nos engañemos, es decidir qué moneda es de curso legal.</p>

<p>La separación entre investigadores y docentes que establece el decreto ley del 21 de abril vulnera los derechos de miles de profesores universitarios, para quienes supone el fin de la posibilidad de desarrollar una carrera académica. Pero, sobre todo, dicha separación no es sino una más de esas nefastas falsas dualidades, como la que se establece entre teoría y práctica, o ciencia y humanidades, tan dañinas para un verdadero conocimiento. Y resulta demoledora para la propia idea de la tarea universitaria, pues transmite perversamente que la docencia no implica investigación, es decir, que solo consiste en repetir como un disco rayado conocimientos más o menos obsoletos. Además,  el anunciado aumento de las horas de trabajo de los docentes –diseñado para ampliar la brecha entre las castas, pues es imposible investigar y conseguir recursos si se ha de emplear todo el tiempo en dar clase-  implica, añadiendo a la injuria el insulto, la idea de que son unos vagos y no trabajan suficiente. </p>

<p>De la CRUE (Conferencia de Rectores Universitarios de España) se espera que no cometa la imprudencia de confundir prudencia con sumisión ante lo intolerable, especialmente porque lo intolerable ya se ha producido: la Universidad ha sido despojada de su fundamental autonomía para diseñar, desde el conocimiento profesional y no desde el caciquil control político, cómo se distribuyen las responsabilidades académicas. </p>

<p>3.</p>

<p>Durante una conferencia en un país sudamericano, alguien del público reprochó al conferenciante, un historiador español (creo recordar, sin seguridad, que pudo ser Salvador de Madariaga), su imperdonable condición de descendiente de aquellos que tan brutalmente colonizaron y explotaron a los pobladores indígenas. En otras palabras, le llamó bárbaro. El conferenciante replicó que tal condición, en todo caso, correspondería a los antepasados del interpelante, habida cuenta que, vino a decir, los suyos se habían quedado en su castellano pueblo.</p>

<p>La comunidad universitaria, el mundo académico, tiene que explicar a la sociedad española esta situación, so pena de convertirse en mudo testigo, y muchos de sus miembros en víctimas, del fin de la era de la educación pública. Que no se olvide –es decir, dejemos fehaciente memoria- que los bárbaros son ellos, no nosotros.  </p>

<p></p>

<p><br />
</p>]]>
    </content>
</entry>
<entry>
    <title>LA ABOLICIÓN DE LOS PEDESTALES O LA ELOCUENCIA DE LO VULGAR - Alejandro Hernández Gálvez</title>
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    <id>tag:salonkritik.net,2012://6.6041</id>
    
    <published>2012-04-29T07:38:56Z</published>
    <updated>2012-04-29T08:11:01Z</updated>
    
    <summary>/El espacio de excepción en la arquitectura/


&quot;Y alzando el tazón dijo: introibo ad altare dei mei&quot;.

I

Desde su famoso inicio —Buck Mulligan consagrando el insignificante ritual cotidiano de afeitarse— el Ulises de James Joyce pone una cosa en vez de otra: en lugar del periplo del héroe clásico, un día cualquiera en la vida de un hombre cualquiera. Es uno de los signos de la modernidad tardía o, según se vea, de la postmodernidad: el hombre común, sin atributos, usurpando un sitio antes privilegiado para los seres excepcionales. Al plantear una odisea en la que el protagonista deambula por las calles de todos los días, la novela de Joyce trastoca y redefine el primer plano en el que se movían los héroes. ¿O serán acaso las connotaciones simbólicas de los espacios lo que marcan la excepción? La tribuna, el altar, el trono o el pedestal, en algún tiempo reservados para los destacados, ¿son simplemente los espacios que ocupan los personajes importantes, o son construcciones que intervienen de manera decisiva en la misma mecánica de esa distinción?

Al plantear el estudio de la historia del pasillo —más revelador y necesario de lo que en principio podría pensarse— Robin Evans compara la planta de un palacio renacentista, donde las habitaciones se suceden unas a otras, debiendo a veces atravesarse varias de ellas para llegar a la que se desea, con la estructura de las casas burguesas, en las cuales, desde el siglo XVII hasta comienzos del XX, la separación entre las zonas de estar y las zonas de servicio, conectadas entre sí por corredores, materializa espacialmente otra manera de entender socialmente la división entre sirvientes y patrones. El pasillo, dice Evans, es un mecanismo que permite el paso de la servidumbre y al mismo tiempo evita la molesta presencia del sirviente.</summary>
    <author>
        <name>mariaVirginia Jaua</name>
        
    </author>
            <category term="columna_salonK" />
    
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://salonkritik.net/">
        <![CDATA[<p>/El espacio de excepción en la arquitectura/<br />
<a href="http://salonkritik.net/10-11/5263914944_26aaa06d2b.jpg"><img alt="5263914944_26aaa06d2b.jpg" src="http://salonkritik.net/10-11/5263914944_26aaa06d2b-thumb.jpg" width="380" height="264" /></a> </p>

<p style="text-align:right">"Y alzando el tazón dijo: introibo ad altare dei mei".</p>

<p>I</p>

<p>Desde su famoso inicio —Buck Mulligan consagrando el insignificante ritual cotidiano de afeitarse— el Ulises de James Joyce pone una cosa en vez de otra: en lugar del periplo del héroe clásico, un día cualquiera en la vida de un hombre cualquiera. Es uno de los signos de la modernidad tardía o, según se vea, de la postmodernidad: el hombre común, sin atributos, usurpando un sitio antes privilegiado para los seres excepcionales. Al plantear una odisea en la que el protagonista deambula por las calles de todos los días, la novela de Joyce trastoca y redefine el primer plano en el que se movían los héroes. ¿O serán acaso las connotaciones simbólicas de los espacios lo que marcan la excepción? La tribuna, el altar, el trono o el pedestal, en algún tiempo reservados para los destacados, ¿son simplemente los espacios que ocupan los personajes importantes, o son construcciones que intervienen de manera decisiva en la misma mecánica de esa distinción?</p>

<p>Al plantear el estudio de la historia del pasillo —más revelador y necesario de lo que en principio podría pensarse— Robin Evans compara la planta de un palacio renacentista, donde las habitaciones se suceden unas a otras, debiendo a veces atravesarse varias de ellas para llegar a la que se desea, con la estructura de las casas burguesas, en las cuales, desde el siglo XVII hasta comienzos del XX, la separación entre las zonas de estar y las zonas de servicio, conectadas entre sí por corredores, materializa espacialmente otra manera de entender socialmente la división entre sirvientes y patrones. El pasillo, dice Evans, es un mecanismo que permite el paso de la servidumbre y al mismo tiempo evita la molesta presencia del sirviente.</p>]]>
        <![CDATA[<p>El Renacimiento no era, por supuesto, el paraíso de la igualdad social, pero esas diferencias, por más marcadas que fueran, no habían quedado inscritas todavía en la arquitectura. Evans menciona como ejemplo la Villa Madama, encargada entre 1518 y 1519 por el cardenal Giuliano de Medici y construida, en las faldas del Monte Mario, en Roma, por Antonio da Sangallo a partir de las ideas de Rafael Sanzio.</p>

<p>La presencia de Rafael no es en este contexto gratuita sino, al contrario, fundamental: la concepción geométrica que acogería la suntuosa vida del cardenal no era sino el desarrollo de algunas de las intuiciones del pintor que había desacralizado la figura de la Virgen. Al presentar la reproducción de una pintura de finales del siglo XV, frente a la Madonna dell’Impannata, pintada por Rafael en 1514, Evans subraya la notable diferencia entre ambas imágenes. En la primera las figuras son íconos, símbolos codificados que deben leerse, más allá de cualquier contingencia figurativa, como textos: son jeroglíficos.</p>

<p>La otra, la de Rafael, presenta personas reales, más de carne que de hueso, cuya relación con el tema tratado es casi accidental: a fin de cuentas da lo mismo quién sea el niño, la madre o los demás personajes. Otro detalle marca el salto cualitativo entre un cuadro y el de Rafael: en uno la Virgen está sentada sobre un trono que a su vez está sobre un pedestal: separada de todos, su excepcionalidad es también espacial. En la Madonna de Rafael, en cambio, todos los personajes comparten el mismo espacio, no sólo entre sí sino, además, con nosotros, los espectadores afuera del cuadro, hacia quienes un San Juan desnudo y adolescente dirige la mirada.</p>

<p>El espacio de la villa renacentista es parecido al de la pintura de Rafael: no impone una separación —aunque evidentemente exista—; las diferencias se articulan a partir de la posición misma del cuerpo en el espacio: el cardenal no necesita, en su palacio, ni un trono ni una sala para él mismo con el afán de distinguirse: él es la propia marca de su diferencia. Y con todo, está en el mismo espacio que su Corte.<br />
	<br />
II</p>

<p>La historia de la escultura es en buena medida análoga. Según Rosalind Krauss, la escultura no se vuelve moderna sino hasta con Rodin, esto es, cuando prescinde del pedestal. Por muy diferentes que sean, el lánguido David de Verrocchio y el más atlético de Miguel Ángel nos miran ambos —si acaso lo hacen— erguidos desde la cima de sus respectivos pedestales. Cualquier hombre es así un monumento. La escultura de Rodin, en cambio, está en el mismo espacio que nosotros: el pensador no está en un pedestal, se sienta a meditar sobre la primera piedra a su paso; los burgueses de Calais caminan por el parque junto a todos los hombres, y podrían ser cualquiera de nosotros: democracia escultórica.</p>

<p>Y lo mismo pasa con la comedia que se hace moderna, según Brian Boigon, cuando cualquiera habla de cualquier cosa. En un breve ensayo sobre el chiste de la comedia y la arquitectura modernas (reunido en una colección de ensayos sobre la obra de Mies van der Rohe, cuya arquitectura en cierto momento fue considerada sin chiste: recuérdese la transformación por parte de Robert Venturi del dictum miesiano less is more en less is a bore: de “menos es más” a “menos no tiene chiste”), Boigon traza una breve historia de la comedia donde el punto de quiebra se sitúa en el momento en que el maestro de ceremonias del teatro de revista cobra tal importancia que su sola presencia frente al telón se vuelve el acto completo: la así llamada stand up comedy. El comediante moderno, dice Boigon, no se esconde tras la narrativa del teatro; no hay disfraces, no hay ornamento —el ornamento es, para la modernidad, un delito—, ni tampoco un espacio distinto al que habita el espectador, quien, en caso de reírse, lo hace precisamente porque ha estado ahí o sabe que puede estarlo: él es —nosotros somos— propiamente el chiste.</p>

<p>Digamos entonces que de la literatura y el teatro a la pintura y la escultura y, claro, en la arquitectura y planeación de las casas y los palacios, la modernidad tuvo, entre otros, el efecto de disolver la separación entre el espacio común de cada día y aquel otro, sacro o simplemente reservado, que era accesible sólo bajo condiciones específicas. La modernidad borra la distancia, la lejanía inaproximable de lo otro, del más allá, de lo único e irrepetible. O, como anotó Walter Benjamin, tiene el poder de borrar el aura, la finísima aureola que, a punto de desaparecer, sustituye al brillante disco de oro en las muy materiales madonnas y demasiado rollizos niños-dios de Rafael.</p>

<p>III</p>

<p>¿Qué nos queda? ¿La elocuencia de lo vulgar? Sin duda. El filósofo Peter Sloterdjik afirma que si algo llevó a Hitler al poder, no fueron sus dotes extraordinarias, que prácticamente ninguna tuvo, sino al contrario: su radical, absoluta ordinariez. Era, en efecto, extra-ordinario. Y sin embargo, hubo mecanismos espaciales sin los cuales el fascismo, como fenómeno de masas, no pudo haber tenido lugar. Mecanismos espaciales que en realidad son, como en el cine, efectos especiales y, de hecho, puro cine, puro espectáculo.</p>

<p>Ya Benjamin había alertado sobre los efectos de artes como la arquitectura y el cine, que, según afirma, se consumen distraídamente por la masa, en vez de contemplarse, como la pintura o la lectura de un libro, atentamente por el individuo. Si la religión es el opio del pueblo, el espectáculo lo es de la masa. Sin Leni Riefenstahl ni Albert Speer sería difícil imaginar el éxito de Hitler. Abolida la distancia que introduce el aura, sólo queda la proyección y la transmisión a distancia. Pura luz. Lo que en el cine es evidente la arquitectura de Speer lo lleva al clímax: la desmaterialización de la arquitectura. Como registró Riefenstahl en El triunfo de la voluntad, la mejor obra de Speer tal vez fue la Zeppelintribune, en 1934, construida con los haces de luz de ciento cincuenta reflectores antiaéreos. Luz y sonido.</p>

<p>Sanford Kwinter incluye entre los objetos arquitectónicos que reconfiguran nuestras relaciones en y con el espacio, junto al reloj y al panóptico —más una técnica que un edificio, como lo presenta Foucault en Vigilar y castigar—, al altavoz, sin el cual los gestos del pequeño dictador ante la masa no tendrían ni sentido ni efecto alguno.</p>

<p>En adelante el espacio privilegiado del héroe y del tirano, de la diva y del mártir, del profeta y el maestro será un espacio proyectado: pura luz, pantalla o monitor. El actor de teatro de voz impostada, el orador de esquina, el profesor de escuela o el cura dando su sermón, todos aquellos que aún confían en el poder mágico de plataformas, pedestales y tarimas —así como aquellos que aún les temen— son personajes anacrónicos. Ninguna arquitectura tiene ya ese poder —ni mucho menos ese derecho—, como lo demuestran decenas de monumentos inservibles encargados por gobernantes ineptos y miles de pretenciosas mansiones de estilos innombrables o inexistentes. O más bien, la arquitectura está en otra parte.</p>

<p>La tribuna, el altar, el trono o el pedestal tienen poco poder, su forma de materializar la distancia es casi nulo. Hoy son otros los mecanismos de la excepción: el rostro en primer plano o la voz en off revelando lo que hay que ver en el paisaje cotidiano. Ya no interesen los tres metros o treinta centímetros de altura del pedestal, ni la tarima en el escenario, sino los quince minutos de fama de la cada vez más poderosa tele-realidad. El espacio de la diferenciación ha sido abolido, y lo que ha quedado es la elocuencia de lo vulgar. Si hoy cualquiera puede serlo, pronto todos seremos estrellas de televisión.</p>]]>
    </content>
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    <title>tony orrico* - marcela quiroz</title>
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    <published>2012-04-27T10:52:49Z</published>
    <updated>2012-05-01T10:36:04Z</updated>
    
    <summary>Originalmente en falla de cortante &quot;…sucede, tras un cierto tiempo, un espacio bidimensional, como un cuadro sin límites ciertos que formara un ángulo muy pequeño con el plan de tus ojos, como si reposase, no del todo perpendicularmente, sobre el...</summary>
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        <name>mariaVirginia Jaua</name>
        
    </author>
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    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://salonkritik.net/">
        <![CDATA[<p>Originalmente en <a href="http://falladecortante.blogspot.mx/2012/04/tony-orrico.html">falla de cortante</a></p>

<p><a href="http://salonkritik.net/10-11/orrico01.jpg"><img alt="orrico01.jpg" src="http://salonkritik.net/10-11/orrico01-thumb.jpg" width="400" height="266" /></a>"…sucede, tras un cierto tiempo, un espacio bidimensional, como un cuadro sin límites ciertos que formara un ángulo muy pequeño con el plan de tus ojos, como si reposase, no del todo perpendicularmente, sobre el puente de tu nariz, cuadro que, en principio, puede parecerte uniformemente gris, o más bien neutro, sin colores ni formas, pero que, rápidamente, sin duda, resulta poseer al menos dos propiedades: la primera es que se oscurece más o menos según cierres con mayor o menor fuerza los párpados como si, más precisamente aún, la contracción que ejerces sobre el trazo de tus cejas cuando cierras los ojos tuviera el efecto de modificar la inclinación del plano en relación con tu cuerpo, como si el trazo de tus cejas formase el eje, y, por consiguiente, a pesar de que esta consecuencia no parezca demostrable sino por la evidencia, el de modificar la densidad o la calidad de la oscuridad que percibes; la segunda es que la superficie de este espacio no es regular en absoluto, o más precisamente, que la distribución, el reparto de la oscuridad no se realiza de manera homogénea: la zona superior es manifiestamente más oscura, la zona inferior, que te parece la más cercana aunque ya evidentemente las nociones de cerca y lejos, alto y bajo, delante y detrás, han dejado de ser del todo precisas, es mucho más gris, es decir, no mucho más neutra como crees al principio, sino mucho más blanca, y por otro lado contiene…"[1]</p>]]>
        <![CDATA[<p>no sé qué se pensará cuando uno decide iniciar un texto propio citando de tan larga y precisa manera las palabras de otro. y sin embargo, resulta imperioso hacerlo ahora, si quiero pretender que todos aquellos quienes no estuvieron ese sábado en el patio interior del munal, puedan medianamente compartir el despliegue pictórico-corporal que el artista/bailarín/coreógrafo tony orrico mantuvo aconteciendo entre su cuerpo, el papel y nuestra respiración durante casi cinco horas. </p>

<p>partiré de un punto de visibilidad confusa y movimiento restringido como se sentía estar a un lado de orrico sobre el piso, escuchándolo trazar con los carbones en ambas manos, respirar entre cambios y esforzar desde el cuello la mirada. y sucede, me doy cuenta ahora, que este punto de visibilidad confusa y movimiento restringido no es distante del que se suele partir cuando se escribe. de varias maneras, lo han dicho grandes ‘escribientes’ (que no escribanos) como roland barthes; jacques derrida y edmond jàbes; es todo el cuerpo en estado de tensión y ansiado rendimiento el que anticipa la palabra. así, intentaré situar al lector en equidad de circunstancias con el artista que dibuja con carbón lo que sus brazos alcanzan, encuentran, repiten, reconocen y resisten desde el espacio que el cuerpo deja para sí cuando interactúa con una superficie plana y blanca colocada sobre el piso bajo el intenso rayo del sol de abril en la ciudad de méxico. intentaré también hacerle compartir lo que el cuerpo expectante sentía crecer dentro de sí con cada pequeño movimiento del ritual dibujante al que muy pronto se sentía compelido, llamado, comprometido y seguro de no querer dejar-ir. </p>

<p>regresemos entonces a este punto de visualidad incierta capturado astutamente por georges perec para describir un espacio, por igual, cambiante a ojos vista. ese sábado, sobre ese gran papel de pulcro e intenso fulgurar, orrico intentaba abrir y cerrar los ojos con esa misma insistencia lúcida con la que perec iniciara ese, entre sus libros, escrito hace casi 50 años. paradójicamente, este libro que cito para explicar el acontecer de orrico, llamado un hombre que duerme, se dice que es el inicio de los ‘bartlebys’ –aquellos sujetos que de un día para otro deciden a todo responder ‘preferiría no hacerlo’ sin motivo aparente para su asumida ineficiencia. quiero creer que en alguno de esos instantes insolados de pupila lacerada, orrico quiso decir para sus adentros la anhelada y temida frase de todo aquel que cuesta arriba se detiene a pensar dos cosas: 1) cómo fue que llegó hasta ahí; y 2) cuanto será y cómo hará para soportar lo que le falta para llegar a la cima. y sin embargo, orrico, respirando en calma, balanceando rítmicamente los brazos a sus costados; siguiendo el ligero rebote de los golpes de carbón sobre el patio que iban dejando las trazas de los círculos más pequeños; contrayendo para extender la espalda y las piernas al ansia de continuar con los círculos más amplios; resistiendo la tensión desde el cuello hacia las rodillas y los talones desnudos; orrico siguió dibujando, como si aún después de todo ese tiempo siguiera en busca de los diámetros casi-perfectos que su cuerpo traduce en ciclos.</p>

<p>seguramente habrá quienes todavía desconocen la obra de tony orrico; quizá menos los que tuvieron la fortuna de verlo creando uno de sus dibujos ambidiestros (penwald drawings, como nombra a esta serie) en la saturada y sobrevaluada 'semana-maco'. el asunto es que, realmente, si no se conoce del proceso que les ha engendrado, los dibujos terminados –por seductores que resulten a la mirada táctil– no resuelven el enigma que el cuerpo ajeno alcanza a entrever más allá de la (a)simetría tan hospitalariamente humana que portan por fachada. y para verles-sin-verlo, tampoco serviría saber que como bailarín orrico ha formado parte de compañías tan reconocidas como la trisha brown dance company y shen wei dance arts; pues lo que sucede cuando orrico se mueve sobre el papel para dejar por huella los trazos de su cuerpo móvil tampoco corresponde a un ejercicio dancístico. ese sábado parecía que lo que pasaba con el hombre de las manos de carbón tenía más que ver con una forma de negociación y compromiso entre el cuerpo y una no-mirada que parecía empeñado en recordarse a sí mismo la condición de (no)ejercerla, una y otra vez. </p>

<p>debe ser claro para cualquiera entender que no es fácil dejar de ver cuando se está seguro de que se tiene la facultad de hacerlo; cuando se está seguro de que el par de ojos que portamos son la mejor herramienta que tenemos para asimilar lo que tenemos enfrente. este ha ser uno de los primeros riesgos/retos con los que orrico se enfrenta en sus dibujos. no sólo porque suceden a tan corta distancia de tan amplia extensión que para cualquier ojo o lente sería imposible capturar del centro hacia sus bordes; sino porque en estos actos dibujísticos, lo último que pudieran ver (y verán) los ojos, es lo que las manos dibujan. ceder ante ese necio impulso por estar-viendo-mientras-dibuja implicaría para orrico no sólo una pérdida de concentración posiblemente irrecuperable, sino y sobretodo el peligro de restar de sí el ritmo del trazo que sabe y disfruta su no-videncia. ésta es, debe ser, una de las negociaciones más apremiantes que el artista(y su mirada) debe hacer con su cuerpo(bailarín). </p>

<p><br />
salvado el impulso, vencida la claridad y asumido el velado contacto de los ojos (casi siempre abiertos) con el papel, orrico se alimenta de una desbordante ligereza. y es esa ligereza traducida en libertad la que demuestra su cuerpo, a veces pareciera incluso envidiabemente segura de sí, cuando entre-trazos y sobre ellos gira y se extiende y se contorsiona y rebota y se vuelve a tender sobre los puntos de tensión geométrica (im)precisa que su posición va determinando en equilibrio reiterado y dialogada locación al ir haciendo los círculos en los que va dejando, uno a uno, el contacto residual de sus movimientos. resulta perfectamente evidente, cuando se está en co-presencia de ese cuerpo-dibujando, que sobre la textura izada de la duda, llega temprano un instante de reconocimiento donde el cuerpo se sabe habitar; es ese momento, revelado por el ritmo de la tímida y consistente sonoridad de los brazos batiendo y rozando una superficie antes neutra, cuando el cuerpo respira la (a)temporalidad misma de su potencia. es entonces cuando se invisibiliza en escucha el compromiso que el primer trazo había ya sellado. ese compromiso que reconoce como única arma, defensa y resistencia, el fruncir de las cejas en un intento, acaso vano, por mediar el exceso de luz que entra y la memoria de los gestos que escapan. </p>

<p>sucede todo en ese instante siempre repetido, recuperado, redimido, cuando el cuerpo se arrodilla, que se reconoce la futilidad de las mediciones, los cálculos, las previsiones, los referendos. en ese entrecerrar de una mirada decidida a dibujar-lo-que-no-ve, se transforma el mundo. el cuerpo, transfigurado, recupera su ser trazado… historia, destino. el pensamiento desnudo por sobreexposición y palpable inadecuabilidad, se deja prensado entre las primeras vértebras cervicales; deshabilitado el peso de su condición-guía, durante las horas que dura el cuerpo en carboncillo, se atreve a no insistir.<br />
cuando llegué al museo ese sábado, le comenté al joven en taquilla que venía a ver el performance de tony orrico. “se ve mejor desde el pasillo del primer piso” –me dijo con entera seguridad. yo le hice caso y subí directamente, sin pasar por el patio donde ya estaba orrico colocándose en el primer centro de círculo que demarcaría su ser arrodillado. calculo que las primeras dos horas las ‘vi’ desde arriba; obteniendo sí, una vista general perfecta del sentido y progresión de la pieza en su ordenamiento sucesivo en respuesta a los movimientos de un cuerpo ágil y esbelto. me dejé embrujar por los sonidos rebotados sobre el mármol del ritmo que cada tanto generaban ambos brazos ‘dejados ir’ a los costados, haciendo líneas nunca-uniformes y en cierta forma idénticas. a orrico sólo lo veía de espaldas y seguía el calor del sol sobre su nuca. sentía aún a distancia, la tensión en los pies y en la cadera cada vez que se preparaba para girar in extenso, brazos abiertos en circunferencia total. el hombre perfecto de leonardo acudía atmosférico, inevitable. desde arriba, el sentido ‘completo’ en formación y contexto de la obra era totalmente visible, ‘maniobrable’ incluso; el espectador dispuesto a la distancia de una vista en picada veía lo que quería ver: todo ese plano extendido y creciente que el artista no veía. cuando entendí los abismados ‘dones’ de esta condición-a-distancia y su precio fue que bajé.<br />
una vez en el patio me senté a la orilla del gran cuadro de papel. orrico iba y venía, lentamente, entre ángulos, situando su cuerpo hincado en sentido reflejado a sí, una y otra vez. a veces tan cerca que hubiera podido escuchar la concentración de su latir. fue entonces, apenas, que empecé a escuchar su acompasada respiración; y noté el esfuerzo por no-ver que buscaba tímidamente de un lado a otro su cabeza postrada. sólo desde ese mismo plano desde el que soportaba la tensión de su cuerpo el trazo pude escuchar el susurro del abdomen rozando el papel cuando el artista se extendía y contraía entre el estar arrodillado y el estar por completo tendido.</p>

<p>hasta ese momento comprendí que el tiempo de la obra no era aquello que se iba gestando sobre el papel completando la secuencia de sus movimientos circulares y que con tanta claridad podía irse leyendo desde el pasillo perimetral del primer piso; a pesar de verla perfectamente no estaba, no estuvo nunca ‘ahí’ la obra mientras fue tiempo, sino en la creciente marca de grafito que fue poco a poco inundando los antebrazos, el canto de las manos y los dedos de los pies de un bailarín que dibuja cuando se mueve. sólo entonces aprehendí por primera vez lo que tantas veces he reflexionado e incluso citado de memoria de los estudios del sinólogo suizo jean-françois billeter al comprender de lleno, en cuerpo vivo, el proceso de la caligrafía china como experiencia de integridad vital, ese ‘cuerpo-propio’ al que sólo accedían verdaderamente algunos calígrafos en su hacer; ese estar completamente compenetrado del cuerpo y la acción sucediendo. <br />
 <br />
y eso era justamente lo que tenía a un lado mío, durando entre mi respiración y su presencia sobre un piso de recinto entre los cuatro flancos de uno de los edificios históricos más apabullantes del centro de la ciudad de méxico. a esto se refería billeter; de esto ha hablado en silencio, durante siglos, el taoismo; eso fue lo que condensó barthes en su autobiografía al terminarla con el esquema del ser fibroso –nada sino impulsos vitales recorriendo el cuerpo hasta la punta de los dedos para hacerse inscripción –ser el trazo en la mano, hacerse en cuerpo-grafía.</p>

<p>aquello que tony orrico nos ofrendó durante el desandar de una tarde, no fue sino el acontecer expuesto de su cuerpo-propio. confesando una a una sus batallas entregadas en registro de una secuencia de círculos imbricados dejando en ellos el esfuerzo, impulso, insistencia, decisión, debilidad y cansancio; dejando en ellos suceder su cuerpo. </p>

<p>[1] Perec, Georges. <em>Un hombre que duerme</em>. Madrid: Impedimenta. 2009 (1967) pp. 11-12.</p>

<p>----------------</p>

<p>tony orrico (re)creó su dibujo penwald 8 en el ‘patio de los leones’ del museo nacional de arte invitado por la iniciativa curatorial marso el sábado 21 de abril entre 1 y 6 pm | una exposición de sus dibujos y registros de proceso puede visitarse actualmente en el polyforum siqueiros.</p>]]>
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    <title>Ensayo final para utopía - M. Martí Freixas</title>
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    <published>2012-04-24T09:43:02Z</published>
    <updated>2012-04-24T10:12:27Z</updated>
    
    <summary>Originalmente en Blogs &amp; Docs Respirar, filmar, respirar, filmar, respirar… Cuesta valorar la nueva película de Andrés Duque con los parámetros corrientes, “película buena” o “película mala”, pues es más una experiencia, unos trazos de vida, que una película en...</summary>
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        <name>mariaVirginia Jaua</name>
        
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            <category term="| :: cine :: |" />
    
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://salonkritik.net/">
        <![CDATA[<p>Originalmente en <a href="http://www.blogsandocs.com/?p=2270">Blogs & Docs</a></p>

<p><a href="http://salonkritik.net/10-11/duqueensayofinal6.jpg"><img alt="duqueensayofinal6.jpg" src="http://salonkritik.net/10-11/duqueensayofinal6-thumb.jpg" width="400" height="225" /></a><br />
 Respirar, filmar, respirar, filmar, respirar…</p>

<p>Cuesta valorar la nueva película de Andrés Duque con los parámetros corrientes, “película buena” o “película mala”, pues es más una experiencia, unos trazos de vida, que una película en el sentido habitual de la palabra, la cual el realizador transgrede, amplia, propone variantes. Como película-experiencia es un reto fascinante, hechizador, que apetece vivir varias veces: es como una inmersión onírica, un viaje en un mundo de sensaciones y emociones (tristeza, desubicación, libertad) transmitidas con imágenes. Ensayo final para utopía (<em>Dress Rehearsal for utopia</em>, 2012) tiene también una sinopsis, como la mayoría de las películas, pero también podría no tenerla pues el “argumento” es sobrevolado. En todo caso, es esta: el realizador viaja a Mozambique, donde encuentra compañeros y busca cine de la época revolucionaria, y en un periodo de tiempo cercano al viaje, un ser muy querido, su padre, se encuentra en el tramo final de su vida.</p>

<p>Con un hilo narrativo muy libre el espectador tiene la sensación de que <em>Ensayo final</em>… podría seguir cuando esta acaba. Si termina es por la voluntad o la necesidad del cineasta de mostrar el material, las vivencias de una época. Pero el flujo de imágenes-poema-diario no contiene en su origen una delimitación prevista con anterioridad. Cuando fue grabado el material (la mayoría de él con un Iphone, algo esencial para el espíritu del proyecto) no estaba pensado para ser insertado en ningun esquema preconcebido, se filmó con la misma actitud que uno anda, habla, respira o simplemente vive. Algo semejante sucede con los diarios filmados de Joseph Morder, muchos de ellos inéditos, que se hacían con la sencillez del respirar y la super8 preparada en el bolsillo, trazos de vida que algun día son compilados y pasan a denominarse “películas”, y otras veces no. Es también una actitud semejante a la de Jonas Mekas (<em>As I was moving ahead ocasionnaly I saw brief glimpses of beauty</em>, 1964, <em>Scenes from the life of Andy Warhol</em>, 1990, <em>Happy birthday to John</em>, 1996, y otras) compilaciones de fragmentos de su cotidianeidad, recuerdos que aparecen en un fragmentos de celuloide, reaparecen y se repiten en otros años después, o quedan sin revelar en bobinas almacenadas.</p>]]>
        <![CDATA[<p>Pandora.mov</p>

<p>Su primer largometraje <em>Color perro que huye</em>, realizado apenas hace un año, fue un giro en su obra, sin llegar a ser una ruptura. Por primera vez, el autor, su cuerpo, tomaba en la película un rol de hilo conductor, el motor por el cual avanzaban las secuencias. En <em>Ensayo final</em>… continua en esta senda física, presencial, una subjetividad que ya era una constante en toda su filmografía pero hasta la fecha su “yo” estaba más escondido. En estos dos largometrajes observamos también como sus temas principales se siguen hilvanando: la atracción por lo outsider (Ivan Z, 2004) el hombre perdido en tierras apátridas (de nuevo Zulueta o <em>La Constelación Bartleby</em>, 2007), lo ritualístico (<em>Paralelo 10</em>, 2006) o algunas apariciones personales (No es la imagen es el objeto, 2008). Pero, sobretodo, las relaciones intuitivas de apariencia racional inconexa, “un sendero que lleva desde la perplejidad y la extrañeza a la asunción de la existencia de otras lógicas posibles que se conforman a partir de conexiones inesperadas” (1) encontrables en los films citados y todos los demás.</p>

<p>Este giro hacia lo más “diarístico” empezó con la caída de un puente y un hospital. <em>Color perro</em>… da entrada a un “diario” (2) intermitente de su pasado, la de una alma errante entre Venezuela, Barcelona y tierras de nadie. El accidente que le deja postrado en cama le ofrece la quietud necesaria para bucear en todo el material filmado durante años, dar forma a esa película que estaba creciendo de manera latente en su ordenador, abrir la caja de Pandora. En Ensayo final… es un pequeño dispositivo, pero ya sensual y hechizador, el que nos abre la puerta a su intimidad: sentado frente a una ventana, fumando, el Sol en su cara, un colega entra y la pregunta por su estado de ánimo. Duque responde: “Estoy triste porqué…” y la respuesta se funde. Este lamento inconcluso será la única frase que pronuncia el realizador en todo el film y el punto de partida del viaje. El chico empieza a bailar, la sombra de su cuerpo en la pared, un círculo de luz anaranjada parpadea… El raciocinio de sus problemas y sufrimientos no será expuesto verbalmente, será expresado por este “flujo seductor” de imágenes que nos aguardan en los setenta minutos posteriores.</p>

<p>Lu(cide)z entre la vida y la muerte</p>

<p>Duque filma de un modo intuitivo, irracional. No filma de un “modo mental” sino emocional incluso sexual, enamorado y atraído por el entorno que lo rodea, seres queridos, rostros, cuerpos. No hay una voz ni una intención reflexiva (como si la encontramos en Mekas, Morder, Perlov, McElwee) que ejerza de moderador mental entre el proceso de filmación y el montaje final. Da forma a sus sensaciones en una acción inconsciente con una actitud que tiene algo de freudiano. Y monta estas secuencias también de modo intuitivo, como si fuera capaz de usar las insólitas pero lúcidas conexiones del subconsciente. El montaje está lleno de (posibles) asociaciones relacionadas con los espacios (un viaje en barco en África / sus padres visitando un acuario), los rostros, las miradas, los cuerpos, los movimientos (el avance de la góndola en Venecia / el realizador con sus padres en un museo, navegando entre vitrinas). También percibimos este proceder en el montaje del sonido, donde las apariciones de  retazos de canciones o frases de películas, de golpe y en momentos inesperados, emergen con el mismo efecto sorpresivo que un olvidado recuerdo aparece de un rincón de nuestra mente.</p>

<p>Quizá el enlace más significativo para la película es el limbo que encontramos entre la secuencia del fallecimiento y la de los brincos congelados de los ciudadanos. Contrasta la tristeza del final de un camino, la pesadumbre de ese ambiente post-mortem, con la divertida vitalidad de lo cotidiano, como un entresueño entre el más allá y lo vivo (3). Hay muchas otras relaciones más abstractas o imperceptibles para la razón, uniones deslizadas suavemente entre secuencias de orden atemporal, que quedan en manos del espectador su interpretación o su no-interpretación, quizás sólo se trata de un sencillo “dejarse llevar”.</p>

<p>Utopías de Ohio a Mozambique</p>

<p>Todas estas bellas secuencias, que impregnan de sentimientos nuestras retinas, tienen en común haber sido filmadas en su mayoría con un Iphone, algo que en este caso no es ni una banalidad ni una moda. La proximidad, la sensorialidad, lo físico de todo este proyecto, es en gran medida por este hecho. Duque puede observar, bailar, juguetear, experimentar con el móbil, con una libertad y un sigilo que ni una cámara pequeña le daría. Los recursos investigados con el Iphone, uso frecuente de cuerpos a contraluz, filmación de sombras (así como efectos posteriores, ralentizados en algunas secuencias, alteración de algunos colores, amarillentos, verdosos) conducen el proyecto también hacia esa tonalidad onírica. En este sigiloso viaje sin brújula quizás el realizador busque también un mundo que pide ser mejor, en unas revoluciones soñadas y perdidas, en un cine hecho con el respirar, con la palma de la mano y al margen de la industria. Como mínimo, esta última utopía, que también lo fue de Coppola (4), cada vez parece más cercana a la realidad.</p>

<p>Andrés Duque es uno de los realizadores de cine más brillantes que hay hoy en día en España. En Ensayo final para utopía nos lo confirma. La sensorialidad e inolvidable belleza de sus imágenes, su transgresión de los conceptos clásicos del documental, del cine, la continua experimentación e innovación en sus proyectos y su estirpe independiente, su voluntad de seguir creyendo, pese a todo, en el cine como arte y espacio de creación, le convierten en un artista único en todo el país.</p>

<p><br />
(1) <em>Lógicas de lo inesperado</em>, Eulàlia Iglesias, <em>Cahiers du cinéma </em>– España, número 39, noviembre 2010.</p>

<p>(2) “Creo que ‘diario’ es quizás una mala definición, en parte que yo mismo fomenté sin querer, para encontrar una respuesta rápida a la pregunta ‘¿qué estás haciendo?’. No es ni un documental, ni una ficción, ni un ensayo. Lo entiendo como una forma libre de narrar lo que me había planteado, más que un diario podríamos decir que es un intento de construir una narración poética.” Entrevista amb Andrés Duque, M. Martí Freixas, <em>Decine</em>, abril 2011.</p>

<p>(3) Conceptos alrededor de la vida y la muerte, los que estamos aquí y los que están “allí”, fueron expuestos también por el autor en un trabajo anterior basado en reciclaje de material de internet. <em>Nosotros los vivos</em> (Andrés Duque, 2011).</p>

<p>(4) “Y de pronto, un día, una chica gorda en Ohio será la nueva Mozart y hará una película preciosa con la pequeña cámara de su padre y, por fin, toda esta profesionalización del cine será destruída para siempre, y el cine se convertirá en una forma de arte” Francis Ford Coppola en “Hearts of Darkness: A Filmmaker’s Apocalypse” (Fax Bahr, George Hickenlooper, Eleanor Coppola, 1991). Citado en <em>Realidad y creación en el cine de no ficción</em>. El documental catalán contemporáneo, 1995-2010, Torreiro, Casimiro (ed.), Madrid: Catedra 2010.</p>]]>
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    <title>Eremitas de cuarto - David García Casado</title>
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    <published>2012-04-22T06:47:19Z</published>
    <updated>2012-04-22T07:13:34Z</updated>
    
    <summary> 
Speeding motorcycle, won&apos;t you change me?
In a world of funny changes
Speeding motorcycle, won&apos;t you change me? 

La voz de Daniel Johnston suena en el cuarto acompañada de una básica melodía propia de un jingle televisivo o de una serie de dibujos animados, la banda sonora de las aventuras del fantasma Casper, por ejemplo, que es el alter ego de Daniel. Hay algo tan dulce en la canción, Speeding motorcycle, pero también tan psicodélico, algo que se agarra al placer de la suavidad sintética, onanista, de la manta del cuarto que nos protege de un mundo frío, adulto y sin música. 

En el cuarto están los juguetes, las imágenes, los instrumentos que nos permiten recrear la banda sonora de nuestros sueños más salvajes, que a veces son también los más inocentes, y pretender que nos comunicamos con nuestros ídolos musicales, aprendiendo los acordes y haciendo melodías sobre sus canciones. Crecimos con los ritmos infinitos de los casiotones y las guitarras que nos regalaron en la primera comunión, creíamos que seríamos capaces de vivir en la burbuja outsider de nuestros juegos mentales, de nuestros pequeños placeres, carentes de la agresividad reivindicativa de nuestros antepasados, inexplicables y tal vez inútiles como forma de protesta, pero protestas al fin y al cabo contra la aburrida asimilación de lo real. Para nosotros lo real era abrupto, intragable, como unas lentejas frías y sobre todo carente de imaginación. Los cantautores eran, son, ridículos narradores de un mundo al que nunca pertenecimos, los problemas eran sencillamente una forma de angustia repetida como amenaza permanente de nuestro mundo, de la adorable fragilidad de nuestra conciencia.</summary>
    <author>
        <name>mariaVirginia Jaua</name>
        
    </author>
            <category term="columna_salonK" />
    
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://salonkritik.net/">
        <![CDATA[<p><a href="http://salonkritik.net/10-11/arrebato.jpg"><img alt="arrebato.jpg" src="http://salonkritik.net/10-11/arrebato-thumb.jpg" width="380" height="253" /></a </p>

<p style="text-align:right"><em>Speeding motorcycle, won't you change me? / In a world of funny changes / Speeding motorcycle, won't you change me?</em></p>

<p>La voz de <a href="https://www.lacasaencendida.es/page/id-1-1143-0-102075-425201-102040-0.go">Daniel Johnston*</a> suena en el cuarto acompañada de una básica melodía propia de un jingle televisivo o de una serie de dibujos animados, la banda sonora de las aventuras del fantasma Casper, por ejemplo, que es el alter ego de Daniel. Hay algo tan dulce en la canción, <em>Speeding motorcycle</em>, pero también tan psicodélico, algo que se agarra al placer de la suavidad sintética, onanista, de la manta del cuarto que nos protege de un mundo frío, adulto y sin música. </p>

<p>En el cuarto están los juguetes, las imágenes, los instrumentos que nos permiten recrear la banda sonora de nuestros sueños más salvajes, que a veces son también los más inocentes, y pretender que nos comunicamos con nuestros ídolos musicales, aprendiendo los acordes y haciendo melodías sobre sus canciones. Crecimos con los ritmos infinitos de los casiotones y las guitarras que nos regalaron en la primera comunión, creíamos que seríamos capaces de vivir en la burbuja <em>outsider</em> de nuestros juegos mentales, de nuestros pequeños placeres, carentes de la agresividad reivindicativa de nuestros antepasados, inexplicables y tal vez inútiles como forma de protesta, pero protestas al fin y al cabo contra la aburrida asimilación de lo real. Para nosotros lo real era abrupto, intragable, como unas lentejas frías y sobre todo carente de imaginación. Los cantautores eran, son, ridículos narradores de un mundo al que nunca pertenecimos, los problemas eran sencillamente una forma de angustia repetida como amenaza permanente de nuestro mundo, de la adorable fragilidad de nuestra conciencia.</p>]]>
        <![CDATA[<p> Las canciones para nosotros no estaban hechas de palabras con sentido sino de frases que expresaban la fugacidad imperativa de nuestras necesidades “¿Qué puedo hacer?”, “Viaja por países pequeños”, “pon tu mente al sol”, “córtate el pelo”… soluciones que no lo son, porque adorábamos las preguntas y desconfiábamos de las soluciones; nos daban vergüenza ajena. La sabiduría de viejo no era aún para nosotros, la tuvimos que reconocer a fuerza de realidad. </p>

<p>Todavía somos eremitas de cuarto, inadaptados sociales salidos de una película de Harmony Korine, adoradores de las historias que hurgan en lo más sórdido, en lo siniestro freudiano, en las palabras más dulces pero que pueden llegar a asustar. Queremos vivir en el instante más salvaje, aquel que no nos obliga a ser, queremos ser cabezas borradoras. Devotos de lo fi y la insondable extensión de las partículas magnéticas. Felices cuando llueve porque el paisaje desde nuestro cuarto se convierte en más bello, más distante, realidad saturada, ruido blanco en el cristal de la ventana.</p>

<p><em>'Cause we don't need reason and we don't need logic<br />
We've got feeling and we're dang proud of it<br />
Speeding motorcycle…</em></p>

<p><em>Dedicado a Nacho</em></p>

<p><br><embed type="application/x-shockwave-flash" src="http://www.4shared.com/flash/player.swf?ver=9051" style="" id="ply" name="ply" quality="high" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="false" wmode="opaque" flashvars="file=http://www.southernshelter.com/dj2007-08-11/dj2007-08-11t12.mp3&amp;volume=50&amp;" height="20" width="200"><br></p>

<p><br />
* El miércoles pasado Daniel Johnston dio un concierto en Casa Encendida donde actualmente se presenta una exposición de su obra.</p>]]>
    </content>
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    <title>The Corruption in the Arts / the Art of Corruption - Luis Camnitzer</title>
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    <id>tag:salonkritik.net,2012://6.6037</id>
    
    <published>2012-04-20T09:48:26Z</published>
    <updated>2012-04-20T10:32:01Z</updated>
    
    <summary> Un día muy preciso, hace ya cuarenta años, comprendí cabalmente la obviedad de que la misma obra de arte que cumplía con mis propósitos como artista era, simultáneamente, un objeto comercial. Era todavía un estudiante de arte y en...</summary>
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    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://salonkritik.net/">
        <![CDATA[<p><a href="http://salonkritik.net/10-11/casa_xolotl.jpg"><img alt="casa_xolotl.jpg" src="http://salonkritik.net/10-11/casa_xolotl-thumb.jpg" width="300" height="400" /></a> Un día muy preciso, hace ya cuarenta años, comprendí cabalmente la obviedad de que la misma obra de arte que cumplía con mis propósitos como artista era, simultáneamente, un objeto comercial. Era todavía un estudiante de arte y en esa época se nos enseñaba hacer "arte" (académico y desconectado de la vida real) y no negocios, y el mercado me era tanto una utopía como la revolución social.</p>

<p>A pesar de la distancia de las ventas (no totalmente salvada hasta el día de hoy), desde el momento que me golpeó esa realización tuve pánico con respecto a la negociación de mi trabajo. No lo fue porque no me interesara el dinero, o porque considerara que mi obra era demasiado "pura" para el comercio. Era más debido a una vaga intuición y desconfianza de mis propias debilidades - algo alrededor del miedo a una contaminación de mi facultad de juzgar las cosas. En el caso en que llegara a vender una obra, nunca lograría certidumbres sobre las motivaciones que generarían la creación de la obra siguiente. Nunca sabría realmente si esa nueva obra, en caso de seguir por el camino de la obra vendida, sería hecha para repetir la venta o porque la investigación merecía ser continuada.</p>

<p>Desgraciadamente el problema no se limitaba a mis tribulaciones personales. La dicotomía comercio/arte en realidad también contaminaba las certidumbres sobre el objeto mismo. Planteaba las dudas sobre el respeto invertido frente a un objeto, sobre cual era la cuota de experiencia auténtica en relación a la intimidación producida por un precio y, en última instancia, sobre las causas de los fetichismos que gobiernan los gustos, las colecciones y los museos.</p>]]>
        <![CDATA[<p>Como estudiante, la percepción de esas contaminaciones se fueron extendiendo a situaciones más complejas. Por ejemplo, el hecho de que las señales indicativas de una identidad tienen un vida extremadamente corta luego de la cual mueren en el estereotipo. Esta fue una percepción que en una micro escala se me reveló al ver la obra repetitiva de los últimos años de Chagall. A una escala más grande y ya como adulto, el ejemplo claro fue dado por cierto arte latinoamericano que culminó en los años ochenta. En el caso de Chagall la estereotipación era consecuencia de una pérdida de sus facultades creativas. En el segundo era consecuencia de un proceso de generalización impuesto desde afuera. En ambas fueron producto del mercado.</p>

<p>Durante la década de los ochenta, el arte latinoamericano tuvo un vuelco hacia las artesanías locales. La cerámica, los textiles, el rusticismo (el uso del barro, paja, piedras y materiales desechables) tendieron a sustitutir el sello identificatorio que hasta entonces había sido dado al arte por el realismo mágico. El cambio fue producido por una confluencia de varios factores. Por un lado estaban las ideas (más que las obras mismas) del "arte povera" o, si no más, las fértiles evocaciones generadas por el nombre. Por otro, fue la conciencia de la relación centro/periferia en el campo artístico. Después de las batallas perdidas en el campo político durante las décadas anteriores quedó el intento de seguir la lucha en forma artística. Finalmente, por esa época se renovó un interés en la búsqueda de las raíces culturales - nacionales o continentales.</p>

<p>Lo que empezó como una búsqueda colectiva de identidad fue rápidamente absorbido por el mercado internacional como una identidad realizada. Lo que era no más que un proceso de tentatividad, fue congelado en una forma. Fue una maniobra inteligente, porque lo que había surgido como una respuesta a una necesidad local pudo, así, ser insertado en el mercado como una categoría separada. Constituía una categoría no competitiva y, a pesar de ello, comercializable. Y aún mejor, coincidía con una estética avalada por la exposición de "Primitivismo" del Museo de Arte Moderno de Nueva York en 1984.</p>

<p>El proceso de estereotipación fue ganando en complejidad durante los últimos años. Con una nueva red de galerías locales económicamente fuertes y una proliferación de ferias de arte en Latinoamérica, el mercado internacional dejó de actuar unicamente desde lejos, y se superpuso a la periferia. La retroalimentación de la transformación de identidad en estereotipo se hizo aún más inmediata que en el sistema más polarizado del pasado.</p>

<p>La transición de la identidad al estereotipo desgraciadamente no es reversible. En el mismo momento en que el artista preocupado por un arte de identidad, comunitario o regionalista es comercializado, su arte pasa a ser estereotipo y pierde su fuerza comunicativa colectiva inicial. El recurso artístico sobre el que se basa su obra pierde efectividad y tiene que ser descartado para dejar lugar a nuevos recursos, o tiene que ser reapropiado en tal forma que el estereotipo vuelva a ser refrescado y útil. Esta reapropiación es difícil y generalmente va mediada por períodos de tiempo relativamente largos (el estereotipo tiene que llegar a ser identificable como tal y sus elementos des-internalizados).</p>

<p>Uno de los vehículos posibles más inmediatos y efectivos para esta reapropiación es el humor y la ironía, los cuales, al exponer el proceso, abren las puertas para la reutilización de ciertos recursos. El artista colombiano Nadín Ospina trató de resolver el problema creando versiones precolombinas de la familia Simpson. Las esculturas son ejecutadas por falsificadores profesionales de piezas arqueológicas en forma suficientemente precisa como para confundir los esquemas culturales de arqueólogos en siglos venideros. Una exposición reciente de tres artistas latinoamericanos: José Bedia, Carlos Capelán y Saint Clair Cemin, ofreció un ejemplo en el cual en lugar de obra se utilizaron las relaciones públicas. Los artistas, concientes de las dinámicas descritas, escribieron un comunicado de prensa sardónico declarando que "Después de largas discusiones y autoanálisis hemos llegado a la siguiente conclusión: somos 'artesanos' y por lo tanto nuestra actividad será concebida como la 'artesanía' propia de nuestra profesión. [...] En este caso nuestra condición de latinoamericanos nos permite introducir una nueva brisa creativa en la producción artesanal occidental, la cual carece de la 'irradiación espiritual' y de lo 'intangible', resultando hoy aún más codificada que el objeto más 'perfecto'. [...] A Uds., este paquete artesanal típico de nuestra condición caníbal, pobre y periférica, pero completamente personal."<br />
Lo interesante del caso fue que la muestra, que fuera organizada privadamente por un galerista para coincidir con la 46a. Bienal de Venecia, fue promocionada bajo el título de "Artesanía de la Periferia". También fue notable el hecho que el título fue creado por el galerista y no por los artistas. Así, lo que había comenzado como ironía volvió al estereotipo.</p>

<p>No es casual que todo esto - tanto por el lado del galerista como por el de los artistas - se haya efectuado en el contexto de una bienal internacional. Hasta mediados de la década de los ochenta estas bienales no vacilaban en presumir en que el arte es uno, universal y con valores homogéneos. La ecuación de arte-comercio y arte-hegemonización no eran todavía el blanco de desafíos serios. En 1984 se inauguró la Primera Bienal de la Habana, comenzando así una nueva serie de muestras institucionalizadas diseñadas, mal que bien, para crear una caja de resonancia específica para el arte de la periferia.</p>

<p>A distancia de una década, la Bienal de la Habana fue la más ambiciosa, experimental (con respecto a su propia estructura), y más claramente preocupada por los temas de la marginalidad. La parte de exposición de obra fue puesta en un contexto de discusiones y de actividades culturales con la idea general de lograr un foro para el intercambio de ideas para los artistas del Tercer Mundo (aún cuando no se lograra precisar quien pertenece y quien no a este mundo). En sus cinco versiones, la más reciente en 1994 [1] , la Bienal se fue afirmando en el ámbito internacional como el lugar de presentación de aquel arte que generalmente es invisible en el mercado hegemónico.</p>

<p>El proyecto de la Bienal no fue puramente filantrópico e idealista. La imagen de Cuba se promocionó efectivamente y el arte cubano, hasta entonces prácticamente desconocido en el resto del mundo, comenzó a circular rápidamente. El turismo artístico creció en progresión geométrica de bienal en bienal, incluído el proveniente de los Estados Unidos, desafiando las múltiples prohibiciones del embargo. Con el progresivo éxito de la Bienal, las galerías internacionales comenzaron a enviar sus exploradores. Era claro que la Bienal era el lugar para identificar nuevos talentos a bajo precio, un abastecedor de material rejuvenecedor para el mercado. En una de las mesas redondas de la V Bienal, fue precisamente ese comentario el que el galerista norteamericano Alex Rosenberg usó para elogiar a la Bienal. Fue también un consejo que el coleccionista alemán Peter Ludwig había puesto en la práctica un par de años antes, cuando adquiriera prácticamente toda la exposición "Kuba O.K." que se hiciera en Düsseldorf. [2]</p>

<p>Las ecuaciones arte-comercio y arte-hegemonización, por lo tanto, comenzaron a desplazar los ideales iniciales de la Bienal. Es así que el éxito de la Bienal de la Habana también simboliza su muerte y obliga a una seria revisión estructural. [3] Los dilemas de la Bienal sintetizados en un ¿es posible utilizar a Peter Ludwig sin ser utilizado por él? provocados por su ofrecimiento de dinero para enmarcar obras en la Bienal, se repiten para Cuba entera. [4] Abel Prieto, presidente de la Unión de Escritores y Artistas Cubanos, frente a la intimación de que Cuba estaba haciendo concesiones, no solamente al capitalismo sino también al neo-liberalismo, recientemente respondió: "Estamos transitando en sentido contrario de los esquemas clásicos del neo-liberalismo: El estado cubano se asocia al capital extranjero, pero con el fin de generar y redistribuir los beneficios con un principio socialista. Apelamos a ciertos instrumentos capitalistas para poder sobrevivir, pero no despojamos al Estado de su capacidad de actuar sobre los procesos económicos." [5]</p>

<p>Tenemos así, con todo lo anterior, tres casos representando el mismo problema, uno individual, uno colectivo y uno institucional (y nacional). En otras épocas, como la mía personal citada de hace cuarenta años, todo lo que se percibía como corrupción se enfrentaba en una forma maniqueista. Esta percepción extremada de las cosas generaba las interminables trifulcas estudiantiles sobre el fin y los medios durante mi juventud. Hoy el asunto se ha convertido en algo más borroso, complejo y frágil: se trata del problema - traduciendo la cita de Prieto a su esencia - de "como utilizar la corrupción sin corromperse".<br />
El dilema no tiene solución y, como consecuencia, me armé una estructura moral que terminé denominando "cinismo ético". La esencia de esta posición se basa en la idea de que prostituirse a sabiendas es mejor que prostituirse inconscientemente. En el primer caso es estrategia, en el segundo es corrupción. Como una estrategia me sirve para identificar la línea que se está por cruzar y por lo tanto me permite, hasta cierto punto, la reversibilidad del acto. Limitándose a ser una corrupción producto de la inconsciencia, el acto se ve forzado a desembocar en una retórica justificativa, sin la posibilidad de que uno pueda asumir la responsabilidad de la decisión.</p>

<p>La ventaja del uso de la estrategia es que permite un análisis de las condiciones. Entre esas condiciones, permite la utilización de aquellas que pueden llevar a la implementación de una ideología, aún cuando ésta pueda parecer contradicha por los pasos tomados para instrumentarla. Pero esta frase que acabo de escribir es realmente terrible, porque lo que termina afirmando es que el fin justifica los medios. Y aquel día en que comprendí que el objeto de arte también es un objeto comercial, la iluminación había venido de la creencia profunda en lo opuesto: de que el fin jamás puede justificar los medios.</p>

<p>Los cuarenta años transcurridos no borraron mi ideología de entonces, pero sí me aclararon que hay una diferencia seria entre mis creencias utópicas y puras y la realidad en que vivimos. Con el "cinismo ético" logré, al menos, fabricarme la ilusión de que puedo seguir manteniendo mis ideas puras o que, por lo menos, las puedo identificar. Esa pureza (o, desde algunos puntos de vista, ingenuidad) incluye varias creencias que todavía tratan de guiar mi pensamiento. Una es que el trabajo artístico individual es incidental y que la cultura es un proceso colectivo. Otra es que la comercialización es lo que subraya el mito individualista. Y aún más allá, que es la comercialización la cual manipula y distorsiona las funciones de las artes nacionales de ser originalmente expresiones comunales a convertirse en expresiones chovinistas. Y, finalmente, que es la comercialización quien, en el campo artístico, convierte la polaridad centro/periferia en una relación de poder.</p>

<p>Estas constataciones me fechan irremediablemente en un pasado lejano, pero particularmente la última parece, además, estúpidamente banal. Decir que la relación centro/periferia es una de poder es una declaración tautológica, ya que precisamente es la relación de poder la que generó la nomenclatura. Pero lo que es una obviedad para los intercambios bélicos, políticos y económicos (y también para los intercambios artísticos en la medida en que sirven a los anteriores), lo es menos para el campo artístico discutido aisladamente.</p>

<p>Es menos obvio porque, en primer lugar, las discusiones sobre arte se concentran, todavía, en la "calidad" del objeto en lugar de la escala de valores que determina esa calidad. En segundo lugar, porque presumen que si la calidad es legible, transferible, y válida en el nivel hegemónico, lo es también en la periferia y, en menor grado pero también, al revés (en este caso la ilegibilidad muchas veces es atribuída a una falta de calidad). En tercer lugar, las discusiones no diferencian entre función cultural y función comercial. Cuando se habla de crisis en el arte, se habla simultáneamente de crisis formal y comercial en el mercado hegemónico. [6] Todo esto es para proyectar una imagen del arte como una actividad incontaminada, de carácter universal, eterno y absoluto. Es así que los elementos identificatorios culturales regionales o comunales pasan a ser atributos formales en lugar de comunicativos. Pasan a ser una parte del envoltorio artístico en lugar de permanecer como un elemento intrínsico de la comunicación. De acuerdo a la escala de valores que determina la calidad, el envoltorio artístico tiene que presumir de ciertas aspiraciones de eternidad. Así, como la comunicación local está sujeta a parámetros temporales variables y pasajeros, el "regionalismo" no serviría a menos que contribuya elementos formales al arte hegemónico. Se establece así un semi-respeto hegemónico por el arte periférico.</p>

<p>Si los efectos de esta relación de poder consistieran solamente en la aceptación de cierto arte periférico en el mercado hegemónico y en la comercialización de sus productos comerciabilizables, el tema no merecería mayor discusión. El otro arte, el dirigido culturalmente a su público local, podría continuar con su función sin tropiezos. Pero las disyuntivas referentes a la corrupción discutidas a nivel individual también operan a nivel colectivo. Los elementos identificatorios, una vez digeridos por el mercado como un elemento formal, retornan a la periferia como un reflejo enviado por un espejo autoritativo y autoritario. A nivel colectivo, la adopción de ciertos recursos "reflejados" en ese espejo impide determinar si se está confirmando un estereotipo con un potencial comercial o si se está consolidando una identidad.</p>

<p>Las opciones viables parecen cada vez más limitadas y las cooptaciones y estereotipaciones cada vez más rápidas, fuertes y, desgraciadamente, inteligentes. El neo-conservatismo había ya logrado el desprestigio de muchas posiciones progresistas simplemente estereotipándolas con el término de "políticamente correcto", término que, paradójicamente, fuera creada burlonamente por la propia izquierda norteamericana y que resultara su primera víctima. Un término de aparición más reciente, esta vez aplicado más directamente a las artes, es el de "arte de víctima". Fue popularizado por una crítica de danza norteamericana, Arlene Croce, en referencia a la pieza de ballet de Bill T. Jones "Still/Here" (creada alrededor del tema del SIDA) para justificar su no asistencia al espectáculo. [7] En su artículo Croce trató de separar el voyerismo de la crítica, la queja de la expresión, la terapia de la creación. A primera vista, esta tarea parece encomiable y necesaria. Croce sintió que Jones la forzaría demagógicamente a tener compasión por las víctimas del SIDA -quienes son entrevistadas y actúan en la pieza- y con eso invalidarle la posibilidad de un juicio crítico.</p>

<p>Croce, implícitamente, trató de mantener su propia escala de valores (y su definición del arte) intocada por el contenido. Habla de "arte de víctima" como "una versión politizada de la extorsión a la que apelan creadores, incluso grandes creadores como Chaplin en sus momentos de mayor autocompasión", y termina su ensayo diciendo que "solamente el narcisismo de los noventa pudo poner el yo en el lugar del espíritu". A los seis meses de existencia, el término "arte de víctima" ha puesto toda expresión artística política o representante de alguna mínoría (o mayoría) moderadamente oprimida, en un contexto de autocompasión y de explotación sentimental. Logró una redirección política de la percepción del arte de una efectividad como pocas obras lo han logrado en toda la historia del arte. Que a Croce se le escape la posible necesidad de una redefinición del arte que pueda acomodar a ambos, ética y estética, parece un hecho incidental y secundario dentro de su ideología. Una vez más la necesidad de cambio y el cambio mismo son denominados "crisis".</p>

<p>Croce, dentro de sus limitaciones, trata de mantener sus escalas de valores claras y separadas. En ese sentido representa, dentro de lo que podemos llamar una ideología hegemonista, una posición tradicionalista y conservadora. La posición de Croce se enfrenta, dentro de ese mismo hegemonismo, a una tendencia mucho más confusionista. Es la posición paradigmáticamente representada por las campañas publicitarias de Benetton. Las escalas de valores teóricamente incompatibles, arte-causas ideológicas en el caso de Croce, arte-comercio en partes de esta nota, todas confluyen completamente hacia un total integrado en la obra publicitaria de Benetton, la cual parecería tratar de validar el "arte de víctima". La integración es tan exitosa que todavía no he encontrado ningún texto con una estructura teórica coherente capaz de desarticular lo que algunos llaman "benettonismo" sin destruir las propias posiciones desde las cuales pueda partir esa teoría. Por suerte Benetton todavía no ha tenido la idea de invitar a artistas "políticos" para la producción de avisos para su campaña. El día que lo haga, estos artistas tendrán dificultades para rechazar la oferta en forma que no sea usando una negación fanática, casi religiosa y no argumentativa. La tentación del poder otorgado por una difusión extrema, sumada a la ausencia de una publicidad comercial explícita, daría - aparentemente - una especie de coartada moral para aceptar la oportunidad. Pero sería caer en una situación en la cual se puede creer que se está utilizando la corrupción sin corromperse, y en donde se cae - por lo menos desde el punto de vista aquí expresado - en la prostitución inconsciente.</p>

<p>Solo puedo decir que soy conciente de que el "cinismo ético" al que me refería antes es una respuesta de tintes esquizofrénicos frente a toda esta situación. Con esta respuesta trato de mantener separadas nítidamente dos escalas de valores contradictorias. Es mi único recurso (hasta este momento) en un medio en donde siento que la esquizofrenia con respecto a los valores ha logrado un estado de implosión. En ese estado las superposiciones de escalas de valores disímiles ocultan todas aquellas discrepancias que antes nos permitían, con tanta elegancia, los maniqueísmos y los purismos esencialistas. Esta esquizofrenia implosionada, que más superficialmente y con cierto simplismo se registra simplemente como hipocresía, ha logrado el milagro admirable de elevar la esquizofrenia abierta y tradicional a un nivel ético superior.</p>

<p>Tengo que terminar, entonces, confesando una nostalgia romántica por la época en que era posible creer sólidamente en que el fin jamás justifica los medios. No es que realmente fuera cierto en aquel entonces, pero al menos uno tenía la ventaja de poder pensar que era cierto. Quizás, en el día de hoy, el único camino que nos queda transitable hacia una utopía sea el de mantener viva la facultad de especular, no de que sea cierto, sino sobre la posibilidad de que sea cierto. Quizás la lucha de hoy, muy modesta, se tenga que limitar a tratar de que no nos quiten también eso.</p>

<p>Pero hay otra cosa que es evidente. Si un simple uso de términos tan esquemáticos como "políticamente correcto" y "arte de víctima" alcanza para descalabrar y desprestigiar ideas que percibimos como complejas y válidas, quiere decir que hay algo en nuestra plataforma que necesita un ajuste serio. Y esta tarea de ajuste probablemente es una en la cual la nostalgia no tiene cabida.</p>

<p>Este texto iba a terminar aquí, pero no pude quedarme en eso. Se lo dí a leer a varios amigos para ver que pensaban. Uno en particular, con la mitad de mis años y autodefinido como izquierdista, hizo tres comentarios. El primero, medio fulminante consistió en un : "Muy bueno, sin agujeros, pero muy setentoide." El segundo, medio desconcertante, fue: "A mi no me parece mal la campaña de Benetton." El tercero, quizás el más fermental, fue: "No tengo una solución clara, creo que la ética es fundamental, y pienso que el asunto consiste en continuamente meterse y salirse, meterse y salirse."</p>

<p>No logré sonsacar elaboraciones teóricas sobre todo esto y mi primera labor consistió en reponerme del descubrimiento de que el quiebre generacional me había tocado en serio. Siempre hablo de ese quiebre, pero es una forma de coquetería, una afectación que tapa la creencia de que sigo viviendo dentro de la generación joven. Pero una vez repuesto, la tercera observación se hizo más y más interesante. Lo que mi amigo planteaba era una estrategia de infiltraciones múltiples, suficientemente cortas como para no terminar absorbido o coaccionado, pero aceptando la existencia de la realidad en sus propios términos en lugar de negarla en términos idealistas. El secreto del tipo, que nunca alcanzó a decírmelo - quizás porque él mismo no se dió cuenta - era que aceptar la realidad en sus propios términos no es sinónimo de aprobar a esa realidad. Las infiltraciones sucesivas - y estoy hablando teóricamente, porque no tengo idea de como se instrumenta esto en la práctica - tienen la ventaja de no tener tiempo para contaminar al infiltrado.</p>

<p>La diferencia generacional, entonces, está en una cierta inocencia de las nuevas generaciones y su presumible capacidad de mantenerla. Cuando yo hablo de "prostituirse a sabiendas" como una forma de protección en contra de la corrupción, estoy en realidad planteando una estrategia que también es maniqueísta. Equipara el "meterse" con el "prostituirse" y acepta la pérdida de la inocencia como algo inevitable, como un evento de dimensiones casi bíblicas. La estrategia de la infiltración múltiple y corta parece no tocar la inocencia.</p>

<p>Es interesante, volviendo al ejemplo de Cuba, que a principios de esta década, cuando la mayoría de los artistas consagrados se habían ido del país y la economía también, mi predicción fue el desastre artístico. El eslabón pedagógico entre los formados y los por formarse se había casi roto, los subsidios para el arte desaparecieron, la competencia entre los artistas por establecerse en un mercado limitado se hizo aguda. Y sin embargo surgió una nueva generación fértil, estéticamente y éticamente crìtica. Que además vende y que a pesar de vender mantiene su humor.</p>

<p>Y al fin de cuentas todo parece confuso y confusionista, falsamente aclarado por esquemas insatisfactorios, porque no enfocamos el nudo del problema. En realidad todos estamos luchando por el poder de darle significado a las cosas. Como dice el antropólogo sueco Ulf Hannerz, está el mercado, está el gobierno y está la "forma de vida", o sea la cultura producida por la gente al margen del mercado y del gobierno. [8] Aunque a veces coinciden en sus valores, cada uno de estos entes tiene sus propias dinámicas para significar las cosas. Es un hecho que tendemos a pasar por alto, en gran parte porque el artista, el significador por excelencia, se pliega a distintas causas en distintos momentos, o mejor dicho, distintos artistas se comprometen con entes distintos. Entonces un gobierno y un mercado pueden ser nacionalistas mientras la forma de vida y los artistas son regionalistas, o los artistas y el mercado son globalistas mientras que el gobierno y la forma de vida son localistas, o el gobierno sirve a otro gobierno mientras que los artistas y la forma de vida resisten, etc. Las permutaciones son muchas, pero al final lo que queda es una acumulación de significados que determinan la cultura de la que formamos parte, a la que, mal que bien, contribuyeron todos.</p>

<p>El sociológo francés Pierre Bourdieu analizó algunas de estas cosas en su libro "El Campo de la Producción Cultural". Describe el arte autónomo como aquel que históricamente surgió en oposición a, por un lado, el arte representante de los valores burgueses o dominantes en el siglo XIX y, a aquel otro que, socialmente revolucionario, fue creado para combatir esos valores. Pero también aquí tenemos una tríada impura, donde las alineaciones cambian constantemente de acuerdo a la situación social y a que poderes dominan la sociedad.</p>

<p>La verdad es que el purismo de mi juventud, rígido y dogmático, conducía irremediablemente a un elitismo que mi generación, en términos políticos, negaba fervorosamente. Separaba al artista, aún cuando politizado, de la realidad, de esa realidad que incluye gobiernos, mercados y gente, para darle el monopolio del proceso de significar las cosas.</p>

<p>El reconocimiento de esos errores del pasado no implica un cambio en mi posición ética. Quizás resulte, en algún futuro, en un cambio de estrategias, aunque en mi caso lo dudo. Y todas estas consideraciones tampoco me generan una mayor simpatía por los avisos de Benetton, aunque no puedo evitar una cierta admiración. Así que lo único que logro con todo esto es volverme a sentir al principio de las cosas y renovar la certidumbre de que todo es muy, pero muy complicado.</p>

<p></p>

<p>Notas:</p>

<p>1.	Cuando el autor escribió el texto en 1995, la última Bienal de La Habana había sido la quinta (nota del redactor)<br />
2.	"Kuba O.K. - aktuelle Kunst aus Kuba", (arte actual de Cuba) Städtische Kunsthalle Düsseldorf, en colaboración con el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales, Cuba. 1 de abril hasta el 13 de mayo de 1990. La exposición organizada por el director de la Kunsthalle, Jürgen Harten, y por el artista y curador cubano Antonio Eligio Fernández (Tonel), generó mucha atención en Alemania respecto del arte jóven cubano. Por medio de ella Peter Ludwig llegó a conocer este arte, del cual adquirió numerosas obras. (nota del redactor)<br />
3.	Los organizadores de la Bienal son concientes del problema y están tratando de reorganizar el formato para la bienal que viene.<br />
4.	El uso de Ludwig aquí quiso ser una metáfora, pero adquirió otra dimensión al leer un reportaje (La Maga, Buenos Aires, mayo 24, 1995, pp. 36-37) que finaliza con Ludwig declarando con respecto a la Fundación Ludwig que creara en La Habana después de la V Bienal: "Pero primero lo importante es ayudar a artistas cubanos. Después el siguiente paso será también enseñar arte internacional en La Habana y en Cuba."<br />
5.	Nelson Cesin, "Foro de San Pablo: Los primeros aportes", Brecha, Montevideo, Mayo 25, 1995, p. 8<br />
6.	En un reciente simposio en que se discutiera la "crisis" del arte de hoy, uno de los artistas participantes, Carlos Capelán, trató de reorientar la discusión planteando que él se sentía muy bien y que estaba creando con toda tranquilidad y satisfacción.<br />
7.	Arlene Croce, "Discussing the Undiscussable", The New Yorker, diciembre 26/enero 2, 1995, pp. 53-60. El término fue creado por el crítico de Time Magazine, Robert Hughes.<br />
8.	Ulf Hannerz, "Scenarios for Peripheral Cultures" en: Culture, Globalization and the World System, pp. 107-</p>]]>
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    <title>El homenaje de Santiago Sierra a Islandia - Carlos Jiménez</title>
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    <published>2012-04-19T09:14:52Z</published>
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    <summary>Originalmente en El arte de husmear Si hay algún héroe en esta crisis del capitalismo mundial ese es muy probablemente el pueblo islandés. Ese que parecía el primer beneficiario de la transformación de su país en el paraíso desde siempre...</summary>
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        <name>mariaVirginia Jaua</name>
        
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        <![CDATA[<p>Originalmente en <a href="http://elartedehusmeardecarlosjimenez.blogspot.com.es/">El arte de husmear</a></p>

<p><a href="http://salonkritik.net/10-11/Santiago_SierraPeturThomsen.jpg"><img alt="Santiago_SierraPeturThomsen.jpg" src="http://salonkritik.net/10-11/Santiago_SierraPeturThomsen-thumb.jpg" width="380" height="251" /></a> Si hay algún héroe en esta crisis del capitalismo mundial ese es muy probablemente el pueblo islandés. Ese que parecía el primer beneficiario de la transformación de su país en el paraíso desde siempre soñado para los inversores internacionales y que un día se despertó con la noticia de que todo no había sido mas que un espejismo generado por la ¨contabilidad creativa ¨y que era él quien ahora debía pagar los platos rotos. Pero se negó a hacerlo: impuso la convocatoria de un plebiscito en el que rechazó el pago de unas deudas que ciertamente consideró odiosas, encarceló a los banqueros que habían perpetrado la catastrófica estafa y sentó en el banquillo de los acusados al gobernante que la había consentido y legitimado. Y se dio a la tarea de redactar una Constitución que sustituirá a la actual, impidiendo que en el futuro los banqueros puedan hacer con las finanzas públicas lo que les venga en gana. Santiago Sierra no ha permanecido indiferente a esta gesta homérica y por eso la ha honrado con una escultura que ahora esta emplazada delante de la sede del parlamento islandés en Reijavik, la capital. </p>]]>
        <![CDATA[<p>Se titula <em>The Black Cone. Monument to Civil Disobedience</em> y consiste en una gran roca con un cono de metal negro empotrado en la grieta que la cruza de arriba abajo y una lápida en la que se lee el reconocimiento que la Declaración de los Derechos Hombre y del Ciudadano de 1793 hace del derecho del pueblo a rebelarse cuando sus derechos son violados por sus gobernantes. Admirable.</p>]]>
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