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    <updated>2010-09-01T10:18:20Z</updated>
    <subtitle>arte | cultura | crítica</subtitle>
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    <title>Forma-de-vida - Giorgio Agamben</title>
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    <published>2010-09-01T10:07:17Z</published>
    <updated>2010-09-01T10:18:20Z</updated>
    
    <summary>Originalmente en vivilibros. Visto en .. Caosmosis .. 1. Los griegos no disponían de un término único para expresar lo que nosotros queremos decir con la palabra vida. Se servían de dos términos semántica y morfológicamente distintos: zoe, que expresaba...</summary>
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        <name>Jose Luis Brea</name>
        
    </author>
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            <category term="| :: opinión :: |" />
    
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        <![CDATA[<p>Originalmente en <a href="http://www.vivilibros.com/excesos/09-a-02.htm">vivilibros</a>. Visto en <a title=".. Caosmosis .. » Blog Archive » Forma-de-vida (Giorgio Agamben)" href="http://caosmosis.acracia.net/?p=1456">.. Caosmosis .. </a></p>

<p><a href="http://salonkritik.net/10-11/celula_cancerosa.noticia.jpg"><img alt="celula_cancerosa.noticia.jpg" src="http://salonkritik.net/10-11/celula_cancerosa.noticia-thumb.jpg" width="300" height="213" /></a>1. Los griegos no disponían de un término único para expresar lo que nosotros queremos decir con la palabra vida. Se servían de dos términos semántica y morfológicamente distintos: zoe, que expresaba el simple hecho de vivir común a todos los vivientes (animales, hombres o dioses) y bios, que significaba la forma o manera de vivir propia de un individuo o de un grupo. En las lenguas modernas, en que esta oposición desaparece gradualmente del léxico (donde es conservada, como en biología o zoología, ya no indica ninguna diferencia sustancial), un único término -cuya opacidad crece en medida proporcional a la sacralización de su referente- designa el desnudo presupuesto común que es siempre posible aislar en cualquiera de las innumerables formas de vida. Con el término forma-de-vida entendemos, por el contrario, una vida que no puede separarse nunca de su forma, una vida en la que no es nunca posible aislar algo como una nuda vida.</p>

<p>2. Una vida que no puede separarse de su forma es una vida que, en su modo de vivir, se juega el vivir mismo y a la que, en su vivir, le va sobre todo su modo de vivir. ¿Qué significa esta expresión? Define una vida -la vida humana en que los modos, actos y procesos singulares del vivir no son nunca simplemente hechos, sino siempre y sobre todo posibilidad de vivir, siempre y sobre todo potencia. Los comportamientos y las formas del vivir humano no son prescritos en ningún caso por una vocación biológica específica ni impuestos por una u otra necesidad; sino que, aunque sean habituales, repetidos y socialmente obligatorios, conservan en todo momento el carácter de una posibilidad, es decir ponen siempre en juego el vivir mismo. Por esta razón -es decir en cuanto es un ser de potencia, que puede hacer y no hacer, triunfar o fracasar, perderse o encontrarse- el hombre es el único ser en cuya vida siempre está en juego la felicidad, cuya vida está irremediable y dolorosamente asignada a la felicidad. Y esto constituye inmediatamente a la forma-de-vida como vida política. (1)</p>]]>
        <![CDATA[<p>3. Pero el poder político que nosotros conocemos se funda siempre, en última instancia, en la separación de la esfera de la nuda vida con respecto al contexto de las formas de vida. En el derecho romano, vida no es un concepto jurídico, sino que indica el simple hecho de vivir o un modo de vida particular. No hay en él más que un caso en que el término vida adquiere un significado jurídico que lo transforma en un verdadero terminus technicus: es en la expresión vitae necisque potestas, que designa el poder de vida y de muerte del pater sobre el hijo varón. Yan Thomas ha puesto de manifiesto que en esta fórmula, que no tiene valor disyuntivo; y vita no es más que un corolario de nex, del poder de matar. Así pues la vida aparece originariamente en el derecho tan sólo como la contrapartida de un poder que amenaza con la muerte. Pero lo que es válido para el derecho de vida y de muerte del pater, lo es también con mayor razón para el poder soberano (imperium), cuya célula originaria es el primero. Así, en la fundación hobbesiana de la soberanía, la vida en el estado de naturaleza se define sólo por el hecho de estar incondicionalmente expuesta a una amenaza de muerte (el derecho ilimitado de todos sobre todo) y la vida política, es decir la que se desarrolla bajo la protección del Leviatán, no es otra cosa que esa misma vida expuesta a una amenaza que ahora se haya únicamente en manos del soberano. La puissance absolue et perpétuelle, que define el poder estatal no se funda, en último término, sobre una voluntad política, sino sobre la nuda vida, que es conservada y protegida sólo en la medida en que se somete al derecho de vida y muerte del soberano o de la ley. (Éste y no otro es el significado originario del adjetivo sacer referido a la vida humana.) El estado de excepción, sobre el que el soberano decide en cada ocasión, es precisamente aquel en que la nuda vida, que, en la situación normal aparece engarzada en las múltiples formas de vida social, vuelve a plantearse en calidad de fundamento último del poder político. El sujeto último al que se trata de exceptuar de la ciudad y, a la vez, de incluir en ella es siempre la nuda vida.</p>

<p>4. “La tradición de los oprimidos nos enseña que el ‘estado de excepción’ en que vivimos es la regla. Debemos llegar a un concepto de historia que se corresponda con este hecho.” Este diagnóstico de Benjamin, que ya tiene más de cincuenta años a sus espaldas, no ha perdido nada de su actualidad. Y no la ha perdido no tanto, o no sólo, porque el poder no tiene hoy otra forma de legitimación que la situación de peligro grave a la que apela en todas partes de forma permanente y que al mismo tiempo se esfuerza en producir secretamente (¿cómo no pensar que un sistema que ya sólo puede funcionar sobre la base de una situación tal no va a seguir también interesado en mantenerla a cualquier precio?), sino también, y sobre todo, porque entretanto la nuda vida, que constituía el fundamento oculto de la soberanía, se ha convertido en todas partes en la forma de vida dominante. En un estado de excepción que ha pasado a ser normal, la vida es la nuda vida que separa en todos los ámbitos las formas de vida de su cohesión en una forma-de-vida. La escisión marxiana entre el hombre y el ciudadano es, pues, sustituida por la escisión entre la nuda vida, portadora última y opaca de la soberanía, y las múltiples formas de vida abstractamente recodificadas en identidades jurídico-sociales (el elector, el trabajador por cuenta ajena, el periodista, el estudiante, pero también el seropositivo, el travestido, la estrella del porno, el anciano, el padre, la mujer) que reposan todas sobre aquélla.(El haber tomado esta nuda vida separada de su forma, en su abyección, por un principio superior -la soberanía o lo sagrado- es el límite del pensamiento de Bataille, que lo hace inservible para nosotros.)</p>

<p>5. La tesis de Foucault según la cual “lo que hoy está en juego es la vida” -y la política se ha convertido, por eso mismo, en biopolítica- es, en este sentido, sustancialmente exacta. Pero es decisivo el modo en que se entiende esta transformación. En efecto, lo que queda fuera de interrogación en los actuales debates sobre la bioética y la biopolítica es precisamente aquello que merecería ser interrogado por encima de cualquier otra cosa: es decir el propio concepto biológico de vida. Los dos modelos simétricamente contrapuestos de Rabinow, el de la experimental life del científico enfermo de leucemia que hace de su propia vida un laboratorio de investigación y experimentación ilimitada, y el del que, al contrario, en nombre de la sacralidad de la vida, exaspera la antinomia entre ética individual y tecnociencia, participan en rigor, sin darse cuenta de ello, del mismo concepto de nuda vida. Este concepto -que hoy se presenta con las características de una noción científica- es, en realidad, un concepto político secularizado. (Desde un punto de vista estrictamente científico, el concepto de vida no tiene sentido alguno: “Las discusiones sobre el significado real de las palabras vida y muerte -escribe Medawar- son índices, en biología, de una conversación de nivel bajo. Tales palabras no tienen ningún significado intrínseco, por lo que éste no puede ser clarificado por un estudio más atento y profundo”.)<br />
De ahí la función decisiva, aunque con frecuencia inadvertida, de la ideología médico-científica en el sistema de poder y el uso creciente de pseudoconceptos científicos con finalidades de control político: la propia separación de la nuda vida, que el soberano podía llevar a efecto en ciertas circunstancias a partir de las formas de vida, se realiza ahora de forma cotidiana y masiva por medio de las representaciones pseudocientíficas del cuerpo, de la enfermedad y de la salud, y de la “medicalización” de esferas cada vez más amplias de la vida y de la imaginación individual. La vida biológica, forma secularizada de la nuda vida, que tiene en común con ésta la indecibilidad y la impenetrabilidad, constituye así literalmente las formas de vida reales en formas de supervivencia en cuyo seno se aloja inadvertidamente como oscura amenaza que puede actualizarse repentinamente en la violencia, el extrañamiento, la enfermedad o el accidente. Es el soberano invisible que nos contempla tras las estúpidas máscaras de los poderosos que, consciente o inconscientemente nos gobiernan en su nombre.</p>

<p>6. Una vida política, es decir orientada según la idea de felicidad y que se aglutina en una forma-de-vida, sólo es pensable a partir de la emancipación de aquella escisión, del éxodo<br />
irrevocable de cualquier soberanía. La pregunta sobre la posibilidad de una política no estatal reviste, pues, necesariamente esta forma. ¿Es posible hoy, se da hoy algo como una forma de vida, es decir como una vida a la que, en su vivir, le va el vivir mismo, una vida de la potencia?</p>

<p>Llamamos pensamiento al nexo que constituye las formas de vida en un contexto inseparable, en forma-de-vida. No nos referimos con esto al ejercicio individual de un órgano o de una facultad psíquica, sino a una experiencia, un experimentum que tiene por objeto el carácter potencial de la vida y de la inteligencia humanas. Pensar no significa sólo ser afectados por esta o aquella cosa, por este o aquel contenido de pensamiento en acto, sino ser a la vez afectados por la propia receptividad, hacer la experiencia, en cada pensamiento, de una pura potencia de pensar. (’El pensamiento no tiene naturaleza alguna propia aparte de la de ser en potencia… cuando el pensamiento ha devenido en acto cada uno de los inteligibles… incluso entonces sigue estando de alguna manera en potencia, y es capaz también de inteligirse a sí mismo”: (2))</p>

<p>Sólo si no soy siempre y únicamente en acto, sino que soy asignado a una posibilidad y una potencia, sólo si en lo vivido y comprendido por mí están en juego en cada momento la propia vida y la propia comprensión -es decir si hay, en este sentido, pensamiento- una forma de vida puede devenir, en su propia facticidad y coseidad, forma-de-vida, en la que no es nunca posible aislar algo como una nuda vida.</p>

<p>7. La experiencia del pensamiento de que aquí se trata es siempre experiencia de una potencia común. Comunidad y potencia se identifican sin fisuras, porque el que a cada potencia le sea inherente un principio comunitario es función del carácter necesariamente potencial de toda comunidad. Entre seres que fueran ya siempre en acto, que fueran ya siempre esta o aquella cosa, esta o aquella identidad y en ellas hubieran agotado enteramente su potencia, no podría haber comunidad alguna, sino sólo coincidencias y divisiones factuales. Sólo podemos comunicar con otros a través de lo que en nosotros, como en los demás, ha permanecido en potencia, y toda comunicación (como había intuido Benjamin para la lengua) es sobre todo comunicación no de un común sino de una comunicabilidad. Por otra parte, si no hubiera más que un único ser, sería absolutamente impotente (por esto los teólogos afirman que Dios ha creado el mundo ex nihilo, es decir absolutamente sin potencia), y donde yo puedo, allí siempre hay muchos (de la misma forma que sí hay una lengua, es decir una potencia de hablar, no puede haber sólo un ser que la hable).</p>

<p>Por esto la filosofía política moderna no empieza con el pensamiento clásico, que había hecho de la contemplación, del bios theoreticos, una actividad separada y solitaria (”el exilio de uno solo en uno solo”), sino sólo con el averroísmo, es decir con el pensamiento del único intelecto posible común a todos los hombres y, más precisamente, en el punto en que Dante, en el De monarchia, afirma la inherencia de una multitudo a la potencia misma del pensamiento:</p>

<p>Puesto que la potencia del pensamiento humane no puede ser integra y simultáneamente actualizada por un solo hombre o por una sola comunidad particular, es necesario que haya en el género humano una multitud a través de la cual pueda actualizarse toda la potencia… La tarea del género humano, considerado en su totalidad, es la de actualizar incesantemente toda la potencia del intelecto posible, en primer lugar en vista de la contemplación y, consiguientemente en vista del actuar (l, 3-4).</p>

<p>8. El intelecto como potencia social y el General lntellect marxiano sólo adquieren su sentido en la perspectiva de esta experiencia nombran a la multitudo que es inherente a la potencia del pensamiento como tal. La intelectualidad, el pensamiento no son una forma de vida más junto a las otras en que se articulan la vida y la producción social, sino que son la potencia unitaria que constituye en forma-de-vida a las múltiples formas de vida. Frente a la soberanía estatal, que sólo puede afirmarse separando en cada uno de los ámbitos la nuda vida de su forma, aquellos son la potencia que reúne incesantemente la vida a su forma o impide que se disocie de ella. La diferenciación entre la simple y masiva inscripción del saber social en los procesos productivos, que caracteriza la fase actual del capitalismo (la sociedad del espectáculo), y la intelectualidad como potencia antagonista y forma-de-vida pasa a través de la experiencia de esta cohesión y esta inseparabilidad. El pensamiento es forma-de-vida, vida indisociable de su forma, y en cualquier parte en que se muestre la intimidad de esta vida inseparable, en la materialidad de los procesos corporales y de los modos de vida habituales no menos que en la teoría, allí hay pensamiento, sólo allí. Y es este pensamiento, esta forma-de-vida, el que, abandonando la nuda vida al “hombre” y al “ciudadano” que la revisten provisionalmente y la representan con sus “derechos”, debe pasar a ser el concepto-guía y el centro unitario de la política que viene.</p>

<p><br />
---<br />
Notas:</p>

<p>1- (”Civitatem .. communitatem esse instituam propter vivere et bene vivere hominum in ea”: Marsilio de Padua, Defensor, Pacis, V II.)<br />
2-Aristóteles, De anima, 429, a-b.</p>

<p><br />
-----<br />
Extraído de:<br />
Medios sin fin. Notas sobre la política<br />
Pre-textos. Valencia, 2001<br />
A su vez extraído de:<br />
Futur anterieur Nº 15, 1993</p>]]>
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    <title>Los Últimos Días - José Luis Brea</title>
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    <published>2010-08-31T09:33:52Z</published>
    <updated>2010-08-31T14:14:09Z</updated>
    
    <summary>¿Acaso no nos resulta intolerable ya ese encasquillamiento de una cultura que se ha embobado de sí misma en la imaginación enfermiza de su final, en la letánica intuición de su agonía? Sin duda, sin duda. Pero entonces, nada de...</summary>
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        <name>Jose Luis Brea</name>
        
    </author>
            <category term="colaboradores" />
    
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        <![CDATA[<p><a href="http://salonkritik.net/10-11/Olafur%20%20Eliasson%201.jpg"><img alt="Olafur  Eliasson 1.jpg" src="http://salonkritik.net/10-11/Olafur%20%20Eliasson%201-thumb.jpg" width="269" height="350" /></a>¿Acaso no nos resulta intolerable ya ese encasquillamiento de una cultura que se ha embobado de sí misma en la imaginación enfermiza de su final, en la letánica intuición de su agonía? </p>

<p>Sin duda, sin duda. Pero entonces, nada de apocalipsis -ni <em>apocalipsis-ahora</em>, ni apocalipsis futuro-, nada de -como certeramente ha reclamado Derrida- moribundias. Ni plagas ni pestes, ni signos en los cielos o presentimientos agónicos que -a baja intensidad- persigan electrizar nuestra piel: negativa a todo discurso catastrofista o postrimero, a todo expresionismo agorero de finales -perpetuamente aplazados. </p>

<p>En su lugar, sólo la proclamada pasión de un trastorno radical, la voluntad decidida de una transformación rotunda.</p>

<p>Nada de profecías -sino sólo una antiprofecía: <em>los últimos días</em>. Nada de diagnósticos -sino revolución ahora, apropiación de destino, ganancia definitiva de la vida y el mundo. </p>

<p>Activismo, ejercicio radical de la pasión de otredad, abandono inmediato y decidido de un estado de la vida intolerable, improlongable, ...</p>]]>
        <![CDATA[<p><em>Los últimos días</em>: sólo la pasión del tránsito, del salto al vacío, a un más alla sin dibujo ... Y el adiós a promesas y consuelos, a nostalgias y embadurnes, a bálsamos y tibiedades. La vida no habita más la vida. Es pues preciso, todavía, decir: “<em>nosotros los póstumos, nosotros los más efímeros</em>”.</p>

<p>Pero sólo para trazar el rastro de nuestro paso fugaz. Nuestros son <em>los últimos días</em> -pues sólo nosotros hemos aprendido a querer los finales, sólo en nosotros ellos se quieren al mismo tiempo pasajeros y eternos, fugaces y plenos. Allí donde la vida no consiente más ser estafada: <em>los últimos días</em>.</p>

<p>El tiempo-ahora.</p>

<p>Irreversiblemente, y para siempre.</p>

<p style="text-align:center">#</p>
Estremecedor. Estremecedor el trabajo que un siglo se ha tomado en el experimento más radical que la humanidad ha conocido: el de su superación -tal vez, el de su mero llegar a ser algo digno de ese nombre.

<p>Aterradora la oscilación de los nombres que ese experimento ha cobrado, en un vaivén de tentativas embriagador, insostenible. De un extremo a otro, Occidente entregado a la fiebre exploradora de sus límites -en todas direcciones. Sin solución de continuidad, un frenético encabalgarse de experimentos contradictorios, incompatibles.</p>

<p style="text-align:center">#</p>
Todavía más terrorífico el rastro de sus abandonos, la estela de residuos que de los sucesivos naufragios va quedando. Única y muda memoria que, por contrafigura, hace subir la capacidad de olvido de un pueblo que se entrega a sus aventuras con fervorosa vehemencia -pero con no menor ligereza se desprende de ellas, como si nunca hubieran sucedido, como si, ciertamente, “<em>aquí no hubiera pasado nada</em>”.

<p>Mudas piedras derrumbadas, ciegas calles sin salida, dónde está la memoria de aquel fragor de banderas, la efervescencia de aquellos entusiasmos callejeros, la electricidad que cada grito de libertad exhalado por millares de gargantas ha hecho correr, como la sangre, a raudales, hacia ninguna parte.</p>

<p>Sueños desvanecidos, memorias vanas, qué queda ahora de aquellos entusiasmos sino la más tibia conmiseración, el arrepentimiento más lúgubre, la más penosa expiación quizás. Un torpe silencio enmudecido que pareciera pretender hacerse perdonar el haber apostado a límite, el haberlo intentado todo. Y la cínica entronización de la indiferencia, de la medianía, de esta feroz nueva barbarie del “nuevo orden”, de la tremenda pobreza que, además, soporta silenciada toda la sublevación que en los corazones salvajes despertara otrora su contemplación.</p>

<p>Y ahora, esa tenue pátina equilibrada que borra todo horizonte de riesgo, que liquida toda tentación transformadora en nombre de una razonabilidad mermada, como si la oferta de lo que hay, del mundo escindido, colmara toda expectativa legítima, como si de pronto lo ilegítimo fuera reclamar algo más, un más allá, un final -y, en él, un comienzo.</p>

<p>Y es entonces entre terrores entre lo que tenemos que elegir: el de soñar contra el de aceptar la villanía de lo real en su insuficiencia, el de experimentar en los límites contra el que nos produce el recuerdo terrible de las formas totalitarias de consolidación edificante en que la puesta en escena de tal soñar, tantas veces, ha desembocado.</p>

<p>Pero en esto se nota que amamos nuestro siglo, su profunda histeria: antes nos entregamos al vértigo de la inagotabilidad de sus sueños imposibles -explorándolos precisamente allí donde no se pretenden resolutivos, salvíficos- que cederíamos a la tentación de contentarnos con el tibio bienestar que de su renuncia y apartamiento se suceden.</p>

<p>Pues en ello, en estos <em>últimos días</em>, el silencioso fragor del sufrimiento sigue golpeando nuestros oídos por debajo de la conspiración de silencio que pretende cerrar el mundo en la modulación de un orden aparente. Pues a ese orden le sabemos cruel, aún más sanguinario y terrible en su implacable realidad que podría serlo cualquier experimento en el legítimo ejercicio del intento de revocarlo. De tal lado estamos. Y sí: mísero aquél proyecto que olvide que está aún muy lejos el horizonte que le legitima. Aquél remoto horizonte en que conoceríamos “<em>la dicha que, semejante al sol de la tarde, hará don incesante de su riqueza inagotable para verterla en el mar, y que, como él, no se sentirá plenamente rico sino cuando el más pobre pescador reme con remos de oro. Esa dicha divina se llamaría entonces: humanidad</em>”<a href="#_ftn1" name="_ftnref" title="" id="_ftnref">[1]</a></p>

<p style="text-align:center">#</p>
El arte, pues, contra la vida. Contra esa forma domesticada de vida que repugna en su insuficiencia, en su escisión. Es decir: el arte a favor de la vida, más allá de su separación: incluso contra el propio arte, como separado de la vida. El arte, entonces, como verdadero dispositivo político, antropológico -el arte como función teológica.

<p>Inseparable de su origen sagrado, de su destino trágico -en su ateismo radical, en su orfandad absoluta. Inseparable de la escena del trastorno que habría de arrastrar en catarsis al sujeto hacia el vértigo de la conciencia de su insuficiencia constitutiva, la de la vida misma tal y como le es entregada -raptada: insuficiencia del pensamiento reducido a la conciencia, del mundo de las cosas reducido a su mercado, de la historia reducida al falsario inventario de las ruines hazañas fabuladas por los presuntos vencedores. </p>

<p>Pero, sobre todo, insuficiencia del arte reducido a repertorio inocuo de las formas y sus variaciones, insuficiencia de un arte que se arrinconaría como forma depotenciada del pensamiento, desplazado a una extraterritorialidad inefectiva. Desde ella, en el acontecimiento a bajo nivel de la forma tecnológica de su desaparición simulada –acontecimiento epocal que nos ocupa- nuestro <em>arte light</em> no tiene otra fuerza que la de legitimar la luz crepuscular de lo real con el esbozo de una zona de sombra –a cuyo vértigo verdadero ni siquiera posee la fuerza de convocar.</p>

<p>Allí, el arte pierde toda fuerza de trastorno, al sólo servicio del mercado -de la cohesión social en torno a su forma irrealizada, de consolidación del consenso en los alrededores del más insulso nihilismo. Los dioses abandonan, aburridos, el mundo, sí. Pero no es el arte la espada flamígera que decreta su expulsión, para hacer de cada uno de nosotros el ángel implacable que la ejecuta –reabsorbiendo los poderes tanto tiempo expropiados-, sino el consuelo de un mundo ya evacuado de toda expresión de fuerza, tan intrascendente y vano que -de no ser por la suposición de profundidad con que la perpetuación del supuesto de potenciales en que el arte nos entrampa todavía- cualquiera de nosotros, en ejercicio de plena e impecable lucidez, sin duda preferiría olímpicamente abandonar.</p>

<p>¿Habríamos de aceptar ese destino gris del arte en una especie de “fin de la historia” en que toda su aventura quedara desarmada, bajo la forma disminuida de su simulada desaparición, y reducida al mero juego de las variaciones de la forma, que sólo adornan el farsante progreso con que la técnica escribe su arrollador e insensato paso por el mundo -en esta hora extendida de la <em>pecaminosidad consumada</em>?</p>

<p>Pero no: contra la ficción inmovilista del fin de la historia -contra su anuncio de una perpetuidad pacificada de la crueldad liberal que exime al mundo de toda aventura vinculada a la voluntad de su transformación rotunda- la ficción potenciadora de <em>los últimos días</em>. Como guillotina siempre elevada en el aire de la historia -hecha naturaleza. Convirtiendo el más legítimo de los nihilismos no en argumento de pasividad o conformismo, sino en resorte de la más fiera querencia de transformación, venganza contra el adormecimiento que se apropia, cada día, en cada palabra o gesto, de la más profunda riqueza que debería alentar nuestro existir.</p>

<p style=“text-align:center”>#</p>
Imaginad ahora aquel febril experimentar del siglo en los terrenos del arte. Sentid la encendida violencia de las cantinelas futuristas, la precisión del dardo surreal sobre la inteligencia, la escalofriante fiereza del Cabaret Voltaire contra la pacatería dominante, la rotundidad mágica del descenso a lo inefable en las composiciones de Cage o los poemas de Mallarmé, la cristalina precisión con que un plano limpio de Mies consigue resquebrajar todo esquema previo de percepción del espacio, la embriagadora complejidad con que la novia duchampiana nos arrastra hacia aquellos espacios puros en los que el pensamiento duerme -con ella- en vela, incluso la violencia con que el propio pensamiento es enfrentado a su desnudez en el proyecto minimalista, la perfección con que es arrojado contra la vida separada en las dianas del pop, o la amargura con que se enfrenta a la irrealizabilidad de su virtual verdad en la claudicación conceptual ... ¿Se querría que en todo ello no viéramos sino un sucederse de ejercicios formales, una variancia caprichosa y errática por las interminables y gratuitas posibilidades del decir?

<p>Nos negaremos siempre. Pues aun cuando no podamos ya creer que el arte <em>salve</em>, menos aún podríamos asumir la claudicación de aceptarle como mero cómplice-bálsamo que sólo sirviera a revalidar a lo que nos secuestra y aparta de la verdadera vida -ésa que algún demagógico populismo cínico, de última hora, querría que confundiéramos (ocultándose y ocultándonos que ésta que en él se predica está mutilada) en ecuación de identidad con esta engañifa que se toma en él por verdadera, por suficiente.</p>

<p>¿O es que acaso sería preferible -sólo por pregonarse “para todos”, por autoproclamarse “de y para” la “vida ordinaria”- un arte sin efectos, un arte simplemente “consolador” -en su mistificador legitimar la falsa conciencia de lo que hay (como incruento), en su ideológico encubrimiento del efectivo estado de cosas que padecemos?</p>

<p>¿No es más seguro que un arte radical, trastornador, pondría de tal forma frente a la vida que exigiría de ésta aquella alteración que acabaría por requerir una devolución inmediata del sueño de una experiencia plena al <em>total de la humanidad</em> -cuando, entonces sí, “hasta el último pescador reme con remos de oro”?</p>

<p style=“text-align:center”>#</p>
Desolación infinita de la historia. Ninguna promesa se ha de cumplir nunca. No hay otra historia que el acumularse infinito de los fiascos, del fracaso interminable que, en su esfuerzo por solventar el problema de la vida, por resolver el cumplimiento pleno del sentido, deja la cultura tras de sí como único y triste rastro.

<p>Ninguna promesa, nunca más, nos concierne. No es nuestro, más, el problema de la verdad, el del sentido. Las lenguas flotan livianas, liberadas de su obligación a la representación, al dominio del mundo. El fantasmagórico ilusionismo con que, desde el seno mismo del arte, el símbolo nos aseguraba entregar -en sobre sellado, eso sí- la promesa inaccesible del sentido pleno, deja de gravitar sobre nosotros. Ahora, la lengua flota a la deriva dispersa en tonos locales, en desinencias dispersas, en significados inagotables, en fragmentos: no se dice el sentido de una vez ni para siempre -en ningún lugar. Al contrario, todo habla es fragmento de un discurso inacabado, aplazamiento del sentido siempre abierto a interminables reutilizaciones.</p>

<p>Donde un régimen promisorio del sueño de conquista de las virtudes -compacidad, plenitud, eternidad, <em>presencia</em> del sentido- del símbolo asentaba sus artes de captura, nuestra diurna certidumbre de su inviabilidad abre un territorio -entre sombras, asumiendo el claroscuro con el que en él la vida se revela- roturado por las quebradizas señas de la alegoría, del decir abierto y fragmentario, siempre aplazado, en que el sentido de un texto no es más -y no pretende ya ser- el fiel reflejo de La Idea o El Mundo: sino siempre otro texto, otra fuga, cualquier deriva.</p>

<p>Así, escritura, el arte no invoca ya los poderes de lo eterno, de la verdad o lo inmutable: sino la fulgurante puesta en evidencia de su implenitud, de su abertura y aplazamiento, de su impresencia.</p>

<p>Y, sin embargo, es cierto que la forma de la promesa nos obliga, nos requiere. Pero -paradoja terminal para <em>los últimos días</em>- sólo hoy nos es pensable su ejercicio en la proclamación impenitente de su imposibilidad. Así: nueva promesa de felicidad del arte -que no hay más territorios para la promesa, que la organización que se apropiara de la vida en aras de ella (el arte a su servicio) sería estafa que ya a nada obligaría.</p>

<p style=“text-align:center”>#</p>
¿Es juego entonces el mundo, la vida, el hacer de los hombres, su construir la historia? ¿O la ilusión del sentido se asentaría en una forma de la vida que, ponderación misteriosa, podría alguna vez resolverse -como pantografiada- en el decir de un enunciado, una palabra, un gesto, una figura, una forma, un verbo nuevamente poseído de las virtudes -de lo divino?

<p>Pero no: es juego el mundo, y la vida, y el hacer de los hombres y su historia no es sino el agitarse insignificante de una tentativa inútil.</p>

<p>Sobre la que eones de tiempo negro pasarán huracanados como un telón que barriera apenas briznas.</p>

<p style=“text-align:center”>#</p>
Estrategias de autocuestionamiento, de autonegación. Oscilación ultrarápida entre el decir y el poner en cuestión la suficiencia del lugar -y la forma, y el contenido mismo- desde el que se dice. Batería de recursos enunciativos mediante los que negar el propio espacio en que se enuncia -como tal espacio de la representación. Bucle autorreflexivo por el que todo auténtico ejercicio contemporáneo de la tarea del arte practica la autodenuncia de su insuficiencia, testimonia la nueva falta de fe en aquellos dispositivos que, organizados para hacer falsariamente creíbles sus potencias simbólicas, le otorgaban lugar y pública función. Contraretórica por la que todo arte comprometido -con la causa trágica de la expresión nihilista- desenmascara la lógica de complicidades mediante la que un sistema generalizado de encantamiento del mundo -capitalismo- se cobra como rehenes al pensamiento y al ser. Pura expresión de fuerza emotiva que, en su recurso a una tonalidad figural y abstracta, pone en juego el mero apunte de un rastro de fulminante evidencia-al-pensamiento que no adquiere la forma concluida de una pretensión de significado, sino el mero esbozo virtual de una tensión de significancia, la anotación de su apertura y aventurada entrega al espacio abismal de un frenesí interpretativo, de una abierta posteridad hermenéutica: a una voluntad -quebrada, como una voz partida- de decir, de hacer ver, de mostrar el mundo.

<p style=“text-align:center”>#</p>
¿En qué lugar sería trasparente el mundo, en qué lenguaje podría su <em>verdad</em> decirse? ¿Sería él el arte, ese lugar convocado a la <em>puesta en obra</em> de la verdad, a la -esencia de la poesía- dicción pura del ser?

<p>Respondiendo, rotundamente: Ni hay ese lugar cristalino ni esa lengua de los dioses que tuviera entre sus poderes el investir en su movimiento el mundo, ni es él el arte -que sólo sería tensión de serlo y al mismo tiempo fuerza de reconocer su incapacidad, su insuficiencia.</p>

<p>Así, territorio trágico y nostalgia de ser abrigo y capacidad de convertir en cómoda casa del hombre el mundo. Y entonces oscilación paradojal entre la expresión de esa nostalgia que le empuja a adquirir la forma de la promesa que sobre sí proyecta -misión, inexcusable tarea- el anhelo del hombre y la fuerza de la honradez que le obliga a reconocer su insuficiencia, su incapacidad para contener la plenitud del sentido <em>en presencia</em>, su inadecuación para responder del tremendo encargo de traslucir el mundo, la verdad, de resolver en la producción de la forma el problema del claroscuro de la vida.</p>

<p>Y sólo entonces se cumple el arte como auténtico en tanto enunciación contradictoria, tensión aporética y alegoría de -incluso su propia, hasta diciendo <em>ello</em>- la radical ilegibilidad última de todo enunciar. Sólo en tanto lo que en él se enuncia es, precisamente, la insuficiencia de todo decir, su abertura, el hecho de que lo que en lo que se escribe habla es siempre otro, siempre algo otro es dicho. </p>

<p>Y acontece entonces que a la presión de su ocurrencia como testimonio puro de la ilegibilidad, “<em>el mundo todo se enciende convertido en escritura apasionante</em>”<a href="#_ftn2" name="_ftnref" title="" id="_ftnref">[2]</a>, en signo liberado a interminable errancia. En abierto y fatal enigma a cuyo borde nuestra mirada se asomaría ahora, de su mano, cautiva y pura.</p>

<p>Es sólo de esta forma que el arte es espejo del mundo -como espejo negro, al que al asomarnos nos embriaga el vértigo de contemplar oscura nada, negrura, en que la esperada imagen o el verbo falta, por siempre ausente, sin esperanza ... En él como en el mundo ...<br />
<p style=“text-align:center”>#</p><br />
En esa imagen ciega, reposar.</p>

<p>Reposar de un cansancio infinito, de una voluntad de sentido secular, arrastrada como pecado original a través de las generaciones. Puede intuirse el rostro del abuelo del abuelo del abuelo del abuelo del abuelo ... de todos nosotros en ella: el rostro original del hombre -como ansia del sentido. Inclinado sobre ese espejo negro -que es la fe única del balizador del desierto, cuando se asoma al último pozo que puntúa la frontera- sus rasgos se distienden, su rostro se abre, toda tensión se alivia y el corazón estalla en el margen roto de una identidad difusa.</p>

<p>Espíritu de la música, un canto profundo se libera entonces en una <em>no-palabra</em> primordial -que ya no aspira al sentido, que es pura forma en movimiento (cántico y no ya palabra). Esa clase de pensamiento mudo, ciego, que simplemente sigue la oscilación del aire, que se acomoda a los dibujos aéreos de un espacio de tensiones aún sin forma, liviana presencia apenas de la imagen virtual que todo envía sobre todo. Música pura, imagen aérea y amorfa, en ese canto sin palabra el pensamiento reposa lacio sobre sí: y cae, dulce facilidad, sin peso sobre las cosas. Allí, la forma recorrida no es producto de voluntad de sentido alguna, sino aparición -como en un <em>frottage</em>, como si el pensamiento no fuera sino una nieve leve que al caer desvelaría trazos y huellas ya dibujadas por el orden de la tierra- misteriosa del orden de las relaciones.</p>

<p>Todo a todo, equiválese allí el pensamiento <em>de los hombres </em>al de las cosas, proyección de resistencias recíprocas, <em>sistema mundi</em>. Y qué diferencia resta entonces -saber de la melancolía del mundo- entre decir y no decir, entre la voluntad de vida y el instinto que la reconoce más allá de todo límite. </p>

<p style=“text-align:center”>#</p>
Subjetividad dispersa, el pensamiento <em>acontece</em> allí como episodio laxo y distendido de recorridos arteriales -que la misma organización <em>material</em> del mundo preordena. Todo se refleja en todo, obliga a todo, y el pensamiento que se ejerce desde la limpia laxitud -que es tarea de la liturgia ritual del arte encender- a que se accede al dejar atrás el cansancio infinito de la interminable persecución del sentido, no es sino expresión de tal vibración monadológica del mundo: el más poderoso pensamiento que nunca la especie humana ha podido consentirse.

<p>Y allí el tiempo se congela eterno, en un instante ilimitado -pues son los nombres de las cosas los que a veces dejan de corresponder, pero en su latido el mundo no cesa de expresarse pleno, sin grieta. La herida del mundo, el hombre, cierra sobre sí su desaparición, su <em>rebasamiento</em>, su superación. Sin esfuerzo, como una muerte cálida que no es sino un reposar del ansia, un experimentar la no exigencia del sentido. El mundo es pleno en su latido intemporal, y la forma del pensamiento cumplida en ese anidamiento es, también, sin bache, sin fisura. Nada le falta -sino, ahora sí, destino.</p>

<p>Cascada de ángeles, el mundo quieto, sin historia, en un instante-ahora que se abre pleno, conteniendo en sí su temporalidad entera, extendido en el tiempo y el espacio sin límite, en toda dirección -incluso hacia dentro: a todas sus posibilidades. Todo escrito y revelado en cada punto, eco de todo en cada recoveco, reverberación eterna y sostenida del mundo en un pensamiento sin sujeto, en una historia -no del hombre.</p>

<p>Él, pobre, se enfrenta al abismo de ese pensamiento demasiado terrible, demasiado potente, aterrado, intranquilo, incapaz de entregarse. Quién podría así atreverse al arte, sabiendo que él es precisamente ése lugar en el que,</p>

<p><em>poseyéndolo todo</em><br />
<em>no tendríamos dónde ir</em><a href="#_ftn3" name="_ftnref" title="" id="_ftnref">[3]</a></p>

<p>¿O nos atreveríamos todavía a esa soledad -de la compañia absoluta-, a esa extraña forma de abandono al mundo -que nombraríamos nihilismo extremo, y que, de Rilke a Breton, todos los verdaderos poetas han pregonado: “<em>abandonadlo todo / partid por los caminos</em>”?</p>

<p style=“text-align:center”>#</p>
¿Cómo podremos aceptar que los caminos de la revolución de lo social -única en que se cumple una verdadera de la experiencia- y la de los lenguajes (el arte) no hayan encontrado su punto de confluencia? ¿Acaso no es indudable que este fracaso es <em>el fracaso</em> -el fracaso por excelencia- del siglo, de nuestra cultura, de Occidente, la verdadera crisis de la modernidad?

<p>¿O es que acaso no estamos secretamente seguros de que, caso de haberse encontrado ese lugar de convergencia de los programas revolucionarios en la esfera de lo social y en la de las formas abstractas de la experiencia -sobre la que interviene el arte- esa aventura se habría visto coronada por el éxito?</p>

<p>Y cómo entonces, sino con profunda e insuperable melancolía, podríamos aceptar que ese fracaso de nuestro siglo sea irreversible, inexorable. Cómo, sino con un nudo en la garganta, asumir una irrealizabilidad -que contrasta con lo que a nuestro oído de últimos náufragos susurra un dormido poso de fe: que si ese punto se alcanzara el mundo entero se vería transfigurado en ligereza y luz, perfecta laxitud del ser, reinado ininterrupto de la libertad.</p>

<p>Pues cuando menos sabemos que no cabe llamar arte a nada que no posea los poderes de ese trastorno radical que expulsaría de la vida de los hombres toda sumisión -de unos a otros-, toda alienación -de unos por otros-, todo resto de oscuridad -en un reparto de las luces que no llegara a alcanzar a la totalidad de los hombres, al total de los lugares en que hace masa la conciencia del mundo. </p>

<p style=“text-align:center”>#</p>
Como sabemos que no cabe llamar revolución a nada que no suponga trastorno radical de la forma de la experiencia del mundo, consagración de una forma de saber sobre el ser plena de transparencia, posada sin peso en él. Y sabemos entonces que si arte y revolución no han sabido encontrarse, hasta ahora, es porque nunca han sido tales -sino por fulguraciones-: y que sólo en ellas y en sus fortuitos encuentros cabe cifrar la única esperanza obligada: la de apropiarnos, como hombres, de nuestro destino, de nuestro lugar en el ser ...

<p>Y si quizás el tiempo nos ha hecho sabios en desesperanza, en desconfianza hacia toda expresión o uso edificante de la cultura que pregonara poseer las fórmulas para alcanzar tan altas cimas, habríamos aprendido cuando menos a recorrer el filo negativo de sus promesas, desde la línea de sombra que atraviesa el reverso, de ya largo aliento, de una tradición -de la que no podríamos, honradamente, declararnos ajenos, sino hijos. </p>

<p>He aquí lo que ella nos dice: que donde el signo edificante de un proyecto general del mundo se alza, allí no hace sino legitimarse la recaída inmovilizadora en la penosa estabilidad de esa forma mermada de la vida que conocemos -despótico imperio capitalista del mundo. Y, por contra, que sólo allí donde toda esperanza está ya abandonada, aquél mudo reposo que excusa toda tensión y todo ansia de alguna plenitud del sentido que el arte mismo revela tarea inagotable, enciende sobre un tenue claroscuro la vibración breve de una última posibilidad -como (<em>etánt donnés ...</em> ¿el bien conocido eco de la linterna oscilante retenida contra el fondo sobre el que una cascada de agua eterna vomita el retornar implacable del mundo sobre sí mismo. Esto se llamaría: extraer las máximas consecuencias de la idea de una “crisis de la modernidad” -como hubiéramos dicho “extraer las máximas consecuencias del significado de la “muerte de dios””.</p>

<p>Y se trata entonces de no volver a aceptar esas servidumbres respectivas del arte a la revolución o de ésta a aquél -que a la postre no ponían una y otro sino al servicio de un proyecto mermado que a ambos reabsorbía-, sino de encarecer el hallazgo del lugar en que únicamente <em>ambos</em> son posibles: allí donde son lo mismo, donde no podrían separadamente ni concebirse.</p>

<p>Obligada búsqueda, única que hace todavía de la vida humana una tarea digna. Y de nuestros tiempos finales época todavía heroica ...</p>

<p style=“text-align:center”>#</p>
Simetría inversa de dos ficciones abstractas, teologico-políticas: la del <em>fin de la historia</em> y ésta de <em>los últimos días</em>. En ambas hace síntoma y conciencia la condición terminal de una cultura que conoce su fracaso en términos de incapacidad de representación plena del sentido, de viabilidad de un proyecto emancipado de sujeto, de realizabilidad de una forma digna de convivencia en lo social. Conciencia del fracaso del humanismo, se llama -con su más doloroso nombre- esta certeza oscura que nos concierne irreversiblemente. 

<p>En la ficción conservadora del fin de la historia, sin embargo, esa condición terminal se pronostica eterna, inamovible, insuperable, perpetua -incluso ello se pregona deseable, culminatorio: banderola del pandémico neocinismo liberal. Por el contrario, la alegoría luctuosa de la caducidad contenida en nuestra ficción de <em>los últimos días</em> anuncia y proclama la urgente suspensión de ese estado tedioso, su insostenibilidad. Y perfila, en una visión fulgurante, su heterotopía, la apertura inclausurable del mundo mucho más allá del cansino terrorializarle mermado del hombre herido, roto, rendido en su alienación.</p>

<p>Por no más que un instante, aunque sea, como le es propio a la verdad del pensamiento durar. Y no sólo porque, ciertamente, “<em>en los dominios que nos ocupan, el conocimiento sólo puede ser fulgurante: el texto es un rayo cuyo trueno sólo se deja oír mucho tiempo después</em>”<a href="#_ftn4" name="_ftnref" title="" id="_ftnref">[4]</a>. Sino, más allá, porque es ese territorio del instante el que se cobra -como territorio puro, profundo, inextenso y al mismo tiempo eterno. Como puerta en que se sella el burdel del historicismo, abriéndose el mundo a una visión panorámica -como la del ángel nuevo- capaz de reconocer, “<em>donde nosotros percibimos una cadena de acontecimientos, una sola y única catástrofe que no cesa de acumular fragmento sobre fragmento, ruina sobre ruina</em>”<a href="#_ftn5" name="_ftnref" title="" id="_ftnref">[5]</a>. Instante pleno de un tiempo-ahora sin fisuras que recorre la totalidad de los lugares del espacio y los tiempos, devolviéndonos rescatados por igual pasado y futuro, la memoria toda de lo que se ha ido y la de lo que habrá de venir -y aún de lo que nunca será o fue- contenida en una iluminación profana que se enciende a la presión pura del presente fugitivo, del pleno abandono a la ley mayor que escribe la forma del mundo: que todo pasa y en nada rige sino caducidad.</p>

<p>Quizás sea esa experiencia de la temporalidad en lo fugaz lo que la ficción de <em>los últimos días</em> nombra, una experiencia que de alguna manera nos corresponde epocalmente -asumir lo cual representa aceptar como fuerte el pensamiento de la posmodernidad, reconocer en él algo no puramente negativo, sino auroral: reconocerle como profecía y anuncio del estallido de la era del tiempo-ahora (como tiempo-pleno) que palpita en la imaginación de <em>los últimos días</em>.</p>

<p>Si ese presentimiento fuera cierto, al asomarnos a su figura veríamos cumplida la condición que Benjamin interpuso para confiar en algún saber. Parafraseándole, por última vez, “<em>nunca creeríamos en forma alguna del arte que no permitiera explicar por qué en los posos del café puede leerse todo el futuro</em>”.</p>

<p>Como en ellos, éste se escribe en <em>Los Últimos Días</em>. Y dice, ciertamente, “esperanza” -aunque “no para nosotros”. Pero, maldita sea, <em>quién</em> la necesita: ¿acaso no basta con que <em>la haya</em>?</p>

<p><br clear="all" /></p>

<hr align="left" size="1" width="33%" />

<p>Este texto sirvió de introducción a la exposición "Los Últimos Días" organizada por el autor en las Salas de Exposiciones del Teatro de la Maestranza, en Sevilla, presentada en 1992. Eran artistas presentes en la expo: Ignasi Aballí, Pep Agut, Pedro Cabrita Reis, Hanna Collins, Jordi Colomer, Pepe Espaliú, Robert Gober, Rodney Graham, Cristina Iglesias, José Maldonado, Reinhard Mucha, Juan Muñoz, Hirsch Perlman, Simeón Sainz Ruiz, Jan Vercruysse y Jeff Wall.</p>

<hr align="left" size="1" width="33%" />

<p>NOTAS</p>

<p><a href="#_ftnref" name="_ftn1" title="" id="_ftn1"></a> [1] Friedrich Nieztsche, <em>La Gaya Ciencia</em>, 1882.<br />
<a href="#_ftnref" name="_ftn2" title="" id="_ftn2"></a> [2] Walter Benjamin, <em>Origen del Drama Barroco Alemán</em>, 1928.<br />
<a href="#_ftnref" name="_ftn3" title="" id="_ftn3"></a> [3] Leonard Cohen. <em>La energía de los esclavos</em>. 1972.<br />
<a href="#_ftnref" name="_ftn4" title="" id="_ftn4"></a> [4] Walter Benjamin, <em>Le Livre du Passages</em>, 1934.<br />
<a href="#_ftnref" name="_ftn5" title="" id="_ftn5"></a> [5] Walter Benjamin, <em>Tesis de Filosofía de la Historia</em>, 1940.</p>]]>
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    <title>El zoológico de Mario Bellatin - Roberto Careaga C.</title>
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    <published>2010-08-30T19:19:31Z</published>
    <updated>2010-08-30T19:54:36Z</updated>
    
    <summary>Originalmente en La tercera Como escritor Mario Bellatin ha desarrollado una de las más arriesgadas narrativas recientes en Latinoamérica. En novelas como Salón de belleza (1994), El jardín de la señora Murakami (2000) y Flores (2000) ha desplegado un mundo...</summary>
    <author>
        <name>mariaVirginia Jaua</name>
        
    </author>
            <category term="colaboradores" />
            <category term="| :: libros :: |" />
    
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://salonkritik.net/">
        <![CDATA[<p>Originalmente en <a href="http://diario.latercera.com/2010/08/29/01/contenido/cultura-entretencion/30-37009-9-el-zoologico--de-mario-bellatin.shtml">La tercera</a></p>

<p><a href="http://salonkritik.net/10-11/perro%2Bcallejero.jpg"><img alt="perro+callejero.jpg" src="http://salonkritik.net/10-11/perro%2Bcallejero-thumb.jpg" width="320" height="240" /></a> Como escritor Mario Bellatin ha desarrollado una de las más arriesgadas narrativas recientes en Latinoamérica. En novelas como <em>Salón de belleza</em> (1994), <em>El jardín de la señora Murakami</em> (2000) y <em>Flores</em> (2000) ha desplegado un mundo perturbador y oscuro, donde la sexualidad siempre es transgredida y los cuerpos mutilados alumbran un punto de la sociedad. Ineludible, sus novelas cortas y fragmentadas tienen la ventaja de terminarse de una sentada.</p>

<p>-¿Qué olor lo lleva a la infancia?</p>

<p>El del estiércol me transporta a mi pequeño zoológico.</p>

<p>-¿Con qué defecto suyo ha sido más persistente?</p>

<p>Las rabietas inmotivadas.</p>

<p>-¿En qué no cree?</p>

<p>En mí mismo...</p>]]>
        <![CDATA[<p>-¿Bajo qué circunstancias mataría a alguien?</p>

<p>No quiero ni pensarlo.</p>

<p>-¿Qué titular le gustaría leer en un diario?</p>

<p>El que haga pública la vacuna contra el sida.</p>

<p>-¿Quiénes son sus escritores favoritos?</p>

<p>Ninguno. De cada uno, determinados elementos.</p>

<p>-¿Cuál es su mayor miedo?</p>

<p>La miseria.</p>

<p>-¿Con qué figura histórica se identifica?</p>

<p>Con la esposa de Mohammed.</p>

<p>-¿Cuál es su estado mental más común?</p>

<p>Alterado.</p>

<p>-¿En qué ocasiones miente?</p>

<p>No tengo claro siquiera si son mentiras.</p>

<p>-¿A qué persona viva admira?</p>

<p>A Miriam, una mujer que recoge perros.</p>

<p>-¿Cuándo y dónde ha sido más feliz?</p>

<p>En México, ahora.</p>

<p>-¿Qué libro le habría gustado escribir?</p>

<p><em>Para una tumba sin nombre</em>, de Juan Carlos Onetti</p>

<p>-¿Cuál es su héroe de ficción favorito?.</p>

<p>Dr. Jekyll y Mr. Hyde.</p>

<p>-¿Cómo le gustaría morir?</p>

<p>Anestesiado y rodeado de sonidos clínicos.</p>]]>
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    <title> POP POLÍTICO: The Durutti Column &amp; Vini Reilly, artista - Peio Aguirre</title>
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    <published>2010-08-30T11:15:18Z</published>
    <updated>2010-08-30T10:54:24Z</updated>
    
    <summary>Originalmente en Crítica y metacomentario Si Theodor Adorno (el filósofo y musicólogo) hubiera vivido lo sufiente como para ver con sus ojos el nacimiento del fenómeno punk sin duda no se hubiera cortado en nada ni habría callado. Intransigencia ordena....</summary>
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        <name>Jose Luis Brea</name>
        
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            <category term="| :: artes :: |" />
            <category term="| :: música :: |" />
    
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://salonkritik.net/">
        <![CDATA[<p>Originalmente en <a title="Crítica y metacomentario: agosto 2010" href="http://peioaguirre.blogspot.com/2010_08_01_archive.html#5180928471304646182">Crítica y metacomentario</a></p>

<p><a href="http://salonkritik.net/10-11/0.jpg"><img alt="0.jpg" src="http://salonkritik.net/10-11/0-thumb.jpg" width="300" height="225" /></a>Si Theodor Adorno (el filósofo y musicólogo) hubiera vivido lo sufiente como para ver con sus ojos el nacimiento del fenómeno punk sin duda no se hubiera cortado en nada ni habría callado. Intransigencia ordena. Sin embargo, quizás hubiera encontrado en el post-punk y en la new wave algo positivo que rescatar y dentro de esas tendencias quizás hubiera entronizado a Vini Reilly como su mesias salvador. El fetichismo de la música pop, rock, punk y demás está en su condición de producto. Adorno abogaba por una audición regresiva como solución a este fetichismo. Vini Reilly merece un hueco en toda esta historia. The Durutti Column emergió como grupo pionero de la mano de Tony Wilson, alma mater de Factory Records, en 1978. Y lo hizo simultáneamente al fenómeno de Joy Division.</p>

<p><object type="application/x-shockwave-flash" data="http://salonkritik.net/08-09/player_mp3.swf"" width="200" height="20"><br />
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	<param name="FlashVars" value="mp3=http://salonkritik.net/10-11/TempusFugit.mp3" /><br />
</object></p>]]>
        <![CDATA[<p>No obstante, es imposible escuchar a The Durutti Column como un grupo de rock. De hecho, Reilly se desmarcó desde el comienzo de todo lo que el rock n’ roll significaba. Como contraposición, reilly abrazó todo lo que la new wave representaba. En la integración, post-punk, de elementos del jazz, folk, música clásica también cabía, claro está, el rock.</p>

<p>Con el sonido característico de su guitarra, Reilly se situó de facto en un “no man's land” que desde entonces, hace más de treinta años, no ha hecho más que acrecentar su figura. Y Vini Reilly, hoy, es un músico prácticamente desconocido, a pesar de ser uno de los mejores compositores y guitarristas del mundo. Alguien al que le trae sin cuidado que Morrissey no le acreditara en Viva Hate (1988), el primer album en solitario del ex-The Smiths, donde Reilly compuso e hizo no pocos arreglos.<br />
Ya en 1981, con motivo de una entrevista concedida en Bélgica, Reilly hablaba de Stockhausen y de la música intelectual, la música que está hecha para la cabeza. La suya es una música de sentimiento, pero de una clase de música con alma que se piensa.</p>

<p>Desprovisto de toda la parapernalia de los músicos del rock, Reilly todavía ensaya la vieja fórmula de lo que es posible hacer delante de un público sólo con una guitarra y un amplificador.</p>

<p>Vini Reilly: músico, artista. La suya es una historia de creación y talento alrededor de la música y de algún modo, me recuerda a aquellos otros creadores con una sensibilidad desbordante, por ejemplo, a Philippe Garrel y su cine desnudo, descarnado y duro. <br />
</p>]]>
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    <title>Escuchar, perder melodías - Miguel A. Hernández-Navarro</title>
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    <published>2010-08-30T11:01:59Z</published>
    <updated>2010-08-30T10:51:52Z</updated>
    
    <summary>Originalmente en No (ha) lugar Siguiendo con el catálogo de olvidos, confusiones y alteraciones de la realidad en el que vivo sumido últimamente, en las últimas semanas me ha pasado algo particularmente extraño. Un día, tocando el piano, esbocé una...</summary>
    <author>
        <name>Jose Luis Brea</name>
        
    </author>
            <category term="colaboradores" />
            <category term="| :: música :: |" />
    
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://salonkritik.net/">
        <![CDATA[<p>Originalmente en <a title="No (ha) lugar: Escuchar, perder melodías" href="http://nohalugar.blogspot.com/2010/08/escuchar-perder-melodias.html">No (ha) lugar</a></p>

<p><object width="600" height="578"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/__aJL8i1kL4?fs=1&amp;hl=es_ES"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><param name="allowscriptaccess" value="always"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/__aJL8i1kL4?fs=1&amp;hl=es_ES" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="600" height="578"></embed></object></p>

<p>Siguiendo con el catálogo de olvidos, confusiones y alteraciones de la realidad en el que vivo sumido últimamente, en las últimas semanas me ha pasado algo particularmente extraño. Un día, tocando el piano, esbocé una melodía y me quedé enamorado de ella. Era como si, por fin, hubiese encontrado la melodía perfecta que tanto había buscado. La repetí tantas veces que la hice mía, la interioricé hasta soñar varias veces con ella. Melancólica, triste, emotiva... era la melodía perfecta para el cortometraje cuya música tenía que componer. Pero había algo en esa perfección que no me cuadraba. Algo en la melodía me era demasiado familiar. Pero no sabía qué. ¿Y si no era mía? ¿Y si yo la había escuchado en algún lugar? Empecé entonces a revisar todas las bandas sonoras a lo que aquello me sonaba. El paciente inglés, todo Morricone, todo Alberto Iglesias, El cartero y Pablo Neruda, yo que sé, cientos de lugares donde aquella melodía podría haberse originado. Escuché uno por uno todos los discos que tengo en itunes, pero no había nada que me recordase siquiera lejanamente a la melodía. Incluso en mi perfil de Facebook pedí ayuda a mis amigos, para que me dijeran si les sonaba de algo. Nadie me contestó (tampoco sé si alguien se lo tomó en serio). Por supuesto, también toqué la melodía delante de womahn en infinidad de ocasiones, con cientos de variaciones, pero ella tampoco sabía decirme nada. No sabía si la música le sonaba porque me la había escuchado tocar más de cien veces, o le sonaba de antes. Así que, con el tiempo, no demasiado convencido, decidí que la música, en el fondo, era mía. Y que debía aceptarlo. Me sonaba precisamente porque era mía. Y esto me hizo acordarme de inmediato uno de mis chistes preferidos:</p>]]>
        <![CDATA[<p>- Oye, tu cara me suena. <br />
- Claro, soy tu hermano. <br />
- No, de otra cosa, de otra cosa.</p>

<p>Aquí, ante esta música, yo no podía sino repetirme: "oye, esa melodía me suena. Claro, la has compuesto tú. No, de otra cosa, de otra cosa". Y entonces también recordé la escena de La muerte en Venecia (la de la película de Visconti, no la de la novela) en la que Gustavo Aschenbach no reconoce (o no quiere reconocer) su propia música tocada por otro al piano.</p>

<p>Como quiera que sea, la cosa es que me convencí de que la música era mía. Pero hace dos días, mientras leía, y tras programar mi itunes para una sesión aleatoria de toda la música que tengo allí, una melodía me sacó inmediatamente del libro. Allí estaba la música que tanto había buscado. Miré a la pantalla del ordenador y descubrí entonces a Ryuichi Sakamoto, con su pelo blanco y brillante, tocando extasiado "The Sheltering Sky". Quedé conmocionado. Era la misma melodía. No parecida, ni semejante, sino exactamente igual, como si la hubiese copiado a conciencia tras varias horas de trabajo. Por alguna razón que aún no logro adivinar, la música, que había escuchado apenas una vez, se me había metido por la puerta de atrás y se había asentado en mi cerebro, como un déjà vu, pero auditivo. Lo grave es que yo la había tomado como algo mío, y si no llega a ser por esa casualidad de volver a encontrarla, en breve la melodía habría estado campando a sus anchas por las pantallas de los cines, a la espera de ser denunciada por cualquier fan de Sakamoto.</p>

<p>Después de reflexionar un poco, la cosa incluso llegó a asustarme. ¿Y si todas las demás melodías que he compuesto hubiesen también entrado así? ¿Y si me pasase lo mismo con la escritura, con los personajes, con los argumentos, con las historias, con las voces, con los tonos, con los estilos...? ¿Y si todo me hubiese sido inducido de esa manera? Entonces, por supuesto, se me vino a la cabeza Origen, la película de Nolan, y la manera en la que una idea, un sentimiento, es inoculado, como un virus, y luego se extiende por todo el cuerpo. Y pensé por unos momentos que alguno de esos detectives del sueño me había metido la melodía en la cabeza y me había hecho pensar que era mía. Alguien, sin duda, había manipulado mi subconsciente. Luego descarté la idea (quien sabe si también inducido por la idea de descartarla) y simplemente di las gracias a la divina providencia y al azar objetivo por haber resuelto la situación antes de que la cosa fuese a más. Intuyo que tal y como sucedió todo, con ese convencimiento, si la música tarda algo más en aparecer probablemente me habría planteado emprender acciones legales contra Sakamoto por plagiar mi composición.</p>

<p>En cualquier caso, lo que queda claro es que ahora he perdido mi melodía. Me han quitado algo que yo creía mío. Si no hubiese vuelto a escuchar nada más, habría vivido con la ilusión de haber compuesto esa música.</p>

<p>En el post anterior escribí que leer, de alguna manera, es perder memorias. Ahora debo escribir que escuchar, sin lugar a dudas, no es otra cosa que perder melodías.</p>]]>
    </content>
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    <title>Tocar el cuerpo de la palabra | SOBRE LA OBRA DE AHMED MATER - Marcela Quiroz Luna</title>
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    <published>2010-08-30T09:31:48Z</published>
    <updated>2010-08-30T08:07:27Z</updated>
    
    <summary>I remember I remember the sound Of ringing like the athan of prayer In narrow road of village It was the sign of clear sky Like predicted rain without cloud I leaf the door prevaricator I remember All deferred things...</summary>
    <author>
        <name>mariaVirginia Jaua</name>
        
    </author>
            <category term="revista_prensa" />
            <category term="| :: artes :: |" />
    
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://salonkritik.net/">
        <![CDATA[<blockquote><em>I remember
I remember the sound
Of ringing like the athan of prayer
In narrow road of village
It was the sign of clear sky
Like predicted rain without cloud
I leaf the door prevaricator
I remember
All deferred things are NOW (1)</em></blockquote>

<p><a href="http://salonkritik.net/10-11/ahmedmater_b_4.jpg"><img alt="ahmedmater_b_4.jpg" src="http://salonkritik.net/10-11/ahmedmater_b_4-thumb.jpg" width="360" height="255" /></a> Ahmed Mater (Abha, Arabia Saudita, 1979) ha declarado que sus piezas hablan sobre la confusión imperante en el sentir del individuo contemporáneo. Sus manos, manos médicas, saben tratar el cuerpo tanto como saben hacer discurrir entre elegantes —y a veces políticamente irónicas—  composiciones visuales multimediáticas el decir sobre el cuerpo.</p>

<p>Por el conocimiento que le ha permitido el desarrollo de su profesión, Mater no sólo entiende sino que vive en y entre la distancia que sobre las palabras inventan la corporeidad y sus sustancias; palabras y sentencias ante las que el cuerpo hace por defenderse y en ocasiones, logra incluso rebelarse. </p>

<p>Mucho se ha escrito —especialmente a partir de la década de los 90 del siglo XX— sobre las distancias y estados de relación que habitan entre el cuerpo y sus discursos. La escritura de la historia y la teoría del arte contemporáneo ha encontrado evidencias para seguir los rastros corporales en la expresión estética desde los estudios literarios, la teoría crítica, los estudios culturales, la antropología, la sociología, los estudios de género, las ciencias biomédicas… Este listado de bifurcaciones interdisciplinares podría seguir y seguir si bien por una sola razón: somos incapaces de escapar a nuestro cuerpo.</p>]]>
        <![CDATA[<p>“Materia y memoria” —tal cual rezara el título de uno de los mejores estudios de Henri Bergson— sería una entendida y poética forma de decir en condensación eso que somos; participando de una absoluta eficiencia en enmudecedora claridad es también lo que dicen las obras de este talentoso artista árabe contemporáneo.</p>

<p>Su serie Iluminaciones entabla un sensible diálogo entre esas dos ‘valencias operativas’ de la existencia humana —materia y memoria— sobre la reminiscencia invista del cuerpo develado hasta la médula. Obras en las que recupera la tradición iluminativa de los manuscritos religiosos del Islam, constituyen en sus ‘páginas’ la alabanza inicial en bienvenida a un universo enarbolado por la palabra, situando al centro, no un juego caligráfico, sino el germen representativo de unicidad universal –el esqueleto como esquema ordenador. Mater utiliza las radiografías mal tomadas, mal enfocadas y desechadas de sus pacientes para conferir en su entorno una pausada y seductora elaboración visual destilando de la pintura y la caligrafía árabe sus elementos.</p>

<p>Preparando el cuerpo del lienzo como se prepara un cuerpo para enfrentarse a una cirugía cuando ha encontrado la muerte, Mater suda sus telas con tintura de infusiones, café y jugo de granada. El peso específico que la absorción de estas mezclas acuosas le confiere a sus superficies hace imperar sobre su presente el tiempo sumado de una tradición. La luminosidad que ancestralmente se ha logrado sobre el papel y las telas que habrán de recibir la escritura es lo que el artista ha querido traer consigo al rescate de este proceso artesano. El trabajo de Mater está fuertemente vinculado con los raíces de su cultura tanto como su mirada y entendimiento están enraizados en el funcionamiento interno del cuerpo. </p>

<p>Acostumbrado a escuchar los silencios y rumores del organismo vivo y enfermo, Ahmed Mater replica los tenores del cuerpo en condición expuesta como proceso de elaboración de cada una de sus piezas. Aún si ignorantes del sentido de la escritura (acaso sólo sabiendo que en sus obras replica textos religiosos y médicos tradicionales como el Corán y el famoso estudio anatómico de Henry Gray de 1918) (2)  hay un decir absoluto entre las imágenes radiográficas y sus contornos caligráficos visible a toda mirada independientemente de su contexto y bagaje cultural. Invirtiendo el espacio designado en la tradición del libro manuscrito de las recitaciones, el espacio central de las piezas de Mater está tomado por las imágenes de luz que hacen los rayos X comunes. Ese plano principal que en otras condiciones y contextos sería reservado para el decir de la palabra escrita al discurrir de sus conocimientos y verdades, en el caso de estas obras se ha invertido privilegiando el espacio para el decir de los torsos anónimos. Una afrenta al ordenamiento no-representativo del mundo en el Islam. El cráneo y la columna vertebral al resguardo del omóplato y el ramaje costillar encuentran en eje las clavículas y el principio de su articulación con el húmero en ambos costados. Estos son los ‘trazos’ de sus obras ejes que rigen sitio y dimensiones. Sobre los bordes de la imagen Mater escribe, recuerda, recupera enseñanzas y sabiduría de otros tiempos y otras manos. </p>

<p>Es el ejercicio de la práctica médica aquello que pone en juego el artista, ese ‘hacer’ sobre un cuerpo otro desde la intuición, destreza y conocimiento asimilado por el cuerpo propio. Un hacer respetuoso y decidido como el del cirujano; entendido y preciso como el del especialista; articulado y estético como el del hombre cuyo impulso vital reverbera en la obra de arte. ¿Cómo es que se establecen en su obra las relaciones entre el discurso médico y religioso sobre el cuerpo como representación de la ‘estructura básica’? ¿Qué clase de encuentros prometen las pulsaciones vitales que contiene tanto la imagen radiográfica como el trazo caligráfico? ¿Queda de ello una ‘memoria’ esencial sobre la ‘materia’?</p>

<p>Atendamos un solo ejemplo para atisbar el orden de estas relaciones. Como hemos dicho ya, la escritura que rodea los torsos radiográficos de Ahmed Mater recupera trazos en árabe propios de la escritura de manuscritos religiosos, entre ellos aquellos símbolos cuya aparición en la enseñanza y su lectura indica el tiempo en obligación de una reverencia como pausa y enlace entre el rezo y el gesto activo del cuerpo. La aparición de estos caligramas entre los bordes de sus imágenes conduce y destina la postura —no la del cuerpo cuya imagen delinean a distancia— sino la del cuerpo que tienen enfrente. Ese cuerpo que es el del espectador encuentra sobre la obra la referencia de una acción íntima y acostumbrada al tiempo de alabanza. Ahora, (im)postrado ante ella en el espacio de una galería, el organismo expectante se ve casi obligado a ignorar su instrucción pasando por alto el mandato de la tradición para permanecer de pie frente a la obra y frente al cuerpo expuesto de aquel cuya imagen inservible funciona ahora como ventana incierta sobre la condición de su pasado. En el desencuentro que generan el espacio y tiempo desplazados de esta referencia cultural como designio escritural-corporal, Mater desenvuelve la posibilidad de señalar los velos que hilan las diferentes texturas entre el saber del cuerpo y su experiencia viva.</p>

<p>Enunciados ahora sobre la condición espectral de la obra de arte en que se constituyen, las palabras cuya existencia se hubo acostumbrado por siglos a decirle al cuerpo el tiempo de su actuar no lo hacen más, limitándose a encontrar apenas el espacio que su trazo necesita para hacer suyo un poco de aire en el compuesto de la imagen. El ejercicio de poder y mandato se ha revertido delante de sí mismo haciendo de aquellas imágenes radiográficas ‘mal tomadas’ el nuevo y definitivo centro de significación.</p>

<p>Recursando el encuentro de relación entre el cuerpo y su ‘materia’ representativa en la impresión por contacto de los cuerpos azules de Yves Klein y las huellas en tierra del cuerpo de Ana Mendieta  —por sugerir sólo algunos posibles vínculos con la historia del arte occidental desde la que esta pluma y mirada deviene— las sobreexposiciones esqueléticas de Mater hacen al cuerpo (en su auto-presentación quizá más descarnada en su ‘desnudez’) en un estado de impresión virtual cuya evidencia da cuenta de las formas del tacto tecnológico sobre un cuerpo virtualmente ‘intocado’ pero aún profundamente violentado. </p>

<p>La violencia sutil de esta relación penetrada y desconocida entre el cuerpo enfermo y su diagnosis la asume Mater en una de sus mejores obras a la fecha —Prognosis. En el cuerpo una y mil veces violado de una hoja de papel carbón sobre la que se han escrito al tiempo decenas de prescripciones clínicas cifrando el destino de muchos hombres y mujeres desnudados y al amparo del decir de esas mismas líneas, la pieza de Mater opera como compartiendo el silencio siempre avergonzado que contemplan la confesión, el diagnóstico y la sentencia. Como rasgos fantasmagóricos, las palabras encimadas componen un paisaje saturado y vanamente legible trivializando (no sin una cierta crueldad) uno de los rituales médicos más simbólica y operativamente ‘densos’ —la escritura y entrega de la prognosis. </p>

<p>Anticipar el daño en la esperanza de prometer el hallazgo de su remedio es aquello que enerva el diagnóstico escrito. Con el peso irreversible del ser penitente, un par de manos tensas frente al cuerpo que le pronostica serán receptáculo de su propio futuro anticipado y casi resuelto entre algunos nombres, cantidades y dosificaciones. La Prognosis de Ahmed Mater cuyas veladuras opacas esconden su propia grafía revierte la temida condensación de este proceso de estructuración discursiva. En su lugar, el médico-artista decide seguir las sombras de lo que en otros cuerpos hubo ya sido o aún espera confirmarse, para entregarnos el resto de una memoria común. Es la memoria del cuerpo sano que, aún cuando fatalmente diagnosticado, intenta recordarse.</p>

<p>-------<br />
notas</p>

<p>(1)   Texto citado de http://blog.ahmedmater.com/?page_id=242</p>

<p>(2)   Participando acaso de una “lenta secularización de los textos quránicos, una prognosis para el artista del futuro en un mundo destruido por falsificaciones en interpretaciones del Qurán (Al Qur'&#257;n)” como lo ha señalado el Dr. Georg Gugelberger. (comunicación personal junio 7, 2010)</p>]]>
    </content>
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    <title>Comunidad y emancipación / Pensamientos sueltos -  María Virginia Jaua</title>
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    <published>2010-08-28T23:53:38Z</published>
    <updated>2010-08-31T15:10:51Z</updated>
    
    <summary> El primer pensamiento es el de que la emancipación es un impulso hacia la existencia, un acto casi obligado, tras recibir la nalgada inaugural.
*
Resulta una curiosa coincidencia que dicha nalgada sea propinada con la palma de una mano. Así -y muy desde el comienzo- el poder simbólico de la mano se revela doble: otorga lo que en principio deberá conservar y reclamar como suyo.
*
Principio de negatividad: no deja de sorprender la relación intrínseca entre la emancipación y la mano: lo que da y lo que escatima, lo que guarda, lo que oculta... existen un gran número de refranes y dichos populares que sería redundante repetir.
*
La emancipación se muestra como una condición inmanente al ser. Como un primer gesto de lo que se ha dado en llamar biopolítica, o que con otras palabras podría constituirse como una fuerza arcaica (quizás anterior a la existencia) por medio de la cual, una vez se ha elegido el ser por encima de la nada, el saber es puesto en función de un bien individual y colectivo.
*</summary>
    <author>
        <name>mariaVirginia Jaua</name>
        
    </author>
            <category term="colaboradores" />
            <category term="columna_salonK" />
            <category term="| :: artes :: |" />
    
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://salonkritik.net/">
        <![CDATA[<p><a href="http://salonkritik.net/10-11/the%20portable%20city.png"><img alt="the portable city.png" src="http://salonkritik.net/10-11/the%20portable%20city-thumb.png" width="280" height="200" /></a> El primer pensamiento es el de que la emancipación es un impulso hacia la existencia, un acto casi obligado, tras recibir la nalgada inaugural.<br />
<p style="text-align:center">*</p><br />
Resulta una curiosa coincidencia que dicha nalgada sea propinada con la palma de una mano. Así -y muy desde el comienzo- el poder simbólico de la mano se revela doble: otorga lo que en principio deberá conservar y reclamar como suyo.<br />
<p style="text-align:center">*</p><br />
Principio de negatividad: no deja de sorprender la relación intrínseca entre la emancipación y la mano: lo que da y lo que escatima, lo que guarda, lo que oculta... existen un gran número de refranes y dichos populares que sería redundante repetir.<br />
<p style="text-align:center">*</p><br />
La emancipación se muestra como una condición inmanente al ser. Como un primer gesto de lo que se ha dado en llamar biopolítica, o que con otras palabras podría constituirse como una fuerza arcaica (quizás anterior a la existencia) por medio de la cual, una vez se ha elegido el ser por encima de la nada, el saber es puesto en función de un bien individual y colectivo.</p>]]>
        <![CDATA[<p style="text-align:center">*</p>
La emancipación sólo puede darse desde una toma de conciencia, es decir desde el distanciamiento crítico.
<p style="text-align:center">*</p>
No es posible permanecer eternamente en una emancipación. La vida es una una interminable cola de asuntos emancipables que atender.
<p style="text-align:center">*</p>
Liberarse del fluir del tiempo, -esa masa informe de la que ignoramos casi todo, por ejemplo si ha tenido un inicio como si habrá de tener algún final- ha sido siempre algo apremiante y antiguo; incluso es posible que haya surgido con la aparición de los primeros dispositivos utilizados para medir el tiempo: el sol, el agua, el fuego. 
<p style="text-align:center">*</p>
En los tiempos modernos, de urgencia y escasez, se ha soñado con la emancipación de los relojes: imagen bucólica del paraíso... utopía de rebelión en contra de las máquinas.
<p style="text-align:center">*</p>
Al igual que un espasmo intestinal, el impulso emancipador es imposible de predecir e imposible de controlar. Sin embargo, a diferencia de éste, y como otras dolencias puede resultar contagioso. En algunos episodios históricos, la emancipación -a pesar de la represión y la censura- ha logrado diseminarse y salvar enormes ditancias geográficas en una suerte de inspiración expandida y telepatizada, imposible de explicar.
<p style="text-align:center">*</p>
Casi podría decirse que entre ese impulso vital tenso -como el arco antes de expulsar la flecha hacia su destino- y su logro, hay una liberación entrópica de energía: pura creación y dispendio. 
<p style="text-align:center">*</p>
La energía entrópica del obrar también conocida como fuerza potenciadora, lo que en la Teoría de los afectos, Spinoza llamó en tono muy simple una pasión feliz, o sea matemática.
<p style="text-align:center">*</p>
Cada emancipación -ya sea del ámbito íntimo o por el contrario, que pertenezca a la esfera pública- concentra la suerte de potenciar y suscitar efectos liberadores en cadena, o quizás sea mejor llamarlos: en cascada.
<p style="text-align:center">*</p>
“¿Es posible imaginar un arte que no esté comprometido? ¿que se emancipe de la
historia e incluso del mercado? ¿o al menos intente a hacerlo?” –se siguen preguntando algunos teóricos de la autonomía y la emancipación.
<p style="text-align:center">*</p>
Emacipemos a nuestro prójimo como nos emancipamos a nosotros mismos, -podría ser un precepto de libre adopción.
<p style="text-align:center">*</p>
La emancipación íntima supone una autosuficiencia, que en el fondo sabemos insuficiente. Es necesaria como una primera condición; sin embargo, sólo cumple su promesa cuando comulga, es decir, cuando organiza una comunidad en el sentido que le da Blanchot, que leyó a Nancy que leyó a Bataille: la inconfesable y secreta comunidad de los que carecen de alguna.
<p style="text-align:center">*</p>
Habitar en los márgenes de la emancipacipación sería algo parecido a dar vida a  una casa a la que se amuebla con mucho esmero, pero que en lo más íntimo uno sabe que una vez concluida se tendrá que abandonar.
<p style="text-align:center">*</p>
El de la emancipación es también un ejercicio altamente adictivo. El placer que produce es casi tan grande como el de escuchar el latir del corazón amado: un arrebato.
<p style="text-align:center">*</p>
Sin darnos cuenta, constantemente atravesamos zonas temporalmente emancipadas, y nuestra vida es una lucha constante contra nuestra propia inclinación a abandonar el territorio ganado e ir en pos de nuevos descubrimientos.
<p style="text-align:center">*</p>
De cara a la muerte lo único que resulta imposible es emanciparse del sentido del humor. Al encontrarnos frente a una situación marcada por un límite categórico, sólo un humor retorcidamente negro y descreído puede ayudar a emanciparse incluso de uno mismo, de la construcción del sujeto a la que -como respuesta obvia de negación ante lo único absoluto- resulta imposible no aferrarse con desesperación.
<p style="text-align:center">*</p>
El grado cero de la emancipación sería entonces el de la libertad del pensar. El libre pensamiento en el que aquí ya se ha insistido [1] : si hay emancipación, sólo podrá ser aquella que nos emancipe del servilismo al que nos somete un yo, entonces y solo entonces se podrá empezar a hablar de lo que será <em>vida</em>... y se esmerará en afirmarla.
<p style="text-align:center">*</p>
Si tal promesa nos es dada, al igual que un don, -sin haber sido pedida- solo podrá respondérsele con un humilde: <em>Ven. </em>

<p>--------</p>

<p>[1]  Léase José Luis Brea  <a href="http://salonkritik.net/09-10/2010/06/el_pensamiento_libre_jose_luis.php">“El pensamiento libre” </a></p>]]>
    </content>
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    <title>Máscaras que nos hacen - Fernando Broncano</title>
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    <published>2010-08-28T17:20:57Z</published>
    <updated>2010-08-28T17:24:22Z</updated>
    
    <summary>Originalmente en El laberinto de la identidad En los años de tensión política antes de la democracia, uno de los rituales obligatorios de iniciación para un estudiante “comprometido” era “trabajar” política y en ocasiones materialmente en un medio obrero: una...</summary>
    <author>
        <name>Jose Luis Brea</name>
        
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        <![CDATA[<p>Originalmente en <a title="El laberinto de la identidad: Máscaras que nos hacen" href="http://laberintodelaidentidad.blogspot.com/2010/08/mascaras-que-nos-hacen.html">El laberinto de la identidad</a></p>

<p><a href="http://salonkritik.net/10-11/10718_1142006031871_1279074966_30387060_352328_n.jpg"><img alt="10718_1142006031871_1279074966_30387060_352328_n.jpg" src="http://salonkritik.net/10-11/10718_1142006031871_1279074966_30387060_352328_n-thumb.jpg" width="300" height="207" /></a>En los años de tensión política antes de la democracia, uno de los rituales obligatorios de iniciación para un estudiante “comprometido” era “trabajar” política y en ocasiones materialmente en un medio obrero: una fábrica, un barrio. El trabajo implicaba necesariamente mezclarse en estilos de vida que, dependiendo de los orígenes, podían resultar completamente desconocidos si el estudiante pertenecía a la burguesía o, por el contrario, familiares, literalmente familiares por origen, pero en todo caso ya abandonados. Pues ser estudiante comprometido consistía principalmente en un ejercicio de ascetismo: humildad y pobreza en los vestidos, casi siempre vaqueros y guerreras de apariencia militar, boinas, barbas descuidadas. Varones y mujeres cultivaban por igual una apariencia ascética. Las mujeres abandonaban todo maquillaje, sólo se permitían pantalones cuando más gastados mejor, ropas holgadas que disimulasen sus formas, los varones se esforzaban en lo serio, adusto, militante. El estudiante comprometido ocultaba con pudor la sensualidad, junto con sus deseos, lo contrario que los varones y mujeres proletarios, quienes exhibían orgullosamente sus músculos y curvas, que en sus gestos y palabras tendían siempre a lo picante, lo insinuante, y que, desgraciadamente, veían a aquellos tontos como un sucedáneo de los curas que habían tenido que aguantar antes de la comunión. Sus ideales de vida chocaban como trenes: los realmente proletarios cuidaban mucho su aspecto, se arreglaban con cuidado para salir de fiesta, eran sobreabundantes en el consumo de comida y bebida, gastaban lo que podían, hablaban sin recato de sus deseos de consumo, ofrecían sus cuerpos y sus vidas con entusiasmo. El estudiante se encontraba distanciado precisamente por su imaginario de lo que era la vida proletaria. Muchos años más tarde, los años del grunge, los estudiantes repetían las mismas estrategias de distinción: zapatillas desatadas, camisetas y jerséis holgados y llevados abigarradamente unos encima de otros para manifestar descuido (un cuidado descuido).</p>]]>
        <![CDATA[<p>Cuando se pasan varios años en la enseñanza universitaria no es difícil observar cómo va mutando la apariencia de los estudiantes desde la exuberancia que traen de la secundaria (no los de clase burguesa, que ya han aprendido en el bachillerato las formas de distinción) hacia una apariencia de seriedad y profundidad, pasando por una etapa de cuidado descuido desafiante. Es un efecto del cultivo material que tiene la cultura universitaria. En realidad sus hábitos pertenecen a lo que Nietzsche ya había calificado como ideal ascético:</p>

<p>“El sacerdote ascético tiene en aquel ideal no sólo su fe, sino también su voluntad, su poder, su interés. Su derecho a existir depende en todo de aquel ideal […] El asceta trata la vida como un camino errado que se acaba por tener que desandar hasta el punto en que comienza; o como un error, al que se refuta –se le debe refutar--- mediante la acción: pues ese error exige que se le siga, e impone, donde puede, su valoración de la existencia. ¿Qué significa esto? Tal espantosa manera de valorar no está inscrita en la historia del hombre como un caso de excepción y una rareza: es uno de los hechos más extendidos y más duraderos que existen.”</p>

<p>Tiene razón Nietzsche: los ideales ascéticos son uno de los hechos más extendidos y más duraderos. Porque también son una de los más eficientes estrategias de identidad. Nada da mejor la apariencia de profunda aristocracia que la humildad, la pobreza, la castidad en los arreglos de la existencia. Nada más alto que lo bajo, nada más profundo que la superficie. El desprendimiento como una cuidadosa estrategia de ordenamiento de sí. El estudiante que quería “integrarse” con los obreros descubría que no podía, pero no era capaz de admitir en sí mismo que era precisamente la distancia que establecía su ascetismo la causa sui, la razón de aquél. Deseos contradictorios: poder y ser amado.</p>]]>
    </content>
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    <title>¿Quién Lee? - Lucas Ospina</title>
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    <published>2010-08-28T17:05:05Z</published>
    <updated>2010-08-28T17:12:49Z</updated>
    
    <summary>Originalmente en [esferapública] «¿De dónde saco el tiempo para no leer tantas cosas?». La pregunta parece extraña, más cuando nos enteramos de que quién la hizo fue Karl Kraus, el escritor austriaco que durante 36 años publicó en Viena su...</summary>
    <author>
        <name>Jose Luis Brea</name>
        
    </author>
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        <![CDATA[<p>Originalmente en <a title="¿Quién lee? | [esferapública]" href="http://esferapublica.org/nfblog/?p=11051">[esferapública]</a></p>

<p><a href="http://salonkritik.net/10-11/karlkraus.jpg"><img alt="karlkraus.jpg" src="http://salonkritik.net/10-11/karlkraus-thumb.jpg" width="225" height="358" /></a>«¿De dónde saco el tiempo para no leer tantas cosas?». La pregunta parece extraña, más cuando nos enteramos de que quién la hizo fue  Karl Kraus, el escritor austriaco que durante 36 años publicó en Viena su propia revista:  La Antorcha. En sus primeros años la publicación contó con colaboradores, pero de 1911 en adelante Kraus la publicó por su cuenta, número tras número, hasta llegar a 922 ediciones. En 1936, La Antorcha se apagó con él.</p>

<p>«¿De dónde saco el tiempo para no leer tantas cosas?», aforismo de Kraus, es una pregunta que a la luz de hoy resulta aún más inquietante. Hoy por hoy hay cada vez hay más cosas que ver, leer, oir, oler, probar, tocar. Hoy en día hay también más cosas que pensar y que decir. Los medios de reproducción digital multiplicaron las opciones, las voces, las opiniones, de buenas a primeras hicieron anacrónica la editorial del pasado: la publicación digital eliminó los costos onerosos de las artes gráficas y de la distribución, ahora todos podemos ser autores, todos podemos publicar, todos podemos opinar. Basta con abrir un “blog”, una página en “facebook” o ahorrarse lo del almuerzo, sacarle fotocopias a una hoja y repartirla por ahí; o también es posible jugar a “soy periodista”, como lo anuncia una sección del portal digital de El Espectador: “soy periodista.com, el medio de todos, publique ya y lea”. Pero, ¿quién lee?</p>]]>
        <![CDATA[<p>De ahí la importancia y la vigencia de la pregunta de Kraus —“¿De dónde saco el tiempo para no leer tantas cosas?”—. La pregunta es vital porque cuestiona el afán a “estar informado” que todas las voces de la prensa impresa o digital claman al unísono. No importa si se trata de un gran medio periodístico, de medio medio alternativo o de un “blog” con seudónimo y casi anónimo, todos llaman la atención, todos claman por un minuto de tiempo. Y si nos resistimos a ese clamor, será nuestra propia culpa, nuestra ansiedad informativa, la que nos llame a leerlos: “Todos los temas, todos los días”, es el lema de El Tiempo, para no ir muy lejos.</p>

<p>Pero lo ecología mental que propone la pregunta de Kraus no sugiere que hagamos como la avestruz y que metamos la cabeza bajo la tierra, que como lectores optemos porque el peor enemigo de internet es internet y abrumados ante tanta información claudiquemos y nos metamos en un sólo y único hueco, un medio oficial que nos informe y nos forme, una ideología periodística que omita la cópula de espejos de la información, esa crítica en plural, y nos someta a un patriarcado editorial estable y general con una única casa que perdure ad infinitum semana a Semana en El Espacio, El Tiempo y El País, por El Siglo, El Heraldo y El Colombiano, amén.</p>

<p>No, Kraus, como lo demostró en La Antorcha, propone una microlectura concentrada, un ejercicio de crítica y de sátira que no busca informar a todo el mundo ni sumarse a una causa universal, un juego literario, un soliloquio que no fue escrito para el público en general sino que buscó su propio público, una audiencia, una inmensa minoría para la que Viena se convirtió en el escenario de un teatro crítico que llegó a las 922 funciones.</p>

<p>«Un agitador se toma la palabra. El artista es tomado por la palabra.», dijo Kraus. Lo que Kraus y La Antorcha ponen como ejemplo es un ejercicio preciso, detallado, obsesivo e implacable de  escritura capaz de insertarse y adaptarse a cualquier lugar, un juego de lenguaje que usa la política como materia prima de su arte, una práctica de sátira que condena al otro con sus propias palabras, una publicación incendiaria y polémica que se puede replicar en cualquier nicho de trabajo, en cualquier oficina de cualquier empresa, en cualquier sector gremial o cultural, en cualquier aula de colegio o de universidad; un espacio narrativo que puede hacer eco a lo que pasa en el mundo y a sus grandes y eternos problemas, pero que usa a los personajes de la escena local para escenificar el mundo: usa al jefe de la oficina como el escritor usa al presidente, usa a la secretaria como el escritor usa a la actriz, usa al memorando interno como el escritor usa el decreto ministerial, usa las cifras del presupuesto institucional como el escritor analiza las políticas del Fondo Monetario Internacional, adapta el gran mundo del poder que todos conocemos, al pequeño mundo del poder en que cada uno vive.</p>

<p>Ante esta práctica de periodismo casero, este ejercicio de escritura, edición y publicación zonal que no teme exhibir los trapos sucios que se lavan en casa o que no duda en destacar las bellezas efímeras de la cotidianidad, que se toma en serio las nimiedades cotidianas y sopesa con sorna la solemnidad del poder, que usa los medios a su alcance para hablar de lo real y no solo vive en la realidad creada por los grandes medios, la pregunta ¿Quién lee? sobra: los mismos actores serán los lectores de su propia tragicomedia y ávidos o temerosos ante lo publicado responderán (el rango de su respuesta varía: va desde la contrarespuesta pública a la omisión solapada, llega incluso a la censura).</p>

<p>Ante esta perspectiva el problema ya no son los nuevos medios, pues si se trata de escribir sólo cambia la botella no el contenido (de estar vivo Kraus también publicaría La Antorcha en Internet); y con la pregunta ¿Quién lee? resuelta, la inquietud es otra: ¿quién puede escribir así? Hoy en día el que tenga la suficiente valentía puede y algo de personalidad (no basta la inteligencia, hay que tener un talante dispuesto a la fama y a la infamia). Pero esta apertura editorial condiciona un duro aprendizaje: todos estos innumerable escritores subrepticios, joviales, despelucados y libres, visibles y anónimos, bienpensantes e injuriosos, serán cada vez más un problema para sí mismos y para los demás.</p>

<p>«¿De dónde saco el tiempo para no leer tantas cosas?», dijo Kraus. Con ese tiempo liberado se convirtió en un lector selecto, un editor, un escritor insaciable de su época, de su ciudad y de sí mismo, y hoy, ante las nuevas formas de publicación y de escritura, ante esta euforia del progreso tecnológico, cada vez habrá más tiempo para no leer tantas cosas, tendremos más libertad para escoger nuestros propios discursos y decidir por nosotros mismos qué vale la pena y qué no, pero esa misma autonomía privada traerá consigo más crisis íntimas: la segura inseguridad de que nos perdimos algo, la ansiedad de que lo verdaderamente importante se nos escapa.</p>

<p><br />
----------<br />
(Ponencia leída en el evento “Periodismo de opinión” en el III Encuentro Internacional de periodismo y actualidad, en el conversatorio Nuevos medios, nuevos espacios para la opinión. Feria del Libro, 2010)</p>]]>
    </content>
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    <title>El backgammon de la vida -  FLAVIA COMPANY</title>
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    <published>2010-08-26T17:08:34Z</published>
    <updated>2010-08-26T17:19:48Z</updated>
    
    <summary>Originalmente en babelia Elizabeth Strout, Olive Kitteridge, Traducción de Rosa Pérez Pérez, El Aleph. Barcelona, 2010. No sería inoportuna la comparación de un tablero de backgammon con Olive Kitteridge, la nueva entrega de la estadounidense Elizabeth Strout (Portland, Maine, 1956)...</summary>
    <author>
        <name>mariaVirginia Jaua</name>
        
    </author>
            <category term="revista_prensa" />
            <category term="| :: libros :: |" />
    
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://salonkritik.net/">
        <![CDATA[<p>Originalmente en<a href="http://www.elpais.com/articulo/portada/backgammon/vida/elpepuculbab/20100821elpbabpor_28/Tes"> babelia</a></p>

<p>Elizabeth Strout, <em>Olive Kitteridge</em>, Traducción de Rosa Pérez Pérez, El Aleph. Barcelona, 2010.</p>

<p><a href="http://salonkritik.net/10-11/backgammon_vie.jpg"><img alt="backgammon_vie.jpg" src="http://salonkritik.net/10-11/backgammon_vie-thumb.jpg" width="350" height="273" /></a> No sería inoportuna la comparación de un tablero de backgammon con Olive Kitteridge, la nueva entrega de la estadounidense Elizabeth Strout (Portland, Maine, 1956) a quien ya conocíamos aquí por su primera y hasta el momento única novela, Amy e Isabelle (Muchnik 2001). En Crosby, la población en que se ambientan los trece cuentos que integran el nuevo volumen, los personajes se mueven como fichas independientes pero interrelacionadas, objetos por igual del azar y de la estrategia, cuyo objetivo es sin duda común: sobrevivir y llegar al final sin ocupar en ningún momento las casillas pertenecientes a los demás. "A veces, como en ese momento, Olive cobraba conciencia de con qué desesperación se esforzaban todas las personas del mundo por conseguir lo que necesitaban. Para la mayoría, era seguridad, en el mar de horror en que la vida se convertía cada vez más. La gente creía que la clave era el amor, y quizá lo fuera" (página 256).</p>

<p>Podría resultar engañoso el título del libro -ya a estas alturas Premio Pulitzer 2009 y flamante Premio de los Libreros de Cataluña y también de los de Italia-: Olive Kitteridge es la antigua maestra de matemáticas de Crosby, que ha impartido la asignatura a varias generaciones, y que conoce a la mayor parte de los habitantes del lugar y sus vidas. Funciona, es verdad, como nexo de las distintas historias que se presentan, aunque a veces de un modo algo forzado, de refilón, casi como para justificar el título y dar al volumen la apariencia de una novela, cosa que a todas luces no es. Esta sería la única y ligera objeción a este espectacular desfile de personajes que por su plasticidad nos catapulta de forma inevitable al mundo cinematográfico y, más concretamente, a películas sobre el desencanto, el coraje y el desconcierto como American Beauty, Little Miss Sunshine o Happiness.</p>]]>
        <![CDATA[<p>Dejando al margen el tema de la pertenencia a un género u otro, asunto que en última instancia poco puede influir en el disfrute de la lectura, los trece cuentos de Olive Kitteridge constituyen sin duda un mundo literariamente autónomo y bien estibado que aporta al lector una experiencia de la que no puede salir indiferente. Un lenguaje acerado, no exento de humor e ironía, sirven a la autora para dibujar con acierto y profundidad la red de relaciones que se establece en una pequeña comunidad cuyos miembros trazan trayectorias que tarde o temprano acaban por cruzarse. El uso de la tercera persona procura a la voz narrativa la distancia suficiente como para observar a sus personajes con la frialdad de un taxonomista y la empatía de un psicólogo; ello sin perder un cierto grado de objetividad, a veces despiadado que, además, le permite narrar en ocasiones una misma anécdota desde dos o más puntos de vista. Añadamos a esta riqueza el hecho de que, ocasionalmente, la narración se focaliza en la mirada de la señora Kitteridge, una antiheroína inolvidable, un ser que consigue hacerse cercano a pesar de su carácter rígido, de su nada agraciada apariencia física y de su incapacidad para percibir los sentimientos de sus seres más cercanos.</p>

<p>Emparentada con el estilo a la vez poético y preciso de Carson McCullers o Flannery O'Connor o, si nos referimos a la actualidad, con la acidez impía de Lorrie Moore o A. M. Homes, la autora disecciona en este mosaico impecable los hilos casi siempre asfixiantes de un lugar en que la existencia de los demás es la frontera de la propia.</p>

<p>Como es natural en un libro de cuentos, no hay un argumento que nos lleve de principio a final, pero hay, en cambio, una atmósfera homogénea, un clima en el que se recrea con fidelidad esa mezcla de pequeñas miserias y conmovedoras grandezas que acompañan siempre el desconcierto de las acciones humanas. Desfilan por Olive Kitteridge jóvenes que desean la muerte, adolescentes rebeldes, hijos despechados, viudas que se preguntan acerca del sentido de su vida, personas mayores que se ilusionan por la posibilidad de un nuevo amor, muertes súbitas, matrimonios que perduran gracias a la inercia, soledades dolorosas, violencias injustificadas, un conjunto de seres singulares que, a la vez, se erigen en verdaderos arquetipos que no olvidan ninguno de los tópicos con los que muchas veces relacionamos la sociedad estadounidense (psicoanálisis, obesidad o anorexia, sectas religiosas, droga, el sueño americano, entre otros).</p>

<p>Es rara y compleja la vida, parece declarar Strout, pero más raro y admirable es tener la valentía de seguir vivo en un tablero cuyo final, tras el implacable paso del tiempo, es para todos el mismo e inevitable. Los cuentos de Strout nos muestran esa verdad gracias a su indudable pericia para convertir detalles ínfimos, frutos de una envidiable capacidad de observación, en espejo de lo universal.</p>]]>
    </content>
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    <title>Las cosas no son lo que aparentan: pasado, presente o futuro desde las artes visuales cubanas - Magaly Espinosa</title>
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    <published>2010-08-26T10:18:48Z</published>
    <updated>2010-08-26T10:26:56Z</updated>
    
    <summary> &quot;Esta Isla te arropa, te domestica o te expulsa&quot;. Conversando casualmente con el artista Lázaro Saavedra sobre el contenido de este seminario: Cuba y sus futuros* con su habitual sentido del humor me decía: para hablar del futuro de...</summary>
    <author>
        <name>mariaVirginia Jaua</name>
        
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            <category term="| :: artes :: |" />
    
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://salonkritik.net/">
        <![CDATA[<p><a href="http://salonkritik.net/10-11/detector%20de%20ideolog%EDas.jpg"><img alt="detector de ideologías.jpg" src="http://salonkritik.net/10-11/detector%20de%20ideolog%EDas-thumb.jpg" width="250" height="338" /></a> "Esta Isla te arropa, te domestica o te expulsa".</p>

<p>Conversando casualmente con el artista Lázaro Saavedra sobre el contenido de este seminario: Cuba y sus futuros* con su habitual sentido del humor me decía: para hablar del futuro de Cuba hay que consultar a un Babalao. (1)</p>

<p>Comentar sobre este tema en el campo de las artes visuales comporta un análisis muy particular, dadas las características presentadas por la plástica cubana desde las dos últimas décadas del siglo pasado. Devenido en movimiento, se destaca en el contexto artístico cubano, entre otras cosas, por su carácter reflexivo y su autoconciencia crítica. Esa “mala hierba” de la que hablara el crítico y curador Gerardo Mosquera hace algunos años, se ha ido desplazando  gradualmente de temas de contenido social a otros más íntimos, apropiándose de la capacidad camaleónica de lo cotidiano en sus formas de ser, tan ingeniosas, que ni los habitantes de la Isla sabemos muchas veces descifrar.</p>

<p>El movimiento renovador de la plástica cubana iniciado en los años 80, ha pasado por altas y bajas, con elementos que indican una continuidad y otros que apuntan hacia rupturas. No obstante, un factor a destacar en este batallar por la legitimación de esa visión reflexiva, han sido las diversas vías emprendidas para interactuar con los espacios oficiales o circular por los alternativos. Desde esta interacción entre unos y otros espacios, sobresalen las acciones promovidas en los últimos años por la galería Aglutinador, que ya tiene más de una década, y el proyecto de la Cátedra Arte de Conducta, dirigido por la artista Tania Bruguera, que si bien formó parte del Instituto Superior de Arte, debe su éxito al talento y esfuerzo de su directora, a los artistas que se desplazaron a su alrededor y que han dado un gran impulso a experiencias artísticas que se inspiran en el contexto social, en los valores y  contenidos de la cultura y la vida cotidiana, creando toda una variedad de formas de arte público, performance, video documentación y arte de inserción social en su conjunto.</p>]]>
        <![CDATA[<p></p>

<p>El año 2007 y el 2008, acogió uno de los experimentos artísticos más apasionantes generado por el artista Lázaro Saavedra, Galería Email. A través del correo electrónico esta Galería ha penetrado el espacio digital adentrándose  en los avatares de la subsistencia y en el acontecer del mundo del arte, resumiendo casi a diario por medio del humor gráfico y con recursos formales muy diversos, las historias individuales y sociales, los sucesos o acontecimientos de valor social, político o cultural del país. Las viñetas que la componen toman de referencia la historia universal o la nacional, asumiendo los personajes más diversos, siendo fuente de inspiración desde un faraón o un samurai, hasta Elpidio Valdés, el héroe más popular del animado infantil cubano. </p>

<p>Pero su importancia no se centra tanto en la veta humorística con la que son recreados estos personajes, como en el carácter reflexivo que los envuelve, contingencias que son una excusa para develar las eventualidades que tejen nuestra realidad despejada de la retórica oficial. A falta de la presencia de un humor crítico en la prensa, contamos con esta Galería que ha enriquecito la “prensa periódica” a pesar del limitado acceso que comporta este medio de comunicación entre nosotros.<br />
Y por esos caprichos que se producen en el campo del arte esta obra de Lázaro comparte el espacio virtual del humor gráfico con otra creada por José Angel Toirac y Meira Marrero: Vía Crucis (2008).  La misma es un video que toma algunas de las viñetas ideadas por el artista Eduardo Abela para la prensa cubana, entre el 1926 y el 1934, cuyo personaje central será El Bobo de Abela, encargado de comentar sobre los acontecimientos del período de gobierno del dictador Machado (1925-1933). <br />
Este personaje se constituyó como uno de los más populares de la prensa cubana, caracterizándose  sobre todo, por la agudeza de sus comentarios y por su lenguaje, nacido de la propia lógica de la sabiduría popular. Sin embargo, la originalidad de la apropiación hecha por Meira y Toirac nos lleva a pensar en cómo pueden ser leídas con un sentido de presente. Citemos un par de ejemplos:<br />
Unos amigos le dicen al Bobo –No sabes bien las ganas de que teníamos de que volvieses, para saber tu opinión sobre las cosas que han pasado.</p>

<p>-El les responde: ¡Pues, chico mi opinión coincide con la del periódico! <br />
-El Bobo le pregunta a su Padrino: ¿Ahora viene otra película Padrino?<br />
-Este le responde: Me parece hijito que seguimos en la misma.</p>

<p>El tiempo en el arte no tiene las dimensiones con las que la lógica humana lo ha concebido: pasado, presente y futuro, ya que la imaginación artística logra hacerlos coincidir en un mismo acto, formándose una nueva perspectiva de lo temporal, que hasta logra convertir la entropía  en orden. Por ello los actos de  predicción bajo su amparo son  admirados y temidos, no por su posible cumplimiento, si no porque el presente puede ser puesto en un estado precario.</p>

<p>El riesgo de los artistas por evidenciar aquellas zonas de lo cotidiano que circulan con sus propias leyes, junto a propuestas que las envuelven a través de metáforas, son dos caminos interconectados que descubren lo real tras lo aparencial, en los que se articulan tanto conductas como juicios críticos, sobre un proyecto social plagado de ilusiones y desilusiones, utopías y realidades. </p>

<p>Siguiendo esta dirección, en el mismo sentido que las obras ya comentadas, glosaré algunas piezas inclinadas hacia estas opciones, algunas definidas  por la presencia de lo documental apegado a los procesos tal y como están articulados en su medio natural. </p>

<p>Empezaré por “Vigilia” (2005) realizada por el joven artista Adrián Mélis. La misma consiste en una video documentación a través de la cual se describe un interesante proceso: provocar necesidades que satisfacen necesidades reales, desplegando un conjunto de acciones que movilizan el comportamiento social. El artista se nos presenta entonces como un mediador  de ese comportamiento y de su forma de manifestarse. </p>

<p>La pieza mencionada nos muestra  la compra clandestina de tablones de madera a los vigilantes nocturnos de unas carpinterías estatales. Con estos, el artista construye una caseta que le servirá al propio vigilante de la carpintería estatal para cobijarse en sus horas de trabajo. Sobre el propósito de la obra Melis nos comenta lo siguiente: “La posta estará situada en una zona favorable para el control de la actividad, de naturaleza similar al gesto que la creó, pudiendo ser empleada por el custodio” (2)<br />
En el vídeo que recoge todo el proceso, aparecen imágenes de la carpintería, momentos en los que se tramitaba la compra, cómo se transportaban los tablones y a Melis construyendo la caseta. Cubrir las necesidades de una demanda social es el sentido aparente de la obra, pero este acto es solo una justificación para evidenciar las irregularidades laborales que la propia existencia social provoca, pues no es la realidad sino sus formas ocultas las que son fuente de su metáfora.</p>

<p>Desde esta metodología de inserción social, generalmente las obras terminan de forma tan directa como comenzaron, la narración acopia las circunstancias tal cual se presentan. Ellas son un documento sin pretensiones estéticas, pero la relación inmediata con el suceso y la fuerte carga emocional que las caracteriza  forman parte del camino expresivo a través del cual Adrián desdobla los acontecimientos accionando sus mecanismos de comportamiento. </p>

<p>Una variante de estos posicionamientos la encontramos en el dúo formado por Celia González y Junior Aguiar. Próximos a la postura estética de Melis conjugan la satisfacción de una necesidad social con el montaje de circunstancias seudo reales, que en su estado natural son underground. La demanda existe y la cumplimentan asumiendo aquellos roles a través de los cuales esta se puede consumar. </p>

<p>A través de la obra “Contraseña VHS” (2006) el dúo reproduce las vivencias de los ciudadanos que tienen bancos clandestinos dedicados al alquiler de películas en formato de video. Ellos las graban y las distribuyen a través de un jubilado, que gana un por ciento de lo que se cobra por el alquiler de las mismas. Además de ser esta pieza la memoria de un tipo de actividad de carácter ilícito, muy recurrida en Cuba, nos enteramos de la experiencia laboral pasada del distribuidor, la que se contrapone a su forma de ganarse la vida en el presente, pues él era miembro de los llamados órganos de la seguridad del estado. Son dos actividades ocultas que el gesto de los artistas emparientan, como si fuese posible un diálogo o una igualdad entre ellas, sin distancia temporal de una a otra. Es una verdadera manipulación del ingenio, que revuelve una realidad sobre una ficción haciéndolas igualmente creíbles.</p>

<p>Rondando la perspectiva de estos artistas, Javier Castro centra su poética en un conjunto de trabajos de contenido social. Sin embargo, la vertiente antropológica, el arte etnológico que identifica gran parte de las inclinaciones creativas de sus colegas, en sus piezas presentan otro matiz. Él se aproxima al contexto donde habita, la Habana Vieja, registrando los comportamientos, las actitudes o los gestos de sus pobladores, y las formas a través de las cuales ellos resuelven sus vidas. Su procedimiento artístico consiste en mostrarnos ese mundo semi-marginal violentando su estado natural, para que comprendamos en una escueta narración, que la subsistencia tiene muchos matices.</p>

<p>En la obra “Yo no le tengo miedo a la eternidad” (2006) hace posar ante la cámara a diferentes personajes de ese contexto. A pesar de lo estático de las poses, como la imagen se mantiene a través del vídeo, hay movimientos imperceptibles que le aportan a la visión del espectador un resultado poco habitual, se comprende que no se está frente al hecho fotográfico consumado, sino a un simulacro, ya que el retrato se desplaza entre la consabida postura tradicional y su presencia frente a la cámara. Es este juego con el tiempo lo que nos acerca a la eternidad, a momentos que parecen detenidos y sin embargo, transcurren. (3)</p>

<p>Otra vía de emplazamiento más apegada a soluciones formales que a un arte de inserción social, se halla en las piezas “Cuando no estés” (2005) del artista Glauber Ballestero y “Hotel Habana” (2009) del dúo Nelson Arrellano y Liudmila Velazco. En ellas, el tiempo en su condición de trascendencia, es una metáfora  que se adelanta a las preguntas sobre el futuro en Cuba, o los posibles resultados de su devenir. La primera, consiste en un conjunto de postales con diferentes vistas de espacios urbanos, en los que resalta el obelisco sobre el  memorial José Martí, enclavado en la Plaza de la Revolución, en la Ciudad de La Habana (4) De estas imágenes, Glauber elimina dicho monumento, remitiendo al espectador hacia la posibilidad de un momento futuro en el que ya no esté. Con ello la obra adquiere otro sentido, teniendo en cuenta que es un símbolo que concentra la memoria ideológica  de la Revolución.</p>

<p>La segunda pieza, es una  instalación compuesta por dos proyecciones: una es un documental promocional realizado en los años 50 del siglo pasado sobre la pujanza comercial de la  calle 23 del Vedado, que es uno de los  símbolos más carismáticos de la modernidad de nuestra ciudad. En la otra, han filmando el estado actual de deterioro de los mismos espacios que aparecen  en el documental que les sirve de base, manteniendo para ambos la banda sonora original. <br />
A su vez, la instalación se completa con un conjunto de fotografías que manipulan la actual condición de varias de sus calles cambiando su apariencia, con este procedimiento nos presentan entre  otras, la esquina de Prado y Neptuno inundada de anuncios lumínicos, que publicitan varias marcas comerciales del pasado y actuales. Como expresan los artistas: para ellos esta es una obra a través de la cual la ciudad se piensa a sí misma. Son tres tiempos enlazados desde las mismas imágenes, y sin embargo, son tan distintos sus contenidos y tan angustiosa la mirada hacia el futuro.</p>

<p>Similar enfrentamiento presenta la pieza de Levi Orta “Cala exploratoria”, (2007) de ella nos explica: “El video es un documental sobre los planes de Meyer Lansky para La Habana, realizado con la misma estructura de los programas de Discovery Channel construido desde los lugares que controlaba el célebre mafioso en nuestra ciudad. Este documental a diferencia de los convencionales usa como escenas de reconstrucción imágenes de La Habana contemporánea. De esta manera, me interesa provocar una analogía entre situaciones desde la exploración del contexto y de una figura histórica” (5) Dicha analogía es una de las paradojas más complejas en las que se sitúan las dudas que siempre surgen cuando se piensa el pasado y se le confronta con el presente: un proyecto ambicioso no realizado concedido por un mafioso, frente a la condición precaria de la actualidad. Esta circunstancia me hace recordar una punzante frase del crítico y curador de arte Gerardo Mosquera que dice: la Habana si no la arreglan se destruye y si la arreglan también.</p>

<p>Por último, deseo detenerme en la obra “Reencarnación”  un “video clip” con apariencia ingenua que por su propia riqueza y complejidad merece un comentario mas extenso. Ella nos lleva a jugar con el tiempo, con su capacidad para la evocación que suele también dejarnos con un dolor en el alma.                                                                                              </p>

<p>El artista Lázaro Saavedra, del censurado documental P.M. (6) extrae varios fragmentos, sustituyendo la banda sonora con un número musical de Elvis Manuel, uno de los regguetoneros más escuchados en Cuba, a pesar de no tener cobertura oficial  a través de los medios de difusión. (7).</p>

<p>P.M.  fue realizado en el año 1961, la pieza de Elvis Manuel en el 2007, 46 años las separan, y sin embargo, el montaje logra armonizarlos de tal manera, que podría pensarse que los personajes del film bailan al compás de la música de Elvis, incorporada por Lázaro. Al apropiarse de un material que forma parte del fondo fílmico del cine cubano, se ponen en acción significados sociales y culturales que nos hacen sentir los tonos vitales de la cultura popular, remitiéndonos a un hecho oculto de la historia de la cultura cubana.</p>

<p>Buscando la conexión del pasado con el presente, en el texto que acompaña la presentación de la obra aparece una sabia reflexión que acerca al espectador  a los significados que adquiere el arte cuando se convierte en un signo cultural, cuando penetra hondo en lo que pasa a la cultura suceda lo que suceda:  “Develando los pactos secretos que se establecen entre el “enterramiento” y el olvido deliberado, en la cultura de los pueblos existan fantasmas, esos seres proscriptos de la representación legitimadora que no tienen derecho al Reino de los cielos…”</p>

<p>Si bien la apropiación de materiales ya producidos es un recurso muy reiterado en la creación del video arte contemporáneo, su implementación ha estado más vinculada a experimentar con el discurso artístico y sus posibilidades visuales para accionar sobre los sentidos y la sensibilidad de los espectadores, aprovechando en muchas ocasiones la información visual que se conserva en la memoria colectiva. </p>

<p>Pero, la apropiación de unos fragmentos del corto experimental PM, no iba a significar para el artista contar con la eventualidad de una obra, que al ser reconocida por el espectador, sirviera de vehículo para estimular su recepción. Debe tenerse en cuenta que dicho documental fue prohibido poco después de su realización y nunca fue exhibido oficialmente, por ello, estamos frente a un procedimiento artístico que se apropia de un fondo fílmico que da otras opciones, por encontrarse en otras condiciones de recepción.</p>

<p>Los sucesos políticos que acompañaron al corto le adicionaron a su contenido sentidos extraartísticos que lo han convertido en un material muy apetecible. Su censura en el mismo año 1961, creó una polémica tan intensa en la intelectualidad, que desembocó en una reunión con el líder de la Revolución. El discurso pronunciado por este, pasó a la historia de la Cultura Cubana con el nombre de “Palabras a los intelectuales” con la derivación de una máxima que ha acompañado todos estos años la política cultural del socialismo cubano –Con la revolución, todo. Contra la Revolución, nada.<br />
La vida nocturna, sus vicios, displaceres y dislates, no estaba acorde con la ética que propugnaba el proyecto cubano y las imágenes que presentaba la obra eran elocuentes de la sensualidad que rodeaba el perfil de la ciudad, que había mantenido esas cualidades como su más segura protección.<br />
A su vez, Elvis Manuel, fue un  joven compositor que no tuvo fronteras para hacer fluir los juegos verbales de la sexualidad, llevando a límites imprevisibles las letras de sus canciones. Ello implica también polémicas alrededor del regguetón como género musical, su valor artístico y su pertinencia ética. <br />
Esta obra tiene tres autores: Orlando Jiménez, Sabá Cabrera y Lázaro Saavedra. La pretensión estética de este acople es modesta, ya que no son las complejidades formales, los complejos montajes visuales, los que incrementan el significado y el valor estético de la obra, sino los sentidos sociales y culturales, políticos y éticos, que estimulados desde la interconexión de las obras referenciadas, llevan al espectador a una nueva vivencia. El tiempo pasado y el presente cohabitan en un espacio mágico y virtual, que revive las sombras urbanas, los movimientos de sus moradores, sus apariencias, junto a una soterrada circunstancia que los quiere invisibles.<br />
Disfrutándola puede surgir la pregunta sobre su ubicación, en el pasado, el presente o el fututo. Cualquier predicción se desvanece si no se es capaz de reconocer que la urgente reconstrucción del cubano está en la consideración ciudadana, que proyecta un futuro desde un presente, un presente con un pasado.<br />
En esta obra, los diálogos textuales de imagen y música reencarnan al tiempo, para dar vida al encuentro de tres creadores, que dándose la mano se preguntan de quien fue la idea de tomar imágenes de La Habana de noche y provocar con ello tanta algarabía.<br />
La soberbia ciudad está ahí, sin las luces de los años 60, pero con los mismos habitantes, las mismas costumbres, los mismos ademanes, y la intención de que sea captada como ha sido siempre: irreverente ante las apariencias éticas. </p>

<p>Dra. Magaly Espinosa.</p>

<p>Notas.<br />
*Este texto fue presentado en el evento “Cuba y sus futuros”. Organizado por el crítico y curador Iván de la Nuez, en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, marzo, 2009.<br />
1-“La “santería” es un complejo religioso...cuyo sistema de creencias y estructura ritual está basado en al adoración a los orishas del panteón yoruba de Nigeria…Un lugar importante en este orden de jerarquías santeras lo ocupa el babalocha o iyalocha, es decir el santero o santera…quienes se ocupan de liturgias específicas, entre ellas las de adivinación por vía de los caracoles o dilloggún…” En: Miguel Barnet. “Cultos Afrocubanos. La Regla de Ocha . La Regla de Palo Monte” Ed. UNIÓN, Ciudad de la Habana, 1995. Págs. 7, 25.<br />
2-Melis, Adrián. Palabras de presentación de la obra “Vigilia” 2005.<br />
3-El comentario de estas obras apareció en el texto de la autora “Arte de Conducta: proyecto pedagógico desde lo artístico”<br />
4-Monumento enclavado en la Plaza de la Revolución, (antigua Plaza Cívica José Martí)  hito urbano, escenario de concentraciones y acontecimientos históricos que han sucedido a lo largo de estos años de Revolución.<br />
5-Orta, Levi. Palabras de presentación de la obra.<br />
6- Pasado Meridiano es un cortometraje experimental realizado por Orlando Jiménez y Sabá Cabrera. El mismo nos presenta la vida nocturna de La Ciudad de la Habana, de sus bares y cafés saturados de trasnochadores impertinentes, a través de un itinerario que la recorre de un lado al otro: del Puerto de Regla al Puerto de la Habana, a la Playa de Marianao y de nuevo al Puerto de Regla. Sus imágenes son tomadas con cámara oculta, convirtiendo en memoria un presente muy cercano, por el que parece no haber pasado el tiempo<br />
7-Lamentablemente en el verano del 2008, el cantante Elvis Manuel con menos de 20 años de edad, murió ahogado en el mar en un intento de salida ilegal del país hacia los Estados Unidos. <br />
</p>]]>
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    <title>Editor de sueños - Gerard Casau</title>
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    <published>2010-08-25T17:49:07Z</published>
    <updated>2010-08-25T19:09:19Z</updated>
    
    <summary>Originalmente en Contrapicado.net Origen (Inception, Christopher Nolan, 2010) Cosas que no conviene pasar por alto: Origen es la primera película que Christopher Nolan escribe en solitario desde Following (1998), su ya un tanto lejano -y semi-underground- debut. Ambas son también...</summary>
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        <![CDATA[<p>Originalmente en <a href="http://www.contrapicado.net/edm.php?id=42">Contrapicado.net</a></p>

<p><em>Origen</em>  (Inception, Christopher Nolan, 2010)</p>

<p><a href="http://salonkritik.net/10-11/inception.png"><img alt="inception.png" src="http://salonkritik.net/10-11/inception-thumb.png" width="360" height="179" /></a> Cosas que no conviene pasar por alto: Origen es la primera película que Christopher Nolan escribe en solitario desde <em>Following</em> (1998), su ya un tanto lejano -y semi-underground- debut. Ambas son también los únicos títulos de su filmografía que no adaptan de una forma u otra un material ajeno, ya que incluso <em>Memento</em> (2000) se basaba en un relato de su hermano -y habitual co-guionista- Jonathan. Basándonos en este hecho podríamos llegar a la conclusión de que <em>Origen</em> es el film más personal de Nolan en muchos años, lo cual quizás sea un poco precipitado. Sin embargo, no resulta descabellado pensar que es el que más se aproxima a lo que el director considera que debe ser el cine.</p>

<p>Resulta significativo observar los paralelismos que se dan entre ambas películas, lo que permite deducir que la idea central de<em> Origen </em>llevaba dando vueltas por la cabeza del director desde sus tiempos de estudiante de Literatura Inglesa. El protagonista de esta (interpretado por un Leonardo DiCaprio tan trastornado como en<em> Shutter Island</em> -2010-) y uno de los personajes principales de <em>Following</em> comparten nombre -Cobb- y ambos se dedican a entrar en la mente de otras personas. Invadiendo y manipulando los sueños ajenos en el caso del primero y mediante el robo de objetos muy particulares el segundo. ¿Es <em>Following</em> el ensayo en clave povera de lo que luego eclosionaría en <em>Origen</em> o acaso Nolan nos ha querido contar la misma historia desde los dos extremos de la industria del cine?</p>]]>
        <![CDATA[<p><br />
Sabemos que Nolan empezó a tantear seriamente la posibilidad de llevar a cabo este proyecto tras finalizar Insomnio (Insomnia, 2002), cuando todavía estaba por ver si realmente iba a ser “the next big thing”, pero es muy difícil imaginar a un estudio dando luz verde a este inabarcable compendio de inconsciente, anhelos y culpa si el director no se hubiera marcado antes el mayúsculo tanto que significó <em>El caballero oscuro</em> (The Dark Knight, 2008). El enorme éxito -comercial y crítico- de dicha película le dio a nuestro hombre suficiente credibilidad y margen de maniobra para acometer este inabarcable compendio de anhelos, culpa y buceo en el subconsciente sin que nadie le tosiera en caso de que se le fuera la mano con el minutaje o no incluyese suficientes chistes para destensar el ambiente. No, todo apunta a que el director británico ha contado con la suficiente libertad para realizar su película de la forma en que creía más conveniente, y el resultado es a la vez gran cine y un formidable fracaso.</p>

<p>Pudiera parecer una paradoja, pero no es más que la divergencia entre el incontestable talento de Nolan, que luce aquí en su máximo esplendor formal, y aquello que su última película está pidiendo a gritos para traspasar la barrera que separa el virtuosismo de la genialidad. Una tensión que, por otro lado, habita en toda la filmografía de nuestro hombre, cineasta tremendamente autoexigente que de un tiempo a esta parte parece haberse impuesto el reto de devolver al público de blockbusters el derecho de ser considerado una criatura pensante. Eso le ha llevado a desarrollar una alergia a lo liviano que a veces puede jugar en su contra, ya que resta color y matices a su propuesta, pero que no creo acertado confundir con engolamiento. La seriedad de las películas de Nolan es proporcional al respeto que le merecen sus personajes y, repito, las grandes audiencias. A diferencia de las de Alejandro Amenábar, no son un mero simulacro de buen cine. Tampoco fabrican papilla con ideas complejas, como ocurre en <em>La fuente de la vida</em> (The Fountain, Darren Aronofsky, 2006) y<em> Las vidas posibles de Mr. Nobody</em> (Mr. Nobody, Jaco Van Dormael, 2009) -filmes, por otro lado, moderadamente defendibles en su bienintencionada desmesura-.</p>

<p>Pero, por muy ingente que sea la cantidad de materia gris que contiene su cine, a veces (sólo a veces) Nolan parece perder la escala humana de sus dramas. Cuando se preocupa más por el diseño del tablero que por el movimiento de las piezas, el director corre el riesgo de perder la partida. En cambio, cuando deja sitio para que bombee la sangre, cada uno de sus movimientos resulta admirable. Si nos quitamos el sombrero ante <em>El caballero oscuro</em> no fue por ser objetivamente perfecta -al contrario, se trata de un film profundamente desequilibrado- sino por el valor que demostraba al asumir su negritud (y la capacidad de sumirnos a nosotros en ella), porque al no tomarse a la ligera los personajes -aunque se pongan capas y salten de edificio en edificio- lograba transmitirnos la sensación de que las cosas que ocurrían en el film eran imprevisibles, de que escapaban a nuestro control. Y es precisamente eso lo que echamos de menos en Origen, lo que más necesitaba el film.</p>

<p>La magnitud del desafío es considerable: plantear una exploración de la mente humana, vía dimensiones oníricas, a través de un enfoque de género puro -fantástico y acción- y a la vez disertar sobre la naturaleza íntima de lo Trascendente -la culpa, las relaciones paternofiliales- sin que la trama se desmorone. Pocos directores serían capaces de llevar a cabo tal empresa, por lo que el éxito de Nolan bien merece un cálido aplauso, si bien no una ovación en pie (que es a lo que aspira el film). El director da lo mejor de sí en su faceta narrativa, logrando que no perdamos el hilo en ningún momento pese a la alambicada estructura de la película, formada por la superposición de distintos niveles de inconsciencia. Que tal castillo de naipes no se venga abajo debería ser suficiente para vencer y convencer a cualquier espectador que disfrute con una historia bien contada. Los hallazgos visuales no le van a la zaga: la secuencia de la ciudad replegándose sobre sí misma y la del hotel sumido en la ingravidez son desde ya hitos en el imaginario de la ciencia-ficción reciente. Sin embargo, y aunque es de agradecer que Nolan los administre en lugar de avasallarnos continuamente, nos topamos aquí con la gran problemática de la película. Y es que, pese a que buena parte de ella transcurre en un plano onírico, la sensación que transmite es de racionalidad extrema. De consciencia. Lo hemos dicho antes: el punto de partida de Nolan es siempre eminentemente cerebral. Precisamente por eso, aunque demuestre estar capacitado para contar esta historia, quizás no era el más indicado para imaginarla. Sus sueños son, en esencia, películas dentro de la película, capas con las que hilvanar la historia. Pero ¿donde queda lo imprevisto? ¿por qué no hay un solo paso en falso en este buceo subconsciente? Con puntuales excepciones -el tren que atraviesa una avenida- no hay aquí rastro de esa intangible extrañeza que podemos encontrar en la obra de Buñuel, Lynch, Pirandello, Delvaux o Resnais, artistas que sí parecen conocer el material con que están hechos los sueños (que dirían The Human League). Todas las piezas encajan con pasmosa lógica, y esa es la peor traición que podía sufrir una historia necesitada de absurdo, de vuelo lírico, y estrangulada por una narración trazada con tiralíneas.</p>

<p>Cada día estoy más convencido de que <em>El truco final</em> (The Prestige, 2006), film eclipsado por el díptico sobre Batman y considerado por algunos como una obra menor -o directamente fallida- es en realidad la película más completa de Nolan, aquella en que todos los recursos expresivos iban en función de las necesidades de lo que se estaba contando, tanto por la estructura narrativa -un truco de magia, un paréntesis de olvido- como por el tono de elegante visceralidad, acorde con la escalada de odio que se da entre los protagonistas, enfrentados y destruidos por la naturaleza de su arte. No diré que en <em>Origen</em> el cineasta descuide a sus personajes, ya que incluso los dibujados mediante cuatro trazos resultan convincentes gracias al cuidado casting -es el caso, por ejemplo, del encarnado por Joseph Gordon-Levitt- pero sí acota su desarrollo, como si tuviera miedo de enturbiar lo narrado. Es por eso que la película funciona en realidad como film de acción (la buena noticia es que por fin ha encontrado su manera de tratar las escenas adrenalinicas: ni rastro de la parquedad que lastraba las de Batman Begins -2005-), incluso como peculiar película de atracos -¿acaso no es esa la apariencia que toma en su primera mitad, con la búsqueda y formación de una banda?- pero plantea serias dudas acerca de su dimensión metafísica: la indisimulada cita a <em>2001: una odisea del espacio</em> (2001: A Space Odyssey, Stanley Kubrick, 1968) que sirve de catarsis para el personaje de Cillian Murphy resulta tan desconcertante -por obvia- como innecesaria la mostración de su Rosebud particular. Más miga tiene el tormento de Cobb, ladrón de sueños ajenos que pagó el precio de querer vivir (literalmente) el suyo propio y al que no le queda más remedio que enterrar en lo más profundo la sombra de la mujer a la que amó y perdió [1]. Fantasmagoría romántica que nos puede traer ecos tanto de la mentada La fuente de la vida -apunte sugerido por Xavi Serra al poco de terminar la proyección- como, salvando todas las distancias, de Solaris o incluso La invención de Morel. La duda que nos queda es por qué Nolan no hizo de ella el corazón de la película en lugar de mantenerla como sugestivo telón de fondo. O quizás era lo que ambicionaba y no ha conseguido alcanzar.</p>

<p>Con todo, dejarse llevar por las objeciones que presenta este texto nos conduciría a una decepción que no es tal. Origen es un film notabilísimo, repleto de ideas estimulantes plasmadas con brillantez. Si algunos mostramos ciertas reservas es porque quizás creíamos que estaba destinado a proyectar el genio de Christopher Nolan hacia el infinito y, en lugar de eso, puede que haya terminado mostrándonos sus límites.</p>

<p><br />
Notas:</p>

<p>1. Este punto conecta directamente con dos de las principales constantes en el cine de Nolan: la dificultad ¿imposibilidad? de hallar una percepción objetiva del mundo real y la traumática desaparición de los seres queridos, en ocasiones por culpa de los propios protagonistas. [Volver arriba]</p>]]>
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    <title>Le cinéma critique - Cloe Masotta</title>
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    <published>2010-08-25T08:20:24Z</published>
    <updated>2010-08-25T07:32:51Z</updated>
    
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        <![CDATA[<p>Originalmente en <a href="http://www.contrapicado.net/periferia.php?id=35">contrapicado</a></p>

<p><em>Le cinéma critique. De l’argentique au numérique, voies et formes de l’objection visuelle</em><br />
Nicole Brenez y Bidhan Jacobs [directores], Ed. Publications de la Sorbonne, 2010</p>

<p><a href="http://salonkritik.net/10-11/120095.jpg"><img alt="120095.jpg" src="http://salonkritik.net/10-11/120095-thumb.jpg" width="360" height="205" /></a> La vida de las imágenes</p>

<p>La urgencia</p>

<p>“El artista ha acarreado la tradición de lo visual y la visualización a través de las épocas. En el presente, unos pocos han continuado el proceso de la percepción visual en su más profundo sentido y transformado sus inspiraciones en experiencias cinematográficas. Ellos crean un nuevo lenguaje, hecho posible por la imagen en movimiento. Crean donde mismo antes de ellos el miedo ha creado la más grande necesidad. Están esencialmente preocupados y negocian mediante sus imágenes con el nacimiento, el sexo, la muerte y la búsqueda de Dios”.<br />
Stan Brakhage</p>

<p>En Film as a subversive art [1], Amos Vogel insiste en “el poder de la imagen cinematográfica, nuestro temor a ella, la emoción que nos empuja a ella”. El film es experiencia, reza el acertado título de la introducción a su fascinante exploración de las “imágenes subversivas” del cine; y el poder de la imagen cinematográfica de trance e hipnosis, nuestra incondicional rendición a ella, la convierte en una poderosa arma represiva y de dominio de las masas, a la par que también es posible “un cine más liberado” en que circulen otras imágenes, esos temas que el poder establecido ha convertido en tabú. En esta línea, Stan Brakhage en Metaphors on vision [2] propone un acercamiento nuevo a las imágenes que él plasma en su obra fílmica, tratando de devolver al espectador la experiencia de “un ojo no gobernado por las leyes de la perspectiva hechas por el hombre, un ojo no-prejuiciado por la lógica composicional, un ojo que no responde al nombre de todo, pero el cual tiene que conocer cada objeto encontrado en la vida a través de la aventura de la percepción” [3].</p>]]>
        <![CDATA[<p>Ambas perspectivas, la de Vogel, y la de Brakhage –activistas del “cine de vanguardia”, desde la teoría, la realización y la programación– se hacen eco de otro modo de acercarnos a las proyecciones de la caverna platónica no ya como esclavos de la figuración de un Real inasible e impuesto por un poder sin rostro, sino como participantes activos en la percepción de otras imágenes no ya pálidos simulacros, escombro lumínico de ese Real construido por el status quo. Imágenes que ya no son meras sombras sin alma, sino entidades capaces de crear realidades y de cambiar ese Real en su interacción con el público. Imágenes que piensan, que pensamos y que nos piensan. Algo que intentan realizadores como el citado Brakhage, o John Gianvito, Angela Ricci y Gervant Gianikian, Philippe Grandrieux y los otros creadores que circulan por Le cinéma critique.</p>

<p>Pero no sólo las imágenes sino también el acto de escritura es una poderosa herramienta crítica destinada a cambiar esa relación de los espectadores con las sombras proyectadas en la pared de la caverna. A finales de los años noventa, en “Ultimatum: An introduction to the work of Nicole Brenez” [4] el crítico australiano Adrian Martin sitúa la labor teórica de Nicole Brenez bajo el signo de la urgencia definiendo su labor crítica a partir de la idea de ultimátum. Una noción que Martin introduce a partir de la contundente afirmación de Jacques Rivette sobre Viaje en Italia (1954), en su célebre “Lettre sur Rossellini”: “abre una brecha por la que todo el cine del futuro deberá pasar bajo pena de muerte”. Así, la actividad crítica de Brenez respondería a la urgencia que surge ante ciertas imágenes, de escribir sobre ellas desde un pensamiento que en lugar de esclerotizarlas, opera una apertura, la posibilidad de una experiencia. Pues, como afirma Adrian Martin en su texto, “las reflexiones teóricas –tal como sucede en muchos de los colegas cuyo trabajo inspira y anima el de Brenez, como Raymond Bellour, Alain Bergala y Charles Tesón–, surgen del trabajo y el placer de ver, analizar, comparar y escribir: los momentos decisivos en que el cine mismo guía a la teoría, y sus invenciones, innovaciones y sorpresas generan ideas nuevas”.</p>

<p>Es así como Nicole Brenez –programadora en la Cinémathèque Française, crítica e investigadora, así como docente en Paris I– prosigue con la coordinación de Le cinéma critique su incansable actividad –o militancia– de permanente apertura de ámbitos de reflexión en torno a la imagen. Siguiendo la estela de sus investigaciones en torno a lo figural y la potencia plástica de la imagen, –que emprendió a partir de obras tan decisivas como De la Figure en général et du Corps en particulier [5]– Le cinéma critique se interna en el ámbito de la objeción visual, es decir, en “los modos de actualización práctica y plástica de un trabajo crítico en cine”. Algo que en el texto se llevará a cabo desde tres ejes o perspectivas: desde la estética, desde los usos del médium y, por último, desde la idea de un cine que se replantea sus propios medios o postulados técnicos. Para ello el volumen combina las aportaciones de críticos e investigadores con las de realizadores de diversas generaciones y ámbitos de la imagen.</p>

<p>¿Cine de vanguardia hoy?</p>

<p>Peter Whitehead abre la constelación de colaboraciones de <em>Le cinéma critique</em> con un texto-manifiesto en que con altas dosis de poesía reivindica la “vanguardia” en la contemporaneidad. Del cine que contesta a las formas establecidas por la industria, a la historia impuesta por las imágenes domadas por el stablishment del Espectáculo, pero también del cine que contesta al propio medio, que se interroga por su esencia y por las mutaciones de la imagen ante la progresiva extinción de lo químico por lo numérico. De ese cine se hacen eco las diversas aportaciones al volumen coordinado por Nicole Brenez. Y la pregunta abierta por Whitehead, “en la era del espectáculo integral, ¿que podría ser un film de vanguardia?” [6] impregna el volumen. Y el análisis de un crítico o analista de un cineasta o de un motivo fílmico, o las reflexiones de diversos realizadores sobre su obra conducirán en muchos casos a un esbozo de definición, a una tentativa de responder qué es eso de “cine de vanguardia” hoy. Y pronto, muy pronto, desde las primeras páginas, el lector percibe una inquietud común en la investigación formal, reflexiva de cineastas y críticos: la de pensar qué es ese cine que objeta de forma crítica respecto a sí mismo, a la historia, a las formas establecidas o a los cambios tecnológicos y su incidencia en la ontología de la imagen.</p>

<p>Así, en su exploración sobre las imágenes del cuerpo femenino en la contemporaneidad y en torno a su figuratividad plástica, Gloria Morano define el cine de vanguardia como “Conjunto variado de propuestas artísticas que se oponen a la domesticación de la imagen y se miden con los límites de lo representable”. [7] A la par que Adrian Martin afirma la oposición de la creación de vanguardia a la “economía estética clásica industrial” que, al mismo tiempo, “inventa sus propias lógicas”… [8] Una serie de definiciones que nos recuerdan las citadas palabras de Amos Vogel defendiendo el potencial de las imágenes, no como arma del sistema para someter a los sujetos, sino como un “cine más liberado, uno en que los temas previamente prohibidos sean explorados sin pudor” [9].</p>

<p>Pero hay más, bastante más, en <em>Le cinéma critique</em>, que una poderosa reflexión en torno a ese otro cine englobado bajo el concepto “vanguardia”. Son destacables textos como “Attaquer la figuration”, de Vincent Deville, que parte del manifiesto del grupo de cineastas Melba de 1976 y su rechazo de la representación figurativa, así como de la ficción y ciertos usos “clásicos del dispositivo cinematográfico” [10], para trazar un recorrido por una serie de artistas y obras que exploran de forma plástica las fronteras entre abstracción y figuración. En el ámbito no tanto de la imagen como del sonido, en “Cinéma et musique expérimenaux: le cas australien” Adrian Martin propone “una estética general y un cuadro conceptual para reflexionar sobre las relaciones entre la música y la imagen en el cine experimental”. Son también caudales las aportaciones centradas en las obras de algunos autores concretos, como “Le peuple qui vient: gestus du cinéma prophetique”, de Sylvain George, sobre el cine de Angela Ricci y Gervant Gianikian; “Fertilité du hiatus: Angel Leccia”, de Vincent Deville, y también las páginas de Federico Rossin, “John Gianvito: le futur antérieur du cinéma”.</p>

<p>La ausencia</p>

<p>También los críticos, los analistas dan vida a las imágenes. Programar, enseñar, escribir… es mantener vivo aquello que con tanto celo nos ofrecen los realizadores, una experiencia. Por eso es lamentable descubrir que algunos de los libros de Nicole Brenez, aportaciones de suma importancia al análisis de las imágenes desde la concepción de lo figural, algo que retoma la teórica en el texto que abre Le cinéma critique, actualmente se hallan descatalogados. Es el caso de <em>De la Figure en général et du Corps en particulier. L’invention figurative au cinéma</em> (ed. De Boeck Université) y de Jeune, dure et pure ! Une histoire du cinéma d'avant-garde et expérimental en France (ed. Mazotta). Difícil por no decir imposible lectura en España de unos textos que como mucho se pueden consultar en algunas bibliotecas de Francia. Una lástima. Esperemos que no suceda lo mismo –y que no desaparezca de los circuitos de distribución– con Le cinéma critique. Un texto que nos permite conocer la obra de muchos artistas de difícil acceso y pensar en la posibilidad de otras imágenes distintas a las que captan las cámaras de video vigilancia, o las que parpadean infinitamente desde los informativos emitiendo sus capturas vía satélite las 24h del día.</p>

<p><br />
Notas:</p>

<p>1. Vogel, Amos, <em>Film as a subversive art</em>, New York , Random House, 1974. [Volver arriba]</p>

<p>2. Brakhage, Stan, <em>Metaphors on vision</em>, New York , Film Culture, 1963. [Volver arriba]</p>

<p>3. Traducción de un breve fragmento de Metaphors on vision publicada en el blog Arrebato de Cine Original (leer el texto). [Volver arriba]</p>

<p>4. Se puede consultar el artículo en el website de la Universidad La Trobe (leer el texto). [Volver arriba]</p>

<p>5. De la Figure en général et du Corps en particulier. L’invention figurative au cinéma, De Boeck Université, 1998. [Volver arriba]</p>

<p>6. Whitehead, Peter, “Au commencement était l’image, avant le commencement était l’Avant-Garde”. En Le cinéma critique. Pág. 25. [Volver arriba]</p>

<p>7. Morano, Gloria, “Le corps féminin dans le cinéma d’avant-garde contemporain confronté aux proprietés plastiques de l’argentique et du numérique”. En<em> Le cinéma critique</em>. Pág. 89. [Volver arriba]</p>

<p>8. Martin, Adrian, “Cinéma et musique experimentaux: le cas australien”. En <em>Le cinéma critique</em>. Pág. 143. [Volver arriba]</p>

<p>9. Vogel, Amos, Film as a subversive art. [Volver arriba]</p>

<p>10. Deville, Vincent, “Attaquer la figuration”. En <em>Le cinéma critique</em>. Pág. 35. [Volver arriba]</p>]]>
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    <title>LA OBRA DETRAS DEL AUTOR - David G. Casado</title>
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    <published>2010-08-24T08:47:40Z</published>
    <updated>2010-08-24T11:08:10Z</updated>
    
    <summary>Originalmente en Art on the Tracks &quot;A veces resulta que la actividad suponía hacer algo, y en ocasiones esa actividad es la obra.&quot; Bruce Nauman En la música popular se encuentran multitud de obras que relegan la idea de autor...</summary>
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            <category term="| :: artes :: |" />
    
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        <![CDATA[<p>Originalmente en<a href="http://artonthetracks.blogspot.com/2010/08/la-obra-detras-del-autor.html"> Art on the Tracks</a></p>

<p><a href="http://salonkritik.net/10-11/durantaye1.jpg"><img alt="durantaye1.jpg" src="http://salonkritik.net/10-11/durantaye1-thumb.jpg" width="300" height="400" /></a><em>"A veces resulta que la actividad suponía hacer algo, y en ocasiones esa actividad es la obra."</em> <br />
Bruce Nauman</p>

<p>En la música popular se encuentran multitud de obras que relegan la idea de autor a un segundo plano en favor de la de performer o simple cantante, teniendo en muy numerosas ocasiones más éxito comercial las interpretaciones que las versiones originales. Para la industria musical las figuras del autor y cantante están en ocasiones tan separadas que ni siquiera el propio autor llega a grabar nunca las canciones que compone puesto que ese no es a menudo su trabajo. Si un cantante quiere grabar un hit ¿por qué componer una canción cuando puede tirar de readymade hits, situarlos en otro contexto -como Elvis con los grandes éxitos de la tradición negra- e imprimirles así un nuevo carácter?</p>

<p>Algo que Duchamp ya puso de manifiesto en el mundo del arte visual de principios de siglo con la idea de los Readymades ¿por qué modelar una escultura cuando se puede coger un objeto ya fabricado, situarlo en otro contexto -el museo- y darle así una nueva función? La diferencia aquí es que un botellero, por ejemplo (según el famoso readymade de 1914), carece de derechos de autor al tratarse de una obra industrial de reproducción, o mejor dicho, posee un derecho de patente por el que se carga una pequeña cantidad cuya fabricación a gran escala hace que sea rentable.</p>]]>
        <![CDATA[<p>Estos pensamientos cruzados nos hacen plantearnos por qué una obra de arte que puede ser reproducida a escala industrial no lo sea, y nos parece un abuso histórico que se controlen las ediciones y las copias con fines únicamente especulativos. Desde nuestro modo de ver, el que una obra de Duchamp posea derechos de reproducción es algo ilógico (¿qué magia hace que un objeto artístico valga más que otro idéntico industrial?), que lo posea una fotografía de la obra lo es aún más, y en definitiva, que la propia obra posea valor, el botellero por ejemplo, es demencial, máxime cuando existen múltiples reproducciones “industriales” y el valor fetiche, como ilustre antiguedad si se quiere, es nulo, sabiendo incluso que el propio objeto que utilizara Duchamp se perdió, restituyéndose por otro en 1964.</p>

<p>Tantos años de desmontaje de la figura del autor parecen no haber servido de nada cuando hoy por hoy la autoría se imprime como código genético exclusivo de los productos culturales. Cada imagen, aunque repetible y apropiable, parece ser considerada única, y ello a pesar de las diferencias significativas en su reproducción debida a los formatos de compresión o impresión en todos los medios. Pero aún es más, las influencias de toda índole y procedencia que pueda contener la obra se consideran parte de la misma y propiedad indiscutible del autor, ya se trate de una canción, de una fotografía, de un libro etc. No nos parece lógico que, por poner un posible ejemplo, un fotógrafo utilice una composición de Manet registre tal imagen y prohíba su uso en un libro universitario que pueda poner en evidencia tal relación o exija un pago de reproducción independientemente de su tirada y afán de lucro.</p>

<p>Se puede argumentar ante esto que los que realizan el libro también pueden pueden obtener beneficio, pero lo que habría que definir -si se puede- es, <em>cual es el objeto</em> con el que se comercia en cada caso ya que cada configuración contextual del mismo constituye un nuevo objeto cultural. Lo que parece tener mas sentido aquí es intentar poner en marcha o activar la función cognitiva -operativa o no según - que cumplen en cada caso los objetos culturales. Entendemos que tal labor es la tarea propia de la crítica que pasa por el desarrollo de organismos culturales críticos eficaces cada vez más necesarios. Eso sí, independientes de toda institución museística para evitar en la medida de lo posible la especulación.</p>

<p>En cuanto a la práctica artística, la historia del arte está hecha de relecturas de obras precedentes. El movimiento conceptual nos ha enseñado que ya no es necesario seguir inventando formas (el mundo del diseño no es sino una batidora de pastiches) sino conceptos, es decir formas de pensamiento asociadas a contextos determinados que pueden ser o no materializadas físicamente. En muchas ocasiones su mera indicación es suficiente. Mantener pues una lógica de autoría de las indicaciones más allá de un honorable reconocimiento nos parece un absurdo. Si hay artistas de las ideas, estos deberían de ocupar posiciones no estables sino activas, integradas en otros procesos de creación de mundo más allá de la institución arte. </p>]]>
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    <title>El comienzo de la lectura - Miguel Á. Hernández-Navarro</title>
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    <published>2010-08-23T11:05:29Z</published>
    <updated>2010-08-24T08:22:36Z</updated>
    
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        <name>mariaVirginia Jaua</name>
        
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            <category term="| :: libros :: |" />
    
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        <![CDATA[<p>Originalmente en<a href="http://nohalugar.blogspot.com/2010/08/el-comienzo-de-la-lectura.html"> No (ha) lugar</a></p>

<p><a href="http://salonkritik.net/10-11/El-comienzo-de-la-primavera.png"><img alt="El-comienzo-de-la-primavera.png" src="http://salonkritik.net/10-11/El-comienzo-de-la-primavera-thumb.png" width="220" height="374" /></a> Como dije en el post anterior, en mi semana inmersión acuática del verano he seguido con la pulsión lectora del verano. Y allí, por supuesto, allí he disfrutado hasta lo insospechado con <em>El comienzo de la primavera</em>, la novela de Patricio Pron (Mondadori, 2008, XXIV Premio Ciudad de Jaén de Novela), que me ha acompañado los primeros días de estancia. Si hace unas semanas hablé aquí de <em>El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan</em>, y escribí que era el mejor libro de relatos que había leído en todo el año, de esta novela no puedo decir menos. Es el libro que había estado esperando para leer durante mucho tiempo. Audaz y valiente, inteligente, elegante, y trazado con un magisterio al que muy pocos escritores pueden aspirar (menos aún considerando la juventud de Pron). En los tiempos que corren, en los que algunos escritores (y sobre todo algunos editores) menosprecian al lector creyendo que es necesario poner notas al pie para explicar quién es Stephen Hawking (cuyo nombre lo reconoce hasta el procesador de textos, que no lo subraya en rojo) o explicar quiénes son los benedictinos, encontrarse con un libro como <em>El comienzo de la primavera</em>, que requiere un lector atento y que se atreve a desplegar un bagaje conceptual e histórico con la profundidad, seriedad y rigor que lo hace Patricio Pron, acompañado de una de las prosas más sutiles, contenidas y equilibradas que se puede leer hoy, es un motivo de esperanza para el futuro de la literatura.</p>]]>
        <![CDATA[<p>Pron recorre la historia de Alemania a través de la filosofía. O recorre la historia de la filosofía alemana reciente (la gran filosofía del siglo XX) a través de la historia del país, de sus memorias y de sus olvidos. Al entrecruzar la época y el pensamiento, las circunstancias y los conceptos, el autor reconstruye (o construye, mejor) el panorama filosófico de Alemania a través de lo personal y subjetivo, mostrando que las ideas son inseparables de las personas y de los contextos que habitan esas personas, y de las circunstancias y problemas que las rodean.</p>

<p>Esta novela es muchos libros. Es un libro de historia (la historia de Alemania, la historia política, pero también cultural). Es un libro de filosofía (donde se da un repaso, sólo apto para iniciados -por fin- a la filosofía del círculo de Heidegger, pero también a grandes cuestiones de la tradición filosófica). Es al mismo tiempo una crítica mordaz a la filosofía académica, a la relación de la filosofía con las instituciones de poder y a los peligros de estas relaciones. Y es, en última instancia, un libro de intriga: todo lo anterior está articulado alrededor de una búsqueda, la que emprende el joven argentino Martínez en pos del filósofo Hans-Jürgen Hollenbach (supuestamente cercano a Heidegger), cuyas reflexiones sobre «el principio de discontinuidad» pretende traducir al castellano. La investigación sobre el paradero y la vida de esta figura oscura y escurridiza de la filosofía alemana se aprovecha para ir, poco a poco, construyendo un mundo poblado por personajes complejos y contradictorios que nos hacen conscientes que nunca somos uno solo, y que las fronteras entre lo que somos y lo que podríamos ser bajo ciertas circunstancias son lábiles e imperceptibles.</p>

<p>He leído esta novela mientras releía otros dos libros sobre los que en su momento pasé demasiado deprisa, La máquina de Joseph Walser, de Gonçalo Tavares, y Panóptico, de Ricardo Menéndez Salmón. Obras maestras ambos libros. Leídos de nuevo, he disfrutado si cabe mucho más que la primera vez. Libros breves, pero contundentes. Textos que son como un latigazo, una intervención en la conciencia, y una exploración de cuáles son los límites de la condición humana: hasta dónde debe uno mirar hacia otro lado y conservar su mundo, y hasta dónde puede uno hundirse en el fango para llegar al conocimiento de las cosas. No he podido evitar que estas lecturas condicionasen mi experiencia de El comienzo de la primavera. Y mientras leía las páginas escritas por Pron, veía cruzarse por allí, una y otra vez, a Joseph Walser y a Westenra, los personajes de Tavares y Menéndez Salmón. Y este entrecruzamiento, lejos de pervertir la lectura, la enriquecía y la hacía más compleja. Pero también, al mismo tiempo, este entrecruzamiento me hacía consciente a mí mismo de ser prisionero un cierto «principio de discontinuidad» y de la imposibilidad de ir más allá de las circunstancias, y del azar, y de lo contingente. Y me dejaba claro que en el fondo toda experiencia lectora es arbitraria. Y por eso, mientras pensaba esto, me decidí a escribir esto otro:</p>

<p>«Hay momentos en los que, tras encadenar un gran número de lecturas, uno pierde la noción de lo leído y comienza a confundir personajes, tramas y argumentos de entre todos los libros. Es lo mismo sucede con las películas, que después de ver muchas seguidas (con tres es suficiente) los personajes se nos mezclan y comenzamos a verlos en historias que no les pertenecen. Esa sensación en la que, por lo general, se arma un lío de tres pares de narices y que se acentúa después de un atracón, se encuentra en el fondo detrás de cada una de nuestras experiencias con el arte y la cultura. Y es que, si lo pensamos bien, todo nos recuerda a algo. Todos los personajes remiten a estereotipos que ya conocemos, todas las tramas ya las hemos experimentado en alguna ocasión de una manera u otra. Así, todo funciona como una serie de expectativas que se frustran o se cumplen. Es decir, algo que ya sabemos y que se nos completa (reafirmándolo o contradiciéndolo). No hay, por tanto, experiencia lectora o fílmica (ni tampoco musical), que sea autónoma. Detrás de cada libro/película/música hay mil libros/películas/músicas. Y detrás de cada lectura/visionado/escucha hay también mil lecturas/visionados/escuchas. Y eso que ocurre en la ficción ocurre también en la realidad. Ninguna oración, ninguna sensación, ninguna experiencia es autónoma, todo depende de un contexto que siempre es variable, y sobre todo personal e intransferible. Cuando le decimos algo a alguien, siempre entiende algo más de lo que le decimos, un algo más que remite a una experiencia que nunca podemos conocer del todo. De ahí que al final nunca logremos entendernos.» </p>]]>
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